Por Estef.

Yo, como tú y como casi cualquier humano he sido víctima del mal de amores, no una vez si no en diversas ocasiones.

¿Mi problema? Entregar más de lo que recibo. El psicólogo diagnosticó problemas de autoestima; tuve que acudir a causa de mi última y deplorable relación. Siempre he pensado que escribir sana el alma, no en vano existen los diarios en los cuales redactamos nuestras vivencias, y en pro de continuar con está sanación les comparto mi historia.

Perfecto, esa es la palabra que hubiese usado para describirlo hace un año, él tenía todo lo que buscaba en un hombre (o eso creía). Siempre estaba atento, me apoyaba, me cuidaba, me consentía, lo visualizaba en mi futuro por siempre, teníamos proyectos presentes y a futuro, porque él era lo que necesitaba, se encargó de llenar cada vacío de mi alma, haciéndome sentir completa, cambió mi visión de mundo, me hizo anhelar una boda, unos hijos a los cuales habíamos pensado en posibles nombres. Mi familia lo amaba, me sentía tan feliz y afortunada, de esas veces que sientes que no mereces tanta dicha en la vida y efectivamente era así, todo esto era una felicidad ilusoria, un simple espejismo, una falsa realidad que descubrí en mayo de 2017.

Nunca olvidaré el 23 de mayo de 2017, esa fecha quedó grabada en mi mente. A partir de ese día decidí cambiar y comencé a evolucionar como persona, ese día la felicidad y perfección descrita en el párrafo que antecede fue desenmascarada para convertirse en la peor pesadilla, en uno de los sufrimientos más vívidos que tengo, sí, suena exagerado, es sólo un hombre, es sólo amor, es uno más, pero díganselo a esa chica que tenía planes de vida con su hombre perfecto, díganselo a esa chica que dejó su vida por él, a esa misma que creo una dependencia emocional y tóxica con ese hombre que no tuvo ni un poco de piedad por ella.

Recuerdo a la perfección ese sensación de vacío, esa rabia que poseía cada centímetro de mi ser cuando descubrí la verdad, cuando descubrí que durante casi dos años ese ser que yo creía perfecto estaba muy lejos de serlo. Me había sido infiel, pero esperen, eso lo había tolerado y superado con anterioridad, sin embargo, ahora había algo diferente; primero el inmenso amor que le tenía y segundo, su infidelidad fue con un sin número de personas.

Parafilia, adicción al sexo, enfermedad, son las tres palabras que usó nuestro psicólogo para diagnosticarlo, palabras que usé para justificarlo e intentar perdonarlo. Él me había engañado durante los dos años de nuestra relación, había mantenido cuentas alternas en cuanta red social existe, y páginas en las cuales la gente busca sexo, me engañó con hombres, mujeres, hizo tríos con matrimonios, compartió fotos íntimas que le proporcioné con amor, y cuando descubrí todo esto, me tomé el tiempo de leer todos y cada uno de los mensajes, confronté a  la chica con la que me engañó en mayor cantidad de veces, le dije mil cosas, la ofendí y le hice un escándalo en su casa. Al día siguiente le llamé para ofrecerle una disculpa, porque aquí entre mujeres, ella sabía que él tenía novia, pero ¿quién soy yo para ella? ¿por qué debería reclamarle y exigirle algo? En realidad el que me debe respeto y fidelidad es él, no ella, en virtud de lo anterior ella se solidarizó conmigo y me proporcionó más detalles de la vida oculta de mi entonces novio.

Me torturé hasta la muerte, lo peor es que él y yo nunca nos cuidamos con preservativo, ¿imaginan el asco y miedo que tuve cuando descubrí la cantidad de personas con las que me vi involucrada de manera indirecta? Temí por mi salud, Yucatán siendo el número uno en contagio de VIH, no solo fue la ruptura de mi corazón y de mi felicidad amorosa, también fue el miedo implacable de un futuro incierto, la incertidumbre de un posible contagio que arruinaría mi vida.

¿Cómo ese ser que para mí era perfecto me había arriesgado y expuesto de esa manera? ¿Acaso no pensó en mí, en él, en su salud? ¿Su amor era falso? ¿No era suficiente para él como mujer, por eso buscó hombres? Mil y un interrogantes tenía en mi cabeza, pero no permanecieron ahí mucho tiempo, le exigí respuestas. 

El aire se me acababa, me costaba respirar, sus manos en mi garganta me lastimaban y su voz diciendo “te voy a matar, si alguien se entera te corto en pedazos” me herían aún más que la asfixia, comencé a toser, hasta que me soltó y sacó de su oficina, salí corriendo y llorando de ahí, asustada, infeliz, triste, y sin respuestas, ese fue el resultado de externar mis preguntas. No podía concebir que ese sujeto que acababa de ahorcarme fuere el mismo que dormía conmigo unas semanas antes, éramos casi un matrimonio, lo veía todos los días, dormía conmigo, ¿cómo era posible que no conociera esa parte de él? 

