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Lo que callamos las Violetas

El arte de estar triste.

Por Jess Ayala

Estoy segura que colectivamente coincidimos en que el 2020 será un año inolvidable. Estos últimos 10 meses nos han enseñado lo irónica y culerita que puede ser la vida, al “enviarnos” un virus mortal y obligarnos a pausar la manera tan acelerada en la que estábamos viviendo. Sin “querer queriendo” tuvimos que detener casi todo por unos meses y lidiar con las consecuencias económicas y también emocionales de un encierro que nunca nadie esperó.

Y partiendo de las emociones con las que me ha tocado lidiar en esta pandemia, quiero enfocarme en una en particular, así es, La Tristeza. Antes de todo este caos del Covid-19 yo tenía una estrategia muy firme para no lidiar con ella: ignorarla. Qué curioso es darte cuenta que sabes muy bien estar molesta, estar muy feliz e incluso hasta ansiosa. Es aún más curioso lo que hacía para evadirla: salir de fiesta, tomar, comprarme cosas, y cuanta cosa superficial se les ocurra. Ah, porque claro, después de terapia ya sé cómo re pensar lo que pienso para contrarrestar la ansiedad así como evitar a toda costa mentarle la madre a quien me hace enojar, pero la incomodidad que causa sentirse triste me sobrepasa de muchas maneras, ¡no sé cómo estar triste! Me desarma y al final le abre las puertas a la vulnerabilidad. 

La vulnerabilidad es una pesadilla para las personas que como yo, han construido un muro a su alrededor (incluyendo a quienes aman) para jamás poner en palabras lo que están cargando en su mente y corazón. Implica mostrarte y vivir en tu estado más bajo de energía que puede durar días, semanas y si se prolonga incluso podría llegar a convertirse en algo más grave, como una depresión. No soy psicóloga y no pretendo que este texto sea un manual anti sadness, yo solo les vengo a decir esto: me harté de esconderme. Porque adivinen qué, le pueden mentir a todo el mundo, menos a ustedes mismos. Además, estamos sobreviviendo a una pandemia y en buena onda, ¿quién se quiere seguir mintiendo a sí mismo? Ya aprendí, a la mala, que hay mucha más fortaleza en pedir ayuda, querer sanar y mostrar tu verdadero yo que en seguir escondiéndose. 

Así que ahora me propuse enfrentar LA TRISTEZA, así en mayúsculas porque parece tan imponente e insiste que pues va, acepto el reto y ahora me permito ser vulnerable. Aceptarlo con todo y la lloradera que a veces no da tregua (ni cuando lavo platos) y sobre todo poniéndola en palabras:

OIGAN, ME SIENTO TRISTE.  

y me choca como no tienen idea, porque es muy incómodo, porque me quiero reír, pero sé que tengo que enfrentarla. Si pudiera ejemplificarla de algún manera diría que es como cuando tienes que llamar al Banco porque hubo un problema con tu tarjeta, te dices: “no mames, qué horror, no quiero llamar, qué huevaaaaaa” pero SABES que lo tienes que hacer. No hay de otra.

Y esto que siento se lo voy a contar a mi psicóloga y se lo voy a contar a mi mamá, a Carol y a mis amigas. 

A quién quiera escucharme y apoyarme.

Trabajaré en esto lo mejor que pueda. 

La paz y tranquilidad que me da el hecho de afrontar LA TRISTEZA vale oro. Me lo merezco, merezco tranquilidad en un año tan difícil.

La verdad es que estar triste es todo un pinche arte pero esta vez no me voy a dejar. 

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Lo que callamos las Violetas

Sobreviendo al COVID-19 con todo y ansiedad

Hola, soy Jess y vengo a hablarles sobre la importancia de cuidar nuestra salud mental. En especial estos días que estamos (estoy) a punto de enloquecer gracias a la cuarentena. 

Estoy en mi día de encierro #15 (solo he salido a la tiendita de la esquina) y ya pasé por todas las etapas que se puedan imaginar: me he enojado hasta llorar, he llorado solo porque tengo ganas, me he reído histéricamente, he amenazado a mi hermano para agarrarnos a madrazos como las Kardashians (min 2:34) y hasta he pensando seriamente ir a Sears a pagar mi mensualidad para no tener que hacerlo en línea. No se preocupen no lo voy a hacer.

