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Especial San Valentín

The one that should not be named

Por Alejandra Cetina

Cuando terminé con Voldemort (así lo bauticé porque hubo un tiempo en que sólo escuchar o pronunciar su nombre me causaba dolor) sucedieron ciertas situaciones que determinarían mi recuperación (digo recuperación porque para mí el sujeto en cuestión en lugar de transformarse en un lindo recuerdo, se convirtió en una enfermedad que me carcomía por dentro).

Lo extrañé cada minuto; reflexioné cuidadosamente respecto a si había o no tomado la mejor decisión, me repetía constantemente “es el amor de mi vida, nadie me va a querer y a cuidar como él” y a menudo lo comparaba con otras personas: él sí sabe lo que me gusta, lo que me molesta, los demás no, lo necesito y no puedo vivir sin él. No me imaginaba empezar de nuevo con otra persona, sabía que alguien nuevo no sabría nada de mí, tendría que enseñarle como tenerme contenta y eso llevaría tiempo, no quería empezar de cero.

Cuando descubrí que al día siguiente que terminamos ya tenía una relación con otra persona lloré durante siete días, sin pausas, sólo me levantaba para ir al baño, no quería bañarme ni siquiera lavarme los dientes y mucho menos salir de casa, incluso el médico me otorgó incapacidad debido a un “dolor de cabeza” muy persistente (lo cual era cierto, tenía tantas emociones negativas que mi cuerpo lo resintió).

Lo conocí en la agencia de viajes donde trabajaba para costear mis estudios. Sabía por los chismes que circulaban en la empresa que él no era de fiar, que había salido con la mayoría de mis compañeras de trabajo, así que cuando me invitó a cenar le dije que no tajantemente, pero cuando una se enamora cierra los ojos. Así fue como poco a poco empezó a hacerse amigo de mis amigos, a sentarse cerca de mí en la cafetería, a preguntarme cualquier cosa. Finalmente accedí y pensé: conmigo será diferente, yo haré que cambie, como si yo tuviera alguna especie de superpoder. Yo tenía razón, sí cambió, de forma negativa.

El primer año de novios fue maravilloso, como debería ser siempre un noviazgo. Me visitaba y nos quedábamos en la puerta de mi casa o en la sala con mis hermanitos a nuestro alrededor, yo tenía veinte y él veinticinco, íbamos al cine, a comer, siempre me tomaba de la mano y me decía nena, me sentía como en una película, creía que lo nuestro sería para toda la vida. Sin embargo, después del año comenzamos a tener diferencias porque yo estudiaba leyes, así que entre la universidad y el trabajo terminaba muy cansada y sólo quería acostarme a ver películas o ir a cenar, hacer algo tranquilo pero a él le encantaba ir a lugares escandalosos, así que cedí un par de veces pero se volvió muy frecuente y empezamos a discutir.

No me gustaba ese estilo de vida que había adoptado o que ya tenía y que yo ignoraba. Entonces me mentía, me decía que se iba a jugar futbol o que iba a dormir y acto seguido, nuestros amigos me enviaban mensajes en la madrugada para decirme que estaba con ellos en algún antro. Yo le gritaba que era un mentiroso.

El problema era que yo lo permitía y no le ponía fin, porque después de discutir, me iba a visitar llorando para que lo perdone, jurándome que no lo volvería a hacer, con rosas y un peluche o algo que me gustara mucho. Yo me repetía: no es perfecto, pero si me está pidiendo perdón es porque me ama. Ese era sólo el principio. Conforme pasaron los años (diez específicamente) adquirió ciertas actitudes: caminaba hasta el otro extremo de la habitación para hablar por teléfono, no me hablaba ni me visitaba durante días, se olvidaba de mi cumpleaños y me decía que saldría con amigos de los que jamás había escuchado. Yo había estudiado muy bien diversos libros de autoayuda, entre ellos “Te amo pero no confío en ti” de la psicóloga Mira Kirshembaum, donde expone dos opciones: o lo dejas o lo aceptas sin resentimientos. Opté por la segunda.

Aunque yo quería permanecer a su lado y gozaba los buenos momentos en que me abrazaba o me escuchaba cuando algo me angustiaba, por ejemplo, cuando se divorciaron mis papás y él se desvivía para que no me deprima, los momentos malos superaban a los buenos y un día ya no soporté más, todavía así tenía la esperanza de que cambiaría y me buscaría e intentaría mil cosas para recuperarme, pero al día siguiente al entrar a mis redes sociales ya había publicado su nueva relación. Fue como si yo no hubiera existido en su vida. Esto ocasionó que lo bloqueara de todas las redes  y lloré hasta quedarme dormida, me levantaba para ir al baño y regresaba a acostarme, mi teléfono no dejaba de sonar pero lo ignoraba, ya tenía un tiempo viviendo sola, conveniente porque de haber estado presente mi madre me hubiera dado un par de bofetadas (eso necesitaba). Transcurrió la semana, el día domingo entre mis pensamientos y conversaciones conmigo misma me pregunté qué me sucedía, ¿por qué le lloraba a alguien a quien no le importaba ni un poco? Lo amé diez años y él no parecía valorarlo, entonces recordé una cita de la autora Mira Kirshembaum hacer un plan es darle cordura a los sueños, entonces planifiquemos una vida.

Necesitaba olvidarme de Voldemort, dejar de pensar en él y realizar mis sueños. Decidí seguir adelante, pero lo cierto es que no sabía por dónde comenzar, todas las canciones me recordaban a él e incluso en tareas cotidianas lo extrañaba, como cuando necesitaba liberar espacio en mi celular para descargar algún juego, él siempre lo hacía, cuando tenía ganas de ir al cine él me acompañaba, cuando no me sentía segura de si había escrito bien algún documento de mi trabajo, él lo leía y me daba su opinión, cuando me visitaban insectos, esperaba a que él viniera y los matara, para San Valentín me regalaba rosas y cada fin de semana me compraba unos mazapanes de chocolate (no tenía idea en donde los conseguía pero me encantaban), ¿cómo comenzar sin él, cuando durante diez años lo tuve a mi lado?

