Por Daniela Olivares Arteaga

El “deber ser” femenino encasilla a las mujeres al decirles que la apariencia física es su mayor virtud. Tenemos concursos de belleza como Miss Universo, Nuestra Belleza y hasta Nuestra Belleza Infantil. Sí, desde chiquitas nos dicen que debemos ser hermosas, femeninas y sonreír todo el tiempo. El estereotipo femenino nos dice que debemos ser delicadas, delgadas, casi etéreas. Nos convierte en, pues, seres que se modifican físicamente, son sumisas psicológicamente y dependientes económicamente para el placer masculino. Nos volvemos nuestras peores enemigas. Duele mucho cuando queremos romper nuestras cadenas cuando la sociedad, nuestra familia incluso, lo reprueba, nos insulta y rechaza.

Este artículo, primeramente, iba a tratar únicamente sobre las técnicas de maquillaje utilizadas en unos vídeos de personas asiáticas, pero decidí ampliarlo hacia mis experiencias con los estereotipos femeninos y la presión que ejercen desde que tengo uso de razón. Presión que se ejerce aquí y en China.

Maquillaje

Ese producto místico que a los machitos les causa tanta inseguridad y a veces hasta repudio. Instrumento de la moda que hasta no hace mucho se atribuía a un uso específicamente femenino. Considerado por muchas feministas como un arma de doble filo.

¿Empoderante o esclavizador?

Vivimos atrapadas en la cultura de la belleza, la cual, por cierto, es patriarcal y blanca, que gira alrededor de la perfección y la búsqueda por ser deseable para la sociedad, mayormente para la atracción de una pareja.

Si bien existen mujeres, trans y hombres que lo utilizan como un empoderante para rebelarse en contra de los estereotipos establecidos y reforzar su identidad e individualidad, debemos cuestionar cómo y por qué lo utilizan. No, no estoy diciendo que tiene algo de malo usar maquillaje, digo debemos ser críticas ante esto ya que el uso de este es algo que se nos impone específicamente a las mujeres para vernos “más guapas”, “femeninas”, “arregladas” o “presentables”. Lo cual es una tontería, pero para nuestra sociedad actual esta imposición todavía es una realidad.

A la mayoría de las niñas nos enseñan a maquillarnos antes de cumplir los 15 años. Vemos cómo mamá se maquilla y queremos imitarla; además, muchos juguetes y personajes femeninos se nos presentan maquilladas. Queremos crecer pero no nos damos cuenta que el maquillaje nos adultiza, y eso quiere decir que los hombres comienzan a cosificarnos. ¿Pero esto realmente es culpa de maquillaje o culpa del machismo? (Respuesta: Machismo).

También se nos enseña que debemos utilizar un color de base ligeramente más claro que nuestro tono de piel, para que no se note al aplicarlo, para blanquearnos. Esto fue una técnica que me llamó la atención de muchos vídeos sobre maquillaje. Aquello hizo sonar mi campana porque en algunas novelas chinas, personajes sobre todo femeninos y de edad madura, se expresaban de una manera despectiva a las personas que tenían un tono de piel oscuro con un discurso tipo: “Es un buen chico, lástima que es negro”. Sí, este racismo ataca principalmente a personajes masculinos; los protagonistas suelen tener la piel clara. La cosa es que tampoco vemos personajes femeninos tan morenas y la protagonista también tiene la piel muy blanca. Esto se repite en demasiadas ocasiones con protagonistas de todo el mundo, en las novelas mexicanas por ejemplo, representando a las personas de piel más oscura con papeles de servidumbre o reducirlos al personaje secundario comic relief.

Los estereotipos blancos se vuelven una imposición, discriminando a las personas de color que deciden aclarar su piel utilizando maquillaje. De tal manera, que el maquillaje no se convierte en algo tóxico hasta que pasa por terrenos patriarcales y deja de verse como una forma de arte o ese extra que nos hace sentir mejor con nuestra apariencia.

¿Cómo descubrir que el maquillaje se ha vuelto tóxico para ti?

Sencillo. Prueba salir sin maquillarte. Si no puedes hacerlo porque te da vergüenza que te miren sin él, porque sientes culpa por no arreglarte, porque te sientes fea, crees que te ves enferma, te da miedo que vean tu rostro con imperfecciones porque te van a juzgar, entre otros. Entonces, existe un problema.

