Antes de comenzar escribir este texto, por casualidad veía en la tele el caso de la “chica de azul”, una mujer iraní que se inmoló después de recibir una condena de 6 meses por entrar a escondidas a un estadio a apoyar a su equipo favorito. Cabe mencionar que las mujeres, desde la Revolución Islámica, tienen prohibido entrar en los estadios de fútbol a ver partidos de equipos masculinos, lo cual las alejó de disfrutar este hermoso deporte, como si hacerlo fuera un crimen. 

Ante las “presiones” de la FIFA y las posibles consecuencias de una desafiliación, Irán “permitió” que las mujeres asistan a un partido (Irán-Camboya rumbo a Qatar 2022) y por “permitió”, me refiero a que cedió 4,000 de 78,000 entradas disponibles para las mujeres, en una sección separada de los hombres y rodeadas de 150 mujeres policías. Y ojo: estos 4,000 boletos se vendieron en menos de una hora.

Esta historia me permite introducirme a un tema que sigue siendo polémico, ¿por qué en nuestros días e incluso en occidente, no es socialmente aceptado que una mujer disfrute de este deporte sin ser juzgada?

En la historia de mi vida, nunca fui buena para los deportes porque me considero una persona torpe con las extremidades. Sin embargo, disfrutaba de ver fútbol con mi papá (aunque el no se diera cuenta que lo estaba viendo) y perfectamente podíamos y podemos comentarlo como hasta ahora. Quizás es un tema padre-hija y el poder conectar con algún tema, ¿quién sabe? No es momento del psicoanálisis.

Actualmente estoy casada con una persona adicta al fútbol, que decidió (decidimos, la verdad) disfrutáramos nuestra luna de miel recorriendo todos los estadios de España. Tuve la fortuna de conocer el Vicente Calderón, el Santiago Bernabéu, el estadio de Anoeta y por supuesto: el Camp Nou en Barcelona.

El deporte, sea cual sea el que te apasione, te regala emociones que no podrías sentir de otra manera. Un aficionado o hincha sabe la alegría de un gol o la tristeza de ver a tu equipo descalificado, sabe de pertenencia. Pero también, disfruta del analizar cada planteamiento táctico, y spoiler alert: este no es un sentimiento exclusivo de los hombres.

La pasión, el compromiso, la fidelidad y lealtad no son sentimientos que tengan género.

Debemos normalizar que a las mujeres nos apasiona el fútbol (y no, no nos hace menos o mejores mujeres ni tampoco altera nuestra sexualidad) como también se debe respetar quien no le agrade, sin embargo, debemos impulsar a todas las niñas desde chiquitas a probar el deporte que deseen sin temor a ser criticadas. Actualmente, encuentro difícil poder platicar con otras mujeres de fútbol, quizás estamos escondidas entre las rocas y solo necesitamos un empujón para salir. 

Basta de “El deporte es para los niños, y el baile para las niñas”. Dejémoslos elegir y que elijan los dos si así quieren. Y sobre todo, dejemos de juzgar.

Categories: Girl Power

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