Mi mejor amiga me aconsejó que comenzara a salir en citas, mi mejor amigo me dijo que necesitaba primero vivir mi duelo, necesitaba llorar (cosa que hice hasta cansarme) y luego me pidió que hiciera una lista con los pros y contras de estar sin él, entre los contras escribí: no tengo quien me abrace, quien asesine a las cucarachas invasoras, con quien ir al cine, ni quien me escuche y en pros: no tengo que rendirle cuentas a nadie de lo hago o digo, puedo vestirme como yo quiero o quedarme despierta hasta tarde platicando con mi mejor amiga sin que nadie me diga que seguramente estoy hablando con mi amante, puedo dormirme a las ocho de la noche y nadie me reclamará al día siguiente que no contesté sus psyco llamadas porque seguro estaba con otro y puedo leer todo lo que quiera sin que nadie me diga que es una forma de perder mi tiempo.

Me di cuenta, sin que mi amigo Néstor me dijera nada, de que los pros de estar sin él superaban los contras, de que realmente lo que necesitaba era convivir con mis amigos, ellos hacen todo lo que extrañaba de él, ellos me escuchan y hay cosas que como matar insectos puedo hacer yo sola, no lo necesitaba para vivir. Entonces empecé a ir al cine con mis amigos o sola, aprendí a liberar el espacio de mi celular y cuando tenía dudas respecto a mi trabajo, leía una y otra vez mis escritos hasta que descubría lo que había hecho mal y lo corregía.

Comprendí que no lo dejaría de querer de la noche a la mañana. Después de llorar y de hacer sola las cosas que hacía con él, necesitaba quererme, mimarme, hacer aquellas cosas que no me animaba a hacer cuando estaba con él (no me refiero a nada negativo), por ejemplo; por fin podría usar ese perfume que me encanta y que a él no o usar mi pantalón entubado y que a él no le gustaba porque seguro lo usaba para coquetear.

Luego tendría que tirar a la basura todo lo que me recordara a él como fotos, cartas, peluches, etc. Así ya no me darían ganas de marcarle (no soy de piedra) cada que necesite abrir mi armario. Posteriormente decidí eliminar cualquier huella de su existencia en mi celular, así que borré su número, conversaciones antiguas, fotos y bloqueé su número por si se le ocurría hablarme. Había decidido continuar sin él, dejarlo atrás, para eso necesitaba aceptar mi realidad, él ya no cabía en mi vida, comprendí que yo quería más de lo que él me podía dar, yo quería una persona que le diera alegría a mi vida, que me diera paz, que me haga sentir segura, que me inspire confianza, pero antes de encontrar a ese ideal tenía muy claro lo que tendría que hacer, primero yo me tenía que convertir en esa persona de la que yo me quería enamorar.

 

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Especial San Valentín

Pasos para superar una ruptura sin perder el amor propio

Por Celeste González

Conocí a mi ex cuando tenía 18 años, estaba en casa de mi mejor amiga, ella y yo nos encontramos mirando fotografías de sus compañeros de clase y fue en ese momento en que lo vi por primera vez. Para mí no existía nadie mas lindo que él, pero tenía novia así que solo lo agregué a Facebook y preferí alejarme. Un día común y corriente, me apareció justo en el inicio su nuevo status de soltero. Me armé de valor y le hablé, pasaron los meses y platicabamos de vez en cuando pero yo sentía que le era indiferente, así que dejé de hacerme ilusiones ya que no había interés de su parte.

Un fin de semana de abril, Carlos —un amigo que vivía por mi casa— me platicó que se había cambiado de carrera y que sus nuevos compañeros de salón eran muy divertidos, me mostró fotos y videos; mientras mirábamos y reíamos con esas imágenes algo saltó a mi vista: en una fotografía se encontraba él, estaba riendo a carcajadas, Carlos le dio siguiente y pasamos a ver las otras imágenes y en todas salía él. Algo sucedía en mi estómago, era una sensación nueva para mí, no lograba explicarme por qué este chico al cual conocía muy poco me podría estar provocando todas esas emociones, le pedí a mi amigo que me hablara de él, le conté lo que sentía y que hacía meses que este chico me gustaba, pero él no mostraba interés por mí. Carlos me dijo que me ayudaría con él, que le iba a hablar muy bien de mí para que se animara a invitarme a salir.

Después de unos días recibí una llamada. Era él. Yo no sabía como reaccionar, pero no podía perder la oportunidad de charlar un momento, contesté y me preguntó cómo estaba y qué me encontraba haciendo, le respondí que estaba bien y que en ese momento estaba en la escuela, después y sin ningún filtro me aventó una bomba, dijo: «Celeste, ¿quieres ir conmigo el jueves a una fiesta de mi universidad? Un compañero de mi salón está concursando para rey, y vamos a ir a apoyarlo».

Me quedé pálida, no sabía qué decir, el chico con el que tanto tiempo había soñado, por primera vez me estaba invitando a salir, así que como pude, articulé una palabra: «¡sí!». Él dijo que pasaba por mí para irnos al evento. Estaba feliz, brinqué de alegría porque no lograba entender cómo era posible que eso me estuviera pasado a mí, y desde ese momento de manera inconsciente tomé la decisión de que todo mi mundo giraría alrededor de él.

Llegó el día y yo me arreglé lo más linda posible para que él se quedara anonadado con mi «belleza» (y no es que no  sea bonita, pero uno siempre quiere verse más linda de lo normal para «su chico»). Subí a su auto y todo el trayecto de mi casa al antro, me fui en silencio, normalmente soy una persona que habla hasta por los codos, pero con él me daba miedo decir algo y arruinarlo, o que se enfadara conmigo por hablar tanto. El transcurso del viaje se me hizo eterno, cuando al fin llegamos, me abrió la puerta, bajé del auto y lo miré de pies a cabeza, se veía perfecto. Entramos al lugar y estaban todos los amigos de él junto con Carlos, mi amigo; él me presentó a todos pero ellos ya sabían quién era yo, al parecer Carlos se había encargado de que todos en su salón se enteraran de que mi ahora ex me gustaba.

Las compañeras de él me saludaron eufóricamente como si fuéramos amigas y me empezaron a bombardear con preguntas, yo estaba aterrada, me quería ir, por mi cabeza pasaban mil cosas al mismo tiempo, pero ya había pasado por mucho como para salir corriendo, así que respiré y me calmé.

No haré más larga la historia, la noche pasó y al final, antes de volver a casa, lo besé, sentí que me iba a rechazar pero no fue así, cuando llegamos a casa le pregunté si me llamaría mañana, él sonrío y me contestó: «Eres la niña más rara que he conocido, primero no dices nada, luego me besas de sorpresa y ahora preguntas si te llamaré, creo que esto tiene un buen futuro. Sí, Celeste, te voy a llamar».

