Por Jess Ayala

“Mérida es un huevo”

“En Mérida todos se conocen entre todos”

“En Mérida todos somos el amigo del amigo”

 

¿Cuántas veces has escuchado estas expresiones?

Si bien he comprobado que es cierto, en nuestra ciudad se da por sentado que te conocen por lo que “saben” de ti o más bien creen saber. Es muy fácil ponerle etiquetas a las personas con la ayuda de ciertos rumores que circulan dentro de una gran comunidad que se conoce entre sí y en particular siento que sucede constantemente con las mujeres. Sigo sin poder creer todas las veces que me han comentado “fulanito dijo que estás saliendo con tal persona”, “me dijeron que te vieron el otro día en tal lado con aquél”; ¿y saben qué es lo verdaderamente aterrador? ¡Que nada de eso es verdad!

Cómo si la humillación de ser blanco de críticas y desmentir los rumores no fuera suficiente, en diversas ocasiones me he enterado de personas cuyo tema favorito de conversación soy yo. Y algunas de ellas no tienen nada bueno que decir.

¿Acaso soy una celebridad yuca? NO.

¿Es porque soy popular en Mérida? NO.

Esto lo sufrimos todas las mujeres.

To d a s.

La razón es la siguiente: nuestro “honor” siempre ha estado vinculado con nuestra sexualidad. SIEMPRE. Como bien lo explica el investigador Francois Carner:

 

“el honor femenino es más fácil de definir: consiste en conservar la honra sexual y la reputación de la virtud. Sencillo de explicar pero difícil de vivir, pues presupone coartar la libertad de movimiento, de palabras, de acción y, obviamente, de elección.” (1991, 97).

 

¿Te has dado cuenta de lo frágil que es nuestra reputación? ¿Lo sencillo que es destruir a una mujer a través de pequeños rumores? Un teléfono descompuesto puede arruinar vidas y esto ocurre con regularidad en Mérida, sin importar al círculo social al que pertenezcas.

Hace apenas unas semanas, la tatuadora Leto Martín escribió en su Facebook que estaba sorprendida de enterarse que diversos hombres aseguraban haber salido con ella, cuando en realidad ni siquiera los conocía o habían estado en el mismo lugar. ¿Con qué valor los hombres pueden lanzar semejantes mentiras? Por consiguiente, nuestra moralidad siempre será sometida a juicio bajo la mirada masculina. Ellos deciden qué etiqueta ponernos, son capaces de iniciar murmuraciones sobre nosotras y si a ellos se les antoja pueden señalarnos como mojigatas o hasta zorras.

 

La doble moral se presenta cuando ellos son capaces de salir con una amiga al cine, a tomar dos como la gente, a bailar o cualquier otra actividad socialmente aceptada porque ante la mirada pública está bien. Pero si alguna mujer se atreve sólo a salir con un amigo, ya lo está “friendzoneando”, es la “otra”, es una “calienta huevos”, sale con cualquiera e infinidad de cosas más. Se lee increíblemente ridículo y sin lógica porque efectivamente es una situación ridícula y sin lógica pero tristemente así funciona la sociedad. Nos someten a un sin fin de juicios.

 

La medida de la moralidad femenina es el juicio masculino, que establece el parámetro de lo moral y lo inmoral. (Ramos 1992, 153)

 

En un segundo estado, Leto agradeció la confianza de varias mujeres que se acercaron a ella para contarle qué chicos estaban esparcieron estos rumores y concuerdo con ella cuando explica que debemos crear una red de apoyo entre mujeres. Necesitamos urgentemente aplicar la sororidad para que este tipo de situaciones dejen de suceder porque la próxima podrías ser tú y si sucede, todas estaremos aquí para ti.

 

Bibliografía

Carner, Francois. “Estereotipos femeninos en el siglo XIX” en Carmen Ramos (Recopiladora). Presencia y transparencia: La mujer en la historia de México. México, DF.: El colegio de México, 1987.

Ramos, Carmen. “Señoritas Porfirianas: Mujer e ideología en el México progresista, 1880-1910” en Carmen Ramos (Recopiladora).  Presencia y transparencia: La mujer en la historia de México. México, DF.: El colegio de México, 1987.

 

 

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