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María Conchita Approves

Leer Teoría

Por María Conchita

Nunca en toda la carrera pude realmente disfrutar un texto completo de teoría. Hubo textos que encontre amenos, sí, otros que me interesaron e incluso textos que en efecto me gustaron, pero el acto de leerlos no fue disfrutable. Los leía por obligación, los leía con prisas, los leía pensando en los otros miles de textos que aún tenía pendientes de todas las materias que tenía que llevar a la vez, los leía o intentaba leer poco antes de las clases para las que tenía que. En muchas ocasiones, demasiadas -más de las que debería admitir- no llegué a terminar de leerlos y por tanto de realmente entenderlos. A muchos les leí sólo la introducción, escaneé el contenido y leí completa la conclusión, quedándome con una idea y panorama general del texto, lo suficiente para emitir una opinión no tan desatinada en clases cuando me viera inevitablemente obligada a hacerlo. 

Estoy segura que mucho tiene que ver con el hecho de que cuando recién empecé la carrera estos textos se me presentaban como casi imposibles de entender. Me era en extremo difícil leerlos, nunca antes me había topado con este tipo de lectura. No sé si era culpa del sistema educativo, de las escuelas en las que estudié la preparatoria, o mía por la especialidad en ciencias exactas que llevé por el temor de no pasar el examen de admisión para la universidad por haber olvidado el lenguaje matemático. O igual simplemente era mi responsabilidad, o más bien falta de ella, al no haber buscado este tipo de lecturas durante el año sabático que tuve que tomar por mudarme a destiempo y no haber estado en el estado para la fecha del examen de ingreso. Sea como sea llegue a la carrera sin haber leído nunca un texto teórico, y llegué a la carrera con el temor de no pertenecer, y llegué a la carrera a toparme con que estos manejaban un lenguaje que me era ajeno, con términos que los profesores daban por sentado que podíamos entender, y que secretamente creía que en efecto todos entendían y disfrutaban menos yo. Hasta que tuvimos que trabajar por primera vez en equipo y vi casi romperse a una compañera porque le era imposible entender a qué carajos se refería Eco con una metáfora sobre algún experimento físico para explicar algo relacionado con la semiótica y el lenguaje. No entendimos ni el experimento, ni la metáfora y mucho menos el concepto. En ese entonces le agarré una fobia a Eco que conservo hasta hoy en día y creo que me voy a ir a la tumba sin leer ni uno sólo de sus libros.

Una vez terminada oficialmente la carrera dejé de leer por un tiempo. No fue una decisión, simplemente pasó y me frustraba mucho, parecía que lo único que pensé que nunca me iba a abandonar lo había hecho. Había escogido dedicarle la vida a la literatura y esta me había dado la espalda. Lo asumí como mi culpa; era mi castigo por seguir sin entender y disfrutar la teoría, era mi castigo por ser incapaz de terminar la tesis, por ser incapaz de escribir. No era digna de seguir leyendo. Por aquella época estaba profundamente deprimida por cosas que estaban pasando en mi círculo cercano, cosas que le pasaban a la gente que amaba y cosas que me pasaban a mí, y ahora entiendo que fue eso lo que me alejó de la literatura, pero en aquel entonces no lo sabía y lo tomaba como un castigo que, evidentemente, me merecía. 

En vez de buscar ayuda o ser vocal al respecto elegí callar, eso me llevó a soportar en soledad cosas que pudieron ser menos pesadas si las hubiera compartido. Por suerte no fui abandonada, mis amigos me fueron ayudando, sin la gente que estuvo a mi lado en esas épocas, de los cuales algunos siguen aquí, no hubiera llegado a ningún lado. En ese recuperarme logré conseguir un trabajo en la librería en que estoy y resultó que tenía permitido leer los libros que vendíamos gratis. Así, la literatura volvió a mi. 

Sí bien parte de mi vida estaba mejorando, había un punto importante que no resolvía. Algo de lo que me negaba a hablar y daba por perdido: la carrera. En mi interior seguía convencida que nunca serví para ello, y que era el mejor error que había cometido, pues a pesar de mi inhabilidad para escribir, sabía que si nunca la hubiera estudiado habría muerto cada día por dentro pensando en que había perdido lo único que podría haberme hecho feliz. No me arrepentía del sueño que fue la carrera, ni de los años en los que me esforcé, ni de las lecturas que había hecho, ni de la gente que había conocido, ni de cómo había forjado mi forma de pensar y ser. Simplemente asumía que nunca me titularía y de que estaba bien porque no lo merecía.

Iba pasando el tiempo y el reloj corría en mi contra. Cada vez la fecha máxima para entregar una tesis estancada en el primer capítulo y que ya ni siquiera intentaba escribir pero que estaba completa en mi cabeza se acercaba. Y yo me iba sintiendo peor. En esas estaba cuando me enteré de un curso de titulación de la facultad. A decir verdad pensé no tomarlo, sabía que la facultad lo daba porque necesitaba titular gente por el bajo índice de titulación, que era una medida para que la gente «como yo», incapaz, se titulara. La voz en mi cabeza que siempre me hacía ver lo poco que valía me estaba convenciendo y yo me encerraba a llorar en silencio para que mi roomie no se diera cuenta mientras me sentía profundamente miserable. 

A eso hay que sumarle que en esa época había peleado con una chica que durante mucho tiempo -casi diez años- había sido mi mejor amiga. Por como se dieron las cosas no podía evitar desconfiar de todos, pero por sobre todo sentirme sola. No confiaba ni en los demás ni en mí y la voz era lo único que siempre estaba ahí, por encima de todo. Yo sabía que esa desconfianza no era sana y que nadie se la merecía, una parte de mi, muy en el fondo peleaba contra ella. Así que hable con algunas personas, amigos de internet más que nada, gente que no me conocía en persona y nunca lo haría, por lo que extrañamente me hacían sentir menos expuesta y ellos fueron los primeros que me convencieron de tomar el curso. Luego hable con mi novia, quien igual me apoyó con entusiasmo, porque para ella titularme de esa forma no era el motivo de vergüenza que yo no podía evitar sentir sobre mí. Y entonces me atreví a platicarlo, de a poco, con mi círculo cercano.

Durante todo el tiempo que tomé el curso e incluso el mismo día de mi titulación estuvo la lucha en mi interior. A veces «ganaba» y me daba cuenta que los motivos por los que no pude llevar a cabo la tesis no eran una incapacidad mía, sino una serie de factores entre personales y de mi estado de salud mental durante esos duros años que me hacían imposible concentrarme, y a veces «perdía» y la voz se imponía, haciendome sentir como alguien que se iba a titular solo por pura suerte y que en realidad no tenía ningún merito ni las capacidades para hacerlo. Después de mi titulación me ocupé de cosas realmente importantes relacionadas con mi salud mental. Me mudé, y empecé a lidiar con el duelo emocional de perder una amistad tan importante, empecé a ocuparme de nuevo de mí.

Poco a poco e ido ganando fuerza, poco a poco estoy creyendo de nuevo en mí y en este proceso me topé con un libro que compré hace años. Un libro de teoría que capturó en su momento mi atención y que simplemente no pude entender y abandoné frustrada. Y ahora no puedo llegar a expresar la felicidad que realmente me dio no sólo por entenderlo, sino que fui capaz de genuinamente disfrutarlo. 

Este texto estaba destinado en realidad a ser una reseña sobre el libro, pero por lo visto mi subconsciente tenía planes diferentes para él. Y me alegra, porque sé que necesitaba hacerlo. En unos días intentaré hacerle una reseña otra vez, a ver si la memoria no me lleva de nuevo por otros caminos. Aunque si lo hace planeo volver a dejarme llevar, porque es agradable  retomar/reclamar/volver al lenguaje escrito.

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Lo que callamos las Violetas

El arte de estar triste.

Por Jess Ayala

Estoy segura que colectivamente coincidimos en que el 2020 será un año inolvidable. Estos últimos 10 meses nos han enseñado lo irónica y culerita que puede ser la vida, al “enviarnos” un virus mortal y obligarnos a pausar la manera tan acelerada en la que estábamos viviendo. Sin “querer queriendo” tuvimos que detener casi todo por unos meses y lidiar con las consecuencias económicas y también emocionales de un encierro que nunca nadie esperó.

Y partiendo de las emociones con las que me ha tocado lidiar en esta pandemia, quiero enfocarme en una en particular, así es, La Tristeza. Antes de todo este caos del Covid-19 yo tenía una estrategia muy firme para no lidiar con ella: ignorarla. Qué curioso es darte cuenta que sabes muy bien estar molesta, estar muy feliz e incluso hasta ansiosa. Es aún más curioso lo que hacía para evadirla: salir de fiesta, tomar, comprarme cosas, y cuanta cosa superficial se les ocurra. Ah, porque claro, después de terapia ya sé cómo re pensar lo que pienso para contrarrestar la ansiedad así como evitar a toda costa mentarle la madre a quien me hace enojar, pero la incomodidad que causa sentirse triste me sobrepasa de muchas maneras, ¡no sé cómo estar triste! Me desarma y al final le abre las puertas a la vulnerabilidad. 

