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María Conchita Approves

Más niñas Ajolote por favor.

México es uno de los países con un mayor índice de pedofilia, claro que los titulares nunca lo dicen así, lo que leemos en el periódico es que México es uno de los países con mayor índice en embarazos de adolescentes/niñas. Tristemente en este y en muchos países una niña poseedora de un cuerpo lo suficientemente desarrollado para menstruar y por tanto «para procrear» es percibido por muchos enfermos como el de una mujer. 

Claro, no es sólo eso lo que me lleva a afirmar que somos un país con un problema de pedofilia; también está el no tan lejano ejercicio que surgió en Twitter y luego llegó a Facebook bajo el hashtag #MiPrimerAcoso. Este vino a evidenciar el alarmante problema, y es que la gran mayoría de los testimonios se encontraban en el rango de edades de los 6 a los 10 años. Aún me duele recordar las anécdotas que leí, y no me quiero imaginar las de las mujeres que pertenecen a un estrato socioeconómico menor, porque lo que leímos fue de aquellas con acceso a internet y a un celular –entre otros privilegios– que les permitieron ser capaces de hablar de lo que les pasó.

Todos sabemos que existen más casos allá fuera, más terribles y tristemente aún muy normalizados en ciertos sectores. Ser mujer en un país con un alto índice de feminicidios y uno aún mayor de violencia de género es difícil y peligroso, pero ser niña lo es más. 

Es por estas razones que ya no podemos seguir educando a los y las niñas como lo hemos venido haciendo. Ya basta de hacerles creer que es su culpa, de enseñarles que así son los hombres y que se tienen que cuidar, de enseñarles a callar y también basta de enseñarles a los niños a agredir, porque al justificar al agresor es eso lo que les estamos diciendo: que hay algo en ellos que se activa de forma natural por culpa de ellas. Aunque en el nivel en el que estamos hay que ir un paso más adelante, tenemos que enseñarles a los niños qué es el acoso. 

Y para eso está el maravilloso libro «La breve pero significativa lucha de la niña ajolote» escrito por Carolina Castañeda. Es una novela gráfica muy divertida, en la que seguimos a Ajo, quién está pasando por la pubertad y es por lo mismo una adolescente con muchos cambios de humor, que se desespera por lo mismo y que en definitiva no quiere pasar por nada de lo que está pasando. Y todo es risas y diversión hasta que un hombre acosa en el transporte público a Ajo, quien por suerte es defendida por otros pasajeros. 

La novela es muy sencilla de leer, la forma en la que tocan el tema es accesible para los niños y por la forma en la que Ajo junto con su familia pasan por esto da esperanza. Es un libro que toda niña debería poder leer, y yo cada que puedo lo recomiendo en la librería como lectura conjunta entre padres e hijos, y cada vez que me han hecho caso siento que he contribuido un poco, así sea solo en la vida de esa niña en particular.

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María Conchita Approves

Seamos ese Tsunami

Tsunami hace honor a su nombre y arrasa con uno, es imposible leerlo y quedar indiferente. Gabriela Jauregui se merece una ovación de pie por haber reunido tan buenas voces que ponen en el panorama algunas de las realidades a las que se enfrentan las mujeres aquí en México, y estoy segura estas realidades se replican en América latina. 

Jauregui explica en el prólogo que ya no podemos seguir hablando de olas feministas, y tiene razón. Esas divisiones implican que cada generación u ola está dividida completamente, y tal vez en principio fue así, pero ya no lo es. Las olas se mezclan, las de las generaciones antiguas, las de nosotras y las que vienen tenemos que dejar de dividirnos, no avanzaremos así, tenemos que ser como el tsunami que armó Jauregui en un libro: una gran comunidad que escucha, comprende y actúa activamente para lograr erradicar el machismo que nos hiere a todos por igual.  