En resumidas cuentas: ya enloquecí. 

Pero les prometo que estoy intentando practicar la resiliencia, es decir, transformar todo este cagadero en algo positivo que no haga quererme sacar los ojos.

Estoy aprovechando mi TIEMPO EXTRA: Siempre me quejo de no tener tiempo para hacer cosas para Somos Violetas y LOOK AT ME NOW, estoy haciendo contenido para la comunidad violeta. También estoy consumiendo series y películas como si no hubiera mañana. 

Si son personas metódicas y ansiosas como yo, recomiendo establecer una rutina todo los días para ocuparse en diversas actividades ya sea creativas y/o laborales, incluso de ocio (como estar en pinterest hora y media viendo ropa o diseños de uñas).

NO ME ESTOY AGOBIANDO POR LO QUE PUEDA PASAR. Estoy enfrentando lo que se me presenta al día. ¿Qué la cuarentena se va a alargar? ¿Me voy a quedar sin trabajo? ¿Van a despedir a mi apá también? ¿No voy a volver a ver a mi novio nunca más? NO LO SÉ

Cuando llegue el momento me ocuparé como la misma vida culera me enseñó: LIKE A FUCKIN WARRIOR

Estoy APOYÁNDOME y CONVERSANDO sobre cómo me siento con mis amigos y mi familia. ¿Quiénes son los que están contigo en tus peores momentos? Ahora más que nunca tenemos que fortalecer nuestras redes de apoyo. SÍ, siempre necesitamos a gente que nos escuche y brinde palabras de aliento en días feos. 

ESTOY SACÁNDOLE PROVECHO A TODOS LOS CONTENIDOS QUE ME ENCUENTRE SOBRE SALUD MENTAL. Les comparto algunos de mis favoritos en una lista aquí abajo y por favor, necesito decirles esto, así que no me cancelen: Martha Debayle todos los días en su programa de radio invita al menos a un especialista en salud mental para dar tips sobre cómo lidiar con nuestros sentimientos durante este duro encierro que nos ha forzado a todos a hacer cosas que no queremos y para lo cual tampoco estábamos preparados. R E C O M I E N D O montones prestarle atención al contenido de su programa, si ella les caga no importa, vale muchísimo la pena darle una oportunidad. Les prometo que cuando todo regrese a la normalidad les explicaré a detalle mi obsesión con Marthita my queen en un episodio del podcast Lo que Callamos las Violetas

RECOMIENDO también mantenerse informadas pero de una manera sana y limitada. Por ejemplo, pueden ver la conferencia diaria del Gobierno de México en su página de facebook todos los días a las 7:00 pm para mantenerse al tanto. Les juro que hasta llega a ser divertida gracias a la sección de preguntar y respuestas. Y si andan enamoradas del Dr. Gatell la disfrutarán mucho más.

Y por último, me di cuenta y acepté que necesito regresar a terapia. Dejé de ir en noviembre del 2019 y tuvo que llegar el COVID-19 para darme cuenta y aceptar que aún tengo muchas cosas que trabajar por mí y para mi. No sigamos dejando para después este tema que YA necesita ser más visibilizado y tratado que nunca. Vamos a estar bien. ¡Un abrazo a todas!

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Plantillas para dibujar en medio del CODVID19

En estos tiempos de cuarentena, y de aislamiento, la ansiedad puede estar al máximo. Es por eso que decidimos hacer estas plantillas para que colores y te entretengas un ratito.

Sabemos que no todas -ni todos, ni todes- tenemos acceso al Internet – o que no todas podemos hacer home office-, y que colorear no es la respuesta a nuestros problemas, pero esperamos que esta actividad sea algo que puedas realizar ya sea sola o en compañía de las personas que te rodean.

Nada es para siempre y todo pasará. Tu salud mental es importante, y hay muchísimas personas tratando de lidiar con lo mismo que tú, no estás sola.

