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Especial San Valentín

¿Cómo superarte?

Por Redacción Somos Violetas

Bien lo dijo Meryl Streep en un bonito y brillante discurso que dio en una entrega de premios, citando a la recién fallecida Carrie Fisher: “Take your broken heart, make it into art” y eso hice. Comencé a escribir de nuevo, encontré viejos borradores que tenía guardados desde la universidad y me concentré en terminarlos. No es precisamente arte, pero ya sabes a qué me refiero, volví a interesarme en algo que verdaderamente me apasiona. Eso es a lo que se refería la actriz: en tiempos oscuros, debes recordar qué es lo que amas, lo que te da fuerzas.

Tu partida, por cuarta o quinta ocasión (han sido tantas que perdí la cuenta), me dejó paralizada de nuevo. Desafortunadamente para ambos, me olvidé de mi por mucho tiempo. Y digo para ambos porque me convertí en una persona desagradable y empezamos a desafiarnos sobre quién dejaría a quién, qué si me salía de tu vida para siempre, qué si ya no me querías, qué si ya tenías a otra y un sin fin de peleas que terminaron por destruir el poco respeto que nos teníamos.

Desde mucho antes de escuchar la valiosa frase de quien interpretara a la Princesa Leia, ya había comenzado a hacer cosas que antes no me hubiera atrevido, por muy tontas que parezcan: ir al cine sola, escuchar tu música favorita sin llorarte y sobre todo, dedicarme a mi. Un hábito que nunca debí dejar. ¿Quién era yo antes de perderme en ti? El viaje de introspección recién comenzaba.

Me repetía miles de veces al día “todo va a estar bien” pero no dejaba de pensarte y extrañarte. Poco a poco me fui ocupando en diversas actividades y con el paso del tiempo me fui sintiendo mejor. Durante el difícil proceso de “sanación” o como le quieras llamar, pude darme cuenta que no hay poder humano, consejo de mejor amiga, terapia o botella de alcohol que te ayude a superar una relación, la decisión es únicamente tuya. Lo cual es un arma de doble filo porque, ¿hasta dónde llegamos algunas personas para ponernos un alto y decirnos “¡ya basta!”? La mayoría de las veces sucede cuando estamos hechos pedazos y ya no nos reconocemos.

Resulta que esto del amor propio y quererse a sí misma es tremendamente poderoso, aunque suene a libro de superación personal barato. This shit is real y como diría Oscar Wilde: “Amarse a uno mismo es el principio de una historia de amor eterna”. Finalmente supe que no era el fin del mundo como yo pensaba y ahora ya no tengo miedo del futuro, a pesar de que no estés en mis planes. Sé con certeza que no te guardo rencor y estoy convencida de que deseo tu felicidad tanto como la mia.

A las personas que están viviendo una ruptura, sólo me queda repetirles: “take your broken heart, make it into art”.

 

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Especial San Valentín

Paraíso

Las antiguas lenguas cuentan que existe un jardín secreto en alguna parte del universo. Se dice que allí habitan las criaturas más extrañas, maravillosas y hermosas que han podido crearse; los paisajes más asombrosos, extensos y vírgenes de toda malicia humana; y las leyes naturales más equilibradas, gentiles y agradables.

Se dice que los humanos que logran ganarse un lugar tienen la forma de infantes con corazones rotos apenas vueltos a pegar con amor puro. Amor propio. Y éste se refleja en el amor expresado hacia otras personas. Un rumor explica que en ese jardín se encuentran las almas gemelas; puedes saber que lo son porque están hechos de la misma piedra preciosa. Corazones de zafiros, rubíes, diamantes, esmeraldas, hematites, ónix, topacio, cuarzo…  Allí, cuando se encuentran, se entregan la mitad de sus corazones resquebrajados para formar un corazón enteramente nuevo y completo; formando una especie de semilla de cristal. Brillante, frágil y fértil. La semilla de cristal recibe el nombre de Pasión.

La Pasión es sembrada bajo el Rosal de la Amargura, regada con Lágrimas de Felicidad cada tercer día y con Angustias cada dos, abonada con discusiones y reconciliaciones. Si las intenciones son verdaderas y los corazones son del mismo cristal, éste florecerá sin ningún problema mayor; las semillas compuestas por cristales distintos pueden costar más trabajo, como cultivar fresas en un ambiente cálido. Sin embargo, si las intenciones son falsas, la semilla se romperá en mil pedazos; la tierra los absorberá y los eliminará del jardín, devolviéndolos a la Tierra impura de los humanos corrompidos por las emociones negativas, tal como las intenciones del cristal que lo crearon y cuidaron.

Una semilla impura en el jardín secreto es algo imperdonable. Los infantes que crían su amor propio como a su ego y lo alimentan con migajas de humildad y amabilidad, no merecen vivir entre la belleza y la pureza del lugar. De tal forma que son expulsados para que vivan en una tierra infértil y cruel, como sus almas. Y olviden que alguna vez han habitado en el jardín.

Para los que logran florecer su Pasión al punto del éxtasis, les espera la felicidad máxima. Su semilla se volverá uno con el Rosal de la Amargura; de esta manera, la planta brillará aún más y será sólo un poco menos amarga, menos triste, menos iracunda. Así, las espinas que la rodean serán para protección únicamente y no para lastimar a otros cuando intentan acercarse a admirar su aroma. Las antiguas lenguas cuentan, que con suficientes semillas germinadas, el Rosal cambiaría por completo; ya no sería Amargo, sino Dulce. El Rosal de la Dulzura, tal como antes de que el tiempo fuera un número y los humanos desarrollaran sentimientos.

