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Soy Violeta

Sobre la violencia de género en la UADY

Según la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV), la Violencia contra las Mujeres es “cualquier acción u omisión, basada en su género, que les cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte tanto en el ámbito privado, como en el público”. Dentro de las modalidades de violencia que se definen en esta ley, se encuentra la violencia laboral y docente, descrita como la violencia que “se ejerce por las personas que tienen un vínculo laboral, docente o análogo con la víctima, independientemente de la relación jerárquica, consistente en un acto o una omisión en abuso de poder que daña la autoestima, salud, integridad, libertad y seguridad de la víctima, e impide su desarrollo y atenta contra la igualdad”. 

La LGAMVLV también tiene definiciones para estos dos términos: 

Hostigamiento sexual: Es el ejercicio del poder, en una relación de subordinación real de la víctima frente al agresor en los ámbitos laboral y/o escolar. Se expresa en conductas verbales, físicas o ambas, relacionadas con la sexualidad de connotación lasciva.

Acoso sexual: Es una forma de violencia en la que, si bien no existe la subordinación, hay un ejercicio abusivo de poder que conlleva a un estado de indefensión y de riesgo para la víctima, independientemente de que se realice en uno o varios eventos.

En las últimas semanas han salido a la luz varios casos de hostigamiento y acoso dentro de la máxima casa de estudios Yucatán. Dos de ellos han alcanzado particular atención pues no solo fueron denunciados dentro de la misma institución, sino también ante la Fiscalía General del Estado. En el primero, una estudiante de preparatoria, menor de edad, denunció que, al solicitar la rectificación de sus calificaciones, el profesor de la asignatura le tocó la pierna. En el segundo, una estudiante de licenciatura acusó a un ayudante de su profesora de haberla tocado sin su consentimiento durante un viaje de prácticas. Los casos denunciados involucran tanto acoso como hostigamiento. En ambas situaciones se utilizó la figura de autoridad del profesor (o ayudante) que conllevó a un estado de indefensión. Así mismo, en ambos casos existió abuso y conductas relacionadas con la sexualidad, de connotación lasciva. Afortunadamente, uno de los profesores involucrados ha sido despedido. 

Sin embargo, lamentablemente, no son los únicos casos. Predomina otro tipo de abuso aún más sutil que involucra el abuso de confianza, lo cual hace que sea mucho más difícil denunciarlo. De entre los casos que se han hecho públicos, impacta el de una estudiante de posgrado que ha tenido que lidiar durante mucho tiempo con el acoso y hostigamiento por parte de un profesor con el que trabajó años atrás y al que consideraba su amigo. Pero son precisamente esos años de trabajo y de amistad lo que ha complicado la resolución del conflicto. Me cuenta que trabajó con él desde antes de terminar su carrera y al titularse se fue a vivir a otra ciudad, pero mantuvo contacto con el académico como cualquier persona lo hace con sus amistades. Varios años después, ella decidió regresar para estudiar un posgrado y lo contactó para informarse. A base de mentiras él consiguió que ella trabajase con él hasta que ya no se pudo más, no por la carga de trabajo sino porque el profesor trató de aprovecharse, no solo de su amistad sino de su posición para beneficiarse con el trabajo que ella realizaba.

Quiso utilizar esa confianza para acercarse cada vez más a ella de manera física y poco a poco quiso manipular sus decisiones tanto personales como profesionales. Cuando ella se dio cuenta y protestó, el trato se volvió cada vez más hostil. Como cualquier persona normal, ella se alejó de un ambiente por demás desgastante y encontró una oportunidad en otro departamento del campus, pero fue ahí cuando el hostigamiento se hizo mayor. “Fue como por arte de magia”, comenta. “Después de darle las gracias al doctor por haber trabajado conmigo, me disculpé por no poder adaptarme a su cambio tan radical de actitud hacia mí y me despedí”. Pero fue a partir de esa última interacción que comenzó a enfrentar situaciones dentro de las instalaciones del campus. Comenzó con burlas y amenazas mediante mensajes anónimos en redes sociales y fue escalando hasta dañarle el auto, el material de trabajo, destrucción de su área experimental e incluso el mismo profesor se le emparejó cuando circulaba por la carretera de camino al campus. 

“Todo lo fui reportando conforme iba sucediendo. En el caso del daño al equipo que utilizaría en uno de mis experimentos, me dijeron que habían sido unos ladrones, pero la verdad es que solo fue el daño, porque no se llevaron nada. Cuando reporté lo del auto, me dijeron que a lo mejor había sido alguna «novia celosa» de este profesor y no se hizo nada al respecto”. Ella dice que por más que insistió, todo quedó como una simple anécdota para comentar en los pasillos. “Inclusive me recomendaron estacionarme cerca de las cámaras de seguridad porque era mi responsabilidad evitar que volviera a suceder, lo que me hizo entender que estaba totalmente sola en esto”. No conforme con todo lo anterior, y a pesar de que hacía tiempo no cruzaba palabra el profesor, éste utilizó su posición para tratar de imponerle la realización de otras actividades para su beneficio como académico, sin que nadie lo sancionara.

Si ya de por sí se trata de un asunto bastante grave, lo más alarmante es que el profesor se ha servido de otros estudiantes para realizar estas atrocidades. Además, todo ha ocurrido dentro del campus. También ha habido repercusiones en la salud de la denunciante. “Desde que comenzó todo esto, no me he sentido bien. Una trata de hacerse la fuerte y creer que está por encima de todo, pero el cuerpo lo resiente. Además, el ambiente no ayuda. Incluso comencé a evadir otras actividades que requerían que esté presente en la escuela, por miedo”. Relata que le tomó tiempo asimilar todo el daño psicológico que le impidió durante varias semanas simplemente salir de casa y realizar sus actividades diarias. Gracias a la ayuda médica, que recibió por fuera de la Universidad, se armó de valor para denunciar, pero solo se encontró con otro obstáculo mucho mayor. 

Envió una escrito a las autoridades del campus, pero, para su sorpresa, la respuesta fue que habían pasado 30 días desde el último hecho denunciado en su escrito, por lo que su queja no podía proceder de acuerdo con lo establecido por la cláusula 115 del Contrato Colectivo de Trabajo entre la Asociación de Personal Académico de la UADY y la UADY como tal. Es decir, las autoridades trataron su caso basándose en un reglamento que solo aplica para el personal contratado y que nada tiene que ver con los estudiantes. Además, es un procedimiento totalmente desconocido para quien no forma parte de ese personal. “Me han criticado por no haber acudido directamente a la Fiscalía a poner una denuncia formal, pero ahí me piden un tipo de evidencia con el que no cuento. En los otros casos denunciados tengo entendido que se tuvieron videos o testigos. En mi caso todo ha sido sutil e indirecto”. 

Mientras tanto, a partir de todas estas denuncias, la Universidad intensificó sus acciones y estrategias para garantizar la igualdad de género y disminuir la violencia dentro de sus instalaciones. Una prueba de ello es el recientemente aprobado Protocolo para la Prevención, Atención y Sanción de la Violencia de Género, Discriminación, Hostigamiento y Acoso Sexual, cuya propuesta y aprobación se prolongó de manera sorprendente. No obstante, su contenido es incierto para mayoría de las personas que se han visto en la necesidad de denunciar casos de esta naturaleza. También se han llevado a cabo cursos y talleres para los académicos, pero el camino por recorrer aún es largo. 

Desgraciadamente, nada de esto es nuevo para nuestra Universidad. Por años ha existido una sutil relación de poder que va más allá de la posición jerárquica profesor/alumno. Si bien es fundamental el respeto hacia las figuras de autoridad, debe garantizarse su reciprocidad por el simple hecho de que todos somos personas. El problema radica en que se quiere aplicar ese poder o esa autoridad en todos los ámbitos, en todo momento. Por un lado, está el profesor que evalúa subjetivamente el trabajo de una estudiante porque no puede aceptar que ella haya alcanzado el mismo nivel de conocimiento, y por el otro está el que se gana su confianza para después querer beneficiarse del trabajo ajeno. Otro tipo de abuso menos evidente es el de la eterna superioridad de los académicos. Superioridad que impide el desarrollo de la creatividad de los estudiantes, no solo mujeres, al verse obligados a seguir un patrón si quieren avanzar dentro de sus carreras. Cambios repentinos en reglamentos o en fechas de entrega de trabajos, sin ser notificados como corresponde, son situaciones a las que los alumnos se tienen que enfrentar todos los días, sin la posibilidad de protestar, porque de los académicos “depende” su futuro profesional, aunque todo el trabajo sea fruto del esfuerzo de los mismos estudiantes.

Existe una simbiosis particular entre profesor/alumno, que generalmente está conformada por un profesor (hombre) y una alumna, en la que se intercambia el trabajo de la estudiante por beneficios limitados por parte del docente, tales como apoyos económicos o en especie, o entrenamiento temporal. Un ejemplo clásico dentro del ambiente universitario son las llamadas “chinas”. En el argot académico, se trata de estudiantes que llegaron con algún profesor, ya sea porque éste les impartía alguna asignatura, por servicio social o simplemente por interés de ampliar sus habilidades en algún área en particular pero que, al concluir, se quedaron trabajando con dicho profesor para ayudar en cualquier otra actividad que necesite. Algo parecido a una asistente. Estos trabajos consisten en actividades secundarias como redacción de documentos, elaboración de materiales para las clases, trámites administrativos tediosos que el docente “no tiene tiempo” para realizar, y otros trabajos pequeños que para nada constituyen oportunidades de superación profesional para las estudiantes. Generalmente se les puede encontrar en un espacio improvisado dentro de los cubículos de los profesores y pasan todo el día con ellos.

