Luz descubrió el propósito de su vida en la aventura de viajar; sintiendo que no pertenecía en ningún lugar encontró su camino en el mundo explorando sus rincones.

Escrito por una luciérnaga curiosa.

Por Luz Osiris Gómez U


Una luciérnaga ignora su suerte
En la oscuridad se siente indefensa
desconoce que en su mayor miedo reside la fuente de todo su poder
y al mismo tiempo toda su belleza.
Sin saberlo ella nació para brillar
Brillar con fuerza y su  mejor virtud es
que en su debilidad decide siempre mostrarse
enseñando a otros el propósito de su viaje… ¡iluminarse o morir!
Y esta también es manera de enseñar el camino a otros que también  lo buscan.

Recuerdo que desde muy pequeña me fascinaba leer libros de aventuras en tierras exóticas y lejanas. Mis hermanas y yo crecimos gracias a la curiosidad y motivación de mi padre rodeadas de incienso, estatuas de dioses egipcios, música balcánica, tibetana, hindú, árabe entre libros de metafísica, astrología, karma, reencarnación y  vida en otros planetas.

Tuve una infancia muy atípica para haber nacido en un pueblo pequeño que también era en gran  modo muy conservador. La gente se cuidaba mucho del qué dirán, e intentaban no sobresalir, no hacer escándalo, imagínense que destino podía esperar el  soñador, el rebelde, el pionero, el visionario o revolucionario que osara a marcar la diferencia y si además fuese mujer. Alerta, esto era una bomba de tiempo que en algún momento explotaría.  Este pueblo comenzaba a quedarse pequeño para alguien que soñaba tanto y en grande.

Aunque amo mis orígenes nunca me sentí verdaderamente arraigada. El destino tal vez me daba sus primeras señales. Muchas veces me sentí “rarita” e incomprendida porque desde muy temprano tuve muy claro y defendía con vehemencia el hecho de no estar solos ni en este planeta ni en el universo.  Formamos parte de un conjunto multicultural infinito lleno de muchos sabores, colores, aromas, sonidos, lenguas y matices… a muchos esto posiblemente les daría miedo, pero a mi en vez me provocaba una enorme curiosidad y muchas ansias por descubrirlo.

En la escuela me hicieron bullying aunque en mis tiempos esa palabra aun no se había inventado. Pero eso fue lo mejor que pudo sucederme: los tiempos difíciles son los que te enseñan a ver en realidad quién eres y descubrí que yo era una persona que no se conformaba con poco. Solo fue cuestión de tiempo que la fruta madurase y comenzara a vivir las recompensas de mis sueños y mi curiosidad.  


Estudié idiomas y han sido hasta hoy mis “llaves” para descubrir el mundo acompañadas de mi deseo y pasión por explorar. Empecé viajando dentro de mi región, luego a recorrer todo el país trabajando como guía de aventura para turistas franceses y poco a poco la lista comenzó a extenderse como magia porque viajar se hace más fácil cuando te crees posible.

He “gitaneado” más de lo que me esperaba en esta vida, viajando y viviendo nuevas e inolvidables aventuras en Venezuela, República Dominicana, Cuba, Argentina, España, Francia, Indonesia, Tailandia, Malasia. Actualmente vivo en Chile encontrándome de nuevo como al principio de esta historia: en la búsqueda de nuevas aventuras.


Después de tres años de vivir en la temida zona de confort, decidí replantearme todo y crear un mundo nuevo en el cual solo yo dirijo el timón. Me tomé un año sabático  y en ese tiempo reconecté con mi origen: Venezuela de la cual hace muchos años salí y cuando me marché la gente decía que era una loca hippie sin remedio y años después la misma gente me expresa su admiración al llamarme una trotamundos. Siempre es necesario saber de donde vienes para entender hacia dónde te diriges.


Luego de visitar a mis padres y compartir con los afectos hice el segundo viaje más grande de mi vida: llegué al sudeste asiático, lugar que me cambió por completo y el cual me hizo entender que el mundo y su magia no tienen límites, porque los límites solo los pones tú. Fue en aquél sitio en el que curiosamente sentí por primera vez que había llegado a casa.

Viajar sola ha sido en todos estos años la constante, y a pesar de lo que muchos piensan, tenerte a ti misma como compañera de ruta es la sensación más empoderante que una mujer puede llegar a tener. Es conectar con tu intuición, seguir tu corazón y conectar con lo más auténtico de tu esencia. Nunca me he sentido tan a gusto, no es lo mismo estar sola que sentirse sola y una vez que te atreves jamás dejarás de moverte.


¿El secreto? Muchos piensan que para viajar hay que tener mucho dinero, mucho tiempo libre, todo planificado pero a la final eso es lo menos importante.

Yo siempre respondo que el secreto está en las ganas, para viajar a tus anchas solo tienes que creer que te lo mereces, y cuanto más convencida te encuentres de ello el mundo desbordará sus mejores atenciones para recompensarte.

Para viajar no necesitas suerte, necesitas moverte, el propósito del viaje es y será siempre el mismo de la luciérnaga: ¡iluminarse o morir!

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