Iremos actualizando la entrada todos los días. Para descargar las imágenes sólo tienes que darle click derecho y guardar imagen como...

Si no tienes impresora, puedes calcar la imagen en una hoja en blanco con ayuda de la pantalla de tu computadora. Utiliza toooda tu creatividad para hacer tus trazos.

Recuerda que hay profesionales de la salud mental que puedes seguir a través de las redes que están dando apoyo durante estos tiempos. Cuídate y lávate las manos constántemente.

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Lo que callamos las Violetas

Nothing in my way

Si les dijera la cantidad de veces que Keane me salvó la vida no me lo creerían. Se que suena exagerado y no quiero asustar a nadie pero piensen en esto: en 2004 las redes sociales no existían, el internet solo estaba al alcance de unos cuantos y era difícil acceder a información sobre temas tan importantes y rodeados de tabúes como la salud mental. 

Durante la adolescencia no recuerdo ni a una sola persona que quisiera hablar conmigo sobre el manejo de emociones ya que no estaba en la agenda de aquellos tiempos. Era imposible que un adulto respondiera una pregunta tan compleja pronunciada por una chica de 15 años: “¿por qué siento un agobio constante?”

Al no contar con una red de apoyo, ¿cómo podía saber que no estaba volviendome “loca”? Además no estaba ni cerca de enterarme de la existencia de trastornos psicológicos como la ansiedad. 

Mi pan de cada día era soportar que compañeras se burlaran de mi y recibir amenazas de que alguna quería golpearme en los descansos o al salir de la escuela, por lo que no podía darme el lujo de mostrarme débil. Lo único que hice fue aferrarme a las pocas cosas que me hacían sentir bien. Una de ellas eran las letras del disco Hopes and Fears de la banda inglesa Keane. Su primer sencillo Somewhere only we know fue un éxito desde su lanzamiento en febrero del 2004 y yo no podía dejar de escucharla. 

A pesar que las canciones hablaban en su gran mayoría del amor, sentí que me identificaba con todas. Me enamoré de la voz de Tom Chaplin y de lo suaves que eran las melodías como Sunshine y Untitled 1. Necesitaba paz y ellos fueron un importante recurso cuando la ansiedad se presentaba. Con Under The Iron Sea se consolidaron como mi banda favorita gracias a Nothing in my way. Les prometo que hasta la fecha no he escuchado una línea más poderosa que “For a lonely soul, you’re having such a nice time”. 

A Bad Dream, Hamburg Song, y Try Again se convirtieron en mis himnos. En el 2008 me sentí un poco traicionada con una propuesta tan diferente como lo fue Perfect Symmetry, pero tal vez ya era hora de cambiar la calidez por algo más atrevido. Los rumores sobre la adicción de Tom eran cada vez más fuertes, sin embargo, regresaron con más fuerza en el 2012 con su cuarto álbum de estudio: Strangeland. Necesito que hagan una pausa ahora mismo y escuchen You Are Young en su reproductor de música favorito. 

Esta canción en particular me hace sentir esperanza en los peores días. ¿Lo pueden sentir? 

You’ve got time, you gotta try to bring some good into this world ‘cause you are young, ‘cause you are young…

Stefan Koelsch, doctor en neurociencia y profesor de psicología musical, dijo una vez que somos de forma innata criaturas musicales y aseguró que conoce gente (incluido él mismo) que no hubiera sobrevivido sin la música. Estoy de acuerdo porque cuando hace 10 años era impensable pedir ayuda psicológica, yo pude sobrevivir gracias a las creaciones del compositor principal de la banda, Tim Rice-Oxley. 

La música es increíblemente poderosa y por eso celebro el regreso de agrupaciones tan importantes e icónicas como My Chemical Romance y Keane que marcaron nuestra adolescencia. Me gusta pensar que fueron nuestra primer “terapia” y formaron parte de un autocuidado inconsciente que empleamos cuando no encontrábamos una salida para todas esas emociones. Si son tan importantes es porque en su momento nos ayudaron a aceptar lo que más nos asustaba: nuestro lado vulnerable. 

Ya es hora de hacer las paces con nuestra oscuridad y seguir escuchando nuestra música favorita.