Hasta que eso suceda, unos pocos escogidos puros serán los que entren al jardín secreto. Nadie sabe cómo entran realmente, si extrañan a sus seres amados en el mundo terrenal, o si sintieron miedo antes de entrar por la puerta del jardín. La promesa de la felicidad auténtica, la ausencia del dolor y el amor eterno, esa es la promesa del jardín. Por eso la gente puede incluso matar, traicionar y comprar una entrada vacía de franqueza y sin valor moral. Paraíso, le llaman, pero no es su nombre real; porque es secreto, el jardín no ocupa un nombre. Si lo hiciera, significa que alguien lo ha recordado después de ser expulsado o que un alma bondadosa ha salido sin permiso del jardín, pero quién se querría ir.

Aquel que comprende las antiguas lenguas y el mensaje oculto en ellas, está destinado a entrar al jardín. Las puertas de éste siempre están abiertas, sólo falta encontrarlas entre esta jungla indisipable de estrellas. La persona que entiende también que para encontrar la entrada debe hallar la llave para abrir puertas abiertas sin cerrojo. Existen miles de llaves esparcidas por el mundo, pero sólo hay una que puede guiar a cada persona. ¿Será acaso, que si un individuo aprende a amar plenamente asegura su boleto sin retorno a la felicidad?, ¿podría ser que uno sólo no baste y necesite de los demás para aprender a hacerlo? Inclusive no muchas, sino una.

El mundo terrenal nos enseña una ilusión del amor, nos obliga a la complacencia y a ser ventajista. Supongo que si el humano aprendiera sobre el amor mismo, no se vería inundado de la imposibilidad de ser quien es sin temor a ser juzgado, sin la inseguridad de ser arrastrado por la corriente de la desgracia. Debe ser por eso que el jardín existe y está tan escondido. Porque exclusivamente los más valientes se atreven a ser y sentir, a lastimar y ser lastimados, a buscar y ser buscados. Esa debe ser la razón por la cual las almas gemelas se encuentran y comparten sus corazones demacrados pero repletos de belleza, y por la cual los sepultan como un sacrificio para contribuir a la felicidad del otro. Porque la felicidad del otro, también es la de ellos.

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Especial San Valentín

«Es duro, es difícil, y a veces siento que no sé cómo salirme de ahí»: Una historia de Amor propio

Valeria nos envía esta colaboración sobre su relación tormentosa,  su lucha por sanar, salirse de ella y amarse así misma:

Mi mejor amiga me alentó a escribir algo para el especial de «el día del amor y la amistad», realmente yo pensé, «¿qué podría yo aportar sobre ese tema?». Estoy saliendo de una ruptura amorosa, no exactamente, pero sí… hace ya 10 meses que terminó mi relación, duramos 4 años, fue una relación tormentosa, llena de sufrimiento, claro que hubieron momentos buenos, pero la balanza se fue más de un lado.

Fue una relación que me robó él autoestima, que tenía meses de haber recuperado, ya que sufría obesidad y había bajado de peso, pero  tardé más en bajar de peso y recuperar mi autoestima, que en perderlo nuevamente. Perdí la confianza en mí misma, y perdí la confianza de mi familia, y amigos, ya que hice muchas cosas que los decepciono por «mi relación» que prácticamente fue solo mía, porque yo era la que daba amor, y no recibía los mismo, yo daba todo y jamás recibí lo mismo, porque aunque me duela aceptarlo, él jamás quiso estar conmigo, y nunca fui suficiente, porque él jamás me hizo sentir así, cambie mi forma de vestir, mi cabello, la manera de arreglarme, todo por él, para gustarle, aunque ahora se lo agradezco, porque la neta, me siento muy chida, pero el caso es que lo hacía por él y no por mí.

Ya pasaron 10 meses, pero sigo estando enferma, porque sigo viéndolo, sigo en ese círculo vicioso, es difícil salir de algo así, porque quieres probar que eres lo suficientemente buena para que te quieran, pero en realidad eres tú quien no cree que eres lo suficientemente buena, porque si lo creyeras, no estarías ahí. Es duro, es difícil, y a veces siento que no sé cómo salirme de ahí. Solo sé que tengo que tomar la decisión, y lo haré el día en que me ame lo suficiente como para darme cuenta que merezco más que eso, que merezco todo, y no solo migajas. Aunque ya me di cuenta, o no estaría escribiendo esto. En realidad yo quería escribir sobre el amor propio, y tenía que contar todo eso, para que entiendan el por qué. El amor es lo que mueve al mundo, sí, pero se comienza con el amor propio. El amor propio es el amor más importante, tú debes de ser el amor de tu vida, y sí, siempre llega alguien que mueve tu mundo, y lo amas tanto, pero siempre debes amarte más a ti. Si un día ese amor se va, te hace sentir menos, es un abusivo, o simplemente no te trae nada bueno, es el amor propio quien te salvará, quien te hará tomar la decisión y decir que ya no quieres más eso en tu vida. Cuando te amas realmente es cuando puedes compartir ese amor con otros seres. Si tú no te amas, ¿cómo puedes pensar que puedes amar a otro? Si tú no te amas, ¿cómo puedes pensar que alguien puede amarte?