Y para empezar, este libro es una muy buena opción. Porque nos da un atisbo de lo que hay allá afuera. Uno de los textos que más me impresionó del libro fue el de Yasnaya Elena, quién pertenece a la comunidad mixe y es por tanto indígena. En su texto habla de la difícil relación de las mujeres indígenas ante el feminismo: ellas ya están atravesadas por una cuestión aún mayor, su identidad está marcada por la de ser indígenas y lo que eso implica a nivel estado e individuo. Es un texto fuerte, que provoca preguntas, que en definitiva te hace notar un privilegio que no sabías que tenías, solo por no pertenecer a una comunidad indígena. 

Otro texto que me impresionó fuertemente fue el de Daniela Rea; su contribución son los fragmentos de un diario que abarca su proceso de maternidad. Ella quería ser madre, pero querer serlo no significa que el proceso sea fácil o incluso que todo el tiempo sea bonito y así lo vemos en su diario. Es para mí uno de los textos más íntimos del libro, e igual de los más difíciles de digerir. Rea tiene dos hijas y las ama pero la maternidad la rompe, la hace cuestionarse, la hace no entender. Y le agradezco, porque siento que lo que hizo fue darnos permiso de atisbar un lado de la maternidad que no cualquier mujer permite ni aceptar para si, ni que nadie más vea.

Si el de Rea es un texto íntimo, el de Sara Uribe es casi una invasión a su vida privada. Nos permite llegar a más profundo de ella; habla del maltrato de su padre, de la violencia que vivió su madre y de cómo terminan ella y su hermana sin tutor ante el estado. Sara logró salir de ahí, logró salir viva y sabe que pudo no ser así y hacia el final del texto se rompe con los recuerdos, ni ella misma sabe cómo pudo escribirlo, y uno no sabe qué hacer con lo que lee. 

Y es que eso es lo que pasa con el feminismo: en algún punto uno ya no sabe qué hacer. Porque parece que el mundo se te viene encima, ver y entender la violencia que siempre ha estado allí velada y encubierta de normalidad genera angustia y parece que nunca va a acabar. Es por eso que no podemos seguir dividiéndonos por olas, por generaciones ni por nada más. Es por eso que necesitamos aprender a escucharnos y acompañarnos, porque enfrentarlo solas nos acaba, la fuerza está en el tsunami: tenemos que ser esa fuerza que lo sacuda todo, que elimine aquello que ya debe desaparecer.

Hay más textos en el libro, algunos menos difíciles de digerir, lo que me parece una elección acertada por parte de Jauregui: el libro hiere por las realidades pero también sana, igual que el feminismo.

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María Conchita Approves

Adoctrinamiento

Me encanta la gente que cree que la comunidad LGBTTTIQ busca convertir a los demás, o aquellos que se quejan de que estamos exigiendo demasiado al pedir mayor representación en las obras de ficción populares (películas taquilleras, series infantiles, series en general), y digo que me encantan porque son los mismos que ven normal y hasta bromean con niños chiquitos preguntando si tal o cual compañerita es su novia y viceversa.

Vivimos en una sociedad que sexualiza a los niños incluso antes de nacer dependiendo de sus genitales. Un bebé que aún es incapaz de sostenerse en pie, de hablar e incluso de razonar lleva ropita de un color u otro y se le asigna un género. Cuando van creciendo se les va guiando para que sus respuestas sean acordes con la idea de lo que es «ser hombre» o «ser mujer» y los ejemplos que ven en las caricaturas/series corresponden a estos mismos constructos sociales. Así es como los niños empiezan a hacerse una idea de lo que es o no «normal». El quién te atrae forma parte de esta educación: a los niños se les enseña desde pequeños que lo que es normal y está bien es que te atraiga alguien del género contrario, y nada más. De esta forma son adoctrinados desde pequeños, no son criados para ser quien pueden llegar a ser independientemente de su género: son criados para responder a lo que la sociedad espera de ellos con base en el mismo.

Por eso es que los miembros de la comunidad buscamos, queremos y exigimos más representación en los medios. Siempre hemos estado aquí, y siempre hemos sido así, porque por más golpes de pecho que se den: es natural. Lo que queremos lograr con la representación es que además de natural sea normal, es decir, que todo niño crezca sabiendo que está bien y sea capaz de alcanzar su potencial sin llenarse de prejuicios por la persona a quién ama o por su identidad de género.