La vulnerabilidad es una pesadilla para las personas que como yo, han construido un muro a su alrededor (incluyendo a quienes aman) para jamás poner en palabras lo que están cargando en su mente y corazón. Implica mostrarte y vivir en tu estado más bajo de energía que puede durar días, semanas y si se prolonga incluso podría llegar a convertirse en algo más grave, como una depresión. No soy psicóloga y no pretendo que este texto sea un manual anti sadness, yo solo les vengo a decir esto: me harté de esconderme. Porque adivinen qué, le pueden mentir a todo el mundo, menos a ustedes mismos. Además, estamos sobreviviendo a una pandemia y en buena onda, ¿quién se quiere seguir mintiendo a sí mismo? Ya aprendí, a la mala, que hay mucha más fortaleza en pedir ayuda, querer sanar y mostrar tu verdadero yo que en seguir escondiéndose. 

Así que ahora me propuse enfrentar LA TRISTEZA, así en mayúsculas porque parece tan imponente e insiste que pues va, acepto el reto y ahora me permito ser vulnerable. Aceptarlo con todo y la lloradera que a veces no da tregua (ni cuando lavo platos) y sobre todo poniéndola en palabras:

OIGAN, ME SIENTO TRISTE.  

y me choca como no tienen idea, porque es muy incómodo, porque me quiero reír, pero sé que tengo que enfrentarla. Si pudiera ejemplificarla de algún manera diría que es como cuando tienes que llamar al Banco porque hubo un problema con tu tarjeta, te dices: “no mames, qué horror, no quiero llamar, qué huevaaaaaa” pero SABES que lo tienes que hacer. No hay de otra.

Y esto que siento se lo voy a contar a mi psicóloga y se lo voy a contar a mi mamá, a Carol y a mis amigas. 

A quién quiera escucharme y apoyarme.

Trabajaré en esto lo mejor que pueda. 

La paz y tranquilidad que me da el hecho de afrontar LA TRISTEZA vale oro. Me lo merezco, merezco tranquilidad en un año tan difícil.

La verdad es que estar triste es todo un pinche arte pero esta vez no me voy a dejar. 

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María Conchita Approves

Violencia: uno de los estragos de la Temporada de huracanes (2017) en el personaje de Norma

Por Ana Laura Tut Noh

Es innegable la influencia de la sociedad en la Literatura, puesto que es posible  observar, al menos, en textos latinoamericanos, fragmentos con descripciones de espacios  reales, así como personajes o situaciones que recrean la vida cotidiana, desde diversas  ópticas. Ejemplos de lo anterior, serían el cuento de Elena Garro denominado: La culpa es  de los tlaxcaltecas (1964), cuyo personaje describe espacios como Chapultepec o el lago de  Cuitzeo; o bien, es posible conocer la ciudad de México o España, a través de la novela Casas  Vacías (2017) de Brenda Navarro. Asimismo, los personajes protagónicos descritos en  ambos textos, se develan como mujeres que sienten, se cuestionan su entorno, reflexionan y  actúan de acuerdo a un contexto que las coloca en situaciones complejamente humanas.  

Fernando Ainsa, menciona: “Gracias al esfuerzo de comprensión imaginativa que ha  propiciado la ficción, se ha podido sintetizar la esencia de una cultura y ha sido posible  proyectar una visión integral de la realidad que ningún estudio sociológico podía equiparar”  (2010, p. 394). Por tanto, la literatura para este autor, puede ser un documento sociológico  cuyo análisis nos permite conocer y reflexionar sobre el actuar humano y sus consecuencias.  Con base en la premisa anterior, este ensayo tiene por finalidad analizar la violencia sufrida  por el personaje de Norma en la novela Temporada de Huracanes (2017), de la escritora  Fernanda Melchor, como elementos que no sólo se limitan al texto, sino que son plausibles  a nivel extradiegético, puesto que suelen ser temas alejados del discurso hegemónico, pero que encuentran cabida en el discurso estético. Se analizará las causas, tipos, consecuencias y el espiral de violencia vivida por el personaje de Norma desde la óptica de Agustín Martínez  Pacheco y su texto La violencia. Conceptualización y elementos para su estudio (2015). 

La novela Temporada de huracanes (2017) es de la autoría de Fernanda Melchor.  Escritora mexicana que nació en el estado de Veracruz en el año 1982 y cuya producción  literaria está conformada por textos como: Mi Veracruz (2008), Aquí no es Miami (2013) y  Falsa liebre (2013). En el año 2019 Temporada de Huracanes, recibió el premio  Internacional de Literatura, en Berlín, Alemania. Según Sabine Pesquel (2019), la novela ha  sido considerada por la crítica como un retrato de la vida en el estado mexicano y permite  conocer los demonios que aquejan al país. 

Temporada de huracanes está ambientada en la Matosa un municipio del estado de  Veracruz y narra el asesinato de la bruja del pueblo, desde el momento del encuentro del  cadáver hasta los días que preceden y anteceden al suceso. Es un texto que presenta una  polifonía de voces, puesto que participan, en su narración, testigos y responsables de dicho  crimen. Para Pesquel (2019): «Los huracanes del título no solo aluden a las condiciones  de vida que prevalecen en el pueblo, sino que, gracias a la potencia del lenguaje de la  autora, parecen también descender sobre nosotros”, puesto que al leer la novela uno no  puede evitar reaccionar emocionalmente ante cada situación descrita. 

En una entrevista realizada por Pesquel a Fernanda Melchor ésta menciona  que el punto de inspiración de la novela fue cuando trabajaba para la oficina de  comunicación de su universidad; en este espacio, solía recibir periódicos locales en  donde la violencia era una constante. En una ocasión, leyó el caso del asesinato de una  bruja en un pueblo, a manos de un hombre que decía que aquélla lo estaba hechizando  para que no la dejara. Atisbamos, en este hecho, que la escritora funge como una especie de testigo que si bien no es presencial, tampoco es ajena a la violencia que ocurre en su  estado, prueba de ello es que Melchor, expone en esa misma entrevista que ella deseaba  ir al poblado para adquirir más información; sin embargo, debido a la inseguridad y el  narcotráfico en dicha área, se limitó a crear una ficción en torno a este hecho. Carlos  Pavón, menciona que después de la segunda mitad del siglo XX, hay una proliferación  de textos que narran la violencia desde la óptica del observador, esto debido a que  actualmente se vive la “era del testigo”, concepto de Annette Wieviorka que explica que  se prepondera el testimonio sobre el documento. (2015, p.11). Todo lo anterior, nos  permite entender que lo narrado en la novela no se limita a la invención y refleja una  realidad que toca nuestra puerta cada día y “nada mejor que la ficción para explicar la  realidad del Nuevo Mundo, donde lo real y lo imaginario han formado una indisoluble pareja”  (Ainsa, 2010, p.394). 

Dentro de la narración de la novela es posible observar distintos personajes que fungen  como testigos o como participantes en el asesinato de la bruja: Yessenia, Luismi, la abuela  de ambos, el Munra, Chabela y Norma detallan desde el yo, o a través del diálogo, no sólo el  asesinato, sino también la vida en la Matosa o incluso a las afueras de ella. Todos estos  personajes están expuestos a la violencia; sin embargo, es del interés de este texto centrarse  en el personaje de Norma, una adolescente, de escasos trece años, que llega a la Matosa  después de huir de su casa.  

La voz de Norma se hace presente en el capítulo número VII, el cual comienza en el  hospital de la Matosa en donde una mujer le cuenta a la joven que, después de múltiples  abortos espontáneos, por fin ha nacido su primer hijo; en contraste, Norma se encuentra ahí  porque acaba de abortar uno deliberadamente. El bebé que iba a tener la joven era de su 

padrastro, hecho que la obliga a huir de casa y, después de un largo trayecto, llegar a la  Matosa para encontrarse con Luismi quien le ofrece comida y su cuarto para vivir. En este  espacio conoce a la Chabela quien le propone llevarla con la bruja para abortar, ésta después  de múltiples dudas le da un brebaje que se toma. Un par de horas después la hemorragia es  tal que Luismi le pide al Munra que los lleve al hospital donde es abandonada a su suerte.  

La violencia según Agustín Martínez (2015) es un concepto cuya definición no tiene  un consenso, debido a que hay autores que la limitan a la agresión física; sin embargo, para  este autor, el concepto va más allá y la concibe como el tinte que pueden adquirir las  relaciones sociales. Desde esta perspectiva, el personaje de Norma está inmersa en la  violencia, desde el momento de su nacimiento, hasta el momento en el que acaba en el  hospital, y cada espasmo violento está propiciado por su relación con los otros. 

