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Lo que callamos las Violetas

Nothing in my way

Si les dijera la cantidad de veces que Keane me salvó la vida no me lo creerían. Se que suena exagerado y no quiero asustar a nadie pero piensen en esto: en 2004 las redes sociales no existían, el internet solo estaba al alcance de unos cuantos y era difícil acceder a información sobre temas tan importantes y rodeados de tabúes como la salud mental. 

Durante la adolescencia no recuerdo ni a una sola persona que quisiera hablar conmigo sobre el manejo de emociones ya que no estaba en la agenda de aquellos tiempos. Era imposible que un adulto respondiera una pregunta tan compleja pronunciada por una chica de 15 años: “¿por qué siento un agobio constante?”

Al no contar con una red de apoyo, ¿cómo podía saber que no estaba volviendome “loca”? Además no estaba ni cerca de enterarme de la existencia de trastornos psicológicos como la ansiedad. 

Mi pan de cada día era soportar que compañeras se burlaran de mi y recibir amenazas de que alguna quería golpearme en los descansos o al salir de la escuela, por lo que no podía darme el lujo de mostrarme débil. Lo único que hice fue aferrarme a las pocas cosas que me hacían sentir bien. Una de ellas eran las letras del disco Hopes and Fears de la banda inglesa Keane. Su primer sencillo Somewhere only we know fue un éxito desde su lanzamiento en febrero del 2004 y yo no podía dejar de escucharla. 

A pesar que las canciones hablaban en su gran mayoría del amor, sentí que me identificaba con todas. Me enamoré de la voz de Tom Chaplin y de lo suaves que eran las melodías como Sunshine y Untitled 1. Necesitaba paz y ellos fueron un importante recurso cuando la ansiedad se presentaba. Con Under The Iron Sea se consolidaron como mi banda favorita gracias a Nothing in my way. Les prometo que hasta la fecha no he escuchado una línea más poderosa que “For a lonely soul, you’re having such a nice time”. 

A Bad Dream, Hamburg Song, y Try Again se convirtieron en mis himnos. En el 2008 me sentí un poco traicionada con una propuesta tan diferente como lo fue Perfect Symmetry, pero tal vez ya era hora de cambiar la calidez por algo más atrevido. Los rumores sobre la adicción de Tom eran cada vez más fuertes, sin embargo, regresaron con más fuerza en el 2012 con su cuarto álbum de estudio: Strangeland. Necesito que hagan una pausa ahora mismo y escuchen You Are Young en su reproductor de música favorito. 

Esta canción en particular me hace sentir esperanza en los peores días. ¿Lo pueden sentir? 

You’ve got time, you gotta try to bring some good into this world ‘cause you are young, ‘cause you are young…

Stefan Koelsch, doctor en neurociencia y profesor de psicología musical, dijo una vez que somos de forma innata criaturas musicales y aseguró que conoce gente (incluido él mismo) que no hubiera sobrevivido sin la música. Estoy de acuerdo porque cuando hace 10 años era impensable pedir ayuda psicológica, yo pude sobrevivir gracias a las creaciones del compositor principal de la banda, Tim Rice-Oxley. 

La música es increíblemente poderosa y por eso celebro el regreso de agrupaciones tan importantes e icónicas como My Chemical Romance y Keane que marcaron nuestra adolescencia. Me gusta pensar que fueron nuestra primer “terapia” y formaron parte de un autocuidado inconsciente que empleamos cuando no encontrábamos una salida para todas esas emociones. Si son tan importantes es porque en su momento nos ayudaron a aceptar lo que más nos asustaba: nuestro lado vulnerable. 

Ya es hora de hacer las paces con nuestra oscuridad y seguir escuchando nuestra música favorita.

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Brujas 2x05

¿Te has preguntado porque las brujas se han convertido en un icono feminista? Hablamos de nuestras brujas favoritas, su relación con el feminismo y la misoginia detrás de su persecución.