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Lo que callamos las Violetas Podcast

¿Por qué es difícil ser feminista? - Podcast 01

¡Hola! Bienvenidos a nuestro podcast Lo que Callamos las Violetas, un espacio donde hablamos de todo con perspectiva de género.

En este primer episodio abordamos lo difícil de ser feminista y lo que representa para nosotras las Violetas: Jess Ayala y Carol Santana.

Lo que Callamos las Violetas es un podcast dedicado a comentar noticias, cultura pop, experiencias de la vida real y todo lo que se nos ocurra -y nos pase- desde una perspectiva de género, obvi.

Puedes escucharnos a través de Spotify:

La plataforma Anchor:

https://anchor.fm/somos-violetas/episodes/Por-qu-es-difcil-ser-feminista-e3ub4b

Así como en iTunes:

https://podcasts.apple.com/mx/podcast/por-qu%C3%A9-es-dif%C3%ADcil-ser-feminista/id1463125903?i=1000437668578

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Lo que callamos las Violetas

Sobre ser Literata

A la Generación 2011 de Literatura Latinoamericana

Por Jess Ayala

Escribí esto hace unos años, cuando estaba obsesionada con el buen José Agustín y la literatura de la Onda. Después del #MeTooEscritoresMexicanos fue un alivio encontrarme con este texto. Me recordó lo increíble que me la pasé y lo mucho que amo la literatura así como a mis compas de la licenciatura (aunque no frecuente a todos). Está muy cagado y es tiempo de compartirlo con la comunidad violeta. Enjoy!

Nat dibujando un fondo bonito para tomarnos la foto del recuerdo el último día de clase 🙁

¿Qué es un literato?

¿De qué vas a vivir?

¿Pueden dar clases de Español?

¿En dónde pueden trabajar?

¿Por qué estudiaste eso?

Estas son sólo algunas de las miles de preguntas que he escuchado desde el 2011 cuando hice llorar a mis papás porque decidí estudiar Literatura Latinoamericana. La verdad es que no tenía ni pinche idea de lo que me depararía el futuro. Nunca olvidaré el día en el que salí del teatro Felipe Carrillo Puerto, después de escuchar una plática promocional de la carrera (que por cierto, me la vendieron bien bonito) y le llamé a mi novio de aquél entonces para decirle: “¡VOY A ESTUDIAR LITE!”

Estaba feliz por mi. Él desde pequeño sabía que la medicina era lo suyo mientras yo estuve meses debatiendo si presentaría para estudiar Literatura Latinoamericana o Enseñanza del Inglés, ¿qué chistoso, no? Yo hablando dos idiomas *ba dum tss*. A pesar de que tenía muchas dudas, me aventé y por fortuna, esta pequeña imprudencia me salió bien.

Hace unos días surgió una plática, en un rincón de Vergel Hills y con Bocanada de fondo, sobre mi (irracional, cursi y chocante) amor por la carrera y la literatura. La transcribo según mi memoria y la comparto porque considero, es el resumen perfecto de lo que significaron esos 4 años para mi. Al interlocutor le llamaré J.P. (aka Yeipi).

JP: Si pudieras escoger de nuevo, tomando en cuenta todo lo que ya sabes y has vivido en lo profesional, ¿volverías a estudiar Literatura?
Yo: Sí, sin pedos.

Cabe mencionar que fue un momento hermoso porque puso cara de WTF, pinche loca, continúo con la historia:

Yeipi: jajajaaj ¿por qué?
Yo: Porque ya no tengo miedo.
Yeipi: ¿Miedo de qué, Jessica Ayala?

Cuando me dijo esto sentí que se puso modo #enperra y muy salsa. Tal vez lo imaginé pero sin duda el ambiente se tornó tenso.


Yo: Porque ya sé de lo que soy capaz de hacer y ya no me estoy torturando por mi futuro. Si actualmente tengo un trabajo chido y Violetas cada vez tiene un mayor alcance… (inserte aquí de acuerdo a su imaginación todos los autoelogios humildes que me aventé) es porque sé lo que estoy haciendo. ¿Y de dónde lo aprendí? Pues de todo lo que leí, de mis maestros y de las personas que estuvieron conmigo esos 4 años. Además, si te contara todo lo que viví, tengo muchas historias poca madre no, no, no. Ni de pedo lo cambio POR NADA, ¡CAGAJO!