Ya se imaginarán lo feliz que estaba. Pero nada es para siempre, después del primer año terminamos y ahí inició mi relación tóxica, ya que perdí la cuenta de las miles de veces que cortamos y volvimos y yo seguía ahí, aferrada. Cuando cumplimos tres años, la relación estuvo en su mejor etapa. En ese momento él y yo comenzamos a hablar de casarnos y de comprar una casa. Había muchos planes, pero yo no me daba cuenta que todo lo que hacíamos y los planes que teníamos eran cosas que él quería; me olvidé de mí, ya no tenía amor para mí, porque todo mi mundo, mi vida, mi amor y hasta mi alma, le pertenecían porque yo lo decidí así.

Oficialmente nuestra relación duró cuatro años, pero del 2015 hasta enero de este año tomé, o mejor dicho, no me quedó otra opción más que decir «ya», pasé casi dos años sin poder estar con nadie porque seguía con él, aún sabiendo que veía a otras mujeres. Jamás me importó porque me seguía mintiendo a mí misma, me decía que estaba con otras pero volvía conmigo por que aún me amaba, porque si de verdad quisiera estar bien con cualquiera, ya no me buscaría más. Pero me seguía mintiendo, dentro de mí estaba consciente que ya no lo amaba, pero entonces… ¿por qué seguía humillándome de esa manera? La respuesta es fácil, yo no me sabía amar si no era estando a su lado.

Elegí el primer tópico por una simple razón, cuando nuestra pareja nos deja, hacemos hasta lo imposible por volver con él/ella, nos humillamos y le decimos a todos los que nos rodean algo como «Es que yo no soy nada si él/ella no está conmigo, mi mundo entero es esta persona, yo lo(a) amo», pero cómo podemos decir que amamos a alguien si no nos amamos a nosotros mismos.

No fue y no es nada fácil para mí asumir que mi relación con esta persona había terminado desde hace mucho. En mi cabeza seguía pasando la misma frase, entregué tanto, y eran esas palabras las que me seguían teniendo atada. No sé si soy la persona más indicada para dar estos consejos, pero por la experiencia  y aprendizaje que me dejó esta larga relación, lo que les escribiré espero que les sirva, al menos yo, sé que son errores que no cometeré de nuevo o que al menos me esforzaré por no cometerlos.

1.- Cuando una relación termina por primera vez y decides volver, es casi seguro que este círculo vicioso se repetirá, si ya tomaste la decisión de terminar y sabes cuánto vales como persona y eres consciente de que mereces algo mejor, entonces mantente firme (lo mismo para las personas a las que las terminan).

2.- Mi mamá siempre me dijo «ni todo el amor ni todo el dinero», cuando entregas todo y la relación se termina, muchas veces te sientes vacía y es que uno nunca debe de olvidar que primero eres tú y después él, el amor propio siempre debe de ser nuestra prioridad.

3.- Si les pasó como a mí, que su ex las dejó por que ya estaba con alguien más y lo peor de todo es que viven en la misma ciudad, no tengas miedo de encontrarte con ella, al contrario, piensa que te hizo un favor, te mereces algo muchísimo mejor. Tómate tu tiempo, sana tus heridas, medita y, cuando estés lista, el destino lo sabrá y pondrá a la persona adecuada.

4.- A mí algo que hasta el momento me ha funcionado es hacer una lista donde pongo todo lo que yo considero que son mis virtudes como persona, como hija, como hermana, como amiga y, al final, como pareja. Me recuerdo constantemente que soy buena y que merezco alguien igual de bueno que yo, créanme, sí sube el ánimo.

Y por último, un consejo de la hermana de mi mejor amiga, cuando Eimy (mi mejor amiga) pasó por una situación así, su hermana le dijo «Eimy, el amor no duele, y yo veo que a ti te está doliendo mucho». Meses después, Eimy me dijo exactamente lo mismo, «Celeste, el amor no duele, el amor se trata de ser feliz, de gozar, de sentirte bien, se trata de querer compartir con todas las personas que nos rodean esa felicidad, pero para poder hacer eso, debemos de amarnos nosotras, y querida amiga, yo veo que a ti te está doliendo y mucho, pero es por que aún no haz aprendido a amarte lo suficiente».

A todas y todos los que estén leyendo esto, para amar a alguien más, hay que amarnos nosotras, y amarnos muchísimo. Si están con alguien y les está doliendo, les está costando la vida y se les está desgarrando el alma, déjenme recordarles algo: el amor no duele.

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Especial San Valentín

“Perfecta” por 5 años, perfecta para mí

Por Karla Victoria Hau Couóh

La canción del grupo Miranda se volvió una constante durante un periodo de tiempo significativo: “nuestra canción”. Para darle contexto a esta canción comenzaré con un breve relato. Es la historia del amor escolar, el enamoramiento de tu mejor amigo y la realización de ese amor. Lo sé, cliché ¿no?

Fue mi mejor amigo en la preparatoria, me gustó al 2° año y en ese mismo perdí la ilusión de estar con él. Viví cada una de sus parejas, así como él vivió las mías por 5 años. Risas, decepciones, confianza y reciprocidad se mantenían como un vínculo durante ese tiempo. Al término de su relación, nos volvimos confidentes y yo comencé a figurar como “la incondicional”. No importa que fuera o que hiciese, yo estaría ahí. Eventualmente comenzamos una relación porque «las mejores parejas son mejores amigos». Las convivencias familiares, las amistades y las carreras particulares hacen que ciertas relaciones experimenten dificultades, en esta situación, ambos aprendimos a mediar respecto a eso.

Un día, la relación terminó. Todo se decidió por chat, aún cuando quise remediarlo o una explicación de frente, simplemente me evitó y cortó todo punto de contacto. Los consejos de sus amigos fueron los que decidieron el cortar todo vínculo para no volver. El consejo de mis amigos fue: «si él no quiere, no queda más que arreglar.» Sin embargo, no es sencillo cortar de tajo toda relación. Nos dijimos tanto y a la vez nada que, aunque no volviésemos a ver, nada sería igual. Ya no había solución para las palabras que salieron de nuestros corazones dolidos, donde ambas partes se tienen la culpa del decaimiento de algo tan hermoso como es el afecto entre dos seres que alguna vez desearon estar juntos toda la vida.

Mi profesión es similar a la de su hermana, laboro con ella en el mismo plantel. Somos compañeras de trabajo y nos desarrollamos en la misma área. Ella demostró su comprensión y, hasta el momento, tenemos una excelente relación. Dejó de ser entre cuñadas para volverse compañeras/amigas. Considero a su hija mi sobrina hasta el momento, mi cariño se mantiene hasta que ellas decidan lo contrario. Entonces ¿es fácil superar una relación cuando mantienes un contacto frecuente con gente cercana? No, no lo es, pero les prometo que no es imposible. Agradezco la madurez y el respeto hacia mi persona de no mencionarlo y siendo objetivos mirándome como una colega, en vez de «la ex».

