A la Generación 2011 de Literatura Latinoamericana

Por Jess Ayala

Escribí esto hace unos años, cuando estaba obsesionada con el buen José Agustín y la literatura de la Onda. Después del #MeTooEscritoresMexicanos fue un alivio encontrarme con este texto. Me recordó lo increíble que me la pasé y lo mucho que amo la literatura así como a mis compas de la licenciatura (aunque no frecuente a todos). Está muy cagado y es tiempo de compartirlo con la comunidad violeta. Enjoy!

Nat dibujando un fondo bonito para tomarnos la foto del recuerdo el último día de clase 🙁

¿Qué es un literato?

¿De qué vas a vivir?

¿Pueden dar clases de Español?

¿En dónde pueden trabajar?

¿Por qué estudiaste eso?

Estas son sólo algunas de las miles de preguntas que he escuchado desde el 2011 cuando hice llorar a mis papás porque decidí estudiar Literatura Latinoamericana. La verdad es que no tenía ni pinche idea de lo que me depararía el futuro. Nunca olvidaré el día en el que salí del teatro Felipe Carrillo Puerto, después de escuchar una plática promocional de la carrera (que por cierto, me la vendieron bien bonito) y le llamé a mi novio de aquél entonces para decirle: “¡VOY A ESTUDIAR LITE!”

Estaba feliz por mi. Él desde pequeño sabía que la medicina era lo suyo mientras yo estuve meses debatiendo si presentaría para estudiar Literatura Latinoamericana o Enseñanza del Inglés, ¿qué chistoso, no? Yo hablando dos idiomas *ba dum tss*. A pesar de que tenía muchas dudas, me aventé y por fortuna, esta pequeña imprudencia me salió bien.

Hace unos días surgió una plática, en un rincón de Vergel Hills y con Bocanada de fondo, sobre mi (irracional, cursi y chocante) amor por la carrera y la literatura. La transcribo según mi memoria y la comparto porque considero, es el resumen perfecto de lo que significaron esos 4 años para mi. Al interlocutor le llamaré J.P. (aka Yeipi).

JP: Si pudieras escoger de nuevo, tomando en cuenta todo lo que ya sabes y has vivido en lo profesional, ¿volverías a estudiar Literatura?
Yo: Sí, sin pedos.

Cabe mencionar que fue un momento hermoso porque puso cara de WTF, pinche loca, continúo con la historia:

Yeipi: jajajaaj ¿por qué?
Yo: Porque ya no tengo miedo.
Yeipi: ¿Miedo de qué, Jessica Ayala?

Cuando me dijo esto sentí que se puso modo #enperra y muy salsa. Tal vez lo imaginé pero sin duda el ambiente se tornó tenso.


Yo: Porque ya sé de lo que soy capaz de hacer y ya no me estoy torturando por mi futuro. Si actualmente tengo un trabajo chido y Violetas cada vez tiene un mayor alcance… (inserte aquí de acuerdo a su imaginación todos los autoelogios humildes que me aventé) es porque sé lo que estoy haciendo. ¿Y de dónde lo aprendí? Pues de todo lo que leí, de mis maestros y de las personas que estuvieron conmigo esos 4 años. Además, si te contara todo lo que viví, tengo muchas historias poca madre no, no, no. Ni de pedo lo cambio POR NADA, ¡CAGAJO!

Para este punto ya me estaba poniendo en modo Tuca Ferreti: «no voy a discutir con usted…» (00:23)

Bromi, pero eso sí, durante unos 5 minutos más no hubo quien me detenga; defendí a capa y espada la licenciatura: “uno de sus objetivos es proponer soluciones a problemáticas sociales”, “la verdad es que yo mejoré como persona”, “cambió mi visión del mundo” que si esto y lo otro.

A continuación, el susodicho replicó nuevamente pero sin otorgarme el derecho a responder porque terminó su speech con una pregunta: “¿cuál es tu mejor historia?”

¡UUUY! Para que me hago si esta es mi parte favorita. Inhalé hondo y empecé la mágica narración:

La primera vez que se me erizó todo y dije “esto no es real, ¿QUÉESTÁPASAAANDAA?” fue en la primera edición de FILEY.

El 12 de marzo del 2013 #noseolvida porque el escritor homenajeado fue José Emilio Pacheco.

El escritor favorito de mi amigo Elías.

Yo siempre he dicho que todos necesitamos a un Elías en nuestras vidas: te motiva, te echa porras, te da paz cuando platicas con él. Tiene sangre regia y creo que tal vez por eso es muy “vivaracho” como dicen por ahí. Es muy proactivo, participa en todo aquél proyecto en el que crea y en ese entonces formaba parte del equipo de Teatro de Rutas Literarias. El caso es que le tocó actuar en una breve representación que prepararon para el escritor. Serían únicamente tres personas en escena.

Y pues bien, llegó el día: el salón estaba a reventar y en primera fila podías ver a nuestro José Emilio Pacheco, en silla de ruedas, casi inmóvil. Ya se veía muy dado en la madre y parecía que en cualquier momento nos dejaría (de hecho murió al año siguiente *sadface*). El escritor de Las Batallas en el desierto, El principio del placer, El viento distante, Morirás lejos… ¡No mames! Yo estaba casi detrás de él, en segunda fila.

Nunca le he preguntado a Elías si se apretó los huevos para no llorar de la emoción pero yo de plano no me aguanté y derramé unas cuantas lagrimitas. Ahí estaba mi mejor amigo actuando para su escritor favorito, como si fuera algo que hiciera todos los días. Con decirte que tengo fotos de ese cabrón en el momento en el que le dio a José Emilio la plaquette en la que participaron los escritores del salón. La presentaron ese mismo año en FILEY y la llamaron Litera gangnam style. Pinche nombre culero que eligieron. Me encantó. Ay Yeipi, si te contara sobre cada una de las personalidades con las que estudié, no tendría fin. Porque eso es lo que son, tremendos personajes y pura gente chingona.

Regresando a la historia principal, nunca sabremos si José Emilio leyó la plaquette pero Elías estaba muy feliz porque finalmente tenía su libro firmado. Como podrás darte cuenta, casi casi se me cae el calzón ese día. No encuentro otra expresión para plasmar cómo me sentí.

Al finalizar la historia entré a mi Facebook para buscar dichas fotos y se las mostré. Mientras las veía me dijo: “lo contaste muy bonito”. Me reí mucho. Seguimos platicando y le seguí contando otras anécdotas pero esta vez más perversas y no tan académicas. Momentos después me tomó desprevenida y se me quedó viendo para soltarme un: “entonces sí rifa estudiar literatura”

A lo que respondí cual literata culta:

¡A HUEEEEVOOOOOOOO!

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