Para este punto ya me estaba poniendo en modo Tuca Ferreti: «no voy a discutir con usted…» (00:23)

Bromi, pero eso sí, durante unos 5 minutos más no hubo quien me detenga; defendí a capa y espada la licenciatura: “uno de sus objetivos es proponer soluciones a problemáticas sociales”, “la verdad es que yo mejoré como persona”, “cambió mi visión del mundo” que si esto y lo otro.

A continuación, el susodicho replicó nuevamente pero sin otorgarme el derecho a responder porque terminó su speech con una pregunta: “¿cuál es tu mejor historia?”

¡UUUY! Para que me hago si esta es mi parte favorita. Inhalé hondo y empecé la mágica narración:

La primera vez que se me erizó todo y dije “esto no es real, ¿QUÉESTÁPASAAANDAA?” fue en la primera edición de FILEY.

El 12 de marzo del 2013 #noseolvida porque el escritor homenajeado fue José Emilio Pacheco.

El escritor favorito de mi amigo Elías.

Yo siempre he dicho que todos necesitamos a un Elías en nuestras vidas: te motiva, te echa porras, te da paz cuando platicas con él. Tiene sangre regia y creo que tal vez por eso es muy “vivaracho” como dicen por ahí. Es muy proactivo, participa en todo aquél proyecto en el que crea y en ese entonces formaba parte del equipo de Teatro de Rutas Literarias. El caso es que le tocó actuar en una breve representación que prepararon para el escritor. Serían únicamente tres personas en escena.

Y pues bien, llegó el día: el salón estaba a reventar y en primera fila podías ver a nuestro José Emilio Pacheco, en silla de ruedas, casi inmóvil. Ya se veía muy dado en la madre y parecía que en cualquier momento nos dejaría (de hecho murió al año siguiente *sadface*). El escritor de Las Batallas en el desierto, El principio del placer, El viento distante, Morirás lejos… ¡No mames! Yo estaba casi detrás de él, en segunda fila.

Nunca le he preguntado a Elías si se apretó los huevos para no llorar de la emoción pero yo de plano no me aguanté y derramé unas cuantas lagrimitas. Ahí estaba mi mejor amigo actuando para su escritor favorito, como si fuera algo que hiciera todos los días. Con decirte que tengo fotos de ese cabrón en el momento en el que le dio a José Emilio la plaquette en la que participaron los escritores del salón. La presentaron ese mismo año en FILEY y la llamaron Litera gangnam style. Pinche nombre culero que eligieron. Me encantó. Ay Yeipi, si te contara sobre cada una de las personalidades con las que estudié, no tendría fin. Porque eso es lo que son, tremendos personajes y pura gente chingona.

Regresando a la historia principal, nunca sabremos si José Emilio leyó la plaquette pero Elías estaba muy feliz porque finalmente tenía su libro firmado. Como podrás darte cuenta, casi casi se me cae el calzón ese día. No encuentro otra expresión para plasmar cómo me sentí.

Al finalizar la historia entré a mi Facebook para buscar dichas fotos y se las mostré. Mientras las veía me dijo: “lo contaste muy bonito”. Me reí mucho. Seguimos platicando y le seguí contando otras anécdotas pero esta vez más perversas y no tan académicas. Momentos después me tomó desprevenida y se me quedó viendo para soltarme un: “entonces sí rifa estudiar literatura”

A lo que respondí cual literata culta:

¡A HUEEEEVOOOOOOOO!

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Lo que callamos las Violetas

A mí también

El #MeTooEscritoresMexicanos me paralizó por completo. Cada que leía un testimonio no podía contener las lágrimas y la rabia me invadía. La violencia que vivimos las mujeres está completamente normalizada y es aterrador. Crecimos en un país que no nos brindó opciones a la hora de enfrentar una situación de violencia.