Los Links que mencionamos en el episodio:

La Cacería de Brujas en Salem https://algarabia.com/desde-la-redaccion/la-caceria-de-brujas-en-salem/

Llámame bruja https://smoda.elpais.com/feminismo/llamame-bruja-por-que-el-feminismo-ha-dado-la-vuelta-al-estigma-machista/

W.I.T.C.H. BOSTON https://www.witchboston.org/about

El Martillo de las brujas https://www.milenio.com/cultura/el-martillo-de-las-brujas-y-la-misoginia-historica

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Podcast Sin categoría

Educación Sexual con Karina Correa 2x04

¡Hagamos ruido! TEDxMérida https://www.youtube.com/watch?v=P6IuNB5wKG0

Psicología y Feminismo http://www.somosvioletas.com/psicologia-y-feminismo-entrevista-con-karina-correa/

Padres de familia exigen que maestros no hablen de educación sexual en Yucatán https://www.eluniversal.com.mx/estados/padres-de-familia-exigen-que-maestros-no-hablen-de-educacion-sexual-en-yucatan

No hay educación sexual integral en México: expertos https://www.lajornadamaya.mx/2019-07-22/No-hay-educacion-sexual-integral-en-Mexico–expertos

Abuso sexual infantil rebasa la media nacional https://www.lajornadamaya.mx/2019-04-30/Abuso-sexual-infantil-en-Yucatan-rebasa-la-media-nacional

Yucatán, segundo lugar nacional en acusaciones de abuso infantil https://www.lajornadamaya.mx/2019-03-08/Yucatan–segundo-lugar-nacional-en-acusaciones-de-abuso-sexual-infantil

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Girl Power

Nosotras también amamos el fútbol

Antes de comenzar escribir este texto, por casualidad veía en la tele el caso de la “chica de azul”, una mujer iraní que se inmoló después de recibir una condena de 6 meses por entrar a escondidas a un estadio a apoyar a su equipo favorito. Cabe mencionar que las mujeres, desde la Revolución Islámica, tienen prohibido entrar en los estadios de fútbol a ver partidos de equipos masculinos, lo cual las alejó de disfrutar este hermoso deporte, como si hacerlo fuera un crimen. 

Ante las “presiones” de la FIFA y las posibles consecuencias de una desafiliación, Irán “permitió” que las mujeres asistan a un partido (Irán-Camboya rumbo a Qatar 2022) y por “permitió”, me refiero a que cedió 4,000 de 78,000 entradas disponibles para las mujeres, en una sección separada de los hombres y rodeadas de 150 mujeres policías. Y ojo: estos 4,000 boletos se vendieron en menos de una hora.

Esta historia me permite introducirme a un tema que sigue siendo polémico, ¿por qué en nuestros días e incluso en occidente, no es socialmente aceptado que una mujer disfrute de este deporte sin ser juzgada?

En la historia de mi vida, nunca fui buena para los deportes porque me considero una persona torpe con las extremidades. Sin embargo, disfrutaba de ver fútbol con mi papá (aunque el no se diera cuenta que lo estaba viendo) y perfectamente podíamos y podemos comentarlo como hasta ahora. Quizás es un tema padre-hija y el poder conectar con algún tema, ¿quién sabe? No es momento del psicoanálisis.

Actualmente estoy casada con una persona adicta al fútbol, que decidió (decidimos, la verdad) disfrutáramos nuestra luna de miel recorriendo todos los estadios de España. Tuve la fortuna de conocer el Vicente Calderón, el Santiago Bernabéu, el estadio de Anoeta y por supuesto: el Camp Nou en Barcelona.

El deporte, sea cual sea el que te apasione, te regala emociones que no podrías sentir de otra manera. Un aficionado o hincha sabe la alegría de un gol o la tristeza de ver a tu equipo descalificado, sabe de pertenencia. Pero también, disfruta del analizar cada planteamiento táctico, y spoiler alert: este no es un sentimiento exclusivo de los hombres.

La pasión, el compromiso, la fidelidad y lealtad no son sentimientos que tengan género.

Debemos normalizar que a las mujeres nos apasiona el fútbol (y no, no nos hace menos o mejores mujeres ni tampoco altera nuestra sexualidad) como también se debe respetar quien no le agrade, sin embargo, debemos impulsar a todas las niñas desde chiquitas a probar el deporte que deseen sin temor a ser criticadas. Actualmente, encuentro difícil poder platicar con otras mujeres de fútbol, quizás estamos escondidas entre las rocas y solo necesitamos un empujón para salir. 

Basta de “El deporte es para los niños, y el baile para las niñas”. Dejémoslos elegir y que elijan los dos si así quieren. Y sobre todo, dejemos de juzgar.