Si bien esto no quiere decir que sea incorrecto aceptar este tipo trabajos, algunas veces estas actividades van más allá de lo profesional y las alumnas se ven presionadas a aceptarlas con tal de no perder el apoyo que han estado recibiendo. En muchos casos, estas actividades involucran favores sexuales aprovechando la relación de confianza que se puede llegar a generar dentro de esta simbiosis, pero que para nada los justifica. Lo preocupante es que las estudiantes llegan a desarrollar tal confianza, que pueden considerarlo como un acto de agradecimiento y, aunque no siempre están de acuerdo, no se atreven a protestar, manteniendo por años ese ciclo de control casi imperceptible para ellas. Tristemente, tienen tan normalizado el rol que se les ha impuesto que suelen juzgar de exageradas a las denunciantes, y defender a los agresores porque “él no es así”.

Es necesario hacer notar que, al ingresar a la Universidad, en la mayoría de los casos ya se es mayor de edad. La mayoría de edad siempre ha sido el argumento por excelencia cuando alguna se atreve a denunciar. Continuando con el relato de la estudiante de posgrado, nos comenta que, además de la amistad que tenía con el profesor, la edad ha sido un gran obstáculo desde que dio a conocer su situación. “Es frustrante porque todo lo minimizan y lo ven como algo normal, según porque ya soy adulta y sé lo que hago. En varias ocasiones me han dicho que debería separar mis asuntos personales de los laborales, puesto que este profesor era mi amigo. También me han insinuado que estoy armando un escándalo por celos o envidia hacia él, y que se trata de un asunto meramente personal, lo cual no es así”.

Nos cuenta como se percibe una empatía casi natural hacia el profesor, el cual ha sido citado de manera interna para dar su versión de los hechos, pero a ella jamás le han notificado algo de manera oficial. Ninguna autoridad le ha concedido el beneficio de la duda y ni siquiera se han acercado a ella para saber si se encuentra bien. “Eso sí, mucha gente me ha contactado desde que hablé sobre mi situación, pero no hay mucho que puedan hacer, porque temen arriesgar su puesto o sus calificaciones”. Por el otro lado, también comenta que muchas personas ya no quieren hablar con ella. “Algunos me han dicho, en tono de burla, que prefieren no hablar conmigo porque podría acusarlos de estarme acosando”. Al final, a la vista de todos, ella ha sido el problema.

“Decidí hablar porque comencé a notar a otras chicas mucho más jóvenes en las mismas circunstancias. Me vi reflejada en ellas y por eso estoy tratando de evitar que lleguen a sufrir lo que me ha tocado vivir. Nadie debería pasar por algo así”, concluye.

De todos estos casos se desprende una reflexión muy importante que tiene que ver con el consentimiento. Pérez (2016), en su trabajo titulado “Consentimiento sexual: un análisis con perspectiva de género”, aclara que el consentimiento “existe cuando dos (o más) personas están de acuerdo en realizar una práctica sexual de un modo determinado en un momento cualquiera”. Sin embargo, el término ha sido desvirtuado bajo el argumento de las “relaciones consensuadas”. Es decir, si una mujer decide, en un momento determinado, “conceder” una relación sexual con un hombre (se trate de un amigo, conocido o profesor), no significa que le esté dando derechos sobre las demás áreas de su vida. El consentimiento solo aplica para el momento específico de la relación sexual, nada más.

La mentalidad machista, tanto de los hombres como de las mujeres que se encuentran en alguna posición de autoridad, hace que estos términos sean confundidos, provocando la revictimización de la afectada y prolongando el calvario al que ya de por sí están expuestas. En otras palabras, se justifica cualquier abuso o violencia por el simple hecho de que la mujer, en un momento determinado, aceptó tener una relación con el agresor (obviamente, antes de saber que se convertiría en su agresor). 

Lamentablemente en las instituciones educativas, donde las jerarquías son muy marcadas, es común encontrar este tipo de violencia bastante normalizada. Si bien las estudiantes universitarias efectivamente “son adultas y saben lo que hacen”, es obligación de sus autoridades velar por su seguridad y procurarles el respeto que todo ser humano merece. Una mujer, independientemente de su ocupación o posición dentro de cualquier institución, debe ser libre para trabajar y lograr sus metas sin necesidad de rendirle cuentas a nadie por el simple hecho de ser mujer. De la misma manera, una mujer debe poder ser libre de vivir su sexualidad sin que sus superiores utilicen esas decisiones para controlar su existencia o condicionarle la seguridad que están obligados a proporcionarle.

Para terminar, esperamos que ahora que ya se cuenta con un protocolo diseñado específicamente para tratar estas situaciones, nuestra máxima casa de estudios le de seguimiento a todos los casos, tanto a los denunciados de manera formal como a los que no se les ha dado la debida atención por no cubrir con los requisitos del reglamento inadecuado en el que basaban sus procedimientos antes de aprobar el protocolo. La Universidad es una de las mejores del país. Debe utilizar todo ese poder para generar cambios, para bien de la misma Universidad y por el bien de sus estudiantes que, al final, son los que le dan ese prestigio tan preciado que siempre la ha caracterizado. Pero debe hacerlo sin olvidar que ese prestigio no debe lograrse a costa de la salud y seguridad de sus estudiantes. 

Fuentes:

Pérez, Y. (2016) Consentimiento sexual: un análisis con perspectiva de género. Revista Mexicana de Sociología, 78(4): 741-767.

Portal Vida Sin Violencia. URL: http://vidasinviolencia.inmujeres.gob.mx/?q=clasificacion#. Consultado 2 de julio 2019).

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Especial Viajando Sola

Y aunque sea sola, viajar.

Por Gracie Grace.

Mi historia sobre viajar sola comienza desde antes de hacerlo, se preguntarán ¿cómo es eso? Sí, inició desde que me se metió en mi cabecita inquieta la espinita de conocer otro país, a pesar que nadie podía acompañarme debido a sus trabajos, por dinero o simplemente por desinterés. Así es que me atreví a hacerlo pues contaba con un gran plus. La working holiday visa de Nueva Zelanda que me permitiría trabajar 1 año o más en aquel país. Sería para mí, la primera vez viajando sola, la primera vez en avión, la primera vez lejos, tan lejos de mi lindo México.

Recuerdo perfectamente el día que me bajé de ese avión en Auckland, sola, asustada y nerviosa de perderme, pidiendo ayuda al personal del aeropuerto y cuando la chica de información me llevó al bus stop, casi de la mano. Por supuesto que los primeros días fueron algo difíciles, el llegar a un país donde no hablan tu idioma, creyéndome que llegaba con un nivel intermedio de inglés, cuando los kiwis hablan de una manera realmente rápida, mi cara era de whaaaaaaaaaaaat?

Es un país con muchos latinos, pues brinda la oportunidad de trabajar por temporadas (pero bueno, esa es otra historia que deberían de atreverse a vivir), eso me dio la facilidad de al poco tiempo, conocer a personas de Argentina, Chile, Italia, Alemania, México, entre otros. Ya no me sentía tan sola porque al ser las culturas tan diferentes, que es bien interesante escuchar las historias y costumbres de cada persona. Desde ese momento siempre tuve compañía, me moví a lo largo del país con personas que tenían los mismos deseos que yo: seguir conociendo ese maravilloso país (y de tener qué comer).

Recuerdo perfectamente el día que me bajé de ese avión en Auckland, sola, asustada y nerviosa de perderme, pidiendo ayuda al personal del aeropuerto y cuando la chica de información me llevó al bus stop, casi de la mano.

En Nueva Zelanda estuve trabajando en lugares que jamás en mi vida aquí en México me hubiera imaginado trabajar; primero en una maderera, acomodando tablas (pesadas por cierto) en pallets, para exportarlas a Estados Unidos (madera pro, así es), un trabajo muy duro, en donde los primeros días me dolían partes del cuerpo que no sabía que existían en mi.

Después picking de kiwis, cosechando fruta y recordando las sabias palabras de mi padre cuando le expliqué sobre los trabajos que podría tener allá: “Eso es trabajo de campo, tú no lo vas a aguantar”, no sé por qué me dijo eso, aunque él tenía mucha razón, ya que sólo lo hice dos días y la verdad es que no me gustaba. Mi principal trabajo fue ser tray maker, hacía las cajas en donde los chicos de la packhouse empacaban los kiwis que se exportan a todo el mundo.

Otro trabajo con el que intenté fue el de mesera, con solo 20 horas a la semana (durante 15 días) no era suficiente, nada más me alcanzaba para pagar mi renta y mi comida, nada de ahorrar y darme uno que otro gusto. El trabajo que más me sorprendió fue en una farm, en la calving season (cuidar y alimentar a los terneros). Siempre pensé y seguramente por comentarios de otros mochileros, que sería un trabajo muy difícil, sentía que iba a ser muy rudo para mi… y sí así fue, fue muy pesado; pero increíblemente me gustó, es ahí cuando te das cuenta que tienes que vivir tu propia experiencia, que está bien tomar en cuenta los comentarios y consejos de las otras personas, pero hay que atreverse a hacerlo, probar nuevas cosas, el objetivo es no cerrarse. Aprendí a conducir una cuatrimoto y fue de lo más divertido, trabajé a pleno sol, lluvia y también frío, siempre rodeada de la naturaleza.

Mi último trabajo fue en una fábrica de leche en polvo para bebés, 12 horas al día, por 4 días seguidos, con la ventaja de que tenía 4 días libres que me daban la oportunidad de hacer viajes cortos en ese periodo, pesado también, pero era un cansancio diferente, era mental (te pasa toda la vida una y otra vez por la cabeza y llegan momentos en los que ya no sabes que más re-pensar).