Nunca alcanzaremos los estándares imposibles que el patriarcado y la sociedad nos avientan, debemos aceptarlo y deshacernos de ellos. Ninguna mujer tiene la piel tan lisa y sin imperfecciones y, si lo hace, es porque se somete a horas e invierte montones de dinero en tratamientos de limpieza facial, mascarillas y hasta cuidan su dieta al mínimo detalle. El maquillaje puede ayudarnos a cubrir todo eso que no queremos que se vea pero si nos vamos a extremos es cuando se vuelve un problema.

Ojo. Cuidar la piel es válido. La contaminación en el ambiente nos daña muchísimo y por ello debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para llevar una vida saludable y mantener nuestro cuerpo limpio; sin embargo, no es lo mismo cuidarte por salud y hacerlo por ti que hacerlo porque tienes fobia a algo tan natural como las imperfecciones. El maquillaje debe ser algo disfrutable y divertido. Utilizarlo no debería ser una obligación, sino una opción. Además, podemos utilizarlo para redefinir el concepto de belleza un estilo único a la vez.

Delgadez

Ya saben, esa regla implícita que nos dice que debemos ser delgadas. Tallas 0 y 5 son aceptables únicamente. Pero, ojo, también debes tener pechos y trasero de concurso, piernas torneadas y todo el cuerpo, prácticamente tonificado. Pero ni se te ocurra muscularlo porque eso es asqueroso, se ve mal, pareces hombre, te resta puntos de femineidad. ¿Por qué es más importante que ser deseable para obtener la aprobación masculina? ¿Cómo se nos ocurre COMER? Ese acto tan necesario para vivir. O DISFRUTAR la comida. ¿Qué voy a comer hoy? Ensalada, ¿mañana? TAMBIÉN. Pollo hervido, verduras al vapor, fruta al medio día. Chocolate únicamente el fin de semana. ¿Tengo antojos durante la menstruación? No puedo romper la dieta, no importa si mi cuerpo me pide más comida, azúcar o hierro. La pérdida de sangre y fuerzas no son motivo para balancear mi alimentación. TENGO QUE SER FLACA.

Parece mentira pero la cantidad de casos de anorexia y bulimia, según datos de la Secretaría de Salud de México, registrados son de aproximadamente 20.000 adolescentes que rondan entre las edades de 15 y 19 años. Y para acabarla de amolar, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de México, el 25% son mujeres entre 15 y 18 años. Según la encuesta, éstas dejan de comer por miedo a engordar; y en cuanto a los adolescentes varones, 1 de cada 10 ayunan como método contra la obesidad y el sobrepeso. De igual manera, se corre el riesgo de desarrollar vigorexia. ¿Qué sucede aquí? No tenemos una cultura real de salud. Simplemente los medios nos bombardean con mujeres exageradamente delgadas pero con tallas exuberantes en partes del cuerpo específicas (pechos y nalgas).

Puedo decir que soy una superviviente, yo sufrí anorexia cuando tenía 15 años, no sólo por la presión de la escuela, el bullying constante y acoso de mis compañeros me causó depresión y, además, trabajaba como modelo. No me daba cuenta pero la presión me sobrepasó. Era demasiado. El sufrimiento era real. Pero muchas veces esta enfermedad se toma como un chiste o una exageración. No lo es. Las personas me celebraban que yo estuviera tan delgada y asumían que yo necesitaba saberlo con comentarios tipo: “¡Qué delgada estás! Seguro tú puedes ponerte cualquier cosa y te queda bien”, “pareces una modelo/Barbie”, “estás preciosa”. Y muchos dirán: “Estás preciosa es un cumplido bonito”. Pero es sumamente dañino que te digan eso cuando pesas 43 kilos porque te meten en la cabeza que lo que haces está bien, te hace hermosa. No es así. No es sano. No lo digan. Me tomó años recuperar mi peso y otros años más incluso superar el peso al que estaba acostumbrada. Actualmente peso 58 kilos, y sigo debatiéndome entre la ropa que usaba antes que ya no me queda, obviamente, porque me hace sentir gorda y, por ende, fea, indeseable, me da vergüenza a veces que se vean mis lonjitas o que mis piernas sean muy gruesas. Pero estos son los estereotipos que nos han aventado a la cara desde que tenemos uso de razón. En primer lugar, ser gorda NO significa ser fea, mi cuerpo es precioso y deseable siempre y cuando esté sana y feliz. NO debo sentir vergüenza porque tengo unos pocos kilitos de más. Pero, tampoco está bien que las personas me pregunten y me recuerden que ya no peso lo mismo que antes, lo noto todos los días, me veo en el espejo. NO NECESITO QUE ME LO DIGAS. NADIE TE HA PREGUNTADO. CÁLLATE DIEZ AÑOS.