Sabía que ya era hora de contar mi historia porque el nombre de mi agresor fue uno de los primeros en salir a la luz. Pero el agobio y la ansiedad que sentí cuando comencé a escribir me detuvo; la valentía que sentí al principio se esfumó por completo cuando vi que los mismos agresores, sus más cercanos y hasta la misma sociedad hacían lo que estuviera en sus manos para desacreditar a las mujeres que denunciaban. A muchos de ellos no les quedó de otra más que pronunciarse con falsas y decepcionantes disculpas. Y a pesar de saber que tendría el apoyo incondicional de mis amigos, mi familia y de la comunidad violeta, simplemente no pude. Es ahí cuando terminé de quebrarme.

Mi cuerpo comenzó a reflejar todo el dolor que estaba sintiendo: estrés, ataques de ansiedad, dolores de cabeza, de cuello, espalda y el insomnio me estaba matando lentamente. Me costaba mucho levantarme porque era totalmente consciente sobre la larga jornada que me esperaba y en la que tendría que soportarme a mi misma ya que mi cabeza trabajaba a mil por hora. Concentrarme me resultaba imposible porque no dejaba de pensar en miles de cosas, todas al mismo tiempo e igual de dolorosas. Por todo lo anterior, mi humor empeoró día con día y comencé a desquitarme con las personas que más quiero.

Cuando decidí que no podría decir públicamente “a mí también ese hombre me violentó” se lo conté a Carol y apoyó mi decisión diciéndome que primero era de suma importancia sanar y canalizar todo lo que me estaba consumiendo. Era evidente que yo no estaba lista para contar mi historia porque ni siquiera yo he podido procesarla. No he terminado de entender y aceptar lo que viví. Lo que me hizo.

Entonces me convertí en mi prioridad. Esta situación me sobrepasaba y necesitaba ayuda profesional, por ello comencé ir a terapia. He tenido días muy difíciles porque estoy trabajando la culpa que siento y con culpa me refiero a que no fui lo suficientemente valiente como las mujeres que se atrevieron a denunciar.

Siento mucha más culpa cuando tengo un proyecto increíble como Somos Violetas, que tiene como objetivo visibilizar la diversas batallas que luchamos las mujeres todos los días en un país que no nos da tregua, que nos violenta e intenta callarnos en pleno 2019 y ahora más que nunca me siento vulnerable y sin fuerzas para alzar la voz. Siento vergüenza porque no soy tan fuerte como pensé y me he dejado derrotar una vez más por mi ansiedad. Por otro lado, soy consciente de que estoy siendo muy dura conmigo mismo. Mi cabeza es un caos y apenas comienzo a ordenar mis ideas y pensamientos para desplazar lo negativo.

También he pensando en que si tuviera pruebas todo sería más sencillo: la sociedad no me cuestionaría. Pero la verdad es que siempre nos van a cuestionar, fue desolador ser testigo a través de las redes sociales y conversaciones en torno al Me Too México que aún teniendo pruebas, muchas de las mujeres que denunciaron tuvieron que luchar por su credibilidad.

La triste realidad es que no estoy lista. Sonará a cliché pero es real: mi peor enemiga en estos momentos soy yo misma. Me queda un largo, muy largo camino por recorrer. Continuar con el proceso de deconstrucción, seguir mirándome al espejo todos los días para volverme a reconocer y recordar quién soy así como las razones por las cuales inicié este proyecto. Estoy tomando fuerzas para seguir haciendo ruido.

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Tony y Lalo

Desde que tengo memoria, Tony ha sido el showman de la familia.

Al ser el más grande de un numeroso grupo de primos, él era el encargado de dirigirnos en los juegos y en los shows que armamos cada viernes en casa de mamá paulita. A veces a mi me tocaba interpretar al ventrílocuo, y claro, yo sólo tenía que mover la boca y las manos porque él se encargaba del resto. Muchas otras veces hacía equipo con mi prima Vanesa para asustarnos con historias de terror.

Fue Tony quien me introdujo a la maravillosa cultura pop al inicio de los 2000. Me acuerdo que cada vez que entraba a su cuarto veía un póster gigantesco de Britney Spears y las tardes las dedicamos a aprendernos sus coreografías. Bailar en la sala de su casa con la música de Madonna, Britney y Nsync a todo volumen era nuestro hobbie.

