No hay persona que dude que el 2018 fue el año de Ariana Grande. Ni Taylor Swift podría negar que le comió el mandado al convertirse en una de las favoritas, desde la invención del Big Dick Energy hasta el iconic video de Thank you, Next.

Y es que cuando Ariana dijo Thank you, next, i really felt that. Lo sentí porque al igual que ella no me quedó mayor remedio de aprender de todo lo malo que el 2018 trajo a mi vida.

Supongo que es de seres humanos echarle la culpa a periodos de tiempo de los infortunios con los que se sortean, en mi defensa diré que ni los astros estuvieron a mi favor en los últimos dos años. Hace dos años, a estas alturas estaba casi renunciando a un trabajo para cumplir mis sueños y hace un año estaba en medio del desempleo con la seguridad de que lo peor ya había pasado y que era más fuerte que nunca.

Breaking News, estaba re pendeja. No sólo fracasé (y públicamente) en todos los planes que tenía: titularme, bajar de peso, mudarme. Sino que además tuve que volverme responsable de cosas que no tenían nada que ver conmigo. Asumir papeles de los cuales creía ya estar libre y desilusionarme al darme cuenta de que no todas las personas te tratan de la misma manera que tú las tratas.

La estúpida soy yo.

De acuerdo con el Merriam Webster, Justicia fue la palabra del año. Y no siento que el 2018 haya sido justo conmigo. Definitivamente sé que no merecía tanta mamada. Sé que no merecía ser responsable de otros, sé que no merecía ser traicionada por la gente que quiero y sé que no merecía que Daredevil (ni Gotham) fuera cancelada. Pero si algo he aprendido este año, es que la vida no tiene sentido narrativo y que sólo podemos ser responsables de nuestras acciones y no de las de otros.

Si me preguntan y si Ariana les sirve de ejemplo, creo que la palabra que definió el 2018 es vulnerabilidad.

Creo que existe una idea equivocada de la fortaleza. Nos hacen creer que para ser fuertes debemos ser rudas e imparables y no está mal, pero siento que huir de nuestra vulnerabilidad para ser fuertes es un error fatal.

Si dejamos a un lado la misoginia internalizada que implica el forzarnos a buscar la fortaleza fuera de lo femenino, creo que la vulnerabilidad sólo tiene mala fama porque en el fondo todos sabemos lo mucho que implica ser abiertos ante otros. No es solo estar sujetos al ridículo, es saber que en cualquier momento pueden rompernos de nuevo. Es cansado, pero es más cansado fingir que no pasa nada y que todo lo podemos cuando en el fondo lo único que queremos es llorar.

Y por eso no me extraña que en el 2018 las comedias románticas hayan triunfado, ni que Paddignton o Call Me By Your Name o Ariana Grande con todo Sweetener se hayan vuelto los favoritos. Creo que todos en el fondo por muy duros o rudos que creamos ser estamos buscando conectarnos y ser vulnerables ante otros.

Paddington, my true role model.

Y eso fue lo que aprendí, a ser vulnerable. A dar las cosas de corazón porque quiero hacerlas no porque otros las merezcan. A entender que no porque yo considere a otros de una manera significa que ellos tengan que hacer lo mismo conmigo. No es justo, pero no puedo hacerme responsable de ellos. Aprendí a llorar más en la calle y a no sentirme mal por hacerlo, porque si algo aprendí a trancazos es que no existen las emociones tóxicas. Sólo son sentimientos. Y no podemos decir no quiero sentirlas porque sentir es parte del proceso. Y me haya gustado o no tuve que vivir el proceso.

El 2018 no fue amable conmigo pero sí mis amigos, mi jefe e incluso los desconocidos que me topaba en la calle. Las personas que depositaron su confianza en mi y me dieron trabajo que no tienen idea cómo me ayudó en momentos donde no encontraba la salida. Tuve el amor y el apoyo incondicional de personas (como Jess, u know her) que me empujaron y acercaron un poquito más para que yo pudiese cumplir mis sueños. Tuve amigos que dejaron que mis lágrimas se confundieran en su piscina literalmente, porque me puse a llorar con una canción de Belinda.

Así que sí, I’ve learned from the pain. Y la verdad lo sigo haciendo. No creo que nadie deba ser exitoso a los 25, eso es cuestión de suerte. No estoy diciendo que Yuya no merezca lo que tiene, pero en el mundo real, todos hacemos lo mejor que podemos y nadie tiene las respuestas correctas porque nadie sabe qué carajos está haciendo. Ni siquiera los virgo, que no los engañen.

Creo que el 2019 será un año de responsabilidades, y si algo más aprendí de tanto golpe es que por más que queramos no podemos huir de ellas. Quizás de eso se trata crecer, es una continua carrera entre dejar ir quién pensabas que eras para convertirte en tu propia mamá, viéndote con ojos de amor mientras te regañan porque no es posible que sigas viviendo en el mismo chiquero.

Esperemos que no nos vaya peor y si pasa, que al menos doña Taylor aprenda de Ariana y nos dé el contenido que merecemos.

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Ariana, yo y la vulnerabilidad del 2018

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