Mi working visa se terminaba y por todo lo trabajado durante ese tiempo me permití regalarme unas merecidas vacaciones antes de regresar a mi país y recorrer un poco del maravilloso sudeste asiático. Como lo describí anteriormente, conocí a muchos latinos, tuve muchos amigos, pero con ninguno coincidí para hacer el viaje y pues bueno, decidí agarrar mis maletas de nuevo e irme sola. No es una decisión fácil, recuerdo un par de días antes de partir que me dio un ataque de ansiedad y miedo a tal grado de querer cancelar todo lo planeado y regresar volando a los brazos de mi madre, por el simple hecho de ir SOLA, de aburrirme, de perderme, de que algo malo me pudiera pasar. Tal vez lo único que me hizo agarrar valor y atreverme, fue que ya tenía los tickets comprados y era o tomar ese avión hacia Kuala Lumpur, Malasia o perder mi dinero que tanto esfuerzo me había costado.

Y bien, cuando el recorrido comenzó debo confesar que no tenía mi itinerario planeado, sólo sabía que ya estaba en Malasia y que quería ir sí o sí a Singapur y después Tailandia. Mi guía fueron los blogs de viajeros que habían hecho esas rutas antes, espero que el Dios de los viajes premie a esas buenas almas que nos comparten sus tips de cada lugar.

Así fue que en Malasia empecé a mochilear de verdad, en Kuala Lumpur conocí a una chica Filipina con la que hasta el día de hoy mantengo contacto a través de redes sociales y que me salvó de terminar empapada pues me compartió de su paraguas en una tarde de tormenta. También conocí a un par de españoles súper buena onda y divertidos que me llevaron a un club con una vista alucinante hacia las torres petronas y así seguía recorriendo Malasia; bajé hacia Singapur, un país bellísimo, al que de verdad un par de años atrás jamás me hubiera imaginado que yo lo conocería, sólo miraba entusiasmada los videos de Alan X el Mundo (el mejor YouTuber de viajes), imaginandolo y PUM! ya estaba ahí, entonces comprendí el poder de la atracción. Me encantó tanto que me quedé más de lo planeado, esa es una de las ventajas de no tener armado tan estrictamente tu ruta e ir sola, si un lugar te gusta, te quedas más tiempo y ya.

Regresé de nuevo a Malasia para despedirme en George Town, además para tramitar mi visa para Tailandia, en donde me reuniría con un par de amigas que conocí en tierras kiwis, para aprender a bucear en Koh Tao (unos de los lugares más baratos del mundo para hacer esta actividad). Sentí un alivio de verlas, de conversar las anécdotas de nuestros respectivos viajes, de aprender algo nuevo juntas, de tomar unas cervezas y ricas comidas, aunque fue por poco tiempo, por intereses diferentes de nuevo, nos separamos y cada quien siguió sus rutas.

Tailandia me encantó, su comida, su gente, sus magníficos lugares y lo barato que es.

Ese viaje de verdad que me llena de satisfacción, el estar ahora detrás de esta computadora y ver hasta dónde pude llegar SOLA, obviamente extrañando el calor de mi gente, sin tener quien te tome buenas fotos, sin ser cómplice de alguien, pero lo hice y estoy orgullosa de mi, de lo aventurera que puedo ser.

Eso sí, es muy importante el  informarnos sobre el lugar al que queremos visitar y asegurarnos antes si es seguro para una mujer y sola. Los países del sudeste en los que estuve me parecieron realmente seguros y Nueva Zelanda mucho más.

Yo sé que quiero seguir llenando mi pasaporte de sellos de nuevos países, mi corazón y mi alma de lo inmaterial, pero verdaderamente bello de este mundo, de la capacidad de asombro al conocer algo nuevo de una cultura, de hacer amigos de todos lados del planeta, de las anécdotas que les contaré a mis nietos y saber que seguiré viajando, con amigos, con mi pareja, con mi familia y si de plano nadie me quiere seguir, VIAJAR SOLA, pero viajar.

 

 

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Especial Viajando Sola

Viaja sola una vez y no lo dejarás de hacer

Por Ana Acatl

 

Me llamo Ana, soy del Estado de México, el estado registrado como el primer lugar a nivel nacional de feminicidios y Nezahualcóyotl, una de las zonas que más transito, se encuentra entre los municipios con mayor número de agresiones a mujeres en lo que va de 2018. Mido 1.50 metros y tengo 23 años aunque luzco de mucho menos, parezco frágil y en muchos sentidos lo soy, pero nada de eso me impidió viajar sola. Contextualizando esto y narrando lo consciente que soy del riesgo que corro al salir a caminar por las calles de mi casa, comprenderán que mi mayor miedo al viajar sola por primera vez era ser agredida por algún hombre, sobre todo después de leer notas periodísticas que narran casos de mujeres asesinadas en sus viajes, como el de Maria Trinidad, quien fue violada y asesinada en su primer viaje sola a Costa Rica.

He viajado en solitario por México y días antes de mi primer viaje me encontraba consternada, me pregunté ¿realmente lo harás? ¿en serio? ya estaba todo hecho, me gusta viajar y no me impediría hacerlo el hecho de no tener con quien ir. A pesar del miedo lo hice y puedo asegurar que es la experiencia más reconfortante que he tenido en los últimos años, por lo que te quiero contar el por qué debes atreverte a viajar desde mi perspectiva.

 

¿Qué miedos vencerás?

Durante mi primer viaje pude identificar muchos miedos que me acongojaban y que poco a poco fui perdiendo. Antes narré que mi miedo más grande era ser agredida, por eso me prometí no salir de noche ni beber alcohol, sin embargo, mientras pasaron los días fui conociendo a personas que me brindaron la confianza para divertirme con ellos de madrugada. Creo que es necesario siempre estar alertas, pero también es importante relajarse y disfrutar un poco si tu sexto sentido te indica que estas en un ambiente seguro, aunque todo debe ser con medida siempre y nunca perder la consciencia, pues recuerda que estás sola en un lugar donde nadie te conoce.

Lo más complicado de mi viaje al principio, era el miedo que sentía al tener que trasladarme de un lugar a otro, el trayecto de ida para llegar a mi destino me generaba muchos nervios e inestabilidad, sin embargo, conforme pasó el tiempo fui notando que los lugareños son muy amables al explicar cómo llegar a tu destino. Si quieres evitar las preguntas ¿con quién vienes?, ¿vienes sola? de las personas que abordes, es importante que antes de salir de viaje te informes sobre las rutas que puedes tomar a través de plataformas de internet, o grupos de viajeros en Facebook en los que te pueden ayudar quienes ya conocen esos lugares.

Otro de mis miedos era perder mi dinero, que me lo robaran o gastarlo antes de tiempo por no administrarlo bien, en un viaje que hice a Veracruz perdí mi monedero en el que llevaba todo mi dinero en efectivo y mi tarjeta, por lo que me quedé varada allá sin un peso. Al final resolví el poder volver a casa, pero me prometí nunca más vivir una experiencia semejante. Para evitar esto suelo dejar la mayor parte de mi dinero en mi tarjeta y saco lo suficiente para sobrevivir un par de días, el dinero que llevo en efectivo lo reparto en distintos lugares: mochila, chamarra, bolsas, hasta hice pequeños compartimientos en algunos pantalones para guardar un poco de dinero ahí, por lo que si perdía el monedero ya no sería con todo el dinero adentro.

Para administrarme y no gastar de más, investigué los transportes y hospedajes más económicos, además, en hostales solía cocinar para evitar gastar y extender mi viaje por más días, usar el transporte local también ayuda y sobre todo no despilfarrar en cosas innecesarias. Durante mi travesía realmente no me importaba el hecho de ir sola y aburrirme, en realidad me caigo bien, me siento bastante cómoda sin compañía, siempre fui muy tímida por lo que nunca he tenido muchos amigos y viajar sola también me mostró muchas ventajas.

 

 

Ventajas de viajar sola

Hay muchas ventajas bastante agradables que se aprecian al viajar sola y no en compañía. Yo por ejemplo descubrí mi capacidad de hacer amigos, a raíz de mis viajes tuve que abrirme con la gente, lo que me ha convertido en una mujer sociable y curiosa, que ahora no pierde la oportunidad de conocer a las personas y aprender un poco sobre la forma en la que interpretan el mundo, ya que viajando, uno conoce personas de todo tipo, con ideologías, nacionalidades y posibilidades económicas distintas, por lo que siempre es interesante conocer por qué están en el mismo lugar que tú.

Otra de las ventajas es la posibilidad de poder administrar tu tiempo como quieras, pues no tienes que pedirle opinión a nadie o rendir cuentas a ninguna persona, las decisiones que tomas te afectan a ti y a nadie más, por lo que literalmente, puedes hacer lo que se te hinche en gana y nadie saldrá afectado. Esto es algo muy complicado de lograr en otro ambiente, las decisiones suelen afectar a terceros, pero en mis viajes la única que ha contado soy yo.  

También es cierto que los viajes nos cambian, vuelves siendo una persona completamente distinta. A raíz de mis experiencias, he notado que mi curiosidad por conocer lugares, gente, eventos o cualquier cosa que se esté manifestando en otro lugar aumentó, pues una vez que descubres que tienes la posibilidad de ir a donde quieras y vivir una experiencia en la que aprenderás sobre historia, costumbres, cultura y hasta política,  se convierte en una adicción de conocimiento.

A pesar del miedo que he sentido siempre en mi comunidad y la precaución con la que he tenido que aprender a vivir, sin duda una de las enseñanzas más grandes que me dejó el viajar sola fue el poder descubrir que hay más gente buena que mala en México, y sobre todo que la población mexicana siente una profunda empatía e interés por ayudarte, pues algunas personas esperan que si algún día sus hijos visitan otros lugares, los traten como ellos nos tratan a nosotras.

Desde mi perspectiva puedo asegurar que en México hay más gente buena que mala, por lo que es posible que haya más gente que quiera ayudarte que dañarte, encontrarás familias que quieran acogerte y brindarte posada sin nada a cambio, gente que quiera alimentarte o llevarte a conocer lugares turísticos de su comunidad. Siempre que suceda algo así debes reflexionar mucho la decisión que tomarás, y si crees prudente aceptar, hazlo, o bien, si algo te indica que puedes correr un riesgo, haz caso a eso y aléjate.