También recuerdo aún el pánico que sentí cuando mi tía Claudia me contó que Tony estaba hablando uno por uno con los primos para contarles algo muy importante. Él quería platicar conmigo para contarme sobre su orientación sexual. Tenía catorce años y en ese entonces no supe cómo manejar la situación: le pedí a mi tía que por favor me ayudara a evitar esa conversación a toda costa. Y así fue porque esa plática nunca sucedió.

Para mi, Tony siguió siendo el mismo. Nada cambió y con el paso de los años nos unimos mucho más. Nos veíamos cada viernes sin falta y como cualquier par de cómplices nos divertimos a niveles inolvidables. Sus amigos se convirtieron en mis amigos, y por eso yo estaba presente en cada momento importante de su vida.

Uno de esos viernes conocí a Lalo.

Hicimos “click” de inmediato y no por el simple hecho de tener cosas en común, sino porque es una persona sumamente amable, cariñosa y divertida. Todos en la familia caímos rendidos ante la encantadora personalidad de Lalito. Era más que evidente cada vez que Tony llegaba sin él a una fiesta familiar y nos olvidábamos de saludarlo porque lo primero que queríamos saber era “¿por qué no vino Lalo?”

Y de ser un par de cómplices nos convertimos en los tres mosqueteros: viajes, fiestas, pijamadas, maratones y  hasta nuestros disfraces planeábamos juntos. Se convirtieron en mis incondicionales.

Tony me contagió su pasión por el diseño gráfico y la fotografía, área en la que se ha consolidado en los últimos años. Mientras que Lalo, me compartió su amor por la moda y la importancia de expresarnos a través de la ropa. Éramos tres creativos en busca de que el mundo nos diera una oportunidad para alzar la voz.

Durante esa incansable búsqueda, mi familia nunca cuestionó a Tony y únicamente se dedicó a conocer a Lalo. Lo recibimos con los brazos abiertos desde el primer día que llegó a nuestras vidas y siempre presumimos que es parte de nosotros porque el amor siempre gana.

El pasado 21 de febrero, Lalo sorprendió a Tony en el museo de Frida Kahlo con una importante pregunta que celebra sus diez años de relación: “¿te quieres casar conmigo?”. Todos fuimos cómplices porque sabíamos cada detalle del plan de Lalo, sólo nos quedaba esperar a que lo anunciaran oficialmente. Cuando sucedió, lloramos de la emoción y también lo celebramos.

Hace apenas unos días acepté encantada cuando me pidieron que dijera unas palabras en su boda. Esta es una unión que tanto nuestros amigos como nuestra familia esperamos con ansias y mucha ilusión porque que en estos tiempos en que las creencias religiosas y prejuicios morales están por sobre los derechos de los más vulnerables, necesitamos celebrar historias como la de Tony y Lalo.

Los tres mosqueteros lo tenemos bien claro y seguiremos luchando hasta el final. Porque el amor siempre gana, porque el amor debe ser legal.

Ilustración de Eduardo Novelo @lalito_draw
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Ariana, yo y la vulnerabilidad del 2018

No hay persona que dude que el 2018 fue el año de Ariana Grande. Ni Taylor Swift podría negar que le comió el mandado al convertirse en una de las favoritas, desde la invención del Big Dick Energy hasta el iconic video de Thank you, Next.

Y es que cuando Ariana dijo Thank you, next, i really felt that. Lo sentí porque al igual que ella no me quedó mayor remedio de aprender de todo lo malo que el 2018 trajo a mi vida.

Supongo que es de seres humanos echarle la culpa a periodos de tiempo de los infortunios con los que se sortean, en mi defensa diré que ni los astros estuvieron a mi favor en los últimos dos años. Hace dos años, a estas alturas estaba casi renunciando a un trabajo para cumplir mis sueños y hace un año estaba en medio del desempleo con la seguridad de que lo peor ya había pasado y que era más fuerte que nunca.

