Por Jess Ayala

You met me at a very strange time in my life

Tyler Durden

 

¿Alguna vez has lastimado a una persona que quieres?
¿Alguna vez le dijiste algo terriblemente doloroso?
¿Le recordaste un tema delicado de su pasado?

¿En verdad te atreviste a hacer eso?

Este texto es para ti.

En un mundo ideal no importaría que tan mal estén nuestras vidas, uno simplemente no podría excusarse de ser un imbécil y tratar cruelmente a la gente que está a su alrededor. Exacto, en un mundo ideal.

En la vida real es mucho más complicado. Sufres y quieres que la persona que te está haciendo sufrir sienta lo mismo que tú. ¿Cómo lograr eso? Fácil: con palabras.

Eliges sabiamente un tema, escribes y sin siquiera asegurarte que es verdad, lo dices. Sabes a la perfección el efecto que causará. ¿Eso te convierte en una mala persona? No. Pero sí te convierte en un imbécil.

Siempre he pensado que la maldad no tiene solución, es decir, si te encuentras con alguien frívolo(a) durante tu vida, lo seguirá siendo hasta que lo decida. Tal vez nunca logre cambiar, tal vez ni siquiera haga el intento. No está en ti la titánica tarea de cambiarlo(a).

Por otro lado, ¿qué pasa cuando por unos momentos dejas de ser tú para convertirte en alguien realmente imbécil?

Bien lo expresó el maestro Cerati: “te comportas de acuerdo con lo que te dicta cada momento y esa inconstancia no es algo heroico, es mas bien algo enfermo”. Si eres impulsiva y sufres de ansiedad, ya sabes a que me refiero. Cuando finalmente aceptas que hiciste algo mal, necesitas pedir perdón.

Según la filósofa alemana Hannah Arendt, perdonar nos ayuda a deshacer los actos del pasado. Si no pudiéramos recibir el perdón, estaríamos condenados a ser siempre víctimas de las consecuencias de nuestros actos, ya que en diversas ocasiones obramos sin saber con certeza lo que estábamos haciendo. Asimismo, explica que no puede existir perdón sin arrepentimiento. En resumen: “los únicos que pueden ser perdonados, son los que admiten el mal provocado y se arrepienten.”

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando quieres mostrar arrepentimiento? Dices perdón, perdóname. El problema es que para este punto tus palabras, que en un momento tuvieron tanto poder, ahora son insuficientes, ya no tienen validez. Perdiste.

Y si lo último que te dijo fue “jamás te voy a perdonar” y en verdad nunca te va a perdonar, ¿cual es el siguiente paso?
Al ser imposible regresar el tiempo para enmendar la situación, te quedan un par de acciones por realizar: perdonarte a ti misma y en su honor, ser una mejor persona.

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