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Hace un tiempo que mis amigos bromeaban acerca de mi noviazgo. Muchos lo tomarían como algo normal, los amigos que están moleste y moleste porque somos la única pareja en un grupo de hombres – sí, soy la única mujer en un grupo de varones -. No me habría inmutado para nada si un comentario no me hubiera llamado la atención: “Es que tú eres el hombre de la relación porque eres la activa, la dominante”. Eso hizo sonar mi campana, alguien detenga el mundo. ¿Desde cuándo ser una mujer activa, dominante y que no tiene miedo de estar en un grupo de hombres te convierte automáticamente en el hombre de la relación? ¿Pudiera ser que  mi comportamiento es varonil?, ¿hay posibilidad que mi novio sea demasiado femenino? Pero incluso estas preguntas están cargadas de estereotipos propuestos e impuestos en y por nuestra sociedad machista. Y tú lector, te preguntarás, ¿por qué es así?, ¿de dónde sacan que es así?, ¿qué pruebas tienen de que el hombre es varonil, y que la mujer es femenina? Si analizáramos los términos varonil y femenino serían descritos de esta manera:

  • Varonil: Adjetivo relativo del varón: Propio del varón // Esforzado, valeroso y firme[1].
  • Femenino/a: Adjetivo propio de la mujer: Relativo a este ser // Frágil, endeble[2]

A pesar de que esto se encuentra en un diccionario enciclopédico yo digo que no, no es así. Ni la mujer debe ser frágil y endeble, ni el hombre debe ser esforzado, valeroso y firme. Que sí, hay mujeres frágiles y hay hombres valientes, pero considero que esto no debe tomarse como un deber ser, es decir, que no debe ser una obligación de acuerdo al género. Una mujer y un hombre pueden ser como ellos quieran y expresar como se sientan. Una mujer puede ser valiente y un hombre puede sentirse frágil y ser frágil sin que se les juzgue. Ahora, ¿qué tiene que ver con lo primero? Que de acuerdo al diccionario, y por tanto a una denominación escrita, soy una mujer con personalidad relativa o propia del varón. No, no me molesta que me equiparen al hombre, para mí somos equitativos, lo que me confunde es cómo soy encasillada, cómo me hace menos mujer; casi como si ser el hombre de la relación me elevara de rango porque domino, porque soy activa.

Mi novio, como la gran persona que es, no se inmuta, se ríe y dice: eso es sexista, sin ir a más. No se hubiera vuelto molesto, si no hubiera sido porque esto se repitió en numerosas ocasiones con otros amigos: tú eres el hombre de la relación, me decían. Entiendan, no es así. Yo no domino a mi pareja, simplemente mi personalidad es más ruidosa que la de él, más sociable, más extrovertida. Somos diferentes y eso está bien, no es necesario encasillarnos en un rol. Pero mi novio, tan tranquilo y despreocupado, intenta calmarme diciendo: Los estereotipos no nos definen como pareja y menos como persona. Lo sé y lo entiendo. Sin embargo, no soy una mujer que se quede callada y alzo la voz si algo no me gusta. Por eso en este ensayo, que a la vez considero una opinión y petición, quiero decir: Ya basta, dejen de encasillar a la gente y colocarla en un rol, menos si no se los pidieron. No existen hombres con actitudes femeninas, ni existen mujeres con actitudes masculinas o varoniles, sólo existen personas con actitudes propias de cada quien.