Así que esta ocasión les traigo unas cuantas recomendaciones especiales para el mes.

But I’m a cheerleader

Esta es un de mis favoritas porque es una comedia romántica, es decir es una historia de éxito. Existe mucho cine queer que tiende a ser doloroso, es un cine muy importante, representa todo lo que la comunidad ha sufrido y sigue sufriendo, así que es bueno que esté ahí. Nos ayuda a abrirle los ojos a los demás, pero nos hace falta igual más material esperanzador y «But I’m a cheerleader» es una de esas joyas.

La protagonista es enviada a un centro de conversión por sus familiares, quienes son los que la sacan del clóset. Ella al principio niega su homosexualidad incluso para sí misma, y el hecho de que se de cuenta y se acepte estando en el campamento es verdaderamente genial. El humor de la película es muy bueno y realmente vale mucho la pena.

Tales from the closet

Tristemente para esta recomendación deben saber inglés *sighs*, es un podcast/vodcast llevado por Ally Beardsley, que surge del canal de Youtube College Humor –un canal de comedia altamente feminista y LGBTTTIQ–.

Ally, quién está haciendo el proceso de transición, invita a personas del medio artístico en el que se desenvuelve y que son parte de la comunidad, como el nombre lo menciona, hablan del periodo de tiempo en el que estuvieron en el clóset y cuentan anécdotas al respecto. También cuentan cómo fue su proceso de salida y sobre cuestiones de género. Cada capítulo tiene una palabra o término clave que es un estereotipo y es un tema que discuten ampliamente y al final responden preguntas. Es un show ameno, en el que como oyente te identificas y muchas veces terminas entendiendo o viendo cosas que no habías notado desde la letra a la que perteneces en el espectro.

Fun home

Este es un cómic maravilloso de Alison Bechdel (creadora de una tira llamada «dos lesbianas de cuidado que tristemente aún no leo y del test Bechdel). Es de tinte autobiográfico y en el habla de su relación con su padre y de sus memorias de infancia. Bechdel crece en un pueblo pequeño de Estados Unidos, el negocio familiar es una funeraria y vive en una casa antigua que su padre restaura. Al mirar su pasado analiza cosas que no había tenido en cuenta y por eso todo comienza a encajar, y es que cuando era niña no sabía que su padre también era homosexual. Es una obra muy íntima y a la vez impresionante.

Para no excederme tanto y quedarme sin recomendaciones aquí pararé. Espero alguna sea de su agrado y espero que cada vez exista más contenido realista: porque los miembros de la comunidad somos una realidad, estamos aquí y aquí seguiremos.

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María Conchita Approves

Yo no quería ser feminista

Por María Conchita

Un día, hace unos cuantos años, me di cuenta que era feminista. Yo venía del «ni machismo, ni feminismo, igualitarismo», así que cuando me di cuenta que era feminista sentí en primer lugar una vergüenza enorme; ¿Cómo me había atrevido a usar ese tipo de expresiones? ¿Cómo osaba hablar de un movimiento que no conocía y juzgarlo por lo que me habían enseñado los medios del mismo? ¿Cómo era capaz de ir por ahí pensando que el feminismo estaba bien antes pero que ahora eran todas radicales? Realmente tenía ganas de poder hablarle a la yo del pasado para decirle: no tienes idea de lo que hablas, infórmate antes de seguir regándola. A veces me gustaría poder negar esa etapa, y más porque incluso en ese entonces –y desde antes– había en mi algo del feminismo.