Ese es el viaje en el que estoy ahora mismo, quiero aprender a amarme, quiero ser yo el motivo de cada paso que dé, quiero hacerlo por mí, porque quiero ser feliz, porque creo que yo merezco la felicidad, y merezco todo el amor, porque soy lo suficiente, porque valgo demasiado, no soy más, ni menos que nadie, simplemente soy yo, y por eso merezco todo.

«Yo merezco todo lo bueno, no algo, no un poquito, sino todo lo bueno»- Louise Hay

¿Te identificas con Vale? Esperamos que esta historia te inspire para comprenderte, amarte o dar el salto para salir de alguna relación tóxica.

¿Te gustaría compartir tu historia? Envíanos tu colaboración, estamos para leerte, no juzgarte. 😉

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Girl Power

Entrevista a Eduardo Novelo

 

Por Redacción Somos Violetas

Eduardo Novelo Medina tiene 26 años y es Arquitecto por la Universidad Autónoma de Yucatán pero su principal pasión siempre ha sido la moda. Participó con creaciones originales en destacados concursos como Estilo Yucatán  y  Nuestra Belleza Yucatán. Su primera colección de trajes de baño fue lanzada en la pasarela “Nómada Art and Fashion Show” en el 2014. Finalmente, en el mismo año crea su propia marca de ropa: DocModa, en la que fusiona el arte y el diseño.

Platicamos con el diseñador sobre su trabajo y el proceso de crear prendas para vestir a la mujer del siglo XXI.

¿En qué momento de tu vida decides dejar la arquitectura y dedicarte tiempo completo al diseño de modas?

Fue gracias a una gran oportunidad. El colectivo Nómada Arte y Cultura me invitó a participar en una pasarela junto con otros dos diseñadores; en ese momento decidí renunciar a mi trabajo e invertir el dinero en las prendas que presenté. El resultado fue mi primera colección de 12 looks entre trajes y salidas de baño. Desde ese momento la gente comenzó a seguirme en mi instagram personal y ver mis diseños para después empezar a pedirme prendas.

¿Por qué decides enfocarte únicamente al diseño de prendas femeninas?

La construcción de prendas femeninas me permite más creatividad al trabajar porque el cuerpo de la mujer tiene curvas, puede moldearse y además es un público que constantemente necesita de un diseñador. Principalmente realizo prendas para ceremonias como vestidos para damas, quinceañeras y novias, lo cual es muy importante para mi ya que nunca me imaginé hacer este tipo de diseños por el poco tiempo que tengo con mi taller.

¿Crees que la moda puede formar parte de la identidad de una mujer?

Claro que sí. La moda es parte de la esencia de todos, pero creo que para la mujer lo es aún más porque disfrutan la manera de vestirse, algunas la utilizan como escudo porque pueden vestirse completamente de negro y sentirse seguras. La moda siempre está presente, aunque digas “yo no soy fashionista” desde que escojas una prenda, por muy básica que sea, te la pruebes y digas “me gusta”, ya estás comprando moda.

¿Quién es tu mayor inspiración y por qué? 

Tengo tantas personas a las que admiro y me veo inspirado en su trabajo, grandes diseñadores como Coco Chanel, Christian Dior y Elie Saab. Me encanta también el talento local, tal es el caso de Adriana Talavera, Victor González y Úrsula Aldana. Su trabajo me llena de energía, me dan ánimos para seguir creciendo.

¿Cómo puede lograr una mujer en la actualidad, estar a la moda sin perder su propio estilo y sin caer en las exigencias sociales?

Sí es posible tener tu propia esencia y estar a la moda. La manera sencilla de retar o romper las exigencias sociales como “no te pongas tal falda” o “no te queda esa blusa, no se te ve bien” simplemente es encontrar un estilo o ropa con la que te sientas bien, segura, extraordinaria. Desafortunadamente la gente siempre hablará, no hay que permitir que la opinión de terceros te afecte.

 

 

Para finalizar, ¿qué les aconsejas a las mujeres que no se sienten conformes con su cuerpo?

El otro día escuché una entrevista muy divertida que le hicieron a Maria José, ex integrante de Kabah que dijo algo que me encantó y se me quedó grabado: “amen sus carnes”. Estoy de acuerdo. Aprendan a quererse y disfrutarse. Conozcan su cuerpo y sáquenle provecho. ¡Diviértanse! Hay maneras de que disfruten su cuerpo y es totalmente válido que sigan tips, por ejemplo “si quieres verte más alta, utiliza cierto tipo de falta” etcétera. La moda es diversión.

¿Dónde podemos contactarte?  

Pueden buscarme fácilmente en mi página de facebook como DocModa

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Ensayo Literario

Literatura para el mal de amores

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Se terminó la relación, no importa si fue él o tú quien lo decidió, te sientes triste/decepcionada/encabronada y quisieras decirle de todo, lo bueno, lo malo y lo que mucho que probablemente lo extrañarás, es normal. Estás viviendo el complejo proceso de recuperarte. Te entiendo. Existen diversas maneras de desahogarse, cada quien lo hace a su manera, y yo te comparto la siguiente: una buena dosis de literatura para aliviar el malestar que estás sintiendo.

A continuación te presento fragmentos de cuentos, poemas y novelas de dos grandes literatos del siglo XX:  el yucateco Juan García Ponce y  la uruguaya Cristina Peri Rossi, autores cuyas obras merecen ser leídas así como también merecen ser viralizadas en tus redes sociales para que tus amigos y tú se animen a conocerlos. Ambos escritores son una gran opción para leer, meditar y lidiar con el mar de amores.