Agustín Martínez menciona que: “en cuanto a los niveles de causalidad, en términos  sintéticos se puede considerar que todo acto de violencia se presenta en un contexto social  específico, el cual tiene, a su vez, una historia que lo generó” (p.22). Por tanto en el caso de  Norma, el contexto que marca el inicio de la violencia es su madre; según se narra en el texto  que la primera hija fue Norma, pero luego, la señora tuvo otros hijos con la esperanza de que  algún hombre se quedara con ella:  

Norma debía tener siempre en cuenta los errores que su madre había cometido y no tratar de repetirlos,  aunque tuvo que pasar algún tiempo antes de que Norma finalmente comprendiera a qué se refería su  madre cuando hablaba de sus yerros: a ella y a sus hermanos, claro; pero sobre todo a ella, a la primera,  la primera de cinco críos, seis contando al pobrecito de Patricio que en paz descanse; seis errores que  su madre cometió, uno tras otro, en sendos intentos desesperados por retener a un hombre que en casi  todos los casos ni siquiera se había dignado en reconocer la paternidad de las criaturas; hombres que  para Norma eran simples sombras en las que su madre se envolvía cuando salía de noche a  emborracharse, con las piernas descubiertas bajo medias transparentes y zapatos de tacón que jamás  permitía que Norma se probara (Melchor, 2017, p.163).


Como se puede apreciar, la madre de Norma le prohíbe que se vista como ella para no  repetir su historia de sometimiento y abandono; sin embargo, el ciclo de violencia  difícilmente se rompe, no sólo porque el origen de la violencia es la exposición a la misma,  sino también porque la violencia tiene otros elementos que la hacen permanecer y  multiplicarse. A dicho fenómenos se le conoce como el espiral de violencia y puede ser de  tres tipos: acción-reacción, emulación y reforzamiento; el primero, se refiere a la violencia  ejercida sobre alguien, quién en consecuencia puede reaccionar aplicando violencia a su  victimario o hacia otras personas; el segundo, se desarrolla cuando la violencia es exitosa y  por ende sigue esparciéndose, por ejemplo el soborno para agilizar trámites, debido a que en  apariencia no son dañinos, se permite y se replican. El último, “consiste en que determinada  forma de manifestación de violencia puede producir ciertos resultados que refuerzan otros  tipos de manifestaciones violentas” (p.25). Esta espiral es visible cuando el Pepe el padrastro  de Norma comienza sus acercamientos hacia ella: 

Colocaba su mano con la palma hacia arriba en el sitio preciso en donde ella iba a sentarse y le  pinchaba la cola y luego fingía que no había sido él, y todo eso era divertido, o había sido divertido al  principio porque toda esa atención hacía que Norma se sintiera importante, porque Pepe siempre  insistía en sentarse junto a ella cuando veían las caricaturas, y le pasaba el brazo por encima de los  hombros y le acariciaba la espalda, los hombros, los cabellos, pero solo cuando la madre de Norma  estaba en la fábrica, solo cuando sus hermanos estaban en el patio de la vecindad (p.163 ). 


Sí bien, estos tocamientos no se presentan con exceso de fuerza física, recordemos que la  violencia puede ser sutil y clasificarse de distintas maneras, en el fragmento Norma  menciona, desde el tiempo verbal pretérito, que esas conductas habían sido divertidas al  principio; lo anterior, nos permite entender que posteriormente ya no lo fue, además  menciona que dichas acciones la hacían sentir importante. Sin embargo con el paso del  tiempo, los encuentros con su padrastro se vuelven más y más grotescos, es decir se van 

reforzando y permiten la escalada de la espiral de violencia como se ve en un fragmento del  texto, en el que ella está acostada con el Luismi y está esperando que él le cobrara el favor  de haberla llevado a su casa, pero el chico no le pide nada, entonces ella menciona: 

Él echado a su lado, la escucho y en ningún momento había tratado de tocarle otra cosa que no fuera  la cara o las manos, ni le había ordenado que se echara de espaldas y se abriera de piernas, o que se  arrodillara para mamarle la verga, como Pepe siempre le pedía cada vez que se metían juntos a la  cama. Mámame la verga, decía; mámame los huevos, mámale duro, chiquita, con ganas, así, hasta  adentro, no te hagas la que te da asco si bien que te gusta, aunque no era cierto, aunque a Norma no le  gustara en lo absoluto, pero él lo decía de todas maneras y ella nunca lo había sacado del error (p.  155). 

Como se presenta el fragmento los encuentros con el Pepe llegaron a su máxima expresión  violenta, debido a que un acto tras otro, lo llevaron a incrementar los vocablos o peticiones  en el sexo, sin detenerse a pensar que estaba transgrediendo a una niña. Este tipo de violencia  en la que el dominante (el pepe) desea someter psicológica y sexualmente al dominado  (Norma), se le conoce como activa puesto que: “los victimarios entonces recurrirán a  diferentes formas de violencia como medios para lograr la dominación y expropiación  simbólica y material de las víctimas” (Martínez Pacheco, 2015, p. 20). La máxima  dominación y expropiación de Pepe es apoderarse del cuerpo de Norma y someterla a cumplir  sus fantasías sexuales, haciéndole creer que era ella quien lo deseaba.

¨Para finalizar es importante señalar cuáles son las consecuencias de la presencia de la  violencia, ya que “entre estos daños están los que ya se mencionaban anteriormente, la  afectación a la integridad física de las personas, a su integridad emocional y psicológica y a  su integridad patrimonial” (Martínez, 2015, p.29). En el caso de Norma acaba huyendo de  casa por miedo a la reacción de su madre, su viaje pone en peligro su integridad, puesto que  le cuenta a Luismi que en Villa:

unos tipos la habían seguido en una camioneta mientras caminaba hacia el centro de Villa, y ella había  tenido que apartarse de la carretera para esconderse en unos carrizales porque los tipos que iban sobre  la batea la llamaban chasqueando los labios como si fuera una perra, y el hombre que conducía, un  sujeto rubio de gafas oscuras y sombrero vaquero, bajó el sonido de la música que tronaba, me haré  pasar por un hombre normal, y le ordenó a Norma que se subiera a la camioneta, que pueda estar sin  ti, que no se sienta mal, pero ella tuvo mucho miedo y corrió a internarse en una parcela (p.151). 

A miles de Kilómetros de casa Norma ya no está en riesgo de ser odiada, golpeada o  excluida por su madre, ni en riesgo de sostener encuentros con el Pepe, sino ahora está a  merced de la violencia de Villa y La Matosa. Los daños serán irreversibles. 

“En términos sociales las consecuencias de ciertas relaciones de violencia pueden llevar  a la desestructuración de los lazos sociales mediano y largo plazo, a la instauración del miedo  y la desconfianza social” (Martínez Pacheco, 2015, p.29). Lo anterior, es visible al final del  texto cuando Norma está en el hospital, amarrada, sola, con miedo y sin emitir palabra  alguna:  

Norma quisiera escapar corriendo de aquel sitio, romper sus vendajes y huir como fuera del  sanatorio, huir de su propio cuerpo adolorido, de esa masa de carne abotargada y henchida  de sangre, de pavor y de orina que la mantenía anclada a la maldita cama […] quería tirar y  tirar de aquellas vendas hasta romperlas, escapar de aquel lugar donde todos la miraban con  odio, donde todos parecían saber lo que había hecho; estrangularse las manos, degollarse a  sí misma en un grito elemental que, al igual que la orina, ya no pudo contener por más tiempo:  mamá, mamita, gritó a coro con los recién nacidos. Quiero irme a casa, mamita, perdóname  todo lo que te hice (p.196). 

Este cierre de capítulo permite ver las fracturas sociales sufridas por el personaje de  Norma como consecuencia de la violencia, lejos de casa, de su madre, de Luismi y de todo  aquello pudiera brindarle aparente seguridad, en este punto, las consecuencias de la violencia  son evidentes.

En conclusión, la posibilidad de entrar en contacto con el texto y analizarlo nos permite,  a través de la experiencia estética, formular reflexiones sobre la violencia perfectamente  aplicables a nuestra realidad inmediata. Las notas periodísticas narran con frecuencia  historias como las de Norma y nosotros detrás de los textos, fungimos únicamente como  lectores/observadores; sin embargo, esto no nos exime de ser partícipes, puesto que la  violencia: “cuenta con por lo menos tres tipos de actores que la delimitan (el agresor, la  víctima y los observadores)” (Martínez Pacheco, 2015, p.25). Frente a esta postura, los  observadores tenemos participación en el origen, causas, consecuencias y la permanencia del  espiral de violencia; ¿estamos haciendo algo para reproducirla o frenarla? 