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Nostalgia Noventera 2x03

Compilación novelas https://www.facebook.com/AlegrijesyRebujosTV/videos/1323076824529056/

Yalitza Aparicio https://elle.mx/celebs-y-realeza/2019/10/18/yalitza-aparicio-lista-mujeres-influyentes/

Martí Batres https://www.animalpolitico.com/2019/10/marti-batres-comision-igualdad-genero/

Barbie: la imposición de sus valores en nuestra cultura y su reflejo en las publicidades televisivas http://imgbiblio.vaneduc.edu.ar/fulltext/files/TC072143.pdf

La sabiduría de ¿Dónde están los ladrones? veinte años después http://blogs.eltiempo.com/bloguero-invitado/2018/02/02/la-sabiduria-donde-estan-los-ladrones-veinte-anos-despues/

Mujeres y revistas femeninas http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/lco/sandoval_l_ma/capitulo2.pdf

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F.R.I.E.N.D.S 2x02 con Gina Güemes

En este episodio de Lo que callamos las Violetas, Gina Güemes, conductora del podcast Kinécarus y de So Geeks, se une a Jess y a Carol para hablar de la relación tóxica entre Ross y Rachel y los comportamientos machistas de cada uno de los personajes.

Links de las cosas de las que hablamos:

Las series que Gina Recomienda: Avatar, The Last Airbender. Crazy Ex Girlfriend. Sherlock. Disponibles en Netflix.

Las series que Jess recomienda: BoJack Horseman. Parks and Recreation.

Las series que Carol recomienda: Happy Endings. Selfie. Unbelievable. Brooklyn 99. Pushing Daises. Fleabag.

Late Night, la película de Mindy Kaling y Emma Thompson se estrena en México la próxima semana.

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El recuento de los daños 2x01

El error de pensar que éramos cuatro por Carlos Escoffié https://www.animalpolitico.com/hojas-en-el-cenicero/el-error-de-pensar-que-eramos-cuatro/

Las cosas que no vieron los medios de comunicación en el 28s o ¿Por qué defender a una mujer de piedra y no de carne y hueso? por Katia Rejón https://www.memoriasdenomada.com/las-cosas-que-no-vieron-los-medios-de-comunicacion-en-el-28s-o-por-que-defender-a-una-mujer-de-piedra-y-no-de-carne-y-hueso/?fbclid=IwAR3z2x3JfFYdkEwLXnLPW97Tbsfjf3MadZ6fgls2G5XfaL1eifVwgQrGqFc

Despedir a Regina Carrillo del Cecuny, un lamentable error http://www.hazruido.mx/opiniones/despedir-a-regina-carrillo-del-cecuny-un-lamentable-error/

¡Sigan a Haz Ruido! https://www.facebook.com/Haz-Ruido-333131230571692/

¡Sigan a Memorias de Nómada! https://www.facebook.com/Haz-Ruido-333131230571692/

Infórmense sobre el Aborto en Yucatán, investigación por Katia Rejón y Lilia Balam http://www.abortoyucatan.com/

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Soy Violeta

¡Es una niña!

Por Daniela Olivares Arteaga

«¡Es una niña!», exclamaron apenas la sostuvieron en brazos. Incluso antes de saber su nombre, era una ella, una niña. Por tener vagina.

Nadie nace sabiendo, es así que ella desconoce aquello que la sociedad dice que le hace una niña.

No ha salido del hospital y se ordena que sus orejitas tiernas sean horadadas para que luzcan unas joyas de oro y plata. Una niña es como un tesoro porque siempre lleva objetos de valor con ella. Convirtiéndose en el baúl que las transporta. Un objeto más.

Una niña es aquella muñequita preciosa quien su padre y sus hermanos celan, ¿por qué? Porque es bonita. ¿Es ser bonita una razón suficiente para que tus propios parientes te traten así? No puedes acercarte a ningún hombre porque, y cito: «Todos somos unos bestias, somos unos pendejos porque confundimos la amabilidad de las mujeres con interés». Fin de la cita. Todas las mujeres y niñas hemos escuchado al menos una vez este discurso.

Todo se reduce a ser bonita. ¿Y qué es ser bonita? Cumplir con estereotipos que te atan a ser infeliz porque nunca eres suficiente. Nunca eres lo suficientemente delgada, lo suficientemente linda, lista, sexy… Siempre te faltará algo y te sobrará otra cosa. 

Es una niña y no lo sabe. Pero ya nació y eso quiere decir que a pesar de su ignorancia tendrá que cumplir con ciertas expectativas. Las niñas son dulces, son coquetas y son femeninas. ¿Qué diablos significa ser femenina? Ser sumisa, callada y siempre estar dispuesta a servir y ayudar. Las niñas femeninas nunca dicen que no, no alzan la voz ni tampoco gritan. Las niñas bonitas no dicen groserías. Y jamás discuten. 