Si te gustó alguna, siéntete con la libertad de compartirla.

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Ficción

Libertad

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Padre me dijo que no podía salir de la casa sola, sólo tenía quince años. Me regañó cuando intenté tomar camión en la esquina de la casa y concluyó que prefería llevarme él a que me subiera a ese «transporte sucio». Cuando le pregunté por qué no respondió al momento. Meditó la respuesta un momento y sentenció, nunca lo olvidaré: «porque eres una muchacha muy guapa y le llamas la atención a los hombres. Te podría pasar algo

Han pasado seis años y no hubo una sola vez que saliera sola y mucho menos me he subido a un «transporte sucio». Vivo aterrada dentro de mi casa, dentro de mi auto y salir a la tienda de la esquina sola hacía que me temblaran las piernas. Porque me puede pasar algo. Porque alguien podría violarme solo porque soy una muchacha guapa.

A veces, cuando saco a pasear al perro por las tardes, los albañiles que trabajan a cinco casas de la nuestra me chiflan y me gritan «piropos», que a veces no comprendo porque se pierden entre alaridos que ellos mismos producen. Me llaman, me invitan a que me acerque y yo hago oídos sordos; me dan ganas de llorar por el pánico que se esparce desde la aorta, pasando por las venas, hasta fundirse conmigo en una temblorina que casi me nubla la vista. Lo terrible es cuando tengo que volver por ese mismo camino, mi padre me tiene prohibido cambiar mis rutas, y ellos se están yendo en una camioneta, es peor porque ahora podrían bajarse y hacerme algo malo; mi perro les ladra y ellos se ríen porque es un chihuahua y con una simple patada podrían librarse de su molesta barrera de sonido y cuerpo diminuto.

Libertas se llama mi chihuahua. Es una perrita muy confiada de sí misma, cariñosa, abierta con los extraños y sumamente valiente. Padre la considera más una molestia porque le incomoda que le ladre cuando llega tarde a casa y oliendo a alcohol. La patea cuando la encuentra entre los muebles en la oscuridad y su vista mareada no le falla. Su cuerpecito no pudo resistirlo esta noche y el azote que le propinó contra la pared ha terminado por matarla. Quiero llorar cuando abrazo su pobre cuerpecito que se derrama entre mis brazos pero Padre la toma del pellejo y la tira a la basura, intento detenerlo pero recibo una bofetada tan fuerte que voy a parar al suelo; Madre baja corriendo y comienza a pelear con él, me dice que corra y me encierre en mi cuarto, que no salga sin importar nada.

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Escucho un escándalo relleno de gritos, llanto, golpes y súplicas. Me abrazo las rodillas y me tapo los oídos con mis manos mientras lloro descontrolada, desesperada porque termine aquella escena, me mezo en la cama, como si regresara a la cuna y eso pudiera calmarme.

«¡DETENTE!… ¡Ya basta!…no…n» las palabras se van apagando y apagando. Se vuelven susurros, sollozos y, luego, silencio. Nada.

El pánico se repliega por mis venas nuevamente, mi corazón palpita en mi garganta y mi cerebro me grita «¡huye!», y eso hice. Abro el armario, saco una pequeña maleta de mano, empaco lo que puedo y salgo por la ventana, ya sin importarme si hago ruido.

Mientras corro escucho sus gritos desde la misma ventana por la que salí: «¡Hija de puta, regresa, te voy a dar tu merecido! ¡Estúpida, métete a la casa, no puedes salir si yo no te doy permiso! ¡Niña cobarde, ven a enfrentarme! ¡Te voy a encontrar, zorra!»

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No miro atrás. Sí, soy una niña cobarde y es posible que me encuentre algún día pero hoy estoy salvada.

Pido asilo en la casa de un amigo, es la más cercana, pero él vive solo con su padre.  No puedo pensarlo demasiado, no tengo a dónde ir, es muy tarde y podría pasarme algo. Me deja pasar la noche en su sofá, me da sábanas, una almohada, me da las buenas noches y los dos nos vamos a dormir, él en su cuarto.

Me despierto porque siento algo pesado sobre mí que no me deja moverme y algo que me lastima en la parte de abajo de mi cuerpo. Es el padre de mi amigo que me está tocando de la misma forma que Padre me advertía desde pequeña. Quiero gritar, me tapa la boca y continúa con su frenesí sin importarle que llore y balbuceo entre sus mugrosas manos que pare, que no quiero. Cuando termina de saciarse, me acaricia la cabeza como si fuera una niña pequeña y me susurra al oído:

«Eres una buena niña, una linda niña, y no le vas a decir esto a nadie, ¿Si?» Asiento con la cabeza, no puedo hablar del asco que siento de mí misma.«Eres una buena puta». Me besa los labios y se va; me deja llorando amargamente y sintiéndome la mayor basura del mundo.

Me levanto lentamente, me duele ahí abajo y las piernas, tomo mis cosas, abro la puerta e inicio el trayecto de regreso a casa. Cada paso es un martirio, siento algo que se escurre entre mis piernas, lo toco, es sangre. Llego a casa cubierta en sufrimiento, olvidando lo pasado entro por la puerta principal. Padre está tirado en el sofá, dormido entre su vómito de borrachera.  Madre se encuentra en la cocina, inconsciente, con un ojo morado y el labio sangrante.