Cuiden su salud mental, chicas. No dejen que el sistema patriarcal les meta en la cabeza que su cuerpo no es bello, que deben cubrirlo sólo porque no entran en las tallas imposibles e insanas. No permitan que les digan que no son suficiente por su apariencia física ni por ninguna otra razón. Somos suficiente. Debemos mandar al carajo cumplir con un ideal de belleza, pues, esta es completamente subjetiva. Recuerden que NO tienen la obligación de alcanzar ninguno.

Cabello y Vello Corporal

“Me gustan más las mujeres con cabello largo”, debe ser una de las frases más escuchadas por las chicas con cabello corto o rapadas, me incluyo. Cabellos largos, sedosos, brillantes. Cabellos que requieren tratamientos carísimos. Extensiones para hacer parecer que tenemos más y más larga la cabellera.

Nuevamente, no tenemos que cumplir con los estándares masculinos de belleza, pero se nos impone esta presión. Una implícita hasta que la mujer se corta el cabello. Hay de dos: no se apoya el cambio, con comentarios alegando que las mujeres deben llevar el cabello largo hasta comentarios despectivos donde se apunta la fealdad de la mujer; o apoyando el cambio pero con la frase anterior siempre acompañándolo. Esto no debería suponer un problema si no fuera así cada vez.

También puedo decir por experiencia propia que he recibido diferentes críticas por esto mismo. Me corté el cabello hace un año, las críticas llegaron sin pedirlas, como casi siempre. Me dijeron cosas como “en lo personal, a mí me gusta más el cabello largo pero no se te ve mal”, “te prefería con tu cabello largo”, “te quedaba hermoso tu cabello largo por las ondas que se te hacían”, “se luce más el color dorado de tu cabello al ser largo”.

Déjenme decirles que por un momento me arrepentí de habérmelo cortado, pero luego los mandé al carajo porque es MI cabello y hago con él lo que YO quiera. El cabello corto me parece práctico de manejar, peinar y limpiar, y sí, lo utilicé como un método para cerrar ciclos porque se me dio la gana y, lo más importante, me gusta cómo me queda y desde hacía años que quería cortármelo; no lo hice porque tenía miedo que me quedara mal, no le iba a gustar a la gente o no me sentiría lo suficientemente atractiva (¿para quién?). Después de dejar los prejuicios de lado y  no preocuparme sobre lo que la gente opinaría, me armé de valor y me corté mi larga cabellera. Puedo decir que no me había sentido tan bien en muchos años y que, definitivamente lo volvería a hacer.

Además, tengo muchas de pintármelo. Ahí viene también otro problema. Me he encontrado a lo largo del internet una cantidad absurda de hombres, HOMBRES, que se dedican a criticar, burlar y minimizar o criminalizar a las mujeres que se pintan el cabello. Algunos han llegado al punto de decir que las mujeres que lo hacen es porque tienen problemas mentales, es decir, estamos locas o deprimidas. Nada más lejos de la realidad. Pero estos machistas ridiculizan a las mujeres por hacer lo que se les viene en gana. No existe la belleza si no es ante la mirada y consumo masculino. Me da rabia pensar que muchas mujeres, como yo lo hice antes, limitan su creatividad, gustos, ganas de cambio y de expresarse con tal de no perder la aprobación masculina.

Lo mismo sucede con el vello. Se nos humilla y nos llaman asquerosas por tener el pelos en las piernas, las axilas, el bigote y las cejas. Como si el nuestro fuera antinatural y el de los hombres no. Antinatural es que me rasure, arranque, recorte o depile el vello, machito. No es una cuestión de higiene, es una cuestión de poder. Se nos dice que debemos estar perfectamente depiladas, como si estuviéramos en la pre-pubertad, para salir en público, para la vista y aprobación masculina, para ser femeninas. Pero no nos estamos dando cuenta de que estamos viviendo en una cultura de la pedofilia. El patriarcado prefiere los cuerpos maduros de mujer, capaz de embarazarse y de ser sexualizado, con la escasez de vello como si fuéramos unas niñas. Sinceramente, estoy harta de esto. Porque, sí, también a mí me han llamado “asquerosa” y “sucia”, me han visto con reprobación y asco al no depilarme las piernas y las axilas, tanto hombres como mujeres. Y no, no se siente bien. Te sientes mal, te sientes horrible, sobre todo si esos comentarios vienen de familiares con ideas machistas y con misoginia interiorizada. Y también es momento de decir: “¡Basta!”, porque esas miraditas no las merecemos.

