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Retratos de un Erizo

Pacto entre mujeres en busca de respeto

Por Anita Joker

A las amigas, a las que no son amigas, a las que no conozco, a las que conoceré, a las que hice daño, a las que me perdonaron, a las que admiro, a las que no me caen bien, a las grandes, a las pequeñas, a las que no han nacido, a las que sufrieron hoy, a las que tuvieron un gran día, a todas.

Uno de los mejores libros que leí este año fue En busca de respeto de Philippe Bourgois, que habla sobre East Harlem y la sociedad puertorriqueña narcotraficante. En este libro, el etnógrafo hace un análisis de todos los problemas sociales que conllevan la marginación y los espacios de violencia. Por supuesto, el machismo está entre ellos. Y relata el caso de una mujer, Candy, que se “empodera” después de sufrir años de maltrato físico y adulterio por parte de su esposo y un día le dispara en el estómago.

Candy se vuelve una de las vendedoras de crack más respetadas en el barrio y en aquello que era su marido: violenta, posesiva, celosa, obligaba a sus parejas a tener sexo cuando ella quería y compartía sus ‘proezas’ sexuales en público mientras humillaba a su novio.

Los del barrio solían decir que se había vuelto “uno de ellos”. Había entrado al mundo del poder masculino con todo y el machismo. Se había vuelto sujeto, en vez de objeto, de lo mismo. El caso de Candy —que es cien porciento real no fake— me hizo reflexionar sobre una serie de cosas acerca del poder. La forma en la que entendemos el poder es netamente masculina incluso si es una mujer quien lo ejerce.

Me explico: el patriarcado es una red a la que se entra fácilmente sólo siendo araña. Para entrar al mundo hecho por y para los hombres se tiene que renunciar a ciertas cosas consideradas “femeninas” como la maternidad, la sensibilidad, la dulzura, amabilidad, tranquilidad, y cambiarlas por actitudes consideradas “masculinas” como la practicidad, frialdad, o la agresividad.

Candy detestaba a las otras mujeres, las menospreciaba y culpaba porque no salían adelante como ella. Las mujeres estamos acostumbradas a ser la excepción en los grupos dominantes porque siempre son de hombres. Posiblemente por eso seamos competitivas entre nosotras, inconscientemente sabemos que no hay lugar para más de una.

Puedes encontrar el libro en Amazon México, dándole click a la imagen.

Quienes hemos pertenecido a un “grupo de chicos” (he tenido más mejores amigos que mejores amigas a lo largo de mi vida) sabemos que de alguna forma ponemos una barrera entre las otras mujeres y nosotras. Nos hemos sentido halagadas cuando los amigos hablan sobre las cosas que les “molestan” sobre las mujeres y nos dicen “pero tú no eres así”.

Se me ocurre que muchas mujeres nos damos cuenta en algún punto de la vida que el mundo no es de nosotras. Que el destino que nos fue conferido por nacer con una vagina es visto —erróneamente— como algo aburrido, inútil y ornamental. Nos peleamos con nuestro género, y por supuesto, con las mujeres.

Alguna vez escribí que sólo las mujeres sabemos la desobediencia civil que significa admirar a las otras. Amar a las otras. Después de cagarla mil veces en pensamiento, palabra y omisión entendí que no sólo el patriarcado tiene que caer, sino toda forma de poder ejercido de forma irresponsable.

El patriarcado es una red a la que se entra fácilmente sólo siendo araña

En un artículo escrito por Luisa Posada Kubissa titulado Pactos entre mujeres, la autora explica cómo la inserción de las mujeres en esferas de dominación masculina no debe limitarse a “entrar simple y llanamente” sino hacerlo desde la perspectiva feminista. Algo así como: hermana, entré y te guardé un lugar para que tú también entres.

Cuando era niña le sacaba la lengua a las otras niñas de mi edad en el súper. Todo cuanto me rodeaba hacía énfasis en que “hacer las cosas como niña” es hacerlas mal y pretendía marcar mi distancia con las otras. Tener hermanas y convivir con tres mujeres en mis primeros veinte años de vida no fue suficiente para sacarme de la entraña el gusano del machismo. El feminismo lo ha hecho just fine y siento que todos los días aprendo a quererme y a querer a las otras.

En los últimos meses he visto cómo el hecho de que una mujer feminista esté en determinado lugar estratégico o de poder, nos abre la puerta a todas. No acabaría nunca de contar las veces que la sororidad me ha dado cosas que me costarían el doble si quien estuviera detrás de una decisión fuera un hombre. Como dice Luisa Posada: reconocer que las mujeres han sido negadas en la historia es ya una práctica política contractual y “exige la genericidad reconstruida por un pacto entre mujeres y construir desde adentro, desde las propias mujeres, un nosotras