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Padre me dijo que no podía salir de la casa sola, solo tengo  veintiún años, porque podía pasarme algo malo. Lo que no pudo prever en ese tiempo fue que él mismo me haría salir de casa sola, dejándome a la merced de los muchachos que me encontraban guapa y que me harían algo solo por ser así.

Padre siempre guarda una pistola, por seguridad, bajo el colchón de su cama. La tomo y, con la mano temblorosa, la apunto a mi cabeza, mi mente está en blanco, siento resbalar el llanto, la sangre entre mis piernas y la dignidad se me escapa en los sollozos.

Disparo.

Mi perrita era Libertas y yo me llamaba Libertad.

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Soy Violeta

Nadie ha pedido tu opinión o mirada sobre mi cuerpo.

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Llevo prácticamente 8 meses en Campeche. Me mudé en febrero. Viví casi 8 años en Mérida, así que tiendo a comparar muchas cosas en las dos ciudades. No me juzguen por favor. Amo las dos ciudades, pero debo admitir que en Campeche he recibido más acoso del que recibí en Mérida. En Mérida vestía de pantalón, tenis y playeras, evitaba las faldas, vestidos o blusas que mostraran mis hombros pues usaba el transporte público; además, era otra etapa de mi vida, era universitaria. En Campeche, visto de pantalón, blusas típicas, vestidos, faldas y blusas formales. Soy oficinista, trabajo para una dependencia de gobierno y la vida universitaria es ahora una parte de mi pasado.

Para trasladarme a mi trabajo camino por una de las avenidas más importantes de la ciudad y atravieso uno de los circuitos más concurridos, para luego adentrarme al centro histórico a través de la Puerta de Tierra y camino sobre la calle 59. ¿A qué quiero llegar con esto? La distancia entre la oficina donde trabajo y mi departamento es muy corta. Pero no libre de acoso.

Comencemos por el acoso que se vive dentro de la oficina, ese acoso silencioso y de miradas. Primero, cuando uno llega al área administrativa para dejar los documentos personales, se enfrenta a las miradas de todos los que ocupan esa área. Sin embargo, dos miradas provocaron incomodidad, provenían de dos hombres. Con el paso del tiempo y el trato vas conociendo a los individuos. No son malas personas, sin embargo, una parte de su educación les lleva a comportarse de manera irrespetuosa e irreverente hacia el sexo femenino: muchas veces he visto cómo, ante mi presencia, se expresan de las mujeres que miran al pasar, cómo hablan de ellas o cómo las miradas prácticamente desnudan a la fémina. Sí, todo ello ante mi incomodidad y ante el recuerdo de aquel día. No ha servido de mucho expresar dicha incomodidad, sin embargo, ahora es poco común que ellos se expresen de manera vulgar de una mujer ante mi presencia.

Segundo, el acoso que uno vive mientras camina. Es quizás el más común que vive una mujer. Siempre está en mi pensamiento: es mi cuerpo, soy libre de vestirme como desee, de sentarme con las piernas abiertas, de doblar las piernas. Pero parece que afuera no es así. Justo antes de llegar al circuito que atravieso para entrar al centro histórico de la ciudad, hay un puesto de periódicos de mi lado izquierdo; del lado derecho se encuentra el edificio del que fuera el hospital general, ahora convertido en las oficinas de Servicios Amigables para adolescentes. Justamente ahí, entre el edificio del hospital y el puesto de periódico, he sido acosada con las frases: “qué hermosa estás”, “qué chula te ves”, “dame un besito con tus labios rojos”, “estás rebuena”. Y si me va bien, hay un silencio que clava sus miradas en mis caderas. Y es que no hay un respeto: vaya con vestido, pantalón, falda o que porte el uniforme institucional con los logos del gobierno visibles en espalda y pecho. No, ni así me salvo de ser acosada. ¿Qué acciones he tomado? Ninguna, ¿por qué? Porque el campechano está “acostumbrado” a “chulear” a la mujer. ¿Chulear? Pues eso no funciona así, pues nadie ha pedido una opinión o mirada sobre mi cuerpo. No soy de las que voltean y recriminan, soy de las que caminan con la mirada fija en mi camino, pero advierto quién es el que me acosa. No quiero pensar que el acoso tiene que ver con la manera en la que uno viste, sino que es una cuestión cultural. Es ahí donde creo que podemos hacer un cambio. Educar para no acosar.

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Tercero, el acoso que uno vive mientras realiza su trabajo. Quizás este es el menos común. Debido a mi trabajo tengo que relacionarme con muchas personas desconocidas. Sí, por una u otra cosa, uno tiene que ser amable y proporcionar su número privado de celular, pero esa amabilidad, muchos hombres lo toman a coqueteo. Me he encontrado con frases, al momento de proporcionar mi número de móvil: “su número es como sus medidas” ¿Qué le sucede a la gente? ¿Qué tiene que ver mi número de celular con mis medidas? ¿Acaso ha mirado mi cuerpo? ¿Quién le dio permiso de escudriñarlo? A veces, me apeno de ser amable con las personas, pues tiendo a ser objeto de coqueteo por personas mucho mayores que yo. Son sensaciones que mis pobres letras no pueden describir. Es una combinación de rabia, impotencia o enojo, porque no tengo la confianza de expresar mis pensamientos sin ser catalogada como una pesada o pedante, y en el mundo laboral hay que ser sobre todo “educados”.

