Las antiguas lenguas cuentan que existe un jardín secreto en alguna parte del universo. Se dice que allí habitan las criaturas más extrañas, maravillosas y hermosas que han podido crearse; los paisajes más asombrosos, extensos y vírgenes de toda malicia humana; y las leyes naturales más equilibradas, gentiles y agradables.

Se dice que los humanos que logran ganarse un lugar tienen la forma de infantes con corazones rotos apenas vueltos a pegar con amor puro. Amor propio. Y éste se refleja en el amor expresado hacia otras personas. Un rumor explica que en ese jardín se encuentran las almas gemelas; puedes saber que lo son porque están hechos de la misma piedra preciosa. Corazones de zafiros, rubíes, diamantes, esmeraldas, hematites, ónix, topacio, cuarzo…  Allí, cuando se encuentran, se entregan la mitad de sus corazones resquebrajados para formar un corazón enteramente nuevo y completo; formando una especie de semilla de cristal. Brillante, frágil y fértil. La semilla de cristal recibe el nombre de Pasión.

La Pasión es sembrada bajo el Rosal de la Amargura, regada con Lágrimas de Felicidad cada tercer día y con Angustias cada dos, abonada con discusiones y reconciliaciones. Si las intenciones son verdaderas y los corazones son del mismo cristal, éste florecerá sin ningún problema mayor; las semillas compuestas por cristales distintos pueden costar más trabajo, como cultivar fresas en un ambiente cálido. Sin embargo, si las intenciones son falsas, la semilla se romperá en mil pedazos; la tierra los absorberá y los eliminará del jardín, devolviéndolos a la Tierra impura de los humanos corrompidos por las emociones negativas, tal como las intenciones del cristal que lo crearon y cuidaron.

Una semilla impura en el jardín secreto es algo imperdonable. Los infantes que crían su amor propio como a su ego y lo alimentan con migajas de humildad y amabilidad, no merecen vivir entre la belleza y la pureza del lugar. De tal forma que son expulsados para que vivan en una tierra infértil y cruel, como sus almas. Y olviden que alguna vez han habitado en el jardín.

Para los que logran florecer su Pasión al punto del éxtasis, les espera la felicidad máxima. Su semilla se volverá uno con el Rosal de la Amargura; de esta manera, la planta brillará aún más y será sólo un poco menos amarga, menos triste, menos iracunda. Así, las espinas que la rodean serán para protección únicamente y no para lastimar a otros cuando intentan acercarse a admirar su aroma. Las antiguas lenguas cuentan, que con suficientes semillas germinadas, el Rosal cambiaría por completo; ya no sería Amargo, sino Dulce. El Rosal de la Dulzura, tal como antes de que el tiempo fuera un número y los humanos desarrollaran sentimientos.

Hasta que eso suceda, unos pocos escogidos puros serán los que entren al jardín secreto. Nadie sabe cómo entran realmente, si extrañan a sus seres amados en el mundo terrenal, o si sintieron miedo antes de entrar por la puerta del jardín. La promesa de la felicidad auténtica, la ausencia del dolor y el amor eterno, esa es la promesa del jardín. Por eso la gente puede incluso matar, traicionar y comprar una entrada vacía de franqueza y sin valor moral. Paraíso, le llaman, pero no es su nombre real; porque es secreto, el jardín no ocupa un nombre. Si lo hiciera, significa que alguien lo ha recordado después de ser expulsado o que un alma bondadosa ha salido sin permiso del jardín, pero quién se querría ir.

Aquel que comprende las antiguas lenguas y el mensaje oculto en ellas, está destinado a entrar al jardín. Las puertas de éste siempre están abiertas, sólo falta encontrarlas entre esta jungla indisipable de estrellas. La persona que entiende también que para encontrar la entrada debe hallar la llave para abrir puertas abiertas sin cerrojo. Existen miles de llaves esparcidas por el mundo, pero sólo hay una que puede guiar a cada persona. ¿Será acaso, que si un individuo aprende a amar plenamente asegura su boleto sin retorno a la felicidad?, ¿podría ser que uno sólo no baste y necesite de los demás para aprender a hacerlo? Inclusive no muchas, sino una.

El mundo terrenal nos enseña una ilusión del amor, nos obliga a la complacencia y a ser ventajista. Supongo que si el humano aprendiera sobre el amor mismo, no se vería inundado de la imposibilidad de ser quien es sin temor a ser juzgado, sin la inseguridad de ser arrastrado por la corriente de la desgracia. Debe ser por eso que el jardín existe y está tan escondido. Porque exclusivamente los más valientes se atreven a ser y sentir, a lastimar y ser lastimados, a buscar y ser buscados. Esa debe ser la razón por la cual las almas gemelas se encuentran y comparten sus corazones demacrados pero repletos de belleza, y por la cual los sepultan como un sacrificio para contribuir a la felicidad del otro. Porque la felicidad del otro, también es la de ellos.

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