Shakira lo dijo primero, no hay mal que dure cien años. 

Bueno probablemente no fue la primera en decirlo, pero es verdad. Nadie puede vivir con tanto veneno y nadie puede tener el corazón roto por toda la eternidad. Incluso, en la más romántica aventura, ningún héroe o heroína ama a la misma persona para siempre. O piensa en la misma cosa una y otra vez. 

Hace un año, mi corazón estaba roto. Por algo aparentemente insignificante y mundano. Por una decisión que yo tomé, y de la cual me arrepentí miles de veces aún sabiendo que había sido la mejor opción. 

Todo el mundo me lo dijo; mi mamá, mis amigas, mi terapeuta. Incluso Dios y el Universo me lo dijeron en repetidas ocasiones: fue lo mejor. Y aún así, eso jamás disminuyó el dolor. 

Ni por lo que había pasado, ni por lo que había perdido. Por el arrepentimiento y por la injusticia que se había cometido en mi contra. 

Nada, ni con todas las cartas favorables del tarot, me hizo sentir que en algún momento -que se sentía muy lejano- iba a vivir sin pensar en ello. Sin preguntarme por lo que hubiera pasado si yo hubiese sabido “manejar mejor” la situación.

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¿Odio a Ross Geller? Sí. ¿Me representa? También.

Incluso cuando sabía que este escenario iba a ser posible, nada le otorgaba un consuelo a mi corazón. Llegué a pensar que la venganza era el mejor camino, pero al ver que mi ahora “enemigo” le iba mejor, me sentí peor. Yo no hice nada malo, pero a mí me iba de mal en peor

Me convertí en la intensa, en la exagerada. No podía esperar el momento en el que alguien me preguntara para “lanzar mi veneno”. Me dije a mi misma -y a todo el mundo- que ya lo había superado, y meses después de la nada me ponía a llorar mientras cenaba, porque me habían lastimado y a nadie le parecía importar excepto a mí.

En mis momentos más ilusos hasta intenté convencer a mi terapeuta de que yo estaba bien, y que ese asunto estaba en el pasado. A mis inútiles intentos de “seguir con mi vida” se le unieron la pandemia, el desempleo, los fracasos de proyectos que parecían ser recompensas, y otros golpes a mi corazón cuando me di cuenta de que a) no había encontrado al amor de mi vida -bueno todavía estamos trabajando en eso- y b) las muertes de mi papá y Chato, mi fiel compañero. 

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Is this Emma Stone as Cruella o un autorretrato mío llorando en los últimos meses?

Con todo el caos del 2020, llegué a pensar que se me iba a olvidar, pero ahora en vez de llorar por una cosa acababa llorando por tres o cuatro y ya ni sabía cuál debía ser mi prioridad. Superar “la situación” se había vuelto una obsesión mía. Una que poco a poco comenzaba a costarme relaciones. 

Desearía decir que el cambio sucedió después de una revelación en un momento mágico pero la verdad es que todo comenzó a sanar en el momento en el que empecé a llorar más fuerte. Cuando acepté que me estaba llevando la chingada, y no podía hacer otra cosa que imaginar confrontaciones falsas en mi mente para sacar todo lo que tenía guardado. Y dejé de sentirme culpable por sentirme mal. 

Aunque sí hubo momentos claves. Como cuando decidí contar mi historia a alguien que no la había escuchado. O cuando mi psicóloga me dijo que no tenía que estar atada a esa situación toda mi vida, y que en algún momento, todos los involucrados se volverían no cosas que me pasaron, sino elementos de mi autobiografía y ya. Nada más. 

Sanar es un proceso. Uno horrible, sin pasos claros, desastroso y que se parece más a un laberinto en donde nos decepcionamos cada que falsamente creemos que encontramos la salida. No es lineal y no tiene un tiempo exacto. 

Vas a sanar en el tiempo que tengas que sanar. 

No importa lo pequeño o grande que parezca la situación, la herida puede ser tan profunda o superficial como tenga que serlo. Y nos guste o no, nadie tiene control sobre cuánto nos duele algo. 

El proceso no es lineal

Hace poquito leí un tweet que decía: “Si no te da pena ajena quién eras hace dos años, no has crecido lo suficiente”. Hasta hace un mes, seguía sintiendo lástima por mi. No por ser tonta y no poder “superar” las cosas, sino porque de verdad estaba muy dolida y en vez de tenerme paciencia me traté igual o peor que aquella persona que me hirió. 

No consideré mis sentimientos, no me escuché, me exigí demasiado y me llamé loca y exagerada negando todo porque sin querer creí que era la mejor manera para poder “seguir adelante”. Y eso en vez de ayudarme, acabó haciendo que pusiera más resistencia y se volviera más difícil sanar. 

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Gracias a diosita Swift por sacar DOS álbums en plena pandemia y poner su granito de arena en mi proceso.

Mi miedo a no perder más cosas y personas, a que la idea que tenían de mí -o que yo creía que tenían de mí- no se cayera, me llevó a romperme públicamente una y otra y otra vez. Hasta que quede expuesta. Hasta que todo el mundo se dio cuenta de que, de hecho, no lo había superado y que la herida había sido más profunda de lo que yo esperaba. 

Ni modos. La vida no es justa. Así que decidí hacerme justicia y ser paciente conmigo. Los corazones rotos no se curan. Renacen. Nadie puede decirme que intente pegar astillas y vuelva a formar algo que ya nunca va a tener su forma original.

 Los sentimientos, las personas y las situaciones tienen un ciclo, y cuando llegan a su fin, traerlos de vuelta es inútil y contraproducente. Lo mejor es decir adiós, hacer tu cartita y quemarla mientras escuchas a Shakira viejita y lloras. Y lo repites tres veces más porque el vínculo es tan grande que parece que te arrancas un pedazo de ti. Hasta que un día, te levantas y te das cuenta que estás surgiendo de nuevo. 

Believe it or not, hay vida después de la muerte

A un año de «la situación», se me olvidó por completo cuando llegó el aniversario. Y cuando pienso en aquella cosa, lo veo como algo que me pasó pero que ya no cargo conmigo todo el tiempo. 

Y no, eso no quiere decir que tenga ganas de ver de nuevo a la persona o haya decidido perdonarlo -aunque sí lo hice-. Hay cosas que son imperdonables. Situaciones y personas que al irse, por más beneficioso que esto sea, nos dejan sin ganas de volver a traerlos a nuestra vida. Y nadie es un monstruo o vibra bajo por no querer regresar al pasado.

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No tienes que perdonar para sanar, just saying

A la larga, me di cuenta que superar y avanzar son una ilusión. La vida no se detiene, incluso cuando sientes que estás inmóvil y que estás estancada, te estás moviendo, y estás sanando. Porque tomarte el tiempo para reconocer y sentir el dolor que cargas es el paso número uno para encontrar la salida del laberinto. 

Aún me quedan cosas por sanar, pero estoy segura que me va a tomar el tiempo que me tiene que tomar, y no hay prisa. Estaré lista cuando tenga que estarlo. 

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Los corazones rotos no se curan

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