 

 

Cosas a tomar en cuenta

Es muy importante investigar bien el lugar que quieres visitar, para así corroborar que llevas el presupuesto adecuado para la zona, pues hay lugares más caros que otros, también debes informarte sobre los índices de delincuencia en cada lugar, para que así tengas más conciencia sobre los riesgos que puedes correr. Una vez en el lugar siempre pregunta a los dueños de los hostales donde te hospedes que tal está la seguridad en esa zona, hay muchos lugares de México que aún son muy tranquilos, pero otros tantos son inseguros, por lo que es importante que tengas certeza de dónde estás parada.

Sin duda todos los viajes son diferentes, pero debes tomar en cuenta algunas situaciones que podrían afectar tu camino, como el hecho de que puedes enfermarte de cualquier cosa que ni imaginas, por lo que debes ir preparada con medicamentos y la cartilla de salud para ser atendida en algún médico de la localidad, o en caso de viajar al extranjero, hacerlo con seguro de salud.

Siempre que viajes utiliza el transporte local, eso ayudará a que tu presupuesto dure por mucho más tiempo, pregúntale a los locales en cuanto está el costo de algún servicio o un aproximado del precio para llegar a algún lugar, así si alguien quiere cobrarte de más puedes tener un referente del precio real que deben cobrarte.

Hay muchas razones por las cuales emprender un viaje sola, si lo estás considerando, hazlo, una vez que te atrevas notarás que no es tan complicado como parece y nunca más dejarás de visitar los lugares que quieres por no tener con quien ir.

Buenas vibras y buenos viajes a todas.

 

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Retratos de un Erizo

Pacto entre mujeres en busca de respeto

Por Anita Joker

A las amigas, a las que no son amigas, a las que no conozco, a las que conoceré, a las que hice daño, a las que me perdonaron, a las que admiro, a las que no me caen bien, a las grandes, a las pequeñas, a las que no han nacido, a las que sufrieron hoy, a las que tuvieron un gran día, a todas.

Uno de los mejores libros que leí este año fue En busca de respeto de Philippe Bourgois, que habla sobre East Harlem y la sociedad puertorriqueña narcotraficante. En este libro, el etnógrafo hace un análisis de todos los problemas sociales que conllevan la marginación y los espacios de violencia. Por supuesto, el machismo está entre ellos. Y relata el caso de una mujer, Candy, que se “empodera” después de sufrir años de maltrato físico y adulterio por parte de su esposo y un día le dispara en el estómago.

Candy se vuelve una de las vendedoras de crack más respetadas en el barrio y en aquello que era su marido: violenta, posesiva, celosa, obligaba a sus parejas a tener sexo cuando ella quería y compartía sus ‘proezas’ sexuales en público mientras humillaba a su novio.

Los del barrio solían decir que se había vuelto “uno de ellos”. Había entrado al mundo del poder masculino con todo y el machismo. Se había vuelto sujeto, en vez de objeto, de lo mismo. El caso de Candy —que es cien porciento real no fake— me hizo reflexionar sobre una serie de cosas acerca del poder. La forma en la que entendemos el poder es netamente masculina incluso si es una mujer quien lo ejerce.

Me explico: el patriarcado es una red a la que se entra fácilmente sólo siendo araña. Para entrar al mundo hecho por y para los hombres se tiene que renunciar a ciertas cosas consideradas “femeninas” como la maternidad, la sensibilidad, la dulzura, amabilidad, tranquilidad, y cambiarlas por actitudes consideradas “masculinas” como la practicidad, frialdad, o la agresividad.

Candy detestaba a las otras mujeres, las menospreciaba y culpaba porque no salían adelante como ella. Las mujeres estamos acostumbradas a ser la excepción en los grupos dominantes porque siempre son de hombres. Posiblemente por eso seamos competitivas entre nosotras, inconscientemente sabemos que no hay lugar para más de una.

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Quienes hemos pertenecido a un “grupo de chicos” (he tenido más mejores amigos que mejores amigas a lo largo de mi vida) sabemos que de alguna forma ponemos una barrera entre las otras mujeres y nosotras. Nos hemos sentido halagadas cuando los amigos hablan sobre las cosas que les “molestan” sobre las mujeres y nos dicen “pero tú no eres así”.

Se me ocurre que muchas mujeres nos damos cuenta en algún punto de la vida que el mundo no es de nosotras. Que el destino que nos fue conferido por nacer con una vagina es visto —erróneamente— como algo aburrido, inútil y ornamental. Nos peleamos con nuestro género, y por supuesto, con las mujeres.

Alguna vez escribí que sólo las mujeres sabemos la desobediencia civil que significa admirar a las otras. Amar a las otras. Después de cagarla mil veces en pensamiento, palabra y omisión entendí que no sólo el patriarcado tiene que caer, sino toda forma de poder ejercido de forma irresponsable.

El patriarcado es una red a la que se entra fácilmente sólo siendo araña

En un artículo escrito por Luisa Posada Kubissa titulado Pactos entre mujeres, la autora explica cómo la inserción de las mujeres en esferas de dominación masculina no debe limitarse a “entrar simple y llanamente” sino hacerlo desde la perspectiva feminista. Algo así como: hermana, entré y te guardé un lugar para que tú también entres.

Cuando era niña le sacaba la lengua a las otras niñas de mi edad en el súper. Todo cuanto me rodeaba hacía énfasis en que “hacer las cosas como niña” es hacerlas mal y pretendía marcar mi distancia con las otras. Tener hermanas y convivir con tres mujeres en mis primeros veinte años de vida no fue suficiente para sacarme de la entraña el gusano del machismo. El feminismo lo ha hecho just fine y siento que todos los días aprendo a quererme y a querer a las otras.

En los últimos meses he visto cómo el hecho de que una mujer feminista esté en determinado lugar estratégico o de poder, nos abre la puerta a todas. No acabaría nunca de contar las veces que la sororidad me ha dado cosas que me costarían el doble si quien estuviera detrás de una decisión fuera un hombre. Como dice Luisa Posada: reconocer que las mujeres han sido negadas en la historia es ya una práctica política contractual y “exige la genericidad reconstruida por un pacto entre mujeres y construir desde adentro, desde las propias mujeres, un nosotras sujeto con identidad propia”.

Hace dos semanas fui a una rueda de prensa y en el presidium había una sola mujer. Cuando llegó su turno, ella habló con fuerza, haciendo énfasis en el “todas” y en el “niñas”, antes del “todos” y del “niños”. Para mis notas cargo una libretita que es la portada de La Liga Feminista de Rita Cetina. La panelista vio la libreta y me sonrió. Yo saqué mi lengua apenada entre una sonrisa de cómplice y entendí que ella está ahí como yo estoy acá, ambas en búsqueda de respeto.

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Reseñas

El stand up femenino en The Marvelous Mrs Maisel

Nuestra nueva obsesión es la reciente comedia de Amy Sherman-Palladino también creadora de la exitosa Gilmore Girls que lleva por título The Marvelous Mrs Maisel, consagrada con 8 estatuillas en la pasada edición de los Emmy y a menos de un mes del estreno de su segunda temporada en verdad necesitamos compartir las razones por las que tienes que verla lo más pronto posible.

 

The perfect wife / daughter / mother

Midge Maisel no podría ser más perfecta: es una esposa divertida y empática, una hija cariñosa y una madre ejemplar. Su familia es el núcleo de su vida; reside en un departamento de ensueño en el Upper West Side (sus papás son sus vecinos) en el que cumple felizmente con los trabajos domésticos que se le demandan y aún tiene tiempo para preparar un delicioso brisket y acompañar a Joel, el amor de su vida, a un bar en el que prueba suerte con una rutina de stand up. Ella toma el rol de manager con el objetivo de que Joel pueda anotarse en la lista de presentaciones en horario estelar. Por fortuna se ha convertido en una experta que negocia con la ayuda de sus platillos, su encanto y unas cuantas mentiras. Siempre lo logra: el “Gashlight” estalla en risas por la actuación del comediante amauter Joel Maisel.

 

Es una mujer dedicada que toma notas de los actos de su marido para que después de cada presentación puedan medir el éxito juntos. En resumen, Midge personifica todo lo que “deber ser” una mujer en la década de los cincuentas. Su vida es perfecta y a pesar de su genuino y descarado sentido del humor encaja perfectamente en el papel de mujer ideal.

 

Rompiendo el molde: el despertar de la mujer sumisa

A pesar de que la serie está ambientada en los cincuentas, no podrás evitar sentirte identificada con el problema que atormenta a Midge: el desamor. Ese momento clave cuando te das cuenta que el amor de tu vida no es el amor de tu vida y comienza la verdadera aventura: reencontrarte contigo. Es en este punto que el guión nos toma de la mano y en compañía de la increíble interpretación de Rachel Brosnahan soltaremos grandes carcajadas por la manera en la que enfrenta a sus tradicionales padres judíos (interpretados magistralmente por Tony Shalhoub y Marin Hinkle), la tensa pero graciosísima relación que emprende con Susie (su nueva amiga / manager) y el tan temido (pero necesario) proceso de superar al ser amado.

Finalmente, Midge se da cuenta que no necesita un hombre a su lado como la sociedad le ha hecho creer durante tanto tiempo, es espontáneamente divertida y cuenta con el talento e inteligencia para transformar su catarsis en una gran comedia, por lo que la conversión de esposa sumisa a comediante empoderada nos hará sentir muy orgullosas de Midge como si fuera nuestra mejor amiga.