Siempre se comportan de la forma correcta, haciéndose pequeñas, casi invisibles, para no incomodar el ego masculino. Cierra las piernas, acepta el acoso callejero, sonríele a quien te incomoda, cúbrete el cuerpo, calla las violencias y miente si te preguntan. 

Una niña nunca es de ella misma, es de los hombres de su vida y su familia. La hija de su intimidante padre, la hermana del celoso hermano, la nieta del sobreprotector abuelo, la prima prohibida del caliente primo, la sobrina guapa del conservador tío. Las niñas pertenecen a los hombres de su casa, a su novio y después a su marido. Pero jamás a ella misma. 

¿Cómo esperan que sea libre si no se pertenece? ¿Cómo desarrollará una personalidad si no puede salirse del molde? ¿Cómo esperan que no desarrolle un trastorno alimenticio si a cada rato le repetirán que no se le permite engordar y que debe hacer ejercicio desde la niñez para mantenerse delgada? No por salud, sino por belleza. Se sentirá insuficiente y fea porque no tiene los labios anchos, ni los dientes rectos, porque le hace falta una talla más de busto, porque tiene demasiado o muy poco trasero, tiene estrías y celulitis. Porque cualquier cosa que presente su cuerpo, por más normal que sea, será blanco de críticas.

La niña no se pertenece pero le debe belleza al mundo. Y más que eso, debe perfección. Pero si nadie puede ser perfecto porque eso sería ser igual que una diosa, ¿entonces? Ah, pero es que no es cualquiera, es perfección superficial. Cómo se ve, camina, habla, come y hasta respira. Pero aún es una bebé y no lo sabe. 

Ella simplemente llora.

¿Vino a este mundo llorando por la nalgada de la vida o porque inconscientemente sabe lo que le espera?

Pobre. ¿Será que sabe que llorará muchas veces por el resto de su vida? Ya sea por decepción, por tristeza o frustración. ¿Llorará por el acoso, los abusos y hasta por los posibles intentos de violación que pasarán en su vida? ¿Los olvidará mientras va creciendo para que se alinee a lo establecido por la sociedad? Normalizar las violencias es cegarse a uno mismo para evitar sentir dolor. Ojos que no ven, corazón que no siente, dicen.

«¡Es una niña!», exclama la madre con el corazón pesado cuando se la entrega el doctor para acunarla entre sus brazos. Ella sabe lo que es ser niña, y luego ser mujer. Porque la transición entre una y otra no existe. No hay un período de juventud inmadura y descontrolada como el de los muchachos. Las niñas tienen que madurar antes, porque serán mujeres, porque tienen y tendrán que cuidarse de y cuidar a los niños, muchachos y hombres.

Sólo ella sabe cuántas veces ha escuchado la frase «date a respetar», porque no merece respeto simplemente por existir, ella tiene que exigirlo, sino nadie se lo dará. No vaya a ser que se exponga. Sobre todo ante los hombres. Únicamente ella sabe cuántas veces le gritaron obscenidades en la calle, le intentaron meter mano por debajo de la blusa o la siguieron hasta que se metió a una tienda a pedir ayuda. Todas esas violencias que pasan desapercibidas. 

Todas las ha vivido.

Y ahora las vivirá su hija.

Cuando su hija crezca, la madre no dormirá por la preocupación porque un día no regrese a casa, porque algún familiar abuse de ella o simplemente le falten al respeto en cualquier ámbito y espacio.

Porque es una niña. 

Y luego será mujer.

Aunque no sabría decir si las violencias son peores conforme una va creciendo. Pero definitivamente no se terminan.

Cuando los doctores se la llevan a pesar y limpiar, la exhausta madre la sigue hasta donde la vista la alcanza. Desconfiada. Qué estrés dejar a su hija en manos de extraños. Nunca sabes dónde podrás encontrarte a un pedófilo.

Es peor cuando salen del hospital porque eso significa que estarán aún más expuestas. Porque las violencias no se acaban cuando eres madre, pues, sigues siendo mujer.

«¡Es una niña!», exclaman de felicidad todos los hombres amigos y familiares, cuando se las presentan. 

Sin embargo, a las mujeres se les apachurra el corazón y derraman lágrimas entre tristeza y alegría por la misma razón. Ha nacido. Y es una niña.

Es una niña. 

Y ella aún no sabe lo que eso significa.