Fueron 5 años de relación que merman en mi historia, que hicieron ruido en su momento y que el silencio actual creó un caos en el desarrollo de mi vida: ¿alguien me volverá a amar? si ni con mi mejor amigo puedo estar ¿alguien será capaz de “soportarme”? ¿qué hice mal? ¿no merezco una explicación? ¿FUI tan poco para que no se atrevan a darme la cara? ¿por qué no vuelve? ¿había alguien más? ¿se cansó de mí? ¿será que realmente no me amó? Preguntas constantes que volvían día tras día, hora tras hora. Las lágrimas surtieron efecto un tiempo mientras no encontraba las respuestas.

En este lapso de tiempo, donde las preguntas podían más que las respuestas acudí a distintas personas: mis cinco amigas de la carrera, mi mejor amigo y mi madre. Las primeras se enfocaron en una recuperación hacia mi persona, no en denigrar al otro, en buscar diversos métodos para dar los pequeños pasos a la superación (créanme que no necesitan odiar a alguien para sanar). Mi mejor amigo buscó que fuera corriendo a sus brazos, entonces descubrí quiénes estaban a mi lado. Mi madre: incondicional; hasta el día de hoy no ha dicho ninguna palabra en contra de él, lo aprecia por lo que fue, pero se concentró en mi recuperación tras el ultimátum de la 3° semana en la que me desahogué: «¿qué necesitas? ¿psicólogos? Vamos a uno ¿una actividad? La buscamos ¿el gimnasio? Paga tu mensualidad y ve. No puedes continuar de esta manera.»

Aquí es donde comienza todo: vuelvo al gimnasio, me reciben con los brazos abiertos y comienza mi entrenamiento. Les juro que volví a dormir sin pensar en algo relacionado a él. Mi trabajo ayudó en el crecimiento profesional de mi persona y todos contribuyeron a que lo realizara. Comencé a arreglarme un poco más, por mí, para mirarme al espejo y ver que por el exterior estaba comenzando el cambio, que eventualmente así me sentiría en el interior. Me refugié en mis amigos con las salidas a comer, idas al cine, charlas por chat y pláticas telefónicas cuando sentía que la tristeza podía llegar. Mis perritos fueron el mejor consuelo, canalicé ese amor hacia ellos, con mimos y convivencia hasta que las sonrisas comenzaron a ser parte de mi día a día.

Todos te dirán que lo olvides, que dejes de llorar, que no tienes por qué estar triste, que debes sonreír… en fin, todos te dirán «que debes hacer». Actúa según lo que TÚ consideres apto: llora, desahógate, grita e insulta hasta que sientas una pequeña ligereza, toma eso que se fue y levántate. Está bien sentirse triste, pero no dejes que eso pueda más que tú. No te odies, si terminó una relación fue por ambos, no exclusivamente por ti. Si te miras al espejo verás a alguien diferente, no conoces a esa persona a pesar de ser tú ¿duele verdad? Pero es alguien que estás por conocer, que poco a poco mostrará otro lado de ti, con la que descubrirás que eres fuerte de una manera especial. Ambas son tú. Sólo tenemos que aceptarla y nombrarla como es: experiencia.

Tendrás mil repercusiones y anhelos al pasado, pero te prometo que un día dejarán de estar y se irán. Superas una relación no a una persona, tenemos experiencias diferentes, en toda tenemos obstáculos y en todas salimos tarde o temprano. No te precipites, todos tenemos nuestro propio ritmo para avanzar.

Fui perfecta por 5 años en lo que duró la relación, en lo que fui amiga y confidente. Él fue perfecto para mí por 5 años, de la misma manera. Duró lo que tuvo que durar. Quizás ahí radicó nuestro error: una idealización de perfección que, cuando dejó de serlo, se desbordó en distintas características que distaban de ser nosotros. Ahora puedo mirar atrás, debido al corto tiempo de separación, aún hay melancolía, pero ahora sé que no debo ser ideal ni perfecta para nadie, sino para mí.

Cuando miro el espejo ya no puedo ver a la que lloró hasta dormir, puedo ver una sonrisa diferente y anhelos cercanos. Que, con todas mis imperfecciones, miedos, impulsos, locuras, carcajadas y excentricidades, soy yo. No estoy sola. Lo mejor que puedo encontrar cuando me postro es que estoy ahí, me perdí un tiempo y me reencontré. Algún día habrá alguien que ame con la misma intensidad con la que me amo ¿Y si no? ¡Qué importa! Me tengo a mí, hay gente importante alrededor y otras facetas que debo reconocer en el transcurso.

El amor más perfecto es el que se tiene uno mismo.

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Especial San Valentín

Esa foto c*lera

Por Jess Ayala

Tenía ese horrible vicio de stalkearlo como unas 5 veces al día. Sin tenerlo en ninguna de mis redes. Tenía ese superpoder de armar historias en mi cabeza de acuerdo a lo que me iba enterando y lo que debía ser un complejo pero tranquilo proceso de duelo por su pérdida, poco a poco se convirtió en una agobiante tortura mental.

En facebook era imposible saber de su vida porque tenía privacidad pero en twitter no. Estaba muy pendiente de cada tuit y me volví dependiente del afamado pajarito azul para saber cómo él podía vivir sin mi. Ya saben de qué va esta historia, ¿no? Sobre cómo enloquecemos por estar espiando en dónde no debemos. Después de mucho tiempo me di cuenta de lo mal que estaba y si actualmente están viviendo una ruptura, por favor, no hagan lo que yo. Si ya están listas, comencemos.

Mediante facebook ya había “detectado” a una de sus “amigas”. Estaba segura de que sucedió algo entre ellos durante las tantas veces que nos dejamos pero trataba de no abrirle la puerta al mounstruo de los celos. Ese monstruo que te convierte en una idiota y que te hace perder la seguridad de ti misma. En uno de mis arranques de estupidez, decidí entrar al perfil de aquella mujer y descubrí que entre sus fotos principales había un foto de ellos dos, muy felices, en un lugar emblemático de una ciudad importante. Y aclaro que si no digo qué lugar y qué ciudad son es por vergüenza, me da terror que alguien sepa de quienes hablo, porque por supuesto, ella no sabe que existo. Y no quiero que lo sepa nunca.