Stand up femenino: irrumpiendo en el escenario de los hombres

El stand up ha sido un género de la comedia dominado en su mayoría por hombres. Si hacemos un breve repaso a las voces más reconocidas en los escenarios de la comedia estadounidense encontraremos nombres importantes como Bob Hope, Lenny Bruce, Don Rickles, Dean Martin, Bill Cosby, Robin Williams, Steve Martin, Jim Carrey, Billy Crystal y Jerry Seinfeld sólo por mencionar a algunos. Una de las primeras mujeres en incursionar en los actos de comedia en vivo fue Phyllis Diller, quién le abrió las puertas a otros talentos femeninos como Joan Rivers, Lily Tomlin y Roseanne Barr. No podemos olvidarnos de aquella escuela llamada Saturday Night Live que nos obsequió a importantes talentos.

Por otro lado, en México los nacidos en los 90’ crecimos riéndonos con Miguel Galván, Polo Polo, Jo Jo Jorge Falcón, Adal Ramones y Liliana Arriaga mejor conocida como “La Chupitos”. En la actualidad un grupo de jóvenes mexicanos impulsados por Netflix y Casa Comedy están reviviendo el stand up: Chumel Torres, Sofía Niño de Rivera, Alex Fernández y Ricardo O’Farril son algunos de ellos.  

Si bien no hay una fórmula para el éxito, creemos que el gran acierto de Amy Sherman Palladino fue crear un personaje femenino que apuesta por su feroz ingenio para rebelarse, romper con el orden social con la firme intención de invadir el territorio masculino y reinventarse a sí misma. La protagonista no teme apostar por una profesión que claramente no estaba bien vista para las mujeres en una época tan conservadora y se aferra al sueño de conquistar al público con su nueva perspectiva del mundo. Palladino nos plantea una importante resolución en pleno apogeo del movimiento feminista: deconstruirnos a través de la comedia.  

 

 

 

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Reseñas

La hora de las brujas

Por Clau Nyappy

«Brujas. No son más que cuentos de hadas.

Están asesinando mujeres por toda Inglaterra.

Sólo porque saben cosas.»

Trabajar en una librería y tener permiso de leer lo que uno quiera tiene sus ventajas: este año he leído libros que tenía en mi lista desde hace mucho; he conocido otros que de otra forma era poco probable entraran en mi radar, el cual trataba de no ampliar por saber que no podría comprarlos. Me he hecho fan de autores a los que probablemente no les habría dado oportunidad, he conocido gente que por verme leyendo me recomiendan otras cosas del mismo estilo pero que no tenemos en la tienda y he disfrutado mucho con ello. 

Una de las cosas importantes que me ha permitido mi trabajo ha sido reducir un poco mi aversión por la literatura juvenil, —quiero aclarar que nunca la he despreciadopero tristemente es un tipo de literatura que se presta mucho a una narrativa simple, llena de clichés enfocados en convertirlas en éxitos de ventas y, que por lo mismo, suelen ser el refrito del refrito, es decir, no permiten al lector crecer y expandirse.

A pesar de todas estas situaciones existen en efecto buenos libros para jóvenes, que suelen ser los que dan pie a las copias o que no llegan a ser reconocidos por intentar cosas distintas, pero entre tantos títulos es difícil dar con estas joyas, así que en el tiempo que llevo en la tienda, me he acercado un poco más a esa sección y he escogido un par de títulos, llevándome la mayoría de las veces una grata experiencia, aunque sigo siendo exigente y escojo los títulos no con base en el qué tanto se venden sino en lo que se supone ofrecen. Fue así como di con La hora de las brujas de Nicholas Bowling.

En un principio el título no llamó del todo mi atención, en este caso la portada es la que logra el impacto y de ahí, la contraportada logra el resto. Lo primero que lees no es la sinopsis sino un pequeño pero poderoso fragmento: una palabra seguida de tres oraciones, que son tres afirmaciones contundentes, con la primera se desestima la palabra, con las otras dos se le da alcance a una horrible realidad, que no es otra sino la misma que vivimos día con día, la misma que hemos vivido a lo largo de la historia de la humanidad: las mujeres con poder dan miedo. 

Después de ese fragmento la sinopsis es un tanto innecesaria, pero de todas formas está ahí y es acertada, logra que quién sostiene el libro se convierta en su lector. Se nos explica que Alice está en Bedlam, que su madre fue asesinada tras ser declarada culpable de practicar brujería, que logra escapar y de que en efecto… es una bruja. La historia transcurre en Londres, en el siglo XVI, durante el reinado de Isabel I, (período de la cacería de brujas) cuando las mujeres eran objeto de escrutinio y el que supieran de hierbas, o estuvieran solas, o fueran fuertes, o no fueran especialmente devotas significaba que seguro eran adoradoras del demonio, lo que las lleva inevitablemente a la tumba, pues en los juicios no tenían forma de probar satisfactoriamente su inocencia, ya que hicieran lo que hicieran se les consideraría culpables… ¿Les suena? 

Aunque en la novela se maneja la existencia de las brujas, y desde el principio es revelado que tanto Alice como su madre pertenecen a ese grupo, esto no las convierte en las villanas de la historia. Y es que, como buen libro para jóvenes, es una historia en la que nuestra heroína tiene una misión que cumplir (de la que no sabe nada) y que la lleva a tener que enfrentarse a fuerzas más allá de sus capacidades. En el viaje conoce a Solomon, quien en primera instancia la salva, pero que no por esto lo convierte en el clásico rol masculino superior a la protagonista, sino que es quien la acompaña, siendo desde ese punto sumamente refrescante, eso sí, para responder a la época intenta seguir el rol del protector, pero Alice rompe el molde, como históricamente lo han hecho muchas mujeres y Solomon comprende y se convierte en aliado.

Las brujas de Bowling son simplemente mujeres que saben cosas, que investigan, que creen, que comprenden, que crecen, que no se quedan sólo con lo que pueden ver y como el conocimiento es poder, son mujeres fuertes y capaces, lo cual, no sólo en la Inglaterra del XVI, sino en nuestro contexto global actual, las hace peligrosas a los ojos de aquellos que siguen sin llegar siquiera al siglo de las luces.

Los conflictos que nos presenta la novela son actuales y entre ellos se encuentra el enojo que provoca el escarnio por el conocimiento, el dolor que dejan las injusticias pero sobre en especial, el saber que a pesar de todo no se está sola en la batalla, Alice, como todas: lucha y su lucha, como la nuestra, llega a buen puerto.

 

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Lo que callamos las Violetas

Lo que (ya no) callamos las Violetas.

Nuestra historia 

Jess

Cada vez que nos preguntan cómo nació Somos Violetas siempre respondemos que gracias a Cosmopolitan: nuestra mayor inspiración de lo que no tiene que hacer una revista para mujeres. Nos burlábamos de sus artículos que eran bastante ridículos pero también nos enojábamos porque eran textos que no nos aportaron absolutamente nada.

En este punto empiezas a reflexionar, te das cuenta que ya maduraste y por lo tanto, tienes otros intereses que publicaciones importantes que son para mujeres como Cosmo, Vogue, entre otras, no están cubriendo. Y es parte del proceso de deconstrucción, creo que ser feminista sí es muy difícil porque te cuestionas miles de cosas todos los días, todo el tiempo y necesitas a alguien con quien platicar de estos temas que te están dando vueltas en la cabeza.

Afortunadamente Carol y yo nos conocemos desde la prepa y nos tuvimos la una a la otra para platicar y apoyarnos, pero, ¿qué pasa con las chicas que se sienten solas, les da pena o sienten vergüenza de preguntar sobre lo que les preocupa? ya sea sobre su vida sexual, sobre sus parejas, sobre el trabajo, problemas emocionales, etcétera, porque si algo nos han dicho a las mujeres desde que nacemos es que nos tenemos que quedar calladas siempre. Además nos han impuesto un modelo de mujer que debemos seguir, tenemos que cumplir con ciertos requisitos, ¿y cuales son los más importantes? 1) nos tenemos que casar y 2) tenemos que tener hijos. ¿Pero que creen? No es obligación cumplirlos, ni siquiera es un acto de rebeldía, simplemente tenemos un plan de vida que no va de acuerdo a lo que establece el orden social y no por eso somos menos mujeres ni menos valiosas. Buscamos que la sociedad logre entenderlo y aceptarlo.

Siempre hacíamos la broma de “¿y si tuviéramos nuestra propia revista?” “y si pudiéramos propagar el feminismo de una manera divertida. no tan académica (a pesar de que ella es comunicóloga y yo literata), contar nuestras experiencias, alentar a otras mujeres a que alcen la voz, que cuestionen ese modelo de mujer que nos han impuesto” y sobre todo, que no caigan ante la presión social. No importa que tengas a tu tías a tu lado diciéndote todo el tiempo: dónde está el novio, cuando te casas, para cuando los hijos… NUNCA, nunca cedan ante la presión social. Y bueno, un día nos reunimos en un café, pagamos 500 pesos por un dominio y creamos Somos Violetas para hacer ruido, para hacernos escuchar.

Desde el inicio nuestro objetivo ha sido acercar a la sociedad al feminismo de una manera dinámica y sencilla para romper con el estigma de que este movimiento es exclusivo para las mujeres. No lo es, todos son bienvenidos, todos podemos participar, todos podemos aprender, lo necesitamos, necesitamos más aliados, más empatía con el movimiento feminista.

Me acuerdo que nuestra primera publicación de facebook decía algo como “todo es risa y diversión hasta que te tienes que poner el óvulo antes de dormir” haciendo referencia a una infección vaginal, el punto es que si tu dices que tienes una infección ahí abajo dejas de ser una niña bien y se te aparece tu mamá con el rosario en la mano porque tuviste relaciones sexuales, “¿cómo pudo pasar esta tragedia?” Y claro que no, es una idea totalmente errónea. Puedes tener una infección por otras razones, no solo por el sexo, por eso es tan importante informarse, romper con todos esos estigmas y tabúes que nos han hecho la vida imposible. De eso se trata Somos Violetas de hablar de todos estos temas que necesitan ser expuestos con urgencia.