Son tres situaciones que he experimentado en carne propia en una etapa de mi vida, donde las faldas, los vestidos y la ropa formal juegan un papel importante. Por eso tú, hombre que lees esto, “chulear” a una mujer sin su permiso no es un cumplido, es un acoso, las mujeres somos dueñas de nuestros cuerpos, de nuestras decisiones, y si te sonrío es por cortesía, no porque quiera entablar una amistad contigo. Para ti que estas fuera y miras el cuerpo de cada mujer con lujuria déjame decirte: seguiremos alzando la voz y educando para vivir en un lugar libre de acoso callejero.

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Ficción

Así venceré a la vida

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Un día de mi vejez seré la llorona,

las lágrimas ararán surcos en mi rostro

y el dolor contenido tanto tiempo

se verá al fin liberado.

Cerraré puertas y ventanas

para poder disfrutar en la intimidad

mi tan esperado encuentro con la muerte.

Una vez alejada del mundo

daré el control total a la memoria

y aquellos recuerdos atrapados

reinarán sobre mi persona.

 

Clamaré mi dolor.

Gritaré.

Le reclamaré al Dios que una vez fue mío

y al que en un momento de lucidez

negué no tres veces, sino mil.

 

Me desharé en llanto por los hijos que no tuve

pues los asesiné desde mi infancia.

Por el amor propio, que me negué

y por el ajeno del que huí.

Por saberme sola en este mundo

y por saber que fue siempre mi elección.

 

Enloqueceré y me golpearé contra las paredes

me arrancaré los cabellos, rasgaré mi piel,

para descubrir al arrancármela

que en vez de sangre y órganos

estoy llena de agua y sal.

 

Bramaré convirtiéndome en tormenta

y disfrutaré de mis truenos y relámpagos.

Con cada recuerdo por fin lamentado

el desenfreno irá en aumento,

hasta llegar a un punto sin retorno

y cerrar la noche para siempre

en un acto violentamente placentero.

 

 

 

 

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Ficción

El oficio de Fátima

 

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Los muslos de Fátima iban aminorando el ritmo del trote; por ellos resbalaba un sudor que atravesaba su licra y llegaba hasta las pantorrillas formando un hilito refrescante. Las mañanas de lunes a viernes Fátima aprovechaba para mantenerse saludable, conservar su figura y desarrollar más resistencia; desde temprano salía a correr una hora, desayunaba manzana, melón, fruta de temporada, cereal con leche, malteadas energéticas y se bañaba antes de ir a sus clases.

Cuando decidió meterse de lleno a la literatura, buscó las opciones que tenía a su alcance. Empezó a frecuentar círculos literarios, cafés donde se compartían lecturas en voz alta, asistía a presentaciones de libros para conocer lo más reciente en la producción literaria, se inscribió a escuelas para aspirantes de escritores y a cuanto curso y taller se ofrecía. Desde la secundaria se había convertido en lectora voraz. Leyó a Homero, Esquilo; a Virgilio, Ovidio; leyó la Biblia, el Corán, el Gilgamesh, así como las obras de oriente tanto poéticas como narrativas e históricas. Todo cuanto caía en sus manos, Fátima lo leía con avidez y lo disfrutaba con placer enervante.

Los lunes, miércoles y viernes iba a tomar clases de nueve de la mañana a una de la tarde. Le enseñaban a analizar textos, identificar un cuento, un poema, las cualidades básicas de debe llevar un texto para ser literario. En clases le marcaban escribir relatos, poemas e incluso ensayos, sobre diversos temas explorando distintas técnicas y conociendo nuevas corrientes estilísticas. A veces se sentía abrumada porque debía hacer hasta dos relatos por clase o tres poemas con demasiada métrica o forma, y a pesar de que en verdad amaba la literatura y de sentirse comprometida con el aprendizaje, la elaboración de sus textos le resultaba difícil y bastante complicada. Una cosa era leer y disfrutar los libros, pero exigirse crear un texto propio suponía un esfuerzo de total concentración imaginativa y Fátima quería ser capaz de lograrlo.

Quería llegar a sentirse como una verdadera escritora que aportara grandes obras al mundo literario; que sus escritos fueran leídos por todo el mundo, ganando con ellos distinciones y galardones; o si no, al menos tener un considerable número de lectores al que haya sido capaz de tocar y conmover en lo más hondo de su vida. Sin embargo, sentía desmoronarse sus anhelos e ideales cuando los tutores opinaban sobre sus escritos y expresaban sus críticas: “Esta anécdota no convence”, le decían, “tu cuento no llega a ser contundente”, “no hay sentido de transformación en este texto”, le arrojaban en la cara a Fátima y, cuando simplemente era un escrito malo, soltaban “esto no es un cuento, no sirve”. No eran más suaves las críticas en sus poemas: “este poema no conmueve”, casi le gritaban, “no hay imágenes sensoriales”, “el ritmo falla, la fluidez se atora”, “falta musicalidad en los versos”.

Fátima empleaba toda su voluntad para no desbaratarse en lágrimas cuando le criticaban sus textos. Sentía deshacerse sus sueños y sus esperanzas se venían abajo; frustrada, pensaba que no valía la pena haber leído tanto, haberse dedicado a conocer nuevas literaturas; para nada le había servido perseguir las tendencias actuales en la estética, pues no se veía capaz de aplicarlas a su obra.