Cómo se podrán imaginar, desde ese momento la o d i é. ¿Por qué? Porque habían hecho un viaje juntos o con su grupo de amigos, como él me explicó mucho después. En ese momento daba igual. El punto es que viajaron juntos, vieron a su banda favorita juntos y tenían una foto juntos. Solos y muy felices. Esa foto culera fue solo la punta del iceberg porque a partir de ella, mi más grave error fue compararme con “la otra” en todo momento: ¿es más bonita que yo? ¿será que la prefiere porque no es celosa como yo? ¿es más inteligente que yo? ¿es mejor persona que yo? ¿ella no se la hará de pedo como yo? Bueno, mi baja autoestima salió a relucir y acabó por sacar lo peor de mi.

Ahora en lugar de stalkearlo a él, la stalkeaba a ella porque al parecer no sabía lo que es tener privacidad en facebook. A partir de lo anterior, el odio incrementó cuando veía que él le comentaba o que le publicaba alguna canción. Así de tonta. Sentí muchas cosas feas que no quiero volver a sentir nunca y estoy segura que no me pondré nuevamente en una situación así porque simplemente es ridículo. Es ridículo odiar a una mujer que no sabe que existes y por ningún motivo tuvo la culpa de tu relación fallida, de tu falta de amor propio y de tus miles de inseguridades. No está bien depositar sentimientos negativos en otra persona, cuando eres tú la que debe lidiar con una serie de comportamientos irracionales que te han hecho olvidar quien eres.

Lo dije antes y lo vuelvo a decir: estoy muy avergonzada de cómo me comporté y del mal que les deseé. No sé que pasó entre ellos, pero sí que sucedió conmigo. Comencé el proceso de quererme un montón, trabajar en mi seguridad y debo admitir que aún sigo en búsqueda de la paz. Mientras tanto, sé con firmeza que ya nunca más quiero volver a encontrarme con esa piedra en mi camino llamada rencor.

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Seamos amigos: La ruptura que no termina

 

Por Flor Lizarraga

3 años, 7 meses y 17 horas: ¿te has cuestionado cuánto tiempo de tu vida compartiste a lado de otra persona que no eres tú, que no es de tu familia, alguien que en algún momento de tu vida fue un completo desconocido o desconocida? Experiencias, emociones, aventuras, conocimientos, momentos, en ocasiones tu mente viaja al pasado, se permite recordar y analizar segundo a segundo si la mayor parte de ese tiempo fueron productivos, si te ayudaron a crecer o te hicieron sentir bien.

Ante respuestas afirmativas se divaga un poco y surgen más preguntas: ¿Acaso estoy restando en lugar de sumar? ¿Los motivos del rompimiento son más fuertes que los grandiosos momentos juntos? ¿Fuimos lo suficientemente maduros para aclarar la situación, cerrar el ciclo y aceptar errores? Es tu cerebro contra el mundo, por aquí y por allá, constantemente eres bombardeada por frases típicas plagadas de desagrado hacia quien se denomina ex pareja, como si se diera por sentado que anteponer un prefijo del pasado fuese algo negativo.

Afortunadamente existes tú y esa otra persona a la que tanto amas, porque siempre hay que tener en cuenta que el amor se presenta de distintas formas y que el de hoy, no es precisamente el mismo de ayer, pero aún existe. Eres consciente de que cada quién tiene su proceso y que la relación no puede ser la misma, que a veces es necesario cortar la comunicación o reducirla, pero también sabes que cuando se está emocionalmente estable regresará la calma que permite conseguir la asimilación.

Es ahí cuando llega el momento crucial: decidir si volver a concederle un espacio en tu vida a alguien que ya estuvo con anterioridad y que por diversos motivos se había quedado en punto y aparte. Mucho gusto, nos volvemos a encontrar.

Sí, somos los mismos, pero el tú y yo ya no es igual, aún me alegro por todo lo bueno que te sucede, permanece mi respeto y admiración hacia ti, recuerdo cuál es tu comida favorita, reconozco tus diferentes miradas, sé cuál es tu posición preferida para dormir y muchas otras cosas que nadie ni siquiera se imagina de ti. Somos dos personas que se aprecian, pero que ahora tienen nuevos límites y saben hasta donde llega la línea que ya no se puede cruzar, eres mi ex pareja, pero mucho más que eso, eres la representación viviente de que el amor se puede transformar.

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El reto de comenzar a amarte

Por E. Z.

El tema del amor propio en mi caso es sumamente complicado dado que no fue hasta que me separé de mi ahora ex esposo cuando descubrí que carecía del amor que una debe tenerse a sí misma. Es en ese momento cuando inicia una batalla aún peor que superar la ruptura con otra persona. El reto principal se trata de encontrarte sola y contigo misma. Yo nunca lo había estado y era el peor de mis miedos: empezar a conocerme y amarme por quien soy, no por quien los demás quieran que sea.

Cuando me separé de él en lo único que podía pensar fue en ya no me amaba y no, nunca me amó. Me cuestioné diversas como ¿por qué dejó que yo me fuera? ¿por qué dejó de luchar? ¿acaso hice mal las cosas? ¿en qué fallé? ¿no soy lo suficientemente buena para él?  Solo pensaba en que ya no estaba conmigo y había dejado de amarme. Me victimizaba y auto castigaba con una serie de pensamientos negativos hacia mí. Sin embargo, la verdadera interrogante era: ¿cómo él podía amarme si yo jamás me amé?

Me di cuenta que carecía de ese amor propio y que realmente la raíz de mi tristeza, decepción y depresión eran reflejos de mis propios miedos e inseguridades que a lo largo de mi vida siempre tuve y cargué, que la única responsable de lo que había vivido era yo, porque nadie me puso una pistola en la cabeza, las decisiones las tomé yo y nadie más. Siempre es más fácil señalar a la otra  persona y hacerla responsable por todo lo que te pueda hacer sentir.

Una pareja no debe ser la responsable de ti, ni tu necesidad, sino tu complemento. Debes ser feliz por ti misma; sentirte amada, plena y en paz y tu pareja solo debe complementar ese amor, eso no lo exenta que sus acciones y decisiones hayan sido incorrectas y deshonestas en la relación, pero duele más darse cuenta que tu permites muchas cosas por falta de ese amor hacia tu persona, y porque idealizas a un ser humano que fue, es y será así, hasta que decida ser lo contrario.