 

Aporte al tema

Carol

Parte de lo que hace especial a los Beat Nights es que es un espacio para que podamos compartir nuestras experiencias y nos acompañemos en este proceso de supervivencia ya sea como emprendedores, creativos o jóvenes que están tratando de hacer algo. En nuestro caso creo que nos costó un poco aterrizar cuál sería nuestro aporte en este espacio porque como dice Jess, el objetivo de Somos Violetas es el de iniciar conversaciones sobre temas relevantes para las mujeres con un enfoque feminista y de género. Y la realidad es que la palabra feminista o feminismo aún sigue teniendo un connotación negativa. Si bien es cierto que muchas y muchos están en este proceso de deconstrucción, la realidad es que cuando salimos de nuestra burbuja de aliados nos topamos con que muchas personas todavía no entienden los conceptos más básicos del movimiento y no es la gran ciencia, pero sí requiere de una cantidad enorme de introspección y de cuestionar todo lo que has aprendido durante toda tu vida. Aún así creo que si la gente puede entender con precisión todo lo que sucede en Game of Thrones, el feminismo es pan comido.

Sé que todos los hombres y en especial las mujeres tienen experiencias diferentes y a veces las generalizaciones pueden ofenderles porque no se ven reflejados en ellas, sin embargo, la realidad es que el patriarcado no es un pretexto que nos encante usar y mencionar cada 5 minutos para hacernos las víctimas. Es una estructura tan inmersa en nuestra cultura que a veces no nos damos cuenta que vivimos y actuamos de acuerdo a ella. Les comento todo esto porque durante este camino que hemos recorrido como creadoras y emprendedoras aún nos sigue costando creer en nuestro trabajo, aún cuando sabemos que lo que estamos haciendo va por buen camino. Creo que como mujeres se nos ha enseñado a complacer a otros y a pedir permiso, tampoco nos ayuda mucho que sigamos menospreciando la labor y sobretodo la creativa que hacen las mujeres.

Muchas veces vemos los contenidos creados por y para mujeres como algo “no tan importante” o “no tan serio” y peor aún si es rosita y brilla; los clasificamos como exclusivos para nosotras como si no tuviesen otro aporte (o nada que decir) que el de entretenernos, y aún cuando estos sean obras de arte siempre los hacemos a un lado por no satisfacer esta idea de superioridad intelectual. Legalmente rubia y Chicas pesadas  son comedias brillantes que se enfocan y son protagonizadas por mujeres con problemáticas (aunque no lo crean) reales, y aún así las seguimos haciendo de menos, (algunos no todos).

Y es que uno de los retos de ser mujer y emprender o crear es el de tener que enfrentarte a cosas que son tan normalizadas que ya las vemos como parte del día a día, y que el miedo a ser tachadas de locas, exageradas, a perder nuestro trabajo o posibles relaciones laborales, el miedo a cómo nos van a percibir los demás: como mamonas, o fresas o “difíciles para trabajar”, histéricas, etcétera, nos hacen guardarnos nuestros sentimientos como si no pasara nada aunque en el fondo sabemos que si fuera al revés y en vez de nosotras hubiese un hombre, las cosas serían diferentes.

Sé cómo suena y sé lo que posiblemente están pensando, aquí viene la feminista a arruinarlo todo, no negamos que los hombres también presenten dudas, miedos o inseguridades pero ¿alguna vez han experimentado ese molesto mansplaining / machi-explicación?

Hemos conocido a mujeres talentosas que no creen en su trabajo porque no forman parte de esos círculos intelectuales o no han recibido una validación de estos, no se vayan lejos, hace dos años no tenía idea de quién era Elena Garro, y hasta el día de hoy la gente la sigue percibiendo como la esposa de Octavio Paz, en vez de la creadora del realismo mágico.

Jess y yo escogimos las redes sociales virtuales para poder hacer nuestro proyecto porque estamos familiarizadas con éstas, sabemos los alcances y las limitaciones que pueden tener y al mismo tiempo conocemos el tipo de gente y comentarios que nuestro contenido puede atraer a ellas. Cuando nos insultan, no nos dicen “pinches pendejas”, nos dicen “pinches pendejas putas ojalá las violen y las maten” (por citar algún ejemplo).

Creo que si algo hemos aprendido en este proceso es a no dejar que nos afecte todo el odio misógino que recibimos. En una ocasión tuve que desactivar mis notificaciones en el celular porque hice un spoiler a una amiga sobre Infinity Wars en media pelea con un machitroll. Los temas que abordamos son temas importantes a los que nosotras nunca tuvimos acceso: el aborto, la masturbación (tengo 25 años y aún me da pena decir la palabra en público o hablarlo con mis amigos) pero creemos que estamos cada vez más cerca al hacer memes y chistes sobre temas que se nos han enseñado a ver como súper tabúes cuando son el pan de cada día de las mujeres como el fetito ingeniero o las relaciones tóxicas.

 

 

Lo que todo joven debería evitar

Jess

Cuando inicias un proyecto, cualquier tipo de proyecto, creo que son importantes dos cosas que no debes de hacer. La primera es NO procrastinar. Carol y yo nos declaramos culpables de haber comprado el dominio de la página web en diciembre de 2015 y empezar Somos Violetas hasta septiembre del 2016. No hicimos nada durante casi un año y de repente, en una semana, escribimos la primera convocatoria, Carol hizo el diseño, creamos la página de facebook, twitter, instagram, publicamos la convocatoria y le terminamos de dar forma a la página web. En una semana. Lo impactante de todo esto es que la convocatoria tuvo buena respuesta, se compartió como unas 50 o 60 veces y desde el primer día nos enviaron un texto; celebramos la llegada de esa colaboración como si nos hubiéramos ganado el premio Pulitzer, fue increíble.

Entonces, desde nuestra experiencia les puedo decir que si ya tienen la idea, pónganse una fecha límite (que no sea una año obviamente), no dejen pasar el tiempo. Comprométanse con su proyecto, esta es la era de las redes sociales, hay miles de herramientas para que puedan promocionarlo y darlo a conocer. Sí, sí se puede. Y lo necesitamos, necesitamos sus ideas, necesitamos más voces, necesitamos más proyectos sociales que hagan surgir importantes comunidades, en Somos Violetas ya somos más de 10 mil. Y es un orgullo decirlo. La clave es emocionarse, sentir pasión por lo que quieres construir.

El segundo punto es nunca menospreciarse porque nos pasó, lo hemos vivido en varias ocasiones. Un claro ejemplo es cuando te comparas con otros proyectos similares. Colectivos feministas existen muchos, y en particular hay un revista feminista con la que nos comparábamos todo el tiempo que es Malvestida, la directora Ale Higareda es una diseñadora yucateca que admiramos muchísimo, la seguimos desde que vivía en Mérida y tenía su blog, Malvestida empezó como un blog y de verdad su evolución ha sido impresionante. Lo positivo de todo esto es que hay que aprender que las diferencias nos fortalecen y pueden hacer crecer nuestro proyecto.  

 

Lo que todo joven debería experimentar

Carol

 

Creo que todo joven debería permitirse sentirse orgulloso de su trabajo, darse la oportunidad de exponerlo y que otros lo conozcan. Muchas veces el miedo a lo que los otros dirán de algo que nos costó hacer nos frena y como dice Jess el compararse con otros influye mucho.

Sin embargo, yo creo que no deberíamos temerle a las críticas. Creo que nos hace falta aprender a diferenciar entre alguien que quiere darnos una retroalimentación de alguien que está lanzando mala vibra o se está proyectando en nosotros. También creo que todos deberíamos experimentar en algún punto decir NO. Sé que para las mujeres la noción del no es diferente, parece que decimos a ver convénceme, pero estoy hablando del ámbito laboral. Llega un punto en el que conoces tu trabajo, lo capaz que eres y lo que mereces. Sé que lamentablemente en la industria yucateca muchas personas se aprovechan de la necesidad económica de otras y ofrecen sueldos bajísimos o explotan a sus empleados y no tiene nada de malo decir que sí tampoco. Pero decir NO porque sabes que mereces más, es de las cosas que más gusto me (nos) han dado en la vida. La independencia no es algo que esté ligado a si vives con tus papás o si sigues en un trabajo de oficina. No tienes que viajar para encontrarte a ti mismo, con ir al cine solo o sola, con permitirte disfrutar de ti un ratito a la semana comienzas a apreciarte por quién eres y a valorarte más, y creo que todos deberíamos permitirnos sentirnos orgullosos de quiénes somos y lo que hemos logrado.

 

 

 

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Lo que callamos las Violetas

La RePUTAción En Mérida: Rumores Que No Son Ciertos

Por Jess Ayala

“Mérida es un huevo”

“En Mérida todos se conocen entre todos”

“En Mérida todos somos el amigo del amigo”

 

¿Cuántas veces has escuchado estas expresiones?

Si bien he comprobado que es cierto, en nuestra ciudad se da por sentado que te conocen por lo que “saben” de ti o más bien creen saber. Es muy fácil ponerle etiquetas a las personas con la ayuda de ciertos rumores que circulan dentro de una gran comunidad que se conoce entre sí y en particular siento que sucede constantemente con las mujeres. Sigo sin poder creer todas las veces que me han comentado “fulanito dijo que estás saliendo con tal persona”, “me dijeron que te vieron el otro día en tal lado con aquél”; ¿y saben qué es lo verdaderamente aterrador? ¡Que nada de eso es verdad!

Cómo si la humillación de ser blanco de críticas y desmentir los rumores no fuera suficiente, en diversas ocasiones me he enterado de personas cuyo tema favorito de conversación soy yo. Y algunas de ellas no tienen nada bueno que decir.

¿Acaso soy una celebridad yuca? NO.

¿Es porque soy popular en Mérida? NO.

Esto lo sufrimos todas las mujeres.