Esas bases me venían de libros que habían caído en mis manos, de series e incluso de un par de caricaturas: mi «Orgullo y prejuicio» releído hasta el cansancio; «Naná» que leí a una edad tal vez algo inadecuada; «Kim possible» que veía cuando era niña; «Xena la princesa guerrera» personaje al que aún admiro e incluso «Bones», serie de la tomé como modelo a seguir a la doctora Brennan cuando era adolescente. En fin, también fui seguidora de muchas otras en donde habían personajes femeninos fuertes, que contrario a lo que me querían enseñar en casa, no tenían como meta en la vida casarse –aunque un par de esos personajes lo hicieran–, no tenían que aprender a hacer los quehaceres de la casa para que su esposo no les fuera a maltratar, no tenían porqué estar siempre preocupadas por ser delgadas y bonitas y no tenían que seguir los estándares que se esperaban de una buena mujer. Ese tipo de contenido me hizo combativa en primer lugar y me llevaba a cuestionar cosas en casa.

Yo estaba más que lista para ser feminista, solo me faltaban lecturas un poco más afines para auto nombrarme como una, o tal vez conocer a alguna otra, era el paso natural. Pero hubo algo que se interpuso en esa transición: los medios de comunicación. Llegaron a mí presentándome una idea deforme del feminismo que me hizo verlo como algo que no iba con mis principios. Me recuerdo en la preparatoria, hace un aproximado de 10 años, viendo en la televisión una cápsula del feminismo en el que se supone era un programa serio. Hablaban del movimiento sufragista y cómo logró que la mujer pudiera votar así como los primeros logros del feminismo, que de acuerdo al programa eran los necesarios, seguían la historia hasta la radicalización de los añops 70 y entonces tergiversaron la historia, dándole un peso mayor del que tuvo a una mujer, (cuyo nombre no recuerdo) quien quería la desaparición de los hombres, no explicaban que era en realidad el movimiento radical de los 60/70, y tomaban ese ejemplo aislado como el camino que tomó el feminismo.

Después hice una búsqueda superficial en internet y lo que encontré tampoco favorecía al movimiento, se trataban de páginas desinformadas en donde se les tildaba de mujeres llenas de odio que eran extremistas. Con esa idea viví varios años y me negaba al feminismo por lo mismo. Lo que provoca la comodidad de la ignorancia.

Rememoro todo esto después de terminar de leer: «Mamá, quiero ser feminista» de Carmen G. De la Cueva, libro que es una especie de autobiografía del feminismo personal. Carmen nos invita a dar un recorrido por su vida y como en ella todo estuvo dispuesto por azares del destino para convertirla en feminista. Vamos leyendo que mujeres tanto ficticias como reales la fueron tomando de la mano en distintos momentos del camino para poder llegar al feminismo. Nos revela sus experiencias y como el ansia de saber que lleva dentro desde chica le impulsó a investigar y ahondar cada vez más.

El ritmo de la lectura es sumamente ameno y Carmen no tiene problema con realmente dejarnos conocer sucesos privados, pues como ella misma dice nos falta eso, poder contar las cosas para hacerle saber a las demás que no están solas, que todas pasamos por aquí y tenemos las mismas dudas y nos ahorramos en los mismos baches, pero lo más importante es que salimos de ellos.

Leer este libro es hermoso, mi vida ha sido radicalmente diferente a la de Carmen, pero sus experiencias no me son ajenas; como mujer he pasado por cosas similares y sus dudas han sido las mías, han sido las de miles. Me he agobiado por mi cuerpo; su forma, su peso, su sexo y en efecto no he podido en momentos hablar de ello, me he sentido sola por no encajar en un rol que en teoría de forma natural debería estar en mi, me he sentido mal por seguir preocupándome por cosas que en teoría como feminista «no debería», en fin el texto de Carmen ha resonado en mi.

Agradezco encontrar este libro ahora, pero no dejo de pensar en lo hermoso que hubiera sido encontrarlo antes, tal vez hace unos 10 años, un par de días antes de ver ese programa, así Carmen me habría ayudado a entender qué era una feminista y la gran soledad que cargué por muchos años se habría visto reducida.

Les recomiendo mucho este libro; sí son ya feministas les hará recordar sus propios procesos y les llevará, como a mí, a querer hacer esa autobiografía feminista personal. Y si están averiguando si lo son: acérquense a Carmen y cuando terminen les estaremos esperando con los brazos abiertos en el movimiento.

