A Karla.

Bien lo dijo Meryl Streep en un bonito y brillante discurso que dio en una entrega de premios, citando a la recién fallecida Carrie Fisher: «Take your broken heart, make it into art», y eso hice. Comencé a escribir de nuevo, encontré viejos borradores que tenía guardados desde la universidad y me concentré en terminarlos. No es precisamente arte, pero ya sabes a qué me refiero, volví a interesarme en algo que verdaderamente me apasiona. Eso es a lo que se refería la actriz: en tiempos oscuros, debes recordar qué es lo que amas, lo que te da fuerzas.

Tu partida, por cuarta o quinta ocasión (han sido tantas que perdí la cuenta), me dejó paralizada de nuevo. Desafortunadamente para ambos, me olvidé de mí por mucho tiempo. Y digo para ambos porque me convertí en una persona desagradable; empezamos a desafiarnos sobre quién dejaría a quién. Empezó el juego del «que…»: que si me salía de tu vida para siempre, que si ya no me querías, que si ya tenías a otra. Todo era un sin fin de peleas que terminaron por destruir el poco respeto que nos teníamos. Desde mucho antes de escuchar la valiosa frase de quien interpretara a la Princesa Leia, ya había comenzado a hacer cosas que antes no me hubiera atrevido, por muy tontas que parezcan: ir al cine sola, escuchar tu música favorita sin llorarte y, sobre todo, dedicarme a mí. Un hábito que nunca debí dejar. ¿Quién era yo antes de perderme en ti? El viaje de introspección recién comenzaba.

Me repetía miles de veces al día «todo va a estar bien», pero no dejaba de pensar y extrañarte. Poco a poco me fui ocupando en diversas actividades, y con el paso del tiempo me fui sintiendo mejor. Durante el difícil proceso de «sanación» o como le quieras llamar, pude darme cuenta que no hay poder humano, consejo de mejor amiga, terapia o botella de alcohol que te ayude a superar una relación, la decisión es únicamente tuya. Lo cual es un arma de doble filo porque, ¿hasta dónde llegamos algunas personas para ponernos un alto y decirnos «¡ya basta!»? La mayoría de las veces sucede cuando estamos hechos pedazos y ya no nos reconocemos.

Resulta que esto del amor propio y quererse a sí misma es tremendamente poderoso, aunque suene a libro de superación personal barato. This shit is real y como diría Oscar Wilde: «Amarse a uno mismo es el principio de una historia de amor eterna». Finalmente supe que no era el fin del mundo como yo lo pensaba y ahora ya no tengo miedo del futuro, a pesar de que no estés en mis planes. Sé con certeza que no te guardo rencor y estoy convencida de que deseo tu felicidad tanto como la mía.

A las personas que están viviendo una ruptura, sólo me queda repetirles: «Take your broken heart, make it into art».

 

Edición de texto: Natalia Pech.

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