Bibliografía 

Aisa, Fernando. (Octubre 2010). Una literatura que hace sociología el ejemplo de la  narrativa latinoamericana. Revista del Cesla, 2 (13), 393-408. Recuperado el 30-09-20  disponible en: https://www.redalyc.org/pdf/2433/243316493002.pdf 

Anguiano Molina, Ana María, Calvo Vargas, Leticia y Enrique Jiménez, Salvador.  (2009). Violencia, marginalidad y exclusión; asunto de todos complejo, holístico y sistémico.  Disponible en: https://www.margen.org/suscri/margen56/violenangui.pdf 

Martínez Pacheco, Agustín. (Agosto 2016). La violencia Conceptualización y  elementos para su estudio. Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco. Núm.  46, pp. 7-31. Recuperado el 03-10-20 de:  https://www.redalyc.org/pdf/267/26748302002.pdf 

Pabón, Carlos. (2015). “De la memoria: ética, estética y autoridad” en Coord. Teresa  Basile. Literatura y violencia en la narrativa latinoamericana reciente [en línea]. (pp. 11- 34). La Plata [AR] : Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias  de la Educación. Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP CONICET). Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria. (Colectivo crítico ; 2) En  Memoria Académica. Recuperado el 30-09-20 de:  http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/libros/pm.378/pm.378.pdfPesquel, Sabine. (2019). “Temporada de huracanes, de Fernanda Melcor: realismo y  pesadilla de México”. Recuperado el 01-10-20 de: https://www.dw.com/es/temporada-de huracanes-de-fernanda-melchor-realismo-y-pesadilla-en-m%C3%A9xico/a-49267872

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María Conchita Approves

Maternidades, violencia y vida en Casas Vacías

Por Jimena De los Santos Alamilla

«Pero a través de siglos de haber dado de mamar emocionalmente a los 
hombres con nuestros pechos, también se nos dijo que estábamos 
contaminadas, que éramos devoradoras, dominantes, masoquistas, arpías, 
brujas, lesbianas y prostitutas. Aprendemos lentamente a desacreditar 
estos discursos, incluso el que comienza diciendo: «Las madres son más 
auténticas que las demás mujeres” 
Adrienne Rich 

Voy tejiendo estas palabras en medio de una pandemia y ante la inminente llegada de una tormenta. La maternidad es un ¿Deseo? ¿Imposición? ¿Ideal? con el que tengo múltiples conflictos e incomodidades. Leer Casas vacías de Brenda Navarro me ha confrontado con los temores y ansiedades que me despierta lo materno. En estas páginas comparto algunos fragmentos de mi lectura (porque en realidad hay mucho más que podría decirse sobre la novela), que se vio nutrida con las voces de algunas teóricas literarias feministas que se han sumergido en el pedregoso terreno de la maternidad. 

La casa abandonada: un vientre vacío 

En, Yo, tú, nosotras, Luce Irigaray explora los dolores de parto como un sufrimiento que se ha constituido a manera de norma para que una mujer se convierta en tal. La aceptación de este dolor como una regla se traduce en la normalización del sufrimiento para todas las mujeres: “Si este sufrimiento se convierte en la norma exclusiva para hacerse mujer, acaba por justificar el sufrimiento en las relaciones amorosas, el sufrimiento moral femenino, etc. Todo ello con el beneplácito de su «masoquismo» y de su capacidad de aguante” (Irigaray, 1991, p. 98). Es decir, que este dolor se expresa como una experiencia voluntaria y placentera; un rito de paso necesario para convertirse en mujer. De lo contrario, viene la culpa. Como describe la primera voz narrativa de Casas vacías, la experiencia del embarazo no es en absoluto placentera y más de una vez se menciona que en el fondo, ella no deseaba la maternidad. Sin embargo, es claro que hay una serie de expectativas que la presionan a continuarlo. Una vez que Daniel nace, la experiencia tampoco es agradable, pero la guarda para sí misma: 

Con la cintura quebrada, los coágulos arañando las paredes de mi útero y los ojos arenosos de no dormir, los primeros días con Daniel en mi vida, más que una dicha, eran un suplicio ahogado. Cállate, le decía en un silencio amordazado entre los ojos, por miedo a que alguien escuchara el escozor que me causaba oírlo llorar por ese no saber sobrevivir solo en el mundo. Si en el embarazo, triste, pedregoso y mohoso que había pasado ya sentía un arrepentimiento de tener útero y hormonas e instinto maternal, en la maternidad misma cada llanto de Daniel me rechinaba en el oído para constatarlo. (Navarro, 2017, p. 52)

Hay cierta circularidad en las madres que aparecen en la primera historia, principalmente entre la voz narrativa y la suegra. La línea de vida de ambas mujeres está contorneada por el mandato de la maternidad. En la primera parte de la novela, la voz narrativa describe a su suegra como una mujer devastada emocional y físicamente tras el feminicidio cometido contra su hija, Amara. La voz explica que este hecho violento posiblemente ocasionó que la mujer se diera cuenta que nunca fue feliz, y que sus esperanzas estaban depositadas en la crianza de sus hijes, expectativa que suele tenerse de las madres: “¿Alguna vez fue feliz o es acaso que apenas ahora que Amara ha muerto es que sabe que ha desperdiciado su vida?”(Navarro, 2017, p. 49) . Sin embargo, a lo largo de la novela, quienes leemos atestiguamos la propia devastación de la voz narrativa, quien naufraga en el dolor y la tristeza luego del secuestro de su hijo, Daniel. Es por medio de la introspección que entendemos, en algún punto de la vida, su felicidad pendió del pequeño, o bien, de la carga infinita que para ella es la maternidad: “No parir, porque después que nacen, la maternidad es para siempre” (Navarro, 2017, p.17). Ya sin el hijo, comienza un proceso de reflexión, constantemente destructiva, de donde pareciera que no hay salida. 

Otro punto de encuentro entre la voz narrativa y la suegra es en el paralelismo con la casa. Por un lado, la suegra teme quedarse en la solitaria grandeza del hogar en Utrera, ante el vacío de una hija asesinada, y un marido sin responsabilidad emocional: “Convence a Fran, convéncelo, yo te ayudo a cuidar a los niños, no voy a estorbar, voy a ayudarte, convence a Fran de quedarse, pero yo decía que no, aunque quería decir que sí, y ella me decía que no la dejara sola en esa casa grande, blanca y hueca de Utrera, que no podría con tanta soledad y sin su hija y con todos los días sin su hija y sin su nieta, que no me fuera […]. (Navarro, 2017, p.81). Lo segundo, el marido, constituye un elemento que estuvo en su vida desde su matrimonio, pero que la pérdida de Amara llegó a poner en perspectiva. 

Tal vez, como la voz narrativa sugirió con anterioridad, fue la presencia de los hijos lo que difuminó la ausencia del esposo. En contraste, la voz narrativa se enuncia como una casa vacía: “[…]porque eso era lo que había que hacer: ser las casas vacías para albergar la vida o la muerte, pero al fin y al cabo, vacías”. (Navarro, 2017, p. 53). 

El vacío y el dolor son representados de manera constante en las experiencias maternas de la novela, aunque se manifiesta de manera desigual entre mujeres y hombres. En el recuerdo del velorio de Amara, mientras las madres expresan su dolor con llantos ahogados, discretos, que contienen la pérdida de la mujer, los hombres dominan el espacio con ruidos violentos que no guardan relación con el feminicidio, sino con la imposición de una fuerza que busca silenciar: 

En cambio, los hombres de la familia poco a poco las ignoraron porque sus manotazos, sus aventones, sus gritos en el estacionamiento y sus pisadas apresuradas para arrancar motores e irse después del desmán que habían dejado a su paso hicieron más ruido que las lágrimas. Todos los hombres juntos son más ruidosos y estruendosos que todas las mujeres y sus lágrimas. Xavi y sus manos asesinas, Fran y su seguir estando bien porque hay que estar bien aunque estuviera ahí la hermana muerta y el padre que se sentía demasiado viejo para pelear pero demasiado fuerte para jalar a Nagore a su lado y no dejar que la abuela paterna se despidiera de ella. (Navarro, 2017, p. 53) 

Las expresiones agresivas e indiferentes en reflejo reverso al dolor contenido de las mujeres podría responder a una idea reproducida una y otra vez sobre la locura de las mujeres, como señala Luce Irigaray: “El deseo de ella, su deseo (de ella), esto es, lo que viene” a prohibir la ley del padre, de todos los padres. Padres de familia, padres de naciones, padres-médicos, padres-curas, padres-profesores. Morales o inmorales. Siempre intervienen para censurar, rechazar, con todo el buen sentido y la buena salud, el deseo de la madre. (Irigaray, 1994 p. 34). Esta locura aparente también se presenta en las comparaciones entre la voz narrativa y Fran, la manera tan distinta en que ambos, madre y padre, procesan la pérdida de Daniel: una con llanto, depresión y furia y el otro con tranquilidad, pulcritud y mesura.