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María Conchita Approves

Viene de familia

It runs in the family

febrero 28, 2018

All day I’ve been wondering

What is inside of me

Who can I blame for it?

Termina la canción y suelto aire, no sabía que estaba lo conteniendo sino hasta ese momento, cuando me doy cuenta de la tensión que fui acumulando mientras veía y escuchaba a Amanda, mi cuerpo está en shock como mi mente, estoy agitada, estoy nerviosa, estoy maravillada; la canción y el vídeo me golpearon como hace mucho nada lo hacía, tengo que volver a escucharla, tengo que volver a verla:

Me? Well I’m well

Well, I mean I’m in hell

Well I still have my health

At least that’s what they tell me

If wellness is this

What in hell’s name is sickness?

La reproduzco tres, cuatro, ya no sé cuantas veces más, el golpe emocional es tremendo cada vez, la canción me recorre entera, me hace suya, no entiendo, no logro entender cómo lo hace, cómo pudo hacer algo como eso, tan perfecto, tan triste, me rompe, me rompo, no creía poder romperme más en esta vida y ahora aquí estoy, deshecha, por una canción que dura dos minutos con cuarenta y siete segundos.

Mary have mercy

Now look what I’ve done 

But don’t blame me because I can’t help where I come from 

And running is something that we’ve always done 

Well and mostly I can’t even tell what I’m running from 

Necesito escucharla otra vez, y otra vez y otra vez, no puedo parar, lo necesito, necesito saber de memoria cada palabra, necesito conocer las inflexiones de su voz en cada una, necesito la tensión que provoca en mí, el dolor que me hace revivir, necesito eso, que me hiere y me libera, quiero escucharla a un volumen tan alto que no pueda escuchar nada más, necesito volverme una con la canción, quiero cantarla, quiero gritarla, quiero desaparecer con ella una vez termine, quiero durar solo dos minutos con cuarenta y siete segundos y después desaparecer con ella, pero no es así, por lo que la tengo que reiniciar, una y otra y otra y otra vez.

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Ha pasado más de un año de mi encuentro con «It runs in the family», un año de que tuve que redactar lo anterior, porque no quería olvidar el impacto inicial. No era necesario, me sigue pasando lo mismo, me sigue vaciando de todo, me sigo volviendo una con la canción. Pero si hay una diferencia entre esa persona y yo: durante todo este tiempo transcurrido he cambiado, no soy ya la misma, no me encuentro en el estado emocional que estaba, he trabajado tanto en mi y aunque aún tengo demasiado camino que recorrer en esta construcción constante de mi persona, estoy satisfecha al darme cuenta de lo mucho que he avanzado.

Comparto la experiencia inicial que esta canción tuvo en mi después de escuchar el podcast sobre salud mental de Somos Violetas. Cuando Jess me dijo que este sería el tema pensé en retomar y ampliar este texto pero no sabía en qué dirección, al menos no hasta que escuché el podcast. Y es que en algún punto mencionan lo caro que puede ser ir a terapia, y entienden que con los salarios de muchos llega a ser imposible. Para mí lo es.

Cuando estuve en la facultad acudí brevemente al servicio que allí ofrecen, es económico y si eres estudiante de la universidad sale más barato, pero aun así por esa época me era casi imposible costear las sesiones. Además el psicólogo que me tocó no me llegó a inspirar realmente confianza, me hacía sentir como en «Viernes de locos», solo se sentaba y me dejaba hablar y me preguntaba cómo me sentía, nunca apuntaba nada y yo seriamente dudaba que le interesara siquiera, pero no me atreví a cuestionarle. No estoy diciendo que sea un mal servicio, tampoco que ese método sea malo, tengo entendido que existen métodos diferentes y que dependen tanto del terapeuta como del paciente, además sé que muchas veces es cuestión de buscar con quién estés más cómodo, sólo qué… para eso se necesita dinero.