Mujeres, créanme. Los machitos misóginos van a criticarnos y ridiculizarnos hagamos lo que hagamos. Lo que les importa es el dominio y que nosotras no nos salgamos de nuestro papel de muñequitas hechas a su gusto. No. Es tiempo de decir: “Ya basta”. Llegó el momento de mandar los estereotipos al carajo y hacer lo que se nos venga en gana. Cortar, teñir, trenzar, rapar, probar, inventar, dejar largo, ponerle rastas, alaciarlo, rizarlo, dejarte el vello largo, rasurarlo, depilarlo, decolorarlo…Lo que quieras, haz lo que se te antoje. No eres asquerosa ni eres menos femenina o bella. Eres una mujer. El vello es normal y eres capaz de tomar tus propias decisiones. Que nada te detenga.

“Así no se expresa una niña”

¿Cuántas veces no hemos escuchado esta expresión? Es hartante, limitante y sumamente infantilizadora. Nos llaman “niñas”, como si las mujeres no creciéramos, como si no tuviéramos más autoridad que un infante, ni la capacidad de expresión más allá de una cría.

Si subimos el tono cuando algo nos apasiona o nos molesta, “no es propio de una señorita”. Si hablamos con malas palabras, “las niñas bonitas no dicen groserías”, si nos expresamos de una forma fuerte y autoritaria, “nadie te aguanta, eres muy mandona”…Y puedo seguirme con más ejemplos.

Las mujeres tenemos libertad de expresión pero… Las mujeres podemos manifestarnos en contra de algo pero… Las mujeres podemos ser jefas y dar órdenes pero… Pero. Pero. Pero. Pero. PERO. Por favor. NO te salgas del estereotipo femenino de la mujer sumisa, que habla bajito, bonito, que puedo pasarle por encima a su autoridad en cualquier momento, que no reclama, que no dice malas palabras, que puedo infantilizar por su dulzura, inocencia e ignorancia. Quiero que seas una niña estúpida para que yo pueda manejarte como quiera y no me intimides.

A los hombres les asustan las mujeres que se expresan fuerte, sin tapujos, sin prejuicios. Les molestan y les asustan las mujeres libres. Y lo demuestran de formas muy divertidas y machistas, por supuesto, desde infantilizarnos y llamarnos “niñas”, apelar al estatus de “señoritas” o “verduleras”, pretender limitarnos por nuestro físico por “bonitas” hasta encasillarnos en un género que bien puede no ser el nuestro al decirnos que somos “uno de los hombres/cuates/batos”. Expresarte libremente significa ser un hombre.

Y sí, también esto me ha pasado más de una vez. Ser una mujer activa, libre y que no tiene miedo a decir las cosas como son, parece ser que te hace automáticamente un hombre. Como en un artículo escrito por Black Sirenis, “tú eres el hombre de la relación”, decían. “Tú eres diferente a las otras niñas, a ti no te da miedo escuchar groserías ni te da pena contestar a los dobles sentidos; de hecho, creo que eres de las pocas niñas que los entienden”. Pero en ningún momento yo era vista como “material de novia” porque yo era “uno de los batos”. Y más de uno me dijo que yo le daba miedo porque tengo una personalidad muy fuerte, casi masculina. Y, admito, eso me dolía mucho. Yo estaba siendo yo misma, no tenía intención de intimidar a nadie. Así que asumí una forma defensiva y fingí orgullo cuando me lo decían porque, cuando cargas misoginia interiorizada, es inevitable que cuando te dicen eso te sientes ligeramente superior a las otras mujeres pero también te lastima el hecho de que no te vean como una mujer. No puedo asegurarlo, pero pienso que sí piensan en una como mujer pero temen tener una relación seria contigo. Porque no fueron pocos los que me dijeron que querían acostarse conmigo, pero nada más. Coger y correr. ¿Y por qué me querían coger? Para decir que me cogieron, para ver si podían quebrarme, porque algunos decían que yo necesitaba una buena verga para ser “mujer”. Y no, no es así. Mi manera de expresarme, mis gustos, mis intereses, mi feminismo, no necesita de tu pene, machito, porque no soy menos mujer, ni menos femenina, ni tampoco estoy amargada por decirte lo que pienso. Por decirte que eres imbécil cuando te expresas de esa manera tan ofensiva y falocentrista.