To d a s.

La razón es la siguiente: nuestro “honor” siempre ha estado vinculado con nuestra sexualidad. SIEMPRE. Como bien lo explica el investigador Francois Carner:

 

“el honor femenino es más fácil de definir: consiste en conservar la honra sexual y la reputación de la virtud. Sencillo de explicar pero difícil de vivir, pues presupone coartar la libertad de movimiento, de palabras, de acción y, obviamente, de elección.” (1991, 97).

 

¿Te has dado cuenta de lo frágil que es nuestra reputación? ¿Lo sencillo que es destruir a una mujer a través de pequeños rumores? Un teléfono descompuesto puede arruinar vidas y esto ocurre con regularidad en Mérida, sin importar al círculo social al que pertenezcas.

Hace apenas unas semanas, la tatuadora Leto Martín escribió en su Facebook que estaba sorprendida de enterarse que diversos hombres aseguraban haber salido con ella, cuando en realidad ni siquiera los conocía o habían estado en el mismo lugar. ¿Con qué valor los hombres pueden lanzar semejantes mentiras? Por consiguiente, nuestra moralidad siempre será sometida a juicio bajo la mirada masculina. Ellos deciden qué etiqueta ponernos, son capaces de iniciar murmuraciones sobre nosotras y si a ellos se les antoja pueden señalarnos como mojigatas o hasta zorras.

 

La doble moral se presenta cuando ellos son capaces de salir con una amiga al cine, a tomar dos como la gente, a bailar o cualquier otra actividad socialmente aceptada porque ante la mirada pública está bien. Pero si alguna mujer se atreve sólo a salir con un amigo, ya lo está “friendzoneando”, es la “otra”, es una “calienta huevos”, sale con cualquiera e infinidad de cosas más. Se lee increíblemente ridículo y sin lógica porque efectivamente es una situación ridícula y sin lógica pero tristemente así funciona la sociedad. Nos someten a un sin fin de juicios.

 

La medida de la moralidad femenina es el juicio masculino, que establece el parámetro de lo moral y lo inmoral. (Ramos 1992, 153)

 

En un segundo estado, Leto agradeció la confianza de varias mujeres que se acercaron a ella para contarle qué chicos estaban esparcieron estos rumores y concuerdo con ella cuando explica que debemos crear una red de apoyo entre mujeres. Necesitamos urgentemente aplicar la sororidad para que este tipo de situaciones dejen de suceder porque la próxima podrías ser tú y si sucede, todas estaremos aquí para ti.

 

Bibliografía

Carner, Francois. “Estereotipos femeninos en el siglo XIX” en Carmen Ramos (Recopiladora). Presencia y transparencia: La mujer en la historia de México. México, DF.: El colegio de México, 1987.

Ramos, Carmen. “Señoritas Porfirianas: Mujer e ideología en el México progresista, 1880-1910” en Carmen Ramos (Recopiladora).  Presencia y transparencia: La mujer en la historia de México. México, DF.: El colegio de México, 1987.

 

 

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Especial Coming Out

Entrevista a Chumina, escritora en Memoirs of a Lencha

Inauguramos este #PrideMonth y nuestro Especial del Coming Out con una de nuestras bloggers favoritas: Chumina de Memoirs of a Lencha.

Hola Chumina, nos encantan tus entradas en Memoirs of a lencha ¿puedes hablarles a nuestras lectoras un poco de tu labor en ese espacio (y en el internet en general)?

Es algo que comenzó como un juego entre amigas, por ahí del 2006, de contar nuestras historias de manera anónima. Poco a poco empezamos a darle forma, hablando de los temas que nos interesaban. Cuando yo tuve mi proceso personal y comencé a aceptar mi orientación sexual, buscaba información en internet y moría por leer cosas de lesbianas. Una de las cosas que me frustraba es que casi todo era drama: el conflicto de ser lesbiana, el miedo de salir del clóset, el rechazo, los estereotipos negativos. Entonces cuando yo escribía en MOL, lo que quería era contar historias libres de mala vibra. Porque yo lo que siempre he querido es ser feliz y sentirme normal con quién soy. Y creo que eso es algo que todas las lesbianas nos debemos: vivir libres de culpa y de conflicto, disfrutar de quiénes somos, reírnos de nuestras desgracias, hablar de quién nos gusta mientras nos pintamos las uñas, como lo haría cualquier mujer. Por eso, mucho tiempo hablábamos de Memoirs como “el lado divertido de las lesbianas”.

 

Estamos celebrando nuestro especial del coming out”¿nos podrías contar tu historia? ¿Nos podrías dar un consejo para las chicas que están pensando en hacerlo?

 

Salir del clóset es un proceso que inicia y nunca se acaba del todo. Yo salí del clóset con uno de mis mejores amigos porque ya no aguantaba guardarme todo lo que sentía. Era una necesidad poder darle salida. Poco a poco fui compartiéndolo con más amigos, quitándome un peso de encima. Con mi mamá, ocurrió casi sin querer. Hice un drama con ella por un pequeño malestar doméstico (o sea porque estaba mal con una novia) y comenzó a preguntarme qué me pasaba. Ni siquiera sabía cómo ponerlo en palabras. Me dijo:

—Puedes decirme cualquier cosa, siempre te voy a querer.

—¿Aunque no me gusten los hombres?

—Aunque no te gusten… ¿entonces qué te gusta?

—Pues las mujeres…

Su reacción fue buena y amorosa. Y la verdad es que en todas mis salidas del clóset he tenido muy buenas respuestas, mucho cariño y aceptación. Yo siempre moría de ansiedad, imagen caos, drama y destrucción, y a veces la reacción era tan simple como: “Ah sí, ya sabía”. Cuando ya me di cuenta de que no era para tanto, las salidas del clóset empezaron a ser más casuales: “Ten, te traje un paquete de tortillas, para darte la bienvenida a mi vida gay”.

Creo que he tenido muy buena suerte, porque he podido ser quien soy con amigos, familia y el trabajo. Si pudiera basarme sólo en mis experiencias, le diría a todo el mundo que salga del clóset porque es mucho más fácil de lo que piensas. Pero también tengo amigos a las que no les fue bien, a los que mandaron al psicólogo, a terapias de conversión, los sacaron de sus casas y otras cosas. Cada quien tiene su historia y su momento para salir del clóset. Cada quien sabe cómo es la gente que ama y cómo reacciona.

Cada quien tiene su historia y su momento para salir del clóset. Cada quien sabe cómo es la gente que ama y cómo reacciona.

A pesar de que la homosexualidad se ha vuelto un poco más visualizada y normalizada en nuestra sociedad, el lesbianismo sigue siendo un tabú para muchos ¿qué es lo más ridículo que te han preguntado cuando descubren que eres lesbiana?

 

“¿Por qué no sabes reparar autos? Si eres lesbiana” ¡Como si mi orientación sexual me diera súper poderes masculinos!

Y  hablando de ridiculeces ¿qué es lo que jamás hay que preguntarle/decirle a una lesbiana?

“¿Quién es el hombre? ¿Quién manda en la relación?” La belleza de tener una relación del mismo sexo es que te hace preguntarte muchas cosas, especialmente los roles de género. Entonces, cuando se trata de repartir labores en pareja, todo se vuelve mucho más consciente. Yo, por ejemplo, no cocino porque no se me da, pero soy buena para llevar el orden con el dinero, entonces yo me encargo de esa parte. Y en la cama, creo que hay que ser libres, tanto de dar y disfrutar, de probar cosas distintas.

El sexo está hecho para disfrutarse, para soltarse, para relajarse.  Y si no te sientes cómoda, habla de lo que quieres, de lo que sientes.

 

Vivimos en un país muy machista y sabemos que es normal que exista misoginia internalizada incluso en la comunidad LGTBIQ+ ¿tuviste alguna creencia o idea que deconstruir en este proceso de vivir tu sexualidad?

Sí, por supuesto. Desde pensar que eres la única lesbiana, enfrentarte a los estereotipos, pensar que tienes que aislarte, odiar la palabra “lesbiana”. Antes me costaba pronunciarla porque sentía que estaba cargada de drama y conflicto. Y ahorita me divierte muchísimo usar la palabra cuando hablo con mis amigas.

 

Son pocos los contenidos mediáticos que visibilizan y representan el lesbianismo ¿cuál es tu película, serie o libro favorito sobre lesbianas?

He consumido muchísimas películas y series (y algunos libros) sobre lesbianas. Soy una fuerte devota del romanticisimo, aunque siento que tanta idealización del amor nos hace daño (Hello, Room in Rome). Y me molesta profundamente, cuando una de las lesbianas se muere en las películas. ¿Por qué tienen que matarlas cuando por fin alcanzan la felicidad?

The L word me encantó por la diversidad y la diversión. Porque eran un grupo de amigas y todas eran súper diferentes. Y creo que eso nos pasa mucho por ser una minoría. La gente usualmente tiene grupos de amigos con gente de la misma generación, gente con la que fueron a la escuela. Los grupos de amigos LGBT tienen gente de diferentes orientaciones, profesiones, edades, cultura… Y eso hace que tu mentalidad sea mucho más abierta.

Me encanta también que hayan parejas o personajes lésbicos en series de otros temas, como Callie y Arizona en Grey’s Anatomy (otro gran ejemplo de diversidad) o Denise (Lena Waithe) en Master of None. Porque al final nuestras historias están vinculadas a muchas otras.

Imagen proveniente de la entrada del Hamacasutra Lésbico. Propiedad de Memoirs of a lencha.

 

Eres la creadora del hamacasutra, así como de muchas otras entradas sobre sexo en MOL ¿cuál es el error más grande que las mujeres cometen al tener sexo con otras mujeres?