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Retratos de un Erizo

Borrador automático

Por Anita Joker

Hace dos meses me salió un granito en la vulva. Nunca había ido a la ginecóloga a pesar de que muchas amigas cercanas me habían hablado de lo necesario que era para mi salud. Ir a mis primeras revisiones estaba en mi lista de propósitos de año nuevo desde el 2018, pero como muchas de nosotras, también yo me dejo siempre para lo último. 

Para colmo fue un domingo. Estaba desesperada y la verdad no busqué recomendaciones ni nada, fui a una clínica muy cerca de mi casa. Llegué muy nerviosa y me puse la bata y las pantuflas para sentir el horror de que te introduzcan un espejo en la vagina por primera vez en 25 años.

***

Mi vulva es extranjera, una alienígena en mi propio cuerpo. Un terreno acordonado, prohibido. Nadie debe tocarte ahí. Tú tampoco. Pasé casi toda la vida sin nombrarla.

Tendría como seis cuando me agarró la curiosidad de por qué los niños hacían pipí parados. Quise intentarlo a escondidas, no entendía la razón pero ya sabía que hacer cosas de niño era algo que no le gustaba a mi mamá. 

Algo hice mal porque cuando me encerré en el baño con las piernas abiertas, ella ya sabía -o intuía- lo que iba a hacer. Me sacó del baño jalándome el pelo y no recuerdo qué sigue. Ella en realidad no sabía lo que estaba haciendo, sólo sabía que me toqué para orinar. 

Otro día mirábamos la tele y me picaba. Me rasqué y me dieron curiosidad los labios, la abertura todavía pequeña, mi cuerpo. Era como pasar los dedos por una textura. Ella estaba preocupada, dolida, algo dentro de ella se desesperó cuando me ordenó que sacara mi mano “de ahí”.

Nadie debe tocarte ahí.

Tú tampoco.  

***

La doctora me preguntó si tenía sangrado, flujo o mal olor. Contesté a todo que no. Cuando vi mi cuello uterino en la pantalla tuve una muy mala primera impresión: tenía un flujo amarillo, sangre y una mancha blanca. Me dio ñañaras, como si no fuera yo misma. La doctora dijo primero que tenía una bacteria, después que tenía una infección y remató con una lesión por Virus del Papiloma Humano.

—O sea que tengo todo.

—La higiene tampoco es suficiente, tienes que abrir esto y limpiarte así, hasta que no quede nada.

Había leído por ahí que se limpia sola.

Asustada comencé a hacer mil preguntas mientras tenía las piernas abiertas. Con un gesto de desesperación que en ese momento pasé por alto, la doctora me dijo que me esperara porque era muy difícil darme información en esa posición, como si la que estuviera abierta como un pollo fuera ella. 

—¿No que no tenías flujo?, casi casi me reclamó.

Yo estaba llorando por dentro y por fuera. Ella me pasó un kleenex mientras me decía que lo bueno es que no era cáncer, porque para haberme tardado tanto tiempo en ir al ginecólogo pudo ser peor.

—Y no creo que sólo hayas estado con una persona.

Para la infección me recomendó óvulos, para la bacteria medicamentos y para el VPH una biopsia que tenía que hacerme una vez que sanara de mi infección. Volví a hacerme la biopsia que me costó más de 2 mil pesos y ese mismo día recogí mis resultados de Papanicolau que resultaron negativos. La biopsia, sin embargo, dio positivo a una lesión por infección, cosa que yo no leí bien en el estudio y dejé que ella me explicara cómo dos exámenes de lo mismo dieron resultados diferentes. 

Me aseguró que tenía lesión de papiloma de primer grado y que era necesario hacerme una cirugía láser que costaba 8 mil pesos. Para mi bacteria, me había dicho que lo más probable era que mis medicamentos no funcionaran y tendría que hacerme un tratamiento de 6 mil pesos por sesión, de las cuales necesitaría tres. 

—Hay un porcentaje de mujeres que tienen una lesión de bajo grado de VPH y se les quita solo; pero en toda mi vida, en toda mi vida y llevo 40 años en esto, sólo he visto dos casos, me dijo la muy cabrona. 

Salí del consultorio con una deuda mental de 20 mil pesos y una culpa mucho más grande y pesada. Todo ese tiempo me llené de estrés, tristeza, inseguridad. Seguía teniendo dudas porque cada vez que tenía una pregunta, la doctora me hacía rolleyes y me interrumpía para intentar explicarme o regañarme como si fuera una tonta. 