Y a todos les dije NO. Y aún así, me llamaron mojigata. Si me hubiera acostado con ellos, me hubieran llamado puta. “Hombres necios que acusáis // a la mujer sin razón, // sin ver que sois la ocasión // de lo mismo que culpáis”, y podría citar el poema completo. Las cosas no han cambiado desde el Siglo de Oro, los hombres siguen siendo necios y nosotras las culpables.

“Siéntate como señorita”

Este es uno de mis favoritos porque me parece soberanamente estúpido.

Nos enseñaron a sentarnos con las piernas cerradas porque al llevar faldas, sobre todo cortas, debemos evitar a toda costa que se vea la ropa interior que, casualmente, siempre intentan ver los hombres. Por ejemplo, veamos imágenes de los hombres alzándole la falda a las mujeres, las niñas que tienen que llevar una licra debajo de la falda porque los varones se ponen debajo de las escaleras para verles los calzones a las niñas, más de un hombre que intenta meter mano debajo de la falda. Pero nosotras debemos cerrar las piernas porque es indecente que vayamos abiertas porque podríamos “incitar” a los hombres. Sin embargo, ellos, al llevar pantalón, algo que ya de hecho es bastante incómodo para sus testículos, se les dice que deben abrir las piernas al sentarse, ocupar el mayor espacio posible. Claro, porque sus divinos y enormes huevos son tan pesados que necesitan todo ese espacio. Aunque, realmente, yo diría que las cosas deberían ser al revés: Los hombres deberían llevar falda y las mujeres pantalón o todas falda, y deberíamos ser conscientes para respetar el espacio personal en el ambiente público. Ni las mujeres tienen que andar con las piernas cerradas ni los hombres haciendo manspreading, es decir, nosotras no tenemos que hacernos más chiquitas en el espacio público para no “incomodar” y ellos no tienen derecho a invadir el nuestro espacio con su despatarrado sin importar si nos incomodan o no.

Siempre y cuando no invadan el espacio de alguien, mujeres, siéntense como quieran, piernas abiertas, cerradas o cruzadas. Como te sientas cómoda y te parezca. Y si alguien te dice algo, más vale que le digas: “Estamos en 2019, no me vas decir cómo me debo sentar. Si no te gusta, ándate a otro lado”. Si insiste en que así no se sienta una “señorita”, dile que no eres señorita, dile que eres una mujer hecha y derecha y que te sientas como te viene en gana.

Y hombres, aprendan a que ustedes no son el centro del universo y que los asientos públicos no son solo suyos. Tengan en cuenta a las demás personas, sobre todo mujeres, alrededor de ustedes. Dejen de incomodar con su manspreading y aprendan a sentarse de una forma cómoda pero respetuosa para con aquellas personas con las que comparten asiento. No es difícil. Tomen consciencia y cambien.

Ser bonita o ser lista

“¡Wow! No sólo eres guapa, también eres lista”, “Eres muy lista para ser tan guapa”, “Las mujeres son listas o son guapas, no se puede tener ambas”, “Las mujeres tetonas son más tontas que las ‘poco-pecho'”, “No, si ‘fulana’ es guapísima. Lástima que se metió demasiado en el feminismo, es como una secta, y ahora tiene tremendas ideas radicales”.

Chicas. Admitámoslo. Todas nos hemos encontrado en alguna situación similar, donde los hombres se sorprenden porque, además de guapas, somos inteligentes. Como si una cosa estuviera peleada con la otra. Además, ya hablamos que el concepto de belleza es enteramente patriarcal, es decir, que se obtiene de la mirada y aprobación masculina. De esta forma, seguimos ciertos estándares físicos para gustar a los hombres, pero ¿qué pasa cuando no seguimos los estándares/estereotipos intelectuales? Los hombres se sorprenden y se asustan.