Pensar demasiado. Y creo que esto aplica a las mujeres en general. Llevarse los miedos y las represiones a la cama. El sexo está hecho para disfrutarse, para soltarse, para relajarse.  Y si no te sientes cómoda, habla de lo que quieres, de lo que sientes. Si la otra persona te aprecia, hará todo por hacerte sentir cómoda.

Y por último Chumina, ¿podrías darnos unos tips de ligue para chicas principiantes que recién están saliendo con mujeres?

Nunca me he considerado una experta en ligue (de hecho, tal vez no sea la mejor persona para dar consejos sobre esto, porque soy algo tímida, aunque mis amigas digan que no lo soy), pero sí creo que hay que perderle el miedo a saludar, a entablar conversación, a preguntar la orientación, a sonreír y a hacer las cosas sin pensarlo tanto. Si las cosas se dan, bien. Y si no, no pasa nada. Anden, vayan y platiquen. ¡Vuelen, pequeñas lesbianas!

Chumina, muchas gracias por la entrevista, déjanos tus redes sociales para que nuestras lectoras te puedan localizar. <3

Gracias a ustedes 🙂

Blog: mol.com.mx

Página de Facebook: mol.lenchas

Grupo de Facebook: lencherio

Twitter: @chuminis

 

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Especial San Valentín

The one that should not be named

Por Alejandra Cetina

Cuando terminé con Voldemort (así lo bauticé porque hubo un tiempo en que sólo escuchar o pronunciar su nombre me causaba dolor) sucedieron ciertas situaciones que determinarían mi recuperación (digo recuperación porque para mí el sujeto en cuestión en lugar de transformarse en un lindo recuerdo, se convirtió en una enfermedad que me carcomía por dentro).

Lo extrañé cada minuto; reflexioné cuidadosamente respecto a si había o no tomado la mejor decisión, me repetía constantemente “es el amor de mi vida, nadie me va a querer y a cuidar como él” y a menudo lo comparaba con otras personas: él sí sabe lo que me gusta, lo que me molesta, los demás no, lo necesito y no puedo vivir sin él. No me imaginaba empezar de nuevo con otra persona, sabía que alguien nuevo no sabría nada de mí, tendría que enseñarle como tenerme contenta y eso llevaría tiempo, no quería empezar de cero.

Cuando descubrí que al día siguiente que terminamos ya tenía una relación con otra persona lloré durante siete días, sin pausas, sólo me levantaba para ir al baño, no quería bañarme ni siquiera lavarme los dientes y mucho menos salir de casa, incluso el médico me otorgó incapacidad debido a un “dolor de cabeza” muy persistente (lo cual era cierto, tenía tantas emociones negativas que mi cuerpo lo resintió).

Lo conocí en la agencia de viajes donde trabajaba para costear mis estudios. Sabía por los chismes que circulaban en la empresa que él no era de fiar, que había salido con la mayoría de mis compañeras de trabajo, así que cuando me invitó a cenar le dije que no tajantemente, pero cuando una se enamora cierra los ojos. Así fue como poco a poco empezó a hacerse amigo de mis amigos, a sentarse cerca de mí en la cafetería, a preguntarme cualquier cosa. Finalmente accedí y pensé: conmigo será diferente, yo haré que cambie, como si yo tuviera alguna especie de superpoder. Yo tenía razón, sí cambió, de forma negativa.

El primer año de novios fue maravilloso, como debería ser siempre un noviazgo. Me visitaba y nos quedábamos en la puerta de mi casa o en la sala con mis hermanitos a nuestro alrededor, yo tenía veinte y él veinticinco, íbamos al cine, a comer, siempre me tomaba de la mano y me decía nena, me sentía como en una película, creía que lo nuestro sería para toda la vida. Sin embargo, después del año comenzamos a tener diferencias porque yo estudiaba leyes, así que entre la universidad y el trabajo terminaba muy cansada y sólo quería acostarme a ver películas o ir a cenar, hacer algo tranquilo pero a él le encantaba ir a lugares escandalosos, así que cedí un par de veces pero se volvió muy frecuente y empezamos a discutir.

No me gustaba ese estilo de vida que había adoptado o que ya tenía y que yo ignoraba. Entonces me mentía, me decía que se iba a jugar futbol o que iba a dormir y acto seguido, nuestros amigos me enviaban mensajes en la madrugada para decirme que estaba con ellos en algún antro. Yo le gritaba que era un mentiroso.

El problema era que yo lo permitía y no le ponía fin, porque después de discutir, me iba a visitar llorando para que lo perdone, jurándome que no lo volvería a hacer, con rosas y un peluche o algo que me gustara mucho. Yo me repetía: no es perfecto, pero si me está pidiendo perdón es porque me ama. Ese era sólo el principio. Conforme pasaron los años (diez específicamente) adquirió ciertas actitudes: caminaba hasta el otro extremo de la habitación para hablar por teléfono, no me hablaba ni me visitaba durante días, se olvidaba de mi cumpleaños y me decía que saldría con amigos de los que jamás había escuchado. Yo había estudiado muy bien diversos libros de autoayuda, entre ellos “Te amo pero no confío en ti” de la psicóloga Mira Kirshembaum, donde expone dos opciones: o lo dejas o lo aceptas sin resentimientos. Opté por la segunda.

Aunque yo quería permanecer a su lado y gozaba los buenos momentos en que me abrazaba o me escuchaba cuando algo me angustiaba, por ejemplo, cuando se divorciaron mis papás y él se desvivía para que no me deprima, los momentos malos superaban a los buenos y un día ya no soporté más, todavía así tenía la esperanza de que cambiaría y me buscaría e intentaría mil cosas para recuperarme, pero al día siguiente al entrar a mis redes sociales ya había publicado su nueva relación. Fue como si yo no hubiera existido en su vida. Esto ocasionó que lo bloqueara de todas las redes  y lloré hasta quedarme dormida, me levantaba para ir al baño y regresaba a acostarme, mi teléfono no dejaba de sonar pero lo ignoraba, ya tenía un tiempo viviendo sola, conveniente porque de haber estado presente mi madre me hubiera dado un par de bofetadas (eso necesitaba). Transcurrió la semana, el día domingo entre mis pensamientos y conversaciones conmigo misma me pregunté qué me sucedía, ¿por qué le lloraba a alguien a quien no le importaba ni un poco? Lo amé diez años y él no parecía valorarlo, entonces recordé una cita de la autora Mira Kirshembaum hacer un plan es darle cordura a los sueños, entonces planifiquemos una vida.

Necesitaba olvidarme de Voldemort, dejar de pensar en él y realizar mis sueños. Decidí seguir adelante, pero lo cierto es que no sabía por dónde comenzar, todas las canciones me recordaban a él e incluso en tareas cotidianas lo extrañaba, como cuando necesitaba liberar espacio en mi celular para descargar algún juego, él siempre lo hacía, cuando tenía ganas de ir al cine él me acompañaba, cuando no me sentía segura de si había escrito bien algún documento de mi trabajo, él lo leía y me daba su opinión, cuando me visitaban insectos, esperaba a que él viniera y los matara, para San Valentín me regalaba rosas y cada fin de semana me compraba unos mazapanes de chocolate (no tenía idea en donde los conseguía pero me encantaban), ¿cómo comenzar sin él, cuando durante diez años lo tuve a mi lado?

Mi mejor amiga me aconsejó que comenzara a salir en citas, mi mejor amigo me dijo que necesitaba primero vivir mi duelo, necesitaba llorar (cosa que hice hasta cansarme) y luego me pidió que hiciera una lista con los pros y contras de estar sin él, entre los contras escribí: no tengo quien me abrace, quien asesine a las cucarachas invasoras, con quien ir al cine, ni quien me escuche y en pros: no tengo que rendirle cuentas a nadie de lo hago o digo, puedo vestirme como yo quiero o quedarme despierta hasta tarde platicando con mi mejor amiga sin que nadie me diga que seguramente estoy hablando con mi amante, puedo dormirme a las ocho de la noche y nadie me reclamará al día siguiente que no contesté sus psyco llamadas porque seguro estaba con otro y puedo leer todo lo que quiera sin que nadie me diga que es una forma de perder mi tiempo.

Me di cuenta, sin que mi amigo Néstor me dijera nada, de que los pros de estar sin él superaban los contras, de que realmente lo que necesitaba era convivir con mis amigos, ellos hacen todo lo que extrañaba de él, ellos me escuchan y hay cosas que como matar insectos puedo hacer yo sola, no lo necesitaba para vivir. Entonces empecé a ir al cine con mis amigos o sola, aprendí a liberar el espacio de mi celular y cuando tenía dudas respecto a mi trabajo, leía una y otra vez mis escritos hasta que descubría lo que había hecho mal y lo corregía.

Comprendí que no lo dejaría de querer de la noche a la mañana. Después de llorar y de hacer sola las cosas que hacía con él, necesitaba quererme, mimarme, hacer aquellas cosas que no me animaba a hacer cuando estaba con él (no me refiero a nada negativo), por ejemplo; por fin podría usar ese perfume que me encanta y que a él no o usar mi pantalón entubado y que a él no le gustaba porque seguro lo usaba para coquetear.

Luego tendría que tirar a la basura todo lo que me recordara a él como fotos, cartas, peluches, etc. Así ya no me darían ganas de marcarle (no soy de piedra) cada que necesite abrir mi armario. Posteriormente decidí eliminar cualquier huella de su existencia en mi celular, así que borré su número, conversaciones antiguas, fotos y bloqueé su número por si se le ocurría hablarme. Había decidido continuar sin él, dejarlo atrás, para eso necesitaba aceptar mi realidad, él ya no cabía en mi vida, comprendí que yo quería más de lo que él me podía dar, yo quería una persona que le diera alegría a mi vida, que me diera paz, que me haga sentir segura, que me inspire confianza, pero antes de encontrar a ese ideal tenía muy claro lo que tendría que hacer, primero yo me tenía que convertir en esa persona de la que yo me quería enamorar.