El mejor consejo que les puedo brindar es buscar ayuda e ir a terapia después de una ruptura así como tener disposición y voluntad para enfrentarse a un proceso de sanación. Si están viviendo una situación similar quiero decirles que no es nada fácil enfrentarse a nuestros traumas, miedos y demonios internos. Tenemos que estar dispuestas a perdonarnos por no amarnos y por permitirnos cosas que nos dañaron.

Considero que hay dos caminos: el fácil, es decir, el que te lleva una y otra vez en la misma dirección, durante el cual vas tapando huecos momentáneos que luego traerán las mismas consecuencias. Es muy fácil reemplazar a tu ex pareja con otra persona después de tu separación, como dicen por ahí “un clavo saca otro clavo”, pero al final si tú no trabajas en amarte y conocerte te vas a seguir topando a lo largo de tu vida con clavos iguales o peores a tus relaciones pasadas.

Y el segundo: el más difícil en un principio, porque es sentir la soledad hasta los huesos, hasta llorar todos los días, y las noches, hasta sentir que no puedes respirar porque no puedes estar sin él, o más bien no puedes y no sabes estar sola porque nunca lo has estado, que sientes que todo el mundo está podrido y que jamás encontrarás a nadie más sino es él. Ese camino que es muy duro, rendirá frutos en un futuro no muy lejano porque te amarás tanto que no le volverás a permitir a ningún ser humano que te haga sufrir, llorar y nada de lo que no estás dispuesta a hacer.

¡Vale mucho la pena amarse a sí mismas! Lo demás vendrá por sí solo. 

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Especial San Valentín

La soledad, el santo remedio

 

Por Estef.

Yo, como tú y como casi cualquier humano he sido víctima del mal de amores, no una vez si no en diversas ocasiones.

¿Mi problema? Entregar más de lo que recibo. El psicólogo diagnosticó problemas de autoestima; tuve que acudir a causa de mi última y deplorable relación. Siempre he pensado que escribir sana el alma, no en vano existen los diarios en los cuales redactamos nuestras vivencias, y en pro de continuar con está sanación les comparto mi historia.

Perfecto, esa es la palabra que hubiese usado para describirlo hace un año, él tenía todo lo que buscaba en un hombre (o eso creía). Siempre estaba atento, me apoyaba, me cuidaba, me consentía, lo visualizaba en mi futuro por siempre, teníamos proyectos presentes y a futuro, porque él era lo que necesitaba, se encargó de llenar cada vacío de mi alma, haciéndome sentir completa, cambió mi visión de mundo, me hizo anhelar una boda, unos hijos a los cuales habíamos pensado en posibles nombres. Mi familia lo amaba, me sentía tan feliz y afortunada, de esas veces que sientes que no mereces tanta dicha en la vida y efectivamente era así, todo esto era una felicidad ilusoria, un simple espejismo, una falsa realidad que descubrí en mayo de 2017.

Nunca olvidaré el 23 de mayo de 2017, esa fecha quedó grabada en mi mente. A partir de ese día decidí cambiar y comencé a evolucionar como persona, ese día la felicidad y perfección descrita en el párrafo que antecede fue desenmascarada para convertirse en la peor pesadilla, en uno de los sufrimientos más vívidos que tengo, sí, suena exagerado, es sólo un hombre, es sólo amor, es uno más, pero díganselo a esa chica que tenía planes de vida con su hombre perfecto, díganselo a esa chica que dejó su vida por él, a esa misma que creo una dependencia emocional y tóxica con ese hombre que no tuvo ni un poco de piedad por ella.

Recuerdo a la perfección ese sensación de vacío, esa rabia que poseía cada centímetro de mi ser cuando descubrí la verdad, cuando descubrí que durante casi dos años ese ser que yo creía perfecto estaba muy lejos de serlo. Me había sido infiel, pero esperen, eso lo había tolerado y superado con anterioridad, sin embargo, ahora había algo diferente; primero el inmenso amor que le tenía y segundo, su infidelidad fue con un sin número de personas.

Parafilia, adicción al sexo, enfermedad, son las tres palabras que usó nuestro psicólogo para diagnosticarlo, palabras que usé para justificarlo e intentar perdonarlo. Él me había engañado durante los dos años de nuestra relación, había mantenido cuentas alternas en cuanta red social existe, y páginas en las cuales la gente busca sexo, me engañó con hombres, mujeres, hizo tríos con matrimonios, compartió fotos íntimas que le proporcioné con amor, y cuando descubrí todo esto, me tomé el tiempo de leer todos y cada uno de los mensajes, confronté a  la chica con la que me engañó en mayor cantidad de veces, le dije mil cosas, la ofendí y le hice un escándalo en su casa. Al día siguiente le llamé para ofrecerle una disculpa, porque aquí entre mujeres, ella sabía que él tenía novia, pero ¿quién soy yo para ella? ¿por qué debería reclamarle y exigirle algo? En realidad el que me debe respeto y fidelidad es él, no ella, en virtud de lo anterior ella se solidarizó conmigo y me proporcionó más detalles de la vida oculta de mi entonces novio.

Me torturé hasta la muerte, lo peor es que él y yo nunca nos cuidamos con preservativo, ¿imaginan el asco y miedo que tuve cuando descubrí la cantidad de personas con las que me vi involucrada de manera indirecta? Temí por mi salud, Yucatán siendo el número uno en contagio de VIH, no solo fue la ruptura de mi corazón y de mi felicidad amorosa, también fue el miedo implacable de un futuro incierto, la incertidumbre de un posible contagio que arruinaría mi vida.

¿Cómo ese ser que para mí era perfecto me había arriesgado y expuesto de esa manera? ¿Acaso no pensó en mí, en él, en su salud? ¿Su amor era falso? ¿No era suficiente para él como mujer, por eso buscó hombres? Mil y un interrogantes tenía en mi cabeza, pero no permanecieron ahí mucho tiempo, le exigí respuestas. 

El aire se me acababa, me costaba respirar, sus manos en mi garganta me lastimaban y su voz diciendo “te voy a matar, si alguien se entera te corto en pedazos” me herían aún más que la asfixia, comencé a toser, hasta que me soltó y sacó de su oficina, salí corriendo y llorando de ahí, asustada, infeliz, triste, y sin respuestas, ese fue el resultado de externar mis preguntas. No podía concebir que ese sujeto que acababa de ahorcarme fuere el mismo que dormía conmigo unas semanas antes, éramos casi un matrimonio, lo veía todos los días, dormía conmigo, ¿cómo era posible que no conociera esa parte de él? 