Breaking News, estaba re pendeja. No sólo fracasé (y públicamente) en todos los planes que tenía: titularme, bajar de peso, mudarme. Sino que además tuve que volverme responsable de cosas que no tenían nada que ver conmigo. Asumir papeles de los cuales creía ya estar libre y desilusionarme al darme cuenta de que no todas las personas te tratan de la misma manera que tú las tratas.

La estúpida soy yo.

De acuerdo con el Merriam Webster, Justicia fue la palabra del año. Y no siento que el 2018 haya sido justo conmigo. Definitivamente sé que no merecía tanta mamada. Sé que no merecía ser responsable de otros, sé que no merecía ser traicionada por la gente que quiero y sé que no merecía que Daredevil (ni Gotham) fuera cancelada. Pero si algo he aprendido este año, es que la vida no tiene sentido narrativo y que sólo podemos ser responsables de nuestras acciones y no de las de otros.

Si me preguntan y si Ariana les sirve de ejemplo, creo que la palabra que definió el 2018 es vulnerabilidad.

Creo que existe una idea equivocada de la fortaleza. Nos hacen creer que para ser fuertes debemos ser rudas e imparables y no está mal, pero siento que huir de nuestra vulnerabilidad para ser fuertes es un error fatal.

Si dejamos a un lado la misoginia internalizada que implica el forzarnos a buscar la fortaleza fuera de lo femenino, creo que la vulnerabilidad sólo tiene mala fama porque en el fondo todos sabemos lo mucho que implica ser abiertos ante otros. No es solo estar sujetos al ridículo, es saber que en cualquier momento pueden rompernos de nuevo. Es cansado, pero es más cansado fingir que no pasa nada y que todo lo podemos cuando en el fondo lo único que queremos es llorar.

Y por eso no me extraña que en el 2018 las comedias románticas hayan triunfado, ni que Paddignton o Call Me By Your Name o Ariana Grande con todo Sweetener se hayan vuelto los favoritos. Creo que todos en el fondo por muy duros o rudos que creamos ser estamos buscando conectarnos y ser vulnerables ante otros.

Paddington, my true role model.

Y eso fue lo que aprendí, a ser vulnerable. A dar las cosas de corazón porque quiero hacerlas no porque otros las merezcan. A entender que no porque yo considere a otros de una manera significa que ellos tengan que hacer lo mismo conmigo. No es justo, pero no puedo hacerme responsable de ellos. Aprendí a llorar más en la calle y a no sentirme mal por hacerlo, porque si algo aprendí a trancazos es que no existen las emociones tóxicas. Sólo son sentimientos. Y no podemos decir no quiero sentirlas porque sentir es parte del proceso. Y me haya gustado o no tuve que vivir el proceso.

El 2018 no fue amable conmigo pero sí mis amigos, mi jefe e incluso los desconocidos que me topaba en la calle. Las personas que depositaron su confianza en mi y me dieron trabajo que no tienen idea cómo me ayudó en momentos donde no encontraba la salida. Tuve el amor y el apoyo incondicional de personas (como Jess, u know her) que me empujaron y acercaron un poquito más para que yo pudiese cumplir mis sueños. Tuve amigos que dejaron que mis lágrimas se confundieran en su piscina literalmente, porque me puse a llorar con una canción de Belinda.

Así que sí, I’ve learned from the pain. Y la verdad lo sigo haciendo. No creo que nadie deba ser exitoso a los 25, eso es cuestión de suerte. No estoy diciendo que Yuya no merezca lo que tiene, pero en el mundo real, todos hacemos lo mejor que podemos y nadie tiene las respuestas correctas porque nadie sabe qué carajos está haciendo. Ni siquiera los virgo, que no los engañen.

Creo que el 2019 será un año de responsabilidades, y si algo más aprendí de tanto golpe es que por más que queramos no podemos huir de ellas. Quizás de eso se trata crecer, es una continua carrera entre dejar ir quién pensabas que eras para convertirte en tu propia mamá, viéndote con ojos de amor mientras te regañan porque no es posible que sigas viviendo en el mismo chiquero.

Esperemos que no nos vaya peor y si pasa, que al menos doña Taylor aprenda de Ariana y nos dé el contenido que merecemos.