Pertinentemente viva: Nagore en sus propios términos

En el contexto de la novela, rodeada de una creciente violencia de la que pareciera no hay puerta de salida, Nagore se enuncia como la sobreviviente; es también su vida una metáfora de la esperanza para las mujeres de su linaje, consanguíneo o no, de un camino diferente, el propio. Por la voz narrativa sabemos que Nagore atestigua el asesinato a su madre, y la violencia brutal de su padre. Desde pequeña está expuesta a una realidad cotidiana para la mayoría de las mujeres en el mundo. Luce Irigaray, en El cuerpo a cuerpo con la madre, explora, entre otros temas, la irrupción del orden paterno en la relación materna: “El orden social, nuestra cultura, el mismo psicoanálisis, así lo quieren: la madre debe permanecer prohibida. El padre prohíbe el cuerpo a cuerpo con la madre” (Irigaray, 1994 p. 38). Este impedimento de la relación cuerpo a cuerpo con la madre se traza en la vida de Nagore; el vínculo con su primera mamá es destruido a manos de Xavi, su padre, quien tras varios años de violentar a Amara, ejerce en ella la forma de violencia más extrema: el feminicidio. Tener una familia en la voz narrativa y Fran supone un alivio para la niña, o bien, la oportunidad de una relación madre/hija; sin embargo, estas expectativas son cortadas por el mismo Fran, ya que es él quien, forzando la relación entre ambas, irrumpe en el cuerpo a cuerpo con la madre: “La hermana murió a manos de su marido, por eso Fran nos impuso el cuidado de Nagore. Yo me volví madre de una niña de seis años mientras engendraba a Daniel en mi vientre. Luego no fui madre y ése fue el problema. El problema es que seguí viva por mucho tiempo.” (Navarro, 2017, p. 16). 

Pese al rechazo que la voz narrativa manifiesta frente a Nagore, la niña tiene una conexión profunda con ella, que se revela en su lenguaje. Si la primera lengua materna de la niña es el castellano y la paterna el catalán, poco después de incorporarse a su segunda familia, Nagore adopta la lengua de su segunda madre: “Nagore perdió el acento español apenas llegó a México. Se mimetizó conmigo. Era una especie de insecto que hibernaba para salir con las alas puestas para que la miráramos volar. Estalló en colores, como si el capullo tejido en las manos de sus padres solo la hubiera preparado para la vida” (Navarro, 2017, p. 16). Si bien pareciera que la voz, al compararla con un insecto, lo hace con desdén, más adelante, en su introspección, ella misma se dará cuenta que siempre admiró la fuerza de la niña. Diversos momentos en la historia le sirven a la voz para reconocer la firmeza de Nagore al momento de expresar sus ideas y emociones; la niña no lo piensa dos veces antes de pedir a su mamá durante el velorio, mientras las fuerzas ahogadas maternas y la violencia paterna están luchando por posicionarse; ya sea para defender a su abuela o reclamarle a la voz, Nagore no guarda el silencio que las otras mujeres en el texto. Frente a la voz, que lamenta seguir con vida por tanto tiempo, la niña está dispuesta a vivir: “Tienes que aprender a cuidarte, le dije. Sí, yo no voy a ser como mi mamá, yo voy a vivir. Se llenaron sus delgados labios de verdad. Nagore y Daniel en ese momento eran la promesa de que se puede sobrevivir a los entuertos maternos”. (Navarro, 2017, p. 54). Lo cierto es que no sobrevive a “los entuertos maternos”, sino a la orden del padre que desde temprana edad destruyó toda posible relación con su madre.

Pese a ello, hay un conocimiento compartido entre todas las mujeres de la historia que, aunque silenciado, se transmite en Nagore, quien es la primera de su linaje en hablar: “Las madres y las hijas siempre han intercambiado —además del saber transmitido oralmente de la supervivencia femenina— un conocimiento subliminal, subversivo, anterior al lenguaje: el conocimiento que flota entre dos cuerpos iguales, uno de los cuales ha pasado nueve meses dentro del otro” (Rich, 2019, p. 293). Salvo por Amara, todas las mujeres de la novela sobreviven, aunque con el dolor ahogado. La existencia de Nagore supone la esperanza de una vida distinta; y la voz narrativa es capaz de verlo, admirarla y quererla, pese a que no lo exprese como tradicionalmente se espera de una madre. Aunque no sabremos qué sigue para ella, se anuncia que confrontará a su padre, sin miedo, ya que es el feminicida quien debe temerle a la hija, única testigo de su crimen. 

La otra anónima 

Regresó brevemente a la escritura en primera persona, con la intención de salir, aunque sea por unos párrafos, de “la yo académica”. En mi lectura personal, he decidido interpretar a la segunda voz narrativa como un reflejo reverso de Nagore. Esta voz, a diferencia de la primera, vive en un contexto aún más desolador. Ambas tienen como punto de partida la violencia extrema que sus padres (en el caso de la voz, además su tío), ejercieron en sus madres: la primera feminicidio, la segunda violación. Si bien en Nagore se fluye la posibilidad de una vida diferente, para la segunda voz narrativa, aunque en varios momentos de la novela exprese su deseo de otra vida más vivible, le resulta cada vez menos alcanzable:

Muchas veces pensaba en la niña de ojos azules y su hermanito, como que me dieron ganas de ser ella: ser niña, ser bonita, tener una mamá y un hermanito. Como que pensé a lo mejor sí había otras vidas, otras formas, otros novios, otros hombres que me quisieran embarazar, como el Neto, ¿por qué nunca volteé a ver al Neto? (Navarro, 2018, p. 71) 
Me dio lástima. Tampoco él saldría de aquí, ni iría a ningún lado nunca, ni sería feliz como todos nosotros. Como que él me confirmaba que todos nosotros habíamos nacido a lo pendejo. (Navarro, 2017, p. 103) 

Aunque las dos tienen ciertas experiencias en común, es notable que la segunda voz narrativa no vive en las mismas condiciones socioeconómicas privilegiadas que Nagore, lo que limita el aprendizaje de herramientas que le ayuden a salir de los círculos de violencia en los que se ve inmersa. Si en Nagore hay una voluntad por sobrevivir, la segunda voz lo que más desea es una familia, determinada por los valores heteronormativos de su contexto; Nagore ha tenido dos ocasiones fallidas de formar parte de una familia y en su futuro busca alejarse de ese idea. Al carecer de los recursos para cuestionar enteramente lo que vive la segunda voz, hace que normalice la violencia ejercida por los hombres; en ese sentido, se parece más a la madre de Daniel, que en cierto modo acepta su destino: “Yo no sé si es cierto que sea la tele o lo que sea que nos dice cómo nos tienen que gustar los hombres pero a mí sí me gustaba ver cómo en la calle muy envalentonados y peleoneros y con nosotras como perritos con la lengua afuera, eso me hacía sentir poder” (Navarro, 2017, p. 32). Pero también, tiene un deseo particular por engendrar a una niña, para que fuera distinta a ella y a las mujeres de su familia; es decir, que si en el fondo creía que su vida no podía ser distinta, sabía que tenía la capacidad de darle a su hija una oportunidad diferente a la que ella tuvo. 

Sin embargo, en la situación en que vive, tiene mayor peso el mandato de la masculinidad, lo que también identifica la primera voz. En este ideal masculino, el poder se transmite de padres a hijos: “Los padres exigen hijos varones como herederos, manos para el campo, carne de cañón, alimentadores de máquinas, imágenes y prolongaciones de sí mismos; su inmortalidad, en suma” (Rich, 2019, p.265). Ambas reconocen que, aunque Daniel/Leonel es un varón, al encontrarse en el espectro autista, para Fran y Rafael se imposibilita la conexión masculina entre padre e hijo; además los dos se deslindan de formar parte de los trabajos de cuidado que el niño requiere. Ambas asocian la posibilidad de la paternidad con los deportes, los juegos físicos, rasgos masculinos; pero, los dos hombres ven en Daniel/Leonel a un sujeto feminizado, lo que les supone una barrera. 

El anonimato de las dos voces narrativas constituye una metáfora del silenciamiento materno: “No es menor el silencio que pesa sobre el sufrimiento, corporal y psíquico, del parto y sobre todo de esta abnegación que consiste en hacerse anónima para transmitir la norma social que personalmente se puede desaprobar, pero en la que se debe incluir al niño para educarlo en la sucesión de generaciones” (Kristeva, 1987 p. 229). Es así que nunca conocemos los nombres de las voces narrativas, ambas se encuentran en el papel de madres de Daniel/Leonel, anteponen sus deseos y vidas a la del niño, pero también a lo que este y la maternidad simbolizan en sus contextos particulares. 