Por eso quiero tocar tres puntos que pienso la gente debe tener en cuenta antes de opinar sobre el rol que cumple la pareja en la relación de alguno de sus amigos. En primer lugar, no sabes si con este comentario vas a incomodar a la persona o la pareja a quien se lo estás diciendo; en segundo lugar, muchas veces la pareja no es consciente, como en mi caso, del rol que toman y esto es porque no les importa y no se les ha pasado por la cabeza que están cumpliendo un rol que, en muchos comentarios que he escuchado, no les corresponde pero, de nuevo, esto no es una verdad universal. Si yo no sigo un rol que tú consideras que me corresponde o no, no me interesa. Tú puedes seguir tu rol según tus pensamientos, criterios y creencias pero no puedes decirle a los demás qué es correcto y qué no. Simple; y en tercer lugar, no todos los noviazgos son iguales. En este mundo hay demasiadas personas como para vivir encasillándolas a todas. Por ejemplo, en casos individuales, un hombre que no quiere tener relaciones sexuales no lo hace un marica, y una mujer que disfruta de ellas no la hace una puta; en casos de pareja, una mujer que es líder en su relación no la hace masculina -muchas veces esto viene acompañado de lo siguiente, y cito el comentario de una amiga, que vas a tener que arrastrar a tu novio para hacer las cosas -,  y un hombre complaciente que prefiere seguirle la corriente a su pareja no lo hace un mandilón o que tiene una correa para que lo arrastren o lo obligue su pareja a obedecer, como un animal domado. Absténganse, gente.

De igual manera, recomiendo omitan comentarios que puedan lastimar a sus amigos si no están de acuerdo en algo en su relación. Por supuesto, lo digo porque me pasó exactamente eso. Hace un tiempo un amigo muy cercano se enteró de que un día de tantos invité, es decir, pagué la entrada del cine a mi pareja y luego nos fuimos a cenar a una pequeña cafetería donde compartimos la cena, que también pagué yo. Me dijo que aquello era una aberración y que yo era una vergüenza, que no debería sentirme orgullosa ni tomarlo como algo normal porque el hombre es quien debe cubrir las salidas con su novia. Alto. Esto no es así. En ningún momento tomé el rol del hombre al invitarlo. En mi caso particular, si mi novio paga el cine, la cena y hasta las botanas es porque él quiere hacerlo, porque es un gesto que tiene conmigo para demostrarme su cariño, y eso quiere decir que yo puedo hacer lo mismo para con él. No existe ninguna fuente citable donde diga que el hombre debe cubrir absolutamente todos los gastos de una cita. Sí, se siente bonito que te inviten pero nadie es máquina de dinero, y si tu pareja no tiene suficiente, la tarjeta de crédito no pasa, cualquier cosa, tú también puedes invitarlo[3].

En esta ocasión, de nuevo, me vi encasillada de la manera más directa e hiriente. Un amigo tan cercano me dijera que soy una vergüenza, que debería sentirme mal por invitar a mi pareja, por demostrarle mi apoyo y mi cariño. Concluí que no debía sentirme así, que su forma de ver el mundo no es la misma que la mía y eso no significa que yo estuve mal; el que está mal es él por decirme cosas tan hirientes. No es correcto imponer sus ideas minimizando a los demás.

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Considero que esto es un problema que concierne tanto a mujeres como a hombres de todas las edades. Estamos en pleno 2016 y todavía se encasilla a una persona a un rol o deber ser por su género, individual o en pareja, todavía se ve mal que una mujer invite a su pareja, y que todavía se intenta imponer el modelo tradicional de pareja. Abuelos, padres, hermanos, amigos y a cualquier persona que le preguntes en la calle te dirán que este modelo es el ideal. La realidad es que no existe un modelo correcto porque no hay una persona igual a otra, por lo tanto nadie tiene derecho de decirte qué puedes hacer y qué no en una relación. Vivan, amen y sean ustedes mismos, no dejen que nadie les imponga algo que no va con ustedes.

Aclaraciones de la autora: Si bien este ensayo va dirigido a parejas heterosexuales, tiene muy en cuenta de que estos problemas no son exclusivos de ellas. Además, estos problemas tuvieron lugar en Mérida, Yucatán, México, es decir, un territorio tremendamente tradicionalista, o sea, machista en el círculo familiar y social.

 

Bibliografía:

S/N. 2009. Diccionario Enciclopédico Larousse 2009. Vox 1. Madrid, España.: Editorial S.L.

[1] Diccionario Enciclopédico Vox 1.  2009. Larousse Editorial, S.L

[2] Diccionario Enciclopédico Vox 1. 2009. Larousse Editorial, S.L.

[3] Ojo: digo pareja porque esto es para ambos pero critico la forma tradicionalista de verlo.

Categories: Ensayo Literario

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