Ganas de vivir me faltaban, quizá lo mejor hubiere sido que continuara con su asfixia. Me da vergüenza haber pensado eso, he omitido detalles en mi historia, como el hecho de que lo apoyé en su terapia después de todo, que seguí pendiente de él por un tiempo, que me tuve que realizar pruebas de ETS de manera regular, llorando y asustada en cada una de ellas a la espera de los resultados, detalles irrelevantes, porque ahora quiero pasar a contarles otra etapa que conlleva todo esto; el cómo lo superé y salí adelante.

Siendo totalmente honesta yo también estoy sorprendida de haberlo logrado, cuando recién paso todo me creí incapaz de salir adelante, mis pequeños pensamientos suicidas me hicieron acudir a un psicólogo, no era normal la tristeza que me embargaba día a día, pero lo hice, tuve que darme cuenta de cuales eran mis problemas, mi dependencia emocional hacia él, mi miedo a la soledad, mi baja autoestima, mi temor al abandono y otro tipo de problemas que en realidad no recuerdo. Acudir al psicólogo fue la mejor decisión que pude tomar, me obligó a cortar toda comunicación con él, que es lo más lógico, el intentar ser amigos de manera tan reciente a la ruptura nunca funciona, a menos que quieran regresar, me recomendó terapia ocupacional y ejercicios para que cada que piense en esa situación sustituya ese pensamiento con algo. Le conté a mis amistades cercanas lo sucedido, nunca me emborraché por despecho, eso puede ser peor, dejé de revisar sus redes, abandoné mi complejo de detective y me dediqué a mí.

Parte de mi terapia ocupacional consistió en salir cada fin de semana con amigos y amigas que tenía abandonados por esa relación tan absorbente que tuve, e intenté hacer algo que nunca había hecho, tratar de perderle miedo a la soledad. Mi psicólogo me recomendó que comenzara a hacer cosas en solitario como ir al cine, a bares, viajar. Cuando me dijo eso, me eché a reír, qué oso, qué triste, voy a inspirar pena, pero seguí rigurosamente cada recomendación que hizo y fui sola al cine, a bares con miedo que me confundieran con una “fichera”.

Por azares del destino, mi primer viaje sola (tenía reservación en un all incluide en Cancún con mi hermana pero ella no pudo ir) y desde eso me enamoré de mi soledad, en mi primer viaje conocí gente maravillosa, de otros países, Argentina, Brasil, Bélgica, España, y todos fueron increíbles. Regresé a Cancún en una ocasión más, fui a Guanajuato, a Cuba, próximamente iré Guadalajara y de verdad, no imaginan lo increíble que es esa soledad que te permite conocer gente con pensamientos, culturas, costumbres distintas a la tuya, es abrir el panorama por completo y sí, en muchas ocasiones estaba verdaderamente sola pero eso te permite conocerte mejor. Nos da tiempo de pensar que es lo que verdaderamente queremos y analizar la vida con detenimiento, nos da respuestas, por eso creo que la soledad es el santo remedio.

Hoy por hoy soy más feliz que nunca en mi vida, jamás había experimentado una felicidad de esta magnitud, ni cuando creí que era inmensamente feliz con ese sujeto, poder hacer lo que quieras, cuando quieras y porque no, con quien quieras, al final del camino no tenemos nadie a quien rendirle cuentas, y todo ese sufrimiento nos hace más fuertes, resistentes y precavidas. No por nada existen tantas frases sabías y clichés de “todo pasa por algo” “después de la tormenta viene la calma y sale el sol” “cuando una puerta se cierra se abren otras más” y podría continuar, pero todo eso es verdad. Le agradezco a este sujeto todo, los buenos momentos, los malos, porque me han convertido en esta mejor y madura versión que soy ahora, si todo eso no hubiera pasado no tendría tantos conocidos en otros lugares, no hubiere disfrutado de tantos bellos paisajes, de tanta bella compañía, no hubiere recuperado a personas que me aman y abandoné, en resumidas cuentas, no sería tan feliz como lo soy ahora.

Sobra repetir que somos demasiado fuertes, más de lo que creemos y podemos superar cualquier cosa que nos suceda. Y si sentimos que no podemos solas es cuestión a buscar ayuda profesiona, una amiga, o porque no, una desconocida como yo que haya pasado por eso, porque también aprendí que ayudar nos ayuda y nos sana el corazón ♥.

 

 

 

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