Finalmente, la novela va cerrando con el descubrimiento de la relación entre la segunda voz narrativa y su madre. Si bien para Nagore el feminicidio a su mamá quiebra cualquier tipo de relación con su origen, la segunda voz narrativa cargará con las culpas de la madre, impuestas por una sociedad que no es capaz de sentir empatía hacia una sobreviviente de violación; confrontarse a la complicidad de la abuela genera en la voz resentimientos hacia las mujeres de su familia: 

La miré con odio. Siempre la odié. No debió de haberse embarazado de mi madre, ni de su hijo. No debió de haber dejado que mi mamá tuviera a sus bebés, especialmente a mí. Le iba a insistir que me dejara pasar, pero a lo mejor en el fondo no quería encontrar a mi mamá. Y ya me empecé a alejar. —Si sé que aquí estaba y usted me la negó, voy a venir a partirle su madre a usted y a su pinche hijo de mierda, el puto cabrón. 
—Las hijas siempre pagan mal, siempre se lo dije a tu mamá (Navarro, 2017, p. 100).

Hay un linaje de rencores: de la abuela a la hija y nieta, de la madre a la hija y de la hija a la madre y a la abuela. Anteriormente mencioné que Luce Irigaray explora en su ensayo la irrupción del orden paterno en la relación del cuerpo a cuerpo con la madre. En estos casos de violencia en el ámbito familiar, las agresiones se fueron diseminando entre abuela, madre y nieta, lo que origina un constante ir y venir de violencias entre las tres mujeres. Lo que la voz narrativa entiende sobre ser mujer y tener una familia, es lo que aprendió de la suya propia, de ahí que sienta odio a su madre y abuela por aceptar la violencia, actitud que ella misma va a reproducir; y a su vez, la creencia de la abuela sobre que las hijas “pagan mal”, aunque en su caso, es el hijo quien ejerció violencia en primer lugar: “Muchas hijas guardan rencor hacia sus madres por haber aceptado con demasiada pasividad «lo que sea». La conversión de la madre en víctima no solo la humilla a ella, sino que mutila a la hija que la observa en busca de claves para saber qué significa ser mujer”. (Rich, 2019, p. 318). Sin embargo, en este círculo de agresiones, los hombres, iniciadores de esta potencia agresiva, quedan fuera, completamente ajenos de lo que debería ser su responsabilidad. En el contexto particular de la segunda voz, la maternidad es un ideal rodeado de violencia.

Apuntes para una conclusión 

En esta lectura he intentado desentrañar algunos discursos sobre la maternidad que operan en Casas vacías. Sin duda, la novela es una propuesta para enfrentarnos con nuestros propios mitos e ideales sobre la maternidad, pero también de la violencia que forma parte de nuestra vida cotidiana. Aunque el silencio es frecuente en el texto, lo cierto es que las dos voces narrativas toman la palabra y dan voz a sus experiencias de dolor, violencia y duda. En ese sentido, es importante leer Casas vacías como parte de un proyecto literario perteneciente a una generación de escritoras que se muestran más abiertas a narrar de manera directa los contextos de vida de las mujeres en México y Latinoamérica. 

Referencias 

– Navaro, Brenda, Casas vacías. México, 2017. 

– Irigaray, Luce, Yo, tú, nosotras. Cátedra, Madrid, 1991. México, 2017. – Irigaray, Luce, “El cuerpo a cuerpo con la madre”, en Debate Feminista, No. 10, 1994, pp. 32-44. 

– Kristeva, Julia “Stabat Mater”, en Historias de amor. Siglo XXI, Madrid, 1987. – Rich, Adrienne, Nacemos de mujer. La maternidad como experiencia e institución. Traficantes de sueños, Madrid, 2019. 

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Girl Power

Un relato de como mi vida sexual y amorosa mejoró gracias al Feminismo.

Por Karla Gil

En definitiva, muchos aspectos de mi vida han mejorado por el Feminismo. Pues desde que soy feminista, me siento más libre de ser y pensar, no tengo miedo de alzar la voz y he podido relacionarme mejor con otras mujeres a través de la sororidad. En esta ocasión, quiero hablar de mi vida sexual y amorosa, específicamente de mi experiencia con hombres.

Porque muchas veces escucho comentarios que son tipo “si eres feminista, ningún hombre te va hacer caso porque las feministas son unas gordas, de pelos pintados, que no se depilan”. En efecto, yo soy una gorda feminista, que no se depila y que tuvo el cabello pintado por un tiempo, pero ninguna de estas características ha sido un impedimento a la hora de desenvolverme en el ámbito sexual y amoroso. Al contrario, me ha traído muchos beneficios. 

De manera general, creo que he disfrutado de una muy buena vida sexual y amorosa. En parte porque tengo la suerte de ser una persona muy privilegiada, por ser una mujer cisgénero, de piel clara, con privilegios económicos y que explora en el plano heterosexual. Debido a esto, en mi entorno, he conocido hombres maravillosos que no solo han sido mis parejas, también mis amigos. Pero esto no siempre fue así. 

Como siempre he sido una niña muy curiosa, empecé mi vida sexual en la adolescencia y siendo honesta: mis primeras experiencias fueron muy malas. Decidí experimentar con chicos de mi edad que yo consideraba mis amigos, pero a fin de cuentas eran personas muy machistas y egoístas que solo les importaba su propio placer.

Confieso, que las primeras veces yo no lo disfrute en lo absoluto, porque yo no les importaba en lo absoluto. Me trataron como un objeto sexual y me llegaron a presionar para hacer cosas que yo no quería. Afortunadamente yo no caí ante las presiones, porque casi al mismo tiempo de que inicié con mi vida sexual, también inicié en el feminismo. Ahora solo me queda el recuerdo amargo de esta corta etapa.

Aprovecho este espacio, para darle un mensaje importante a todas las chicas que me están leyendo: No tengan relaciones sexuales con hombres machistas. De una vez se los digo, no lo van a disfrutar, porque ellos solo las ven como un objeto sexual. Además, de que no van a saber estimularlas de otras maneras que no sean la penetración. Así que mejor ahórrense el mal rato, mastúrbense, conozcan su propio cuerpo, descúbranse a sí mismas y espérense a encontrar a un chico que este mínimo en proceso de deconstrucción de la masculinidad tóxica.

Soy consciente de que, para muchas de ustedes, esto es más difícil, porque en sus contextos, ningún hombre se salva, todos son unos misóginos y machistas. Pero les juro, que el sexo no es una necesidad es algo que haces por placer (o para la reproducción) y es mejor esperar a estar con alguien que las haga sentir cómodas y seguras, para que de verdad lo disfruten. 

No tengan relaciones sexuales con hombres machistas. De una vez se los digo, no lo van a disfrutar, porque ellos solo las ven como un objeto sexual.

Bueno, a medida que fui creciendo, fui conociendo a otros chicos diferentes, con algunos de ellos si mantengo un contacto actualmente y me da mucho gusto ver como han avanzado en su proceso de deconstrucción. Después de esas primeras malas experiencias, comencé a ser más selectiva con mis parejas, tanto sexuales como sentimentales. Ya que, por ejemplo, yo no tuve un orgasmo durante el sexo hasta que llevaba casi dos años de haberme iniciado en la vida sexual.

Fue ahí cuando se me hizo la costumbre, que antes de empezar a tener algún tipo de intimidad con alguien, les pregunto cosas como: “¿qué significa tener sexo para ti?”, “¿qué piensas del aborto?”, “¿cuáles son tus habilidades y debilidades a la hora de tener sexo?”, “¿cómo han sido tus experiencias sexuales previas?”.

Si, casi, casi un cuestionario. Le pongo mucha atención a sus respuestas y también a la manera en que se expresan de las mujeres con otras personas, ahí es donde se van a dar cuenta si de verdad las van a tratar con respeto o como un simple hueco en donde satisfacerse.

Se que suena muy mecánico, pero también me he visto en la situación en la que todo ha sido muy espontáneo. Donde acabo de conocer a alguien y tenemos una conexión muy chida, con muy buena química, y ese mismo día terminamos teniendo relaciones sexuales. Pero claro, esto no pasa muy seguido, a mí me ha pasado quizá como unas tres veces. 

Hoy soy capaz de mirarme al espejo, sin ojos de juez colonizado y sentirme hermosa, tanto por dentro como por fuera

Aunque, tengo que admitir que las veces que esto me ha pasado, ha sido cuando andaba de intercambio en Europa, y pues allá la mayoría de los chicos que conocí eran muy conscientes de temas de género y con poca masculinidad tóxica.