Ganas de vivir me faltaban, quizá lo mejor hubiere sido que continuara con su asfixia. Me da vergüenza haber pensado eso, he omitido detalles en mi historia, como el hecho de que lo apoyé en su terapia después de todo, que seguí pendiente de él por un tiempo, que me tuve que realizar pruebas de ETS de manera regular, llorando y asustada en cada una de ellas a la espera de los resultados, detalles irrelevantes, porque ahora quiero pasar a contarles otra etapa que conlleva todo esto; el cómo lo superé y salí adelante.

Siendo totalmente honesta yo también estoy sorprendida de haberlo logrado, cuando recién paso todo me creí incapaz de salir adelante, mis pequeños pensamientos suicidas me hicieron acudir a un psicólogo, no era normal la tristeza que me embargaba día a día, pero lo hice, tuve que darme cuenta de cuales eran mis problemas, mi dependencia emocional hacia él, mi miedo a la soledad, mi baja autoestima, mi temor al abandono y otro tipo de problemas que en realidad no recuerdo. Acudir al psicólogo fue la mejor decisión que pude tomar, me obligó a cortar toda comunicación con él, que es lo más lógico, el intentar ser amigos de manera tan reciente a la ruptura nunca funciona, a menos que quieran regresar, me recomendó terapia ocupacional y ejercicios para que cada que piense en esa situación sustituya ese pensamiento con algo. Le conté a mis amistades cercanas lo sucedido, nunca me emborraché por despecho, eso puede ser peor, dejé de revisar sus redes, abandoné mi complejo de detective y me dediqué a mí.

Parte de mi terapia ocupacional consistió en salir cada fin de semana con amigos y amigas que tenía abandonados por esa relación tan absorbente que tuve, e intenté hacer algo que nunca había hecho, tratar de perderle miedo a la soledad. Mi psicólogo me recomendó que comenzara a hacer cosas en solitario como ir al cine, a bares, viajar. Cuando me dijo eso, me eché a reír, qué oso, qué triste, voy a inspirar pena, pero seguí rigurosamente cada recomendación que hizo y fui sola al cine, a bares con miedo que me confundieran con una “fichera”.

Por azares del destino, mi primer viaje sola (tenía reservación en un all incluide en Cancún con mi hermana pero ella no pudo ir) y desde eso me enamoré de mi soledad, en mi primer viaje conocí gente maravillosa, de otros países, Argentina, Brasil, Bélgica, España, y todos fueron increíbles. Regresé a Cancún en una ocasión más, fui a Guanajuato, a Cuba, próximamente iré Guadalajara y de verdad, no imaginan lo increíble que es esa soledad que te permite conocer gente con pensamientos, culturas, costumbres distintas a la tuya, es abrir el panorama por completo y sí, en muchas ocasiones estaba verdaderamente sola pero eso te permite conocerte mejor. Nos da tiempo de pensar que es lo que verdaderamente queremos y analizar la vida con detenimiento, nos da respuestas, por eso creo que la soledad es el santo remedio.

Hoy por hoy soy más feliz que nunca en mi vida, jamás había experimentado una felicidad de esta magnitud, ni cuando creí que era inmensamente feliz con ese sujeto, poder hacer lo que quieras, cuando quieras y porque no, con quien quieras, al final del camino no tenemos nadie a quien rendirle cuentas, y todo ese sufrimiento nos hace más fuertes, resistentes y precavidas. No por nada existen tantas frases sabías y clichés de “todo pasa por algo” “después de la tormenta viene la calma y sale el sol” “cuando una puerta se cierra se abren otras más” y podría continuar, pero todo eso es verdad. Le agradezco a este sujeto todo, los buenos momentos, los malos, porque me han convertido en esta mejor y madura versión que soy ahora, si todo eso no hubiera pasado no tendría tantos conocidos en otros lugares, no hubiere disfrutado de tantos bellos paisajes, de tanta bella compañía, no hubiere recuperado a personas que me aman y abandoné, en resumidas cuentas, no sería tan feliz como lo soy ahora.

Sobra repetir que somos demasiado fuertes, más de lo que creemos y podemos superar cualquier cosa que nos suceda. Y si sentimos que no podemos solas es cuestión a buscar ayuda profesiona, una amiga, o porque no, una desconocida como yo que haya pasado por eso, porque también aprendí que ayudar nos ayuda y nos sana el corazón ♥.

 

 

 

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Especial San Valentín

Historia de un «mal» amor

Por Karol Dayana

Hace como dos años conocí a un tipo en una de esas aplicaciones de cita, la verdad me gustó mucho y fui yo quien insistió en que salieramos. En la segunda cita tuvimos relaciones (pensé que podía controlar la situación y dejarlo hasta ahí) pero no fue así. El man me había dicho que había salido de una relación muy herido, me echó el cuento de que su ex era una malvada y yo de boba le creí.

Al tiempo de salir con él y por medio del stalkeo pude darme cuenta que había regresado con su ex. Me sentí como una MIERDA, fue un duro golpe a mi autoestima, confianza, ego. Por esta razón quise ausentarme sin decir nada, pero al tiempo volvió a buscarme y empezó un círculo vicioso: a veces estaba conmigo, a veces estaba con ella.

La empecé a odiar y empecé a odiarme también. Permití cosas que se suponía nunca iba a permitir. Hasta que un día me cansé y mandé todo a la mierda. Sin embargo, no me duró más de seis meses la valentía.

El semestre pasado él se fue del país mientras yo estaba en ese proceso de sanación interior pero volvió a buscarme y nuevamente cedí. A pesar de no estar cerca me hacÍa creer que sí lo estábamos. Lo único que le faltó prometerme fue las gemas del infinito por lo que le seguía creyendo a pesar que una corazonada siempre me decía «mija este man no ha cambiado, te la va a hacer de nuevo».

Y sí, así sucedió.

Ahora estoy más decidida que nunca a no volver a caer en ese círculo vicioso de mal amor, de mentiras, de control sobre el otro. Al mismo tiempo estoy en el proceso de perdonarme, de dejar de pensar que la otra es mi enemiga sólo porque la están engañando igual que a mí.

Incluso he llegado a pensar que seríamos buenas amigas y lo absurdo que fue llenarme de malos sentimientos con una hermana, quien también estaba siendo utilizada por el mismo idiota que no valora nada, salvo su ego.

Con esta historia espero que las mujeres puedan entender que el centro de una relación debe ser el respeto a una misma y al otro, y que no porque queramos a alguien debemos olvidar nuestros sueños ni nuestra forma de concebir el mundo.