Por las tardes se dedicaba a corregir sus escritos, tratar de mejorarlos, o escribir otros diferentes; no podía evitar llorar un poco por sentirse bombardeada. Se levantaba el ánimo diciéndose que todo eso era para aprender, para mejor y tener experiencia. Se aferraba a su voluntad y a su obstinación para no renunciar y seguir adelante.

Los martes y jueves, Fátima asistía a talleres que le ayudaban a tener herramientas alternativas que pudiese aplicar en sus escritos. En los talleres no eran menos exigentes. También tenía que hacer ejercicios, y éstos debían hacerse en cuestión de minutos, pues se exponían al momento de ser terminados y las críticas caían con similar intensidad. Fátima notaba que la mayoría de sus tutores pertenecían a la generación de escritores formados a golpe y porrazo, a base de críticas más destructivas que objetivas, de caídas y levantadas, y ahora a ella le tocaba enfrentar esos obstáculos.

Sabía que para ser una gran escritora debía superar incluso a sus maestros y llegar a ser mejor que ellos. Por las tardes de esos mismos días, tomaba clases particulares de gramática y ortografía, pues tenía claro que para poder escribir bien, debía dominar lo mejor posible su herramienta: el lenguaje. Una vez dominado, podría jugar y experimentar con él para crear nuevas formas literarias. Antes del anochecer, ya estaba en casa para repasar sus ejercicios, terminar tareas y prepararse para el ajetreo del siguiente día.

Los viernes eran su alivio. Después de las clases por la mañana, tragar críticas que digería todo el fin de semana y recibir más tareas, comenzaba a serenarse su rutina. Prefería no tocar ningún quehacer hasta sobreponerse la fatiga semanal; dejaba para el día siguiente la revisión de sus trabajos y la elaboración de nuevos textos, a veces era tanto hastío que dejaba para el domingo sus labores. Cuando llegaba el viernes a casa, simplemente se dejaba caer en la cama y dormía hasta el atardecer. Al despertar, cenaba ligero y tomaba un baño. Enjabonaba sus piernas, dejaba que el agua limpiara su piel desde los hombros hasta los pies, quitaba la presión de su cabeza con la espuma en su cabello, sus pechos y vientre quedaban frescos y perfumados por el jabón. Se ponía un vestido sin ropa interior y de una sola pieza, que apenas lograba cubrirle la redondez de sus nalgas.

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Se dejaba el pelo suelto y caído sobre los hombros, librándose de la coleta que llevaba toda la semana; usaba un rubor brillante y labial carmesí húmedo, para aumentar la sensualidad en su boca; en sus ojos pintaba sombras claras para llamar la atención. Se armaba de una cartera lo suficientemente grande para su celular y el dinero, y sobre unos zapatos de quince centímetros de tacón salía a la calle. Con suerte, a las once atraparía al primer urgido, y si la noche iba bien conseguiría cuatro y hasta cinco clientes, bastante buenos para iniciar el fin de semana, y eso era en noche viernes; los sábados tenía más asiduos a su servicio. Nada como un par de noches laborales ganándose el sustento económico para despejar su mente de frustraciones y cansancio, además podía recuperar energías y levantarse el ánimo para iniciar una semana más de intenso trabajo en el oficio literario.

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Marijose Romero y el arte de los fanzines

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Marijose Romero Alonzo está por cumplir los 20 años y actualmente estudia el segundo año en la Licenciatura Audio y Multimedia. Toda su familia es de Yucatán por lo que se proclama yucateca con orgullo aunque es originaria de Cancún, Quintana Roo y vive en Mérida desde mediados del 2014. Adora estar en internet y en términos generales se considera una persona muy apasionada desde sus gustos musicales hasta la postura que se ha fijado ante la vida.

La entrevistamos por la gran labor que está realizando con la creación de Fanzines bajo la perspectiva de género, ¡conozcamos el trabajo de Marijose!

En la actualidad existen diversas plataformas digitales, ¿por qué decides crear Fanzines?

Fue algo que comenzó sin la intención a que creciera a lo que es ahora. Comencé a escribir poemas en el verano pasado y le agarré el gusto. Con el tiempo fui compartiendo lo que escribía por internet. En marzo de este año, unos días antes de la FILEY, una amiga me animó a imprimir poemas y regalarlos. Lo cual me intimidó muchísimo. Pero me dijo: “si no lo compartes es cien por ciento seguro que no te lean. Si lo entregas, por lo menos queda cincuenta – cincuenta. El que no se atreve, no gana”. Es alguien a quien aprecio muchísimo y lo hice.

Lo llamé Selfi tornasol y el primer ejemplar en el mundo se lo regalé Bernardo Fernández (Bef). Fue un momento súper bonito. Regalé aproximadamente 30 en un lapso de 2 – 3 semanas. La mayoría a gente que no conocía. Conversábamos como uno o dos minutos al respecto. Era muy emocionante pues poco a poco fui saliendo de mi zona de confort y sintiéndome bien al respecto.

Además está el hecho que por trabajarlo desde cero hasta el producto final me proporcionó tener la libertad y el control del diseño, la producción y distribución.  Lo cual en sí, es la belleza del fanzine.

Fotos: Marijose Romero
Fotos: Marijose Romero

Platícanos la razón por la que comenzaste a interesarte por el feminismo y por qué eres feminista.