También, porque una de las primeras cosas que yo digo cuando estoy conociendo a alguien es que soy feminista. En efecto, el decir que eres feminista es algo que aleja a muchos hombres, hombres que en definitiva yo no quiero tener en mi vida. Sin embargo, deja cerca, a un grupo más reducido de hombres que si me interesan y que si me pueden complacer, no solo de manera sexual, también en lo sentimental.

En cuanto a las relaciones sentimentales, solo he tenido una con un chico, ya estando en la Universidad. Una relación hermosa, sana y cero tóxica. Él es una persona increíble, y así como yo, se ha convertido en una mejor persona después de nuestra relación. Porque dentro de esta crecimos, aprendimos y disfrutamos al máximo.

Como ven, gracias al feminismo he tenido relaciones bastante sanas y placenteras con hombres. En parte porque soy muy selectiva con las personas que dejo entrar a mi vida y porque el feminismo me ha ayudado a tener amor propio y a no tenerle miedo a vivir mi sexualidad libremente. 

Obviamente, muchas veces he sido señalada por ser una mujer muy sexual, me han dicho que soy una “facilota”, “promiscua” y otras palabras no tan agradables. Por fortuna, siempre he tenido buena autoestima y gracias al feminismo aprendí que mi valor no es definido por la cantidad de sexo que tenido.  

Desde muy niña, también me he sentido presionada para entrar en el canon de belleza occidental, en el cual simplemente no entro. A pesar de esto, gracias al feminismo, he aprendido a amar mi cuerpo por completo. Hoy soy capaz de mirarme al espejo, sin ojos de juez colonizado y sentirme hermosa, tanto por dentro como por fuera. 

Creo que mis amistades, mi familia, mis parejas o cualquier persona cercana a mí es extremadamente afortunado o afortunada de tenerme. Cada vez que voy a tener relaciones sexuales con alguien me repito lo mismo “esta persona tiene mucha suerte” y la mayoría de las personas con las que he tenido sexo son conscientes de esto. Porque, ante todo, reconozco que soy muy valiosa.

Gracias al feminismo aprendí que mi valor no es definido por la cantidad de sexo que tenido. 

Por otro lado, desde que soy feminista, me intereso por estudiar los temas de sexualidad humana. Constantemente me documento sobre esto, leo muchos libros, textos académicos, blogs y veo documentales para siempre mantenerme informada, y así, buscar de qué manera puedo mejorar mi vida sexual. 

A pesar de las malas experiencias, he estado siempre en una posición muy privilegiada porque soy una mujer cisgénero, de piel clara, explorando en el plano heterosexual, que aparte posee privilegios económicos.

Estos últimos, me permiten acceder a una educación sexual y feminista, métodos anticonceptivos, espacios de intimidad y a viajar por diferentes países conociendo nuevas personas y sus distintas prácticas y visiones de la sexualidad. Todo esto en conjunto, me ha dado la posibilidad de tener experiencias sexuales y amorosas, de manera libre, consciente y responsable.

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Girl Power

¿Cómo lidiar con la ansiedad durante la cuarentena? Plática con la Psicóloga Ana Claudina Pacheco Ortega

Platicamos con la psicóloga clínica Ana Claudina Pacheco del centro de atención especializada en Psicología PSICOESPACIO sobre cómo manejar la ansiedad durante esta cuarentena. 

¿Qué es la ansiedad?

Todas las emociones que tenemos de manera biológica son útiles de alguna u otra manera, existen para algo. La ansiedad no es diferente a esas emociones. En ese sentido también podemos hablar de emociones cuando son sanas y cuando ya no son tan sanas y funcionales o se vuelven patológicas. Entonces, la ansiedad como tal no es que sea mala pues nos sirve para reaccionar de manera eficaz cuando nos enfrentamos a una amenaza real. Por ejemplo, la pandemia que estamos viviendo ahora es un ejemplo de amenaza real.

Sin embargo, hablamos de una ansiedad que ya se está volviendo patológica cuando ya nos empieza a afectar en nuestra vida diaria, podemos mencionar cosas sencillas como: padecer insomnio, sentimientos de nerviosismo, hasta ataques de pánico, dolores de pecho, sudoración, entre otros. Estos síntomas nos estaría hablando de que no estamos siendo funcionales, al contrario, esta emoción nos está resultando contraproducente. 

¿Qué nos recomiendas hacer para lidiar con la ansiedad?

1.- Limitar la sobreinformación: las emociones están ligadas a lo que pensamos. Lo que sucede con la ansiedad en general es que sale a relucir ese miedo que tenemos de la incertidumbre, el poco control que podemos tener del qué va a pasar y pensamos cosas catastróficas y que no vamos a poder afrontarlo. Ahora tenemos tanta información inmediata en redes sociales e incluso fake news y amarillistas que podríamos llegar a saturarnos. Un claro ejemplo: las personas que abandonaron a sus mascotas porque pensaron que podían contagiarlas de coronavirus, esto fue resultado del exceso de información que tuvieron y los llevaron a tener una conducta / “solución” inadecuada. 

2.- Consultar y elegir únicamente fuentes oficiales así como el momento del día para informarte: Puede ser la página del Gobierno, un periódico o una página que sea objetiva, concreta y útil. Es bueno mencionar que no debemos pasarnos todo el día leyendo las noticias, escoge un momento que puede ser cuando despiertes o a la hora del almuerzo para informarte sobre cuestiones importantes como: ¿en qué fase estamos? ¿qué pasó el día de hoy?  La sobreinformación solo te provocará más ansiedad. 

3.- Evitar que tu día gire en torno al COVID-19: Seguramente les ha pasado que se sientan a la hora de la comida con sus papás o platicando con sus grupos de Whatsapp y solo hablan del coronavirus: “yo leí y escuché…” “a mi me pasó que…” “me dijeron que…”, es decir, evita que las pláticas de tu entorno sean sobre la pandemia, hay de otras muchísimas cosas positivas que podemos conversar y compartir durante este tiempo. Es similar a la sobreinformación, nos podemos llegar a saturar. Otros temas de los cuales podemos platicar: libros que has leído, qué series estás viendo ¿te gustó, no te gustó? Cualquier cosa que nos haga sentir calma.

4.- Ser realista y objetivo: Las personas ansiosas tienden a magnificar las situaciones. Por ejemplo, si me aparece una bolita en mi brazo puedo decir “a lo mejor me golpee con algo” o “es una bolita de grasa” pero que pasa si me pongo a pensar “seguro es un tumor, tengo cáncer”, ese tipo de pensamientos solo nos van a generar angustia. Por eso tenemos que preguntarnos: ¿qué es lo que sí sabemos de esta situación? Es una gripe, sí puede ser mortal pero solo en algunas circunstancias, etcétera. Ser realista y objetivo con lo que sabemos y con lo que podemos controlar, por ejemplo, la manera en cómo me voy a cuidar durante la contingencia para evitar el contagio. 

5.- Tener un plan de acción: Parte de la ansiedad es sentir que no tenemos el control de las cosas, por eso realizar acciones sencillas como voy a hacer el super en línea, recortar gastos o racionar lo que consumo nos hará sentir que estamos haciendo algo para enfrentar la situación de la mejor manera posible. 

6.- Tener un mantra: Contar con una frase o una idea que nos haga sentir más tranquilos. Cuando yo empiece a irme al extremo o sobrepensar puedes usarla como recordatorio de que debes sacar la banderita blanca y decirte a ti mismo “ya basta”. 

7. Agradecer: ¿Qué son las cosas que independientemente que estemos en este momento crítico y de incertidumbre puedo agradecer que tengo? Que tu familia está reunida en casa, que tienes ahorros, un lugar donde vivir, un trabajo en el que te siguen pagando y puedes hacer home office. Lo que sea que tengas en este momento para que puedas decir yo aquí y ahora tengo muchas cosas positivas por las cuales agradecer. 

8.- Realizar actividades positivas y saludables: Podemos sacar siempre algo positivo de cualquier situación, entonces, ahora que tenemos el tiempo extra ya puedes jugar con tu hijos, acomodar tu clóset, cocinar algo que siempre quise, leer el libro que tenías guardado desde hace mucho. Puedes hacer muchísimas actividades gratificantes (infórmate de lo que sí puedes hacer en la cuarentena) porque si nos quedamos en la cama todo el día viendo todas las noticias horribles que hay eso nos hará sentir ansiosos e incluso tristes y/o deprimidos 

9.- Implementar una rutina: Esta situación nos puede desestabilizar un poco, entonces, si estabas acostumbrada a ir al trabajo pero como ahora es home office te levantas a las 11 de la mañana y trabajas, luego te vuelves a dormir y no comes a tus horas, eso no es lo ideal. Trata de mantener tu rutina habitual dentro de lo posible ya que eso brindará una sensación de cierto control y estabilidad. 