Afuera hay un montón de posibilidades que nadie puede darnos, salvo nosotras. Y no está bien ponernos en contra la una con la otra por hombres que no piensan más allá de su falo.

 

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Especial San Valentín

Esa foto c*lera

Por Jess Ayala

 

Tenía ese horrible vicio de stalkearlo como unas 5 veces al día. Sin tenerlo en ninguna de mis redes. Tenía ese superpoder de armar historias en mi cabeza de acuerdo a lo que me iba enterando y lo que debía ser un complejo pero tranquilo proceso de duelo por su pérdida, poco a poco se convirtió en una agobiante tortura mental.

En facebook era imposible saber de su vida porque tenía privacidad pero en twitter no. Estaba muy pendiente de cada tuit y me volví dependiente del afamado pajarito azul para saber cómo él podía vivir sin mi. Ya saben de qué va esta historia, ¿no? Sobre cómo enloquecemos por estar espiando en dónde no debemos. Después de mucho tiempo me di cuenta de lo mal que estaba y si actualmente están viviendo una ruptura, por favor, no hagan lo que yo. Si ya están listas, comencemos.

Mediante facebook ya había “detectado” a una de sus “amigas”. Estaba segura de que sucedió algo entre ellos durante las tantas veces que nos dejamos pero trataba de no abrirle la puerta al mounstruo de los celos. Ese monstruo que te convierte en una idiota y que te hace perder la seguridad de ti misma. En uno de mis arranques de estupidez, decidí entrar al perfil de aquella mujer y descubrí que entre sus fotos principales había un foto de ellos dos, muy felices, en un lugar emblemático de una ciudad importante. Y aclaro que si no digo qué lugar y qué ciudad son es por vergüenza, me da terror que alguien sepa de quienes hablo, porque por supuesto, ella no sabe que existo. Y no quiero que lo sepa nunca.  

Cómo se podrán imaginar, desde ese momento la o d i é. ¿Por qué? Porque habían hecho un viaje juntos o con su grupo de amigos, como él me explicó mucho después. En ese momento daba igual. El punto es que viajaron juntos, vieron a su banda favorita juntos y tenían una foto juntos. Solos y muy felices. Esa foto culera fue solo la punta del iceberg porque a partir de ella, mi más grave error fue compararme con “la otra” en todo momento: ¿es más bonita que yo? ¿será que la prefiere porque no es celosa como yo? ¿es más inteligente que yo? ¿es mejor persona que yo? ¿ella no se la hará de pedo como yo? Bueno, mi baja autoestima salió a relucir y acabó por sacar lo peor de mi.

Ahora en lugar de stalkearlo a él, la stalkeaba a ella porque al parecer no sabía lo que es tener privacidad en facebook. A partir de lo anterior, el odio incrementó cuando veía que él le comentaba o que le publicaba alguna canción. Así de tonta. Sentí muchas cosas feas que no quiero volver a sentir nunca y estoy segura que no me pondré nuevamente en una situación así porque simplemente es ridículo. Es ridículo odiar a una mujer que no sabe que existes y por ningún motivo tuvo la culpa de tu relación fallida, de tu falta de amor propio y de tus miles de inseguridades. No está bien depositar sentimientos negativos en otra persona, cuando eres tú la que debe lidiar con una serie de comportamientos irracionales que te han hecho olvidar quien eres.

Lo dije antes y lo vuelvo a decir: estoy muy avergonzada de cómo me comporté y del mal que les deseé. No sé que pasó entre ellos, pero sí que sucedió conmigo. Comencé el proceso de quererme un montón, trabajar en mi seguridad y debo admitir que aún sigo en búsqueda de la paz. Mientras tanto, sé con firmeza que ya nunca más quiero volver a encontrarme con esa piedra en mi camino llamada rencor.

 

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Especial San Valentín

¿Cómo superarte?

Por Redacción Somos Violetas

Bien lo dijo Meryl Streep en un bonito y brillante discurso que dio en una entrega de premios, citando a la recién fallecida Carrie Fisher: “Take your broken heart, make it into art” y eso hice. Comencé a escribir de nuevo, encontré viejos borradores que tenía guardados desde la universidad y me concentré en terminarlos. No es precisamente arte, pero ya sabes a qué me refiero, volví a interesarme en algo que verdaderamente me apasiona. Eso es a lo que se refería la actriz: en tiempos oscuros, debes recordar qué es lo que amas, lo que te da fuerzas.

Tu partida, por cuarta o quinta ocasión (han sido tantas que perdí la cuenta), me dejó paralizada de nuevo. Desafortunadamente para ambos, me olvidé de mi por mucho tiempo. Y digo para ambos porque me convertí en una persona desagradable y empezamos a desafiarnos sobre quién dejaría a quién, qué si me salía de tu vida para siempre, qué si ya no me querías, qué si ya tenías a otra y un sin fin de peleas que terminaron por destruir el poco respeto que nos teníamos.

Desde mucho antes de escuchar la valiosa frase de quien interpretara a la Princesa Leia, ya había comenzado a hacer cosas que antes no me hubiera atrevido, por muy tontas que parezcan: ir al cine sola, escuchar tu música favorita sin llorarte y sobre todo, dedicarme a mi. Un hábito que nunca debí dejar. ¿Quién era yo antes de perderme en ti? El viaje de introspección recién comenzaba.

Me repetía miles de veces al día “todo va a estar bien” pero no dejaba de pensarte y extrañarte. Poco a poco me fui ocupando en diversas actividades y con el paso del tiempo me fui sintiendo mejor. Durante el difícil proceso de “sanación” o como le quieras llamar, pude darme cuenta que no hay poder humano, consejo de mejor amiga, terapia o botella de alcohol que te ayude a superar una relación, la decisión es únicamente tuya. Lo cual es un arma de doble filo porque, ¿hasta dónde llegamos algunas personas para ponernos un alto y decirnos “¡ya basta!”? La mayoría de las veces sucede cuando estamos hechos pedazos y ya no nos reconocemos.

Resulta que esto del amor propio y quererse a sí misma es tremendamente poderoso, aunque suene a libro de superación personal barato. This shit is real y como diría Oscar Wilde: “Amarse a uno mismo es el principio de una historia de amor eterna”. Finalmente supe que no era el fin del mundo como yo pensaba y ahora ya no tengo miedo del futuro, a pesar de que no estés en mis planes. Sé con certeza que no te guardo rencor y estoy convencida de que deseo tu felicidad tanto como la mia.

A las personas que están viviendo una ruptura, sólo me queda repetirles: “take your broken heart, make it into art”.