Los chistes misóginos hablan sobre esto, donde prefieren a una mujer tetona, culona o con un cuerpo imposible que a una inteligente y capaz. Nos quieren tontas y, luego, cuando “descubren” que eres lista, en lugar de asumir desde el principio que lo eres porque, pues, no les importa, te quieren hacer sentir especial porque eres más lista que las otras mujeres, provocando que entres en competencia y te sientas superior a las otras. Nos manipulan, le dan la vuelta al asunto y nos vuelven inseguras para que tengamos celos de las otras mujeres; de tal manera que nunca nos sentimos suficientes.

Ahora, antes de que salte algún machito a decirme #NotAllMen, quiero decirles, cariños, que en algún momento lo hicieron y ni cuenta se dieron. Porque la educación machista así les enseña que sean. Recuerden que la lucha feminista no es contra los hombres, sino contra el machismo. Así que en vez de reclamar que ustedes no son así, deberían reflexionar las veces cuando lo fueron y evitar ese tipo de actitudes. Sólo ustedes pueden iniciar su superación y cambio personal.

Mujeres, nosotras ya somos inteligentes, pero estamos metidas en un sistema que nos dice que nunca seremos lo suficientemente inteligentes. Porque, oye, para inteligencia están los machos. Nosotras somos para vernos bonitas. Maquillarnos estupendamente, no tener ni una arruga ni imperfección, ser delgadas, ser inocentes, lindas y sumisas. Caraja, que lo que quieren es que sigamos siendo unas niñas. Niñas con cuerpo maduro, cuerpo de mujer. Les gustamos tontas, inseguras y dependientes. Les gustamos desechables y fáciles de humillar y manipular. Por eso les asustan tanto las mujeres inteligentes y buscan doblegarlas para que caigan en la trampa de la competencia entre mujeres por la atención y aprobación masculina.

Nunca olviden, mujeres, ustedes son brillantes, hermosísimas, más que suficientes, únicas, fuertes. Si un hombre no valora ninguno de sus atributos, o se burla o los minimiza, no las merece #AmigaDateCuenta

Conclusiones

Me fue bastante difícil hacer este texto. Tuve que hacer varios ejercicios para ello. Observar cómo se comportaban los hombres para con las mujeres, platicar con las mujeres de mi entorno, escuchar atentamente los comentarios de varios hombres de distintas edades, platicar sobre feminismo con hombres y mujeres, reafirmar mis posturas, realizar una reflexión personal y adentrarme en mi pasado para analizar los pensamientos y acciones misóginas y machistas que en algún momento me atormentaron y aún lo hacen. Fue un proceso lento, a veces frustrante y sumamente complicado.

Me he dado cuenta que, incluso ya adentrada en el feminismo, sigo sufriendo por encajar en un modelo de cuerpo que jamás voy a alcanzar. Me fue muy doloroso aceptarme tal cual soy y lo es aún más, el saber que con todo y todo me siento mal a ratos. Todavía no logro aceptarme por completo y no puedo evitar pensar más en mi peso que en mi salud cuando se trata bajar lo que he subido. Tengo la voluntad para que, poco a poco, esto sea posible y me ame por completo, me abrace con todo lo que soy y deje de intentar encajar en un molde que no vale la pena. Soy suficiente, hermosa, perfecta en mi imperfección. Y quiero llegar a todas las mujeres que se sienten inseguras, tristes y furiosas con ellas mismas porque la sociedad les impone estereotipos tóxicos inalcanzables. Siempre les voy a repetir que no necesitamos alcanzarlos, que lo único que importa es que estemos saludables y felices con nuestros cuerpos y que tengamos una confianza tan fuerte que nadie, absolutamente nadie, pueda derrumbarnos.

Maquíllate o no, haz ejercicio, come rico y saludable, y también cómete ese pastel de chocolate que tanto te gusta, córtate el cabello o déjatelo largo, píntatelo o no, rasúrate o no. Eres sexy, hermosa e inteligentísima. Eres una mujer completa y maravillosa.

Es hora de dejar de pensar “¿Por qué no soy suficiente?”, cuando en realidad esta sociedad es la que nos hace sentir así. Nosotras SOMOS suficiente y más. Nosotras SOMOS y ya. Imperfectas y humanas, no tenemos que cumplir con los requisitos imposibles que se nos marcan, sólo tenemos que tomarnos de las manos las unas a las otras y decir “No más, basta. Al carajo”, y avanzar juntas para ir tirando los estereotipos desde la raíz, desde nuestro interior. Crezcamos en nuestra sororidad para tirar al patriarcado y al machismo. Para crear una sociedad más feminista.

Categories: Ensayo Literario

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