10. Estar en contacto: Seguir conversando con tu familia y amigos de manera digital, como sabemos no es el momento de hacer visitas pero existen muchas opciones para hacer videollamadas por ejemplo. De esta manera podrás distraerte de una manera positiva, recordando evitar que las pláticas giren en torno a la pandemia. 

Ponte en contacto con la Psicóloga Ana Claudina Pacheco a través de su página de facebook https://www.facebook.com/PsicClaudinaPacheco/

PSICOESPACIO: https://www.facebook.com/PsicoEspacioAtencion/ ubicado en Calle 31 no. 404 x 54 y 54 , Francisco de Montejo. Mérida, Yucatán.

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Lo que callamos las Violetas

Sobreviendo al COVID-19 con todo y ansiedad

Hola, soy Jess y vengo a hablarles sobre la importancia de cuidar nuestra salud mental. En especial estos días que estamos (estoy) a punto de enloquecer gracias a la cuarentena. 

Estoy en mi día de encierro #15 (solo he salido a la tiendita de la esquina) y ya pasé por todas las etapas que se puedan imaginar: me he enojado hasta llorar, he llorado solo porque tengo ganas, me he reído histéricamente, he amenazado a mi hermano para agarrarnos a madrazos como las Kardashians (min 2:34) y hasta he pensando seriamente ir a Sears a pagar mi mensualidad para no tener que hacerlo en línea. No se preocupen no lo voy a hacer.

En resumidas cuentas: ya enloquecí. 

Pero les prometo que estoy intentando practicar la resiliencia, es decir, transformar todo este cagadero en algo positivo que no haga quererme sacar los ojos.

Estoy aprovechando mi TIEMPO EXTRA: Siempre me quejo de no tener tiempo para hacer cosas para Somos Violetas y LOOK AT ME NOW, estoy haciendo contenido para la comunidad violeta. También estoy consumiendo series y películas como si no hubiera mañana. 

Si son personas metódicas y ansiosas como yo, recomiendo establecer una rutina todo los días para ocuparse en diversas actividades ya sea creativas y/o laborales, incluso de ocio (como estar en pinterest hora y media viendo ropa o diseños de uñas).

NO ME ESTOY AGOBIANDO POR LO QUE PUEDA PASAR. Estoy enfrentando lo que se me presenta al día. ¿Qué la cuarentena se va a alargar? ¿Me voy a quedar sin trabajo? ¿Van a despedir a mi apá también? ¿No voy a volver a ver a mi novio nunca más? NO LO SÉ

Cuando llegue el momento me ocuparé como la misma vida culera me enseñó: LIKE A FUCKIN WARRIOR

Estoy APOYÁNDOME y CONVERSANDO sobre cómo me siento con mis amigos y mi familia. ¿Quiénes son los que están contigo en tus peores momentos? Ahora más que nunca tenemos que fortalecer nuestras redes de apoyo. SÍ, siempre necesitamos a gente que nos escuche y brinde palabras de aliento en días feos. 

ESTOY SACÁNDOLE PROVECHO A TODOS LOS CONTENIDOS QUE ME ENCUENTRE SOBRE SALUD MENTAL. Les comparto algunos de mis favoritos en una lista aquí abajo y por favor, necesito decirles esto, así que no me cancelen: Martha Debayle todos los días en su programa de radio invita al menos a un especialista en salud mental para dar tips sobre cómo lidiar con nuestros sentimientos durante este duro encierro que nos ha forzado a todos a hacer cosas que no queremos y para lo cual tampoco estábamos preparados. R E C O M I E N D O montones prestarle atención al contenido de su programa, si ella les caga no importa, vale muchísimo la pena darle una oportunidad. Les prometo que cuando todo regrese a la normalidad les explicaré a detalle mi obsesión con Marthita my queen en un episodio del podcast Lo que Callamos las Violetas

RECOMIENDO también mantenerse informadas pero de una manera sana y limitada. Por ejemplo, pueden ver la conferencia diaria del Gobierno de México en su página de facebook todos los días a las 7:00 pm para mantenerse al tanto. Les juro que hasta llega a ser divertida gracias a la sección de preguntar y respuestas. Y si andan enamoradas del Dr. Gatell la disfrutarán mucho más.

Y por último, me di cuenta y acepté que necesito regresar a terapia. Dejé de ir en noviembre del 2019 y tuvo que llegar el COVID-19 para darme cuenta y aceptar que aún tengo muchas cosas que trabajar por mí y para mi. No sigamos dejando para después este tema que YA necesita ser más visibilizado y tratado que nunca. Vamos a estar bien. ¡Un abrazo a todas!

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Lo que callamos las Violetas

Plantillas para dibujar en medio del CODVID19

En estos tiempos de cuarentena, y de aislamiento, la ansiedad puede estar al máximo. Es por eso que decidimos hacer estas plantillas para que colores y te entretengas un ratito.

Sabemos que no todas -ni todos, ni todes- tenemos acceso al Internet – o que no todas podemos hacer home office-, y que colorear no es la respuesta a nuestros problemas, pero esperamos que esta actividad sea algo que puedas realizar ya sea sola o en compañía de las personas que te rodean.

Nada es para siempre y todo pasará. Tu salud mental es importante, y hay muchísimas personas tratando de lidiar con lo mismo que tú, no estás sola.

Iremos actualizando la entrada todos los días. Para descargar las imágenes sólo tienes que darle click derecho y guardar imagen como...

Si no tienes impresora, puedes calcar la imagen en una hoja en blanco con ayuda de la pantalla de tu computadora. Utiliza toooda tu creatividad para hacer tus trazos.

Recuerda que hay profesionales de la salud mental que puedes seguir a través de las redes que están dando apoyo durante estos tiempos. Cuídate y lávate las manos constántemente.

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5 tips para disfrutar San Valentín sin pareja

NADA porque es un día como cualquier otro. Disfruta de un delicioso viernes en casa y haz ese maratón de Harry Potter o esa serie que tanto has pospuesto por no tener tiempo para verla. San Valentín es el día para invertir tiempo en tu entretenimiento. 

SAL A BEBER. Reúnete con tus amikas a bebers y a chismear. Recuerda que CHISME IS LIFE y platicar con las mujeres que te motivan e inspiran y que además te ponen al tanto del mejor gossip siempre es la mejor opción. PD. No olviden hacer su reservación porque en todos lados está full. 

TREAT YOURSELF. Si te apetece que este día se trate sobre la persona que más amas en el mundo, o sea, TÚ, consiente tu carita hermosa con un mascarilla mientras te embutes de Paketaxo y coquita light al estilo Somos Violetas.

GIVE YOURSELF LOVE. AKA MASTÚRBATE. Conoce tu cuerpo y consiéntete. ¿Por qué no? Dateeeee girl.

STAY STRONG. Si sientes un bajón por extrañar a tu ex o porque te sientes sola es válido, pero siempre recuerda que el verdadero amor de tu vida eres tú, lo estás haciendo muy bien y te mereces paz, amor y estabilidad emocional. Esperamos que los tips anteriores te puedan ayudar a sentirte mejor en este día que es como cualquier otro.

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#25N 2x08

Tres quejas contra la SSP por detenciones arbitrarias en la marcha feminista https://informefracto.com/voz-de-la-peninsula/tres-quejas-contra-la-ssp-por-detenciones-arbitrarias-en-la-marcha-feminista/

SSP intimida en marcha de mujeres http://www.hazruido.mx/reportes/ssp-intimida-en-marcha-de-mujeres/?fbclid=IwAR2Nfjb6mZgHjwcuaNxlRto_D6cWZHfdzRtx8jhvZA6DEHzZw6gL7QRBZLk

El grito de miles de mujeres retumba en Ciudad de México con «un violador en tu camino» https://verne.elpais.com/verne/2019/11/30/mexico/1575076665_430100.html?ssm=FB_MX_CM&fbclid=IwAR1ID6K8OMQQy3i4ujjybDKZNe-xO5a76BtVUqFkOcPpzCfUXrUDs4P7wbk

Ellas son las chilenas que crearon ‘Un violador en tu camino’ https://verne.elpais.com/verne/2019/11/28/mexico/1574902455_578060.html

La peor protesta del año en la mejor ciudad del mundo por Lilia Balam http://www.hazruido.mx/reportes/la-peor-protesta-del-ano-en-la-mejor-ciudad-del-mundo/?fbclid=IwAR1SvRjCrxLD4cpTOHzRkbPI-N_xTV4XPg3Z7Hlji_WPd5E4T5_1UsHGuR8

Cronología de un feminicidio https://www.reporteindigo.com/reporte/cronologia-de-un-feminicidio-asi-se-gesto-el-asesinato-de-abril/?fbclid=IwAR3QAeK8RsYqQeuJMQ8QsZKXVGaTlNQFxjWT43FDlLm2VJ_quKgsaDg8OO8