El lema de mamá (entre muchos otros) es lograr valerse por sí misma, para poder mandar al carajo a quien te haga mal. Desde chica se me ha inculcado que si trabajas en algo con mucho esfuerzo, es posible lograrlo. Así que si alguien me venía a decir tú puedes o no hacer algo(por ser mujer o lo que sea) me reventaba la cabeza. Creo que siempre he sido feminista, sólo que fue apenas por el auge causado por Emma Watson que llegué al nombre del concepto.

El feminismo sólo reafirma que las mujeres somos acreedoras de los derechos humanos. Es eso.

Es que en verdad, esto no debería ser un QUIERO mis derechoses ESTOS SON MIS DERECHOS Y NO ESTÁN PRESENTES EN MI VIDA”. El feminismo busca la libertad en el espacio público. Busca reconocimiento político y económico para las mujeres. Lucha por mejorar la salud reproductiva. Reafirma que no hay nadie más que sea dueñx de nuestro cuerpo más que nosotras mismas.

El feminismo es la lucha del empoderamiento de las mujeres a consecuencia de la ausencia de nuestros derechos humanos. Pero no fue hasta el pasado mes de abril que comenzó a interesarme de sobremanera.

El 6 de abril, un desconocido realizó un tocamiento bajo mi falda caminando en plena calle concurrida del centro de Mérida. Poquito después se viralizó el caso de Andrea Noel. Surgió #MiPrimerAcoso y recuerdo haber leído varias notas de distintas plataformas donde mujeres contaban agresiones machistas que han recibido, que suceden desde la vía pública hasta la seguridadde su casa.

Cada día me iba enterando de más casos como el mío o mucho peores por notas de internet o por publicaciones de amigas de facebook. Siendo honesta, antes de eso era algo que prefería no poner atención. Y cada que leía me ponía a llorar. Me di cuenta que sólo el hecho de ser mujer es ya inseguro.

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Como dos semanas después me enteré del movimiento Vivas Nos Queremos. Saqué un flyer en Facebook, pidiendo testimonios de mujeres narrando experiencias de acoso callejero o agresiones machistas en general. Le escribí a Citlalli Vargas, de quien había leído unos poemas en internet al respecto y me permitió incluirlos en el fanzine. Invité a mi amiga Minty Ávila para que me apoye con ilustraciones.

El flyer se compartió en una cantidad que no me esperaba e incluso Fernanda Álvarez, a quien ya le conocía su trabajo, quiso colaborar. Y tuve el enorme gusto de conocer a Anel Suaste cuando me preguntó si podía participar con un poema. Poco a poco diferentes mujeres me fueron compartiendo sus experiencias.

Para el 24 de abril asistí a la marcha con mi mamá. Llevé mi cámara conmigo. Esa marcha y tener mi primer contacto con las mujeres de Reflexión y Acción feminista fue lo mejor que me pudo pasar a consecuencia a mi agresión. Para el 30 de abril el primer volumen de Calladitas NO nos vemos más bonitas ya había nacido.

A partir de tu experiencias, ¿por qué consideras que las jóvenes deben ser feministas?

Por la libertad. Para eliminar las expectativas que se nos genera. Nosotras somos dueñas de nuestra vida.

¿Cuál es la finalidad de realizar la serie de Fanzines Calladitas NO nos vemos más bonitas?

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Y para las mujeres que lo vivimos diario. Espero profundamente que agarremos fuerza. Para crear sororidad. Para responder por la que aún no logra responder. Para protegernos a nosotras mismas y entre nosotras. Hay que resistir hasta lograr.

Fue horrible haber sido agredida en una calle completamente concurrida tanto por mujeres como hombres y nadie se detuvo ante lo que me pasó. Yo grité. Lloré. Hice que las miradas se posaran en eso. Y todos continuaron. El hombre sólo cruzó la calle y se alejó. Me paralicé unos segundos pero yo igualmente continué y fui a la escuela.

En ningún momento me sentí culpable, en ningún momento me he sentido avergonzada por eso. Pero sé que muchísimas mujeres no lo viven así. A los días de mi agresión, al leer experiencias de otras mujeres sentí como la rabia y la tristeza me crecía. Pero también hicieron que me levantara y alzara la voz ante esto.

¿Qué le aconsejarías a las mujeres que han sido víctimas de acoso y/o violencia para que denuncien sus casos?

No quedarse calladas. Responder. Luchar por llevar a cabo la denuncia por mas obstáculos que pongan las mismas autoridades. Hablar de nuestras experiencias. No hay una forma correcta o incorrecta de llevar las cosas, sólo somos.  Esto es duro, y terrible. Y nadie lo merece. Pero esta es nuestra realidad y hay que luchar por cambiarla.

TOMEMOS las calles cuantas veces sean necesarias.

¿Dónde podemos contactarte?

Estoy en activa en varias redes sociales:

Mi página de facebook https://www.facebook.com/Marijoselee/

Mi canal de youtube http://youtube.com/emejotamj

o mi correo: dijisteminombre@gmail.com

Para finalizar, Marijose nos invita a participar en las dos convocatorias que ha lanzado para que participemos en el fanzine Calladitas NO nos vemos más bonitas Vol. III  

Esta vez tengo abiertas estas dos convocatorias, pero siempre estoy abierta a cualquier otro contenido que esté relacionado a la temática. Quisiera exponer algo más allá del acoso, quisiera mostrar también qué puede llegar a pasar una vez que confrontas al agresor. También mostrar cómo no sólo es el espacio público, o el escolar / laboral, o el hogar donde ocurre esto. Sino hasta en internet.

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