Como por dos semanas, me la pasé pensando en cómo conseguir el dinero o qué opciones más podría haber. Creo que nunca en la vida me he sentido tan sola y estresada, y ése es mi estado natural. 

Lo primero que hice, obvio, fue buscar en internet. Leí desde blogs, hasta un artículo de Malvestida y ensayos médicos-académicos. En uno me topé con la primera señal de alarma: la bacteria que tenía era una lesión superficial muy común que se quitaba sin tratamiento. 

¿Por qué alguien en su sano juicio ofrecería una cura de 12 mil pesos para algo que se quita solo?

Agarré mi examen clínico y tecleé las palabras exactas (había pagado para la interpretación de los resultados pero no me dijeron mucho al respecto). Lo primero que me apareció fue que las lesiones de bajo grado se vigilan pero no se recomienda tratamiento porque en la mayoría de los casos es reversible. También leí que un gran porcentaje, alrededor del 80 por ciento, de mujeres y hombres llegamos a tener algún tipo de VPH en la vida. Con esta información, comencé a dudar del profesionalismo de mi ginecóloga y decidí ir a una segunda opinión.

Afortunadamente, para esas épocas en mi trabajo comenzaron a dar Seguro Social y tramité el mío con urgencia. Semanas después acudí con un ginecólogo del IMSS que me dijo que no tenía absolutamente nada. Otra vez vi mi cuello uterino, esta vez muy rosado y limpio. 

—¿No se te hizo raro que en un estudio diga que sí tienes VPH y en el otro no? me preguntó.

Le dije lo que me habían explicado y puso cara de que nunca había oído semejante cosa. Me dijo que la biopsia me había ayudado a que la lesión desapareciera y me mostró el examen que me había hecho la doctora donde decía que mi lesión era por infección y no por VPH. O sea, que me habían visto la cara.

De todas formas me hizo otro Papanicolau y colposcopia para descartar que siguieran mis tres diagnósticos. Salí del Juárez entre aliviada y enfurecida, le conté a todas las personas que me habían visto triste lo que me había pasado y no hubo una que no me dijera: conozco a alguien que le pasó lo mismo.

Entendí varias cosas preguntando entre conocidas y amigas:

a) Algunas mujeres estamos desconectadas de nuestro cuerpo, normalizamos señales de alarma y no acudimos a nuestras revisiones periódicas.

b)   Nuestra educación sexual, aún teniendo escolaridad universitaria y viviendo en la zona urbana es insuficiente. Muchas mujeres que conozco no sabían ni siquiera el significado de las siglas VPH.

c)    Esa desinformación permite que haya gente como la doctora que me atendió que ofrezca tratamientos innecesarios y dé diagnósticos alarmantes cuando pueden no serlo (si alguien quiere saber qué clínica es para que no vaya me puede contactar). Supongo que lo mejor es ir con una persona recomendada  y si no te resuelven las dudas, pedir una segunda opinión.    

Todo esto desembocó en un reportaje sobre la educación sexual femenina en la que estoy trabajando, y en una mayor conciencia de mi salud. Después de dos meses de tratamiento y mucha culpa, me siento bien y mi salud ha mejorado en todos los aspectos. Entendí la importancia de re-conocer nuestros cuerpos y los cambios, las señales que nos dicen que algo está raro. 

A un amigo le escribí en ese momento que me sentía como otra persona “ni siquiera triste como cuando me pongo triste”. Y una de las cosas que me hizo sentir mejor fue leer en Malvestida un artículo de una chica con VPH. Así que me trago la vergüenza de hablar de mi vagina para que piensen en las suyas, con la esperanza de que le demos la misma importancia a nuestro cuerpo como se la damos a las relaciones personales con otrxs, y a nuestros proyectos. Para que podamos exigir servicios de salud profesionales y éticos, más humanos y empáticos, así como una educación sexual integral.  

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Lo que callamos las Violetas Podcast

¿Por qué es difícil ser feminista? - Podcast 01

¡Hola! Bienvenidos a nuestro podcast Lo que Callamos las Violetas, un espacio donde hablamos de todo con perspectiva de género.

En este primer episodio abordamos lo difícil de ser feminista y lo que representa para nosotras las Violetas: Jess Ayala y Carol Santana.

Lo que Callamos las Violetas es un podcast dedicado a comentar noticias, cultura pop, experiencias de la vida real y todo lo que se nos ocurra -y nos pase- desde una perspectiva de género, obvi.

Puedes escucharnos a través de Spotify:

La plataforma Anchor:

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