¿Qué pasa con nosotros? Los que ganamos lo suficiente para poner un techo sobre nuestras cabezas, comida en la mesa, para pagar pasajes, y nos sobra lo mínimo, para tal vez ir al cine una vez al mes, pero no para pagar una sesión de una hora de no sé, ¿400 pesos aprox? Hay quien te puede decir, desde una clase social distinta que vale más eso, que juntes el dinero, que te prives de cualquier gasto extra y vivas lo más austero posible para pagarte la sesión, porque te beneficiara más, y lo dicen tan campantes.

No entienden nada.

El estrés del saberse sin nada más que lo mínimo aunado a la privación de las escasas libertades solo genera más frustración que no se ve compensada con una hora de sesión cada que te alcance. Pero entonces, se estarán preguntando, ¿Cómo le hago? ¿Cómo se lidia con todo eso sin la posibilidad de acceder a un psicólogo? ¿Cómo vivir así? ¿Se puede hacer algo? ¿Se puede salir?

La respuesta es sí. Es posible ayudarse un poco, cada quien tiene sus maneras de lograrlo, pero diría que las dos más importantes –desde mi experiencia personal– son conseguirse una red de apoyo, gente con la cual poder hablar. Lo ideal serían los amigos, en mi caso tengo la fortuna de tener gente maravillosa a mi alrededor con una formación humanista que tienen la capacidad de analizar y notar aquello que yo, desde dentro soy incapaz de ver, pero para quienes no tienen esa fortuna: existe el internet. Sé que podría ser peligroso, no les estoy invitando a hablar con cualquier desconocido y soltar los detalles de su vida, pero si a buscar, existen foros y grupos de apoyo en línea, y el simple hecho de poner en palabras el dolor ayuda más de lo que parece, porque le quita esa sensación de que es solo cosa nuestra o de que estamos exagerando: nombrar ayuda a empezar a sanar.

La segunda manera de ayudarse es consumir y/o crear el material que necesites. Conozco personas que evitan a toda costa cosas que les recuerden eventos traumáticos para evitar revivirlos y lo comprendo. Si te ves forzado a ello más que ayudarte a sanar te estás hiriendo más, pero eso no quiere decir que no haya nada allá afuera que de a poco te ayude a ir acercándote a lo que te genera dolor sin hacerte revivir el trauma en sí. Y si no lo existe te toca crearlo, sacarlo de ti de una forma u otra, pero el trabajo ahí apenas comienza, no se trata solo de limpiar la herida, se trata de sanarla. Muchas veces nos quedamos con la limpieza; sacamos lo que nos hiere y le dejamos la puerta abierta para volver, extendemos el dolor pero no lo analizamos, no nos preguntamos porqué nos duele, no trabajamos en ello y si no lo hacemos: NOS VA A VOLVER A DOLER IGUAL.

El problema es que muchas veces no queremos trabajar en nosotros porque implica un esfuerzo enorme. Le tenemos miedo al dolor de enfrentarnos, de darnos cuenta que la responsabilidad está en nosotros y en nadie más, pero a lo que más miedo le tenemos, es a saber que nunca será un trabajo concluido. Las cosas seguirán pasando y afectándonos en mayor o menor medida, porque así funciona la vida, y tendremos que seguir trabajando para que en vez de ser un sujeto pasivo que sufre y soporta seamos un sujeto activo que lidia y crece.

El año pasado, Amanda Palmer me sacudió: yo estaba pasando por un momento emocional difícil, ya había asumido que así funcionaba mi vida, periodos largos de estabilidad, o más bien de un stand by, en los que ignoraba alegremente las cosas que me dañaron, seguidos de periodos intensos de un dolor que sentía erróneo, pues mis problemas eran mínimos comparados con los de otra gente. Y de repente llegó Amanda con una canción tan breve e intensa como mi dolor, que lo atacaba justo en el núcleo. Me obligó a darme cuenta que no podía ya quedarme ahí, que me tocaba avanzar.

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María Conchita Approves

#AmigaDateCuenta de Plaqueta y Antonella

Por María Conchita

Una de las mejores formas de entender el mundo es leyendo. No lo digo por ser literata, sino porque un libro nos presenta un mundo distinto, ya sea de ficción o una representación de nuestra realidad a través de los ojos de alguien más. Mientras más leemos, más panoramas acumulamos, formamos los propios y nos cuestionamos la visión del mundo que tenemos, es ahí donde radica la grandeza de la lectura.

Para que esto suceda es claro que nuestro consumo de libros debe ser variado, probar de todo nos permite tener perspectiva y formarnos. Es normal que en el camino nos inclinemos por cierto género o historias que tengan un eco en nuestra narrativa personal y también es normal que en algún punto abandonemos esas lecturas por otras más ad hoc a la persona que se encuentra en plena transformación. Y es que los libros que leemos son en gran parte responsables de quién somos y también un poco en quién dejamos de ser.

En la última década, por una serie de factores bastante afortunados, la cultura popular ha cambiado la visión que tenía sobre el acto de leer y eso ha dado lugar a que la industria editorial se haya volcado al público joven dando resultado a un vasto material creado especialmente para ellos. Dentro de este boom han surgido libros que buscan orientar a los jóvenes, uno de esos ejemplos son los ya tristemente clásicos “Quiuboles”.

Una cosa que no suelo admitir, —porque como es de imaginarse me provoca vergüenza— es que estoy familiarizada con dos de las versiones del Quiúbole, para ser más precisa con la edición tanto femenina como masculina. En mi adolescencia cometí el error de pedir ese libro que me ofrecía respuestas a cosas que en definitiva no quería preguntarle a mi madre, y, aunque en efecto traía un par de respuestas, también estaba cargado de clichés y estereotipos que solo lograron aumentar la brecha entre quién era y quién «debía ser».

Por suerte para mi, el consumo posterior que habría de tener (tanto en literatura como en otros medios narrativos), me encaminó hacia un sendero que aminoró las distancias lo suficiente para aceptarme y quererme tal cual soy hoy en día.

Es por ello que cuando llegó a mis manos el «Amiga date cuenta» con su portada llena de glitter e ilustraciones que siguiendo estereotipos podríamos considerar femeninas, pensé en primera instancia que sería una versión millenial del Quiúbole para chavas. Pero aunque ambos ofrezcan en teoría lo mismo, existe una enorme diferencia: uno es feminista y el otro no. Y creo que sin tener que decir nada ya saben cuál es cuál.

Recuerdo vivamente como en el Quiúbole existía un sub capítulo completo dedicado a los colores y su significado en la vida cotidiana; también recuerdo que abordaban el tema de cómo ligar, de todos los tipos de chicos que existían y en ella había un fragmento en el que decía que si un chavo te molestaba era porque le gustabas *inserte rolleye*.

En especial recuerdo una sección en donde abordaban la autoestima, el “objetivo” era hacerte sentir bien y con esa supuesta intención describían los distintos tipos de personas y como no por tus características físicas iba a medrar el cómo te sintieras por ti mismo. Entre los ejemplos había uno que decía: «Gordita pero buena onda» y ese «pero» me persiguió un tiempo.

El amiga date cuenta es feminista.

El amiga date cuenta busca empoderar. Habla del cuerpo; te informa que es tuyo y puedes hacer con él lo que quieras, desde compartirlo hasta explorarlo y darle placer tu misma. Por ello mismo habla del clítoris, del mito de la virginidad, de los métodos anticonceptivos, de la copa menstrual y del aborto. También habla de ser tú misma, quien quiera que eso sea y como sea que te identifiques, así es: habla de género, de la comunidad LGBT con todas sus siglas. Pero lo más importante es sin duda el último punto del libro: el feminismo. Y es que existe toda una sección dedicada al movimiento, es claro desde un principio que esta es la postura de las autoras, pero ya en este punto se ponen las cartas sobre la mesa. Se habla del feminismo desde dentro, se desmitifica, se habla de su lucha, sus logros y lo que aún le falta.

Este libro es una joya, su lenguaje claro y su narrativa sencilla y amena lo hace perfecto para guiar nuevas mujeres, libres y dueñas del conocimiento. Este libro es un amigo, un compañero y sobre todo un puente: es un libro que invita a investigar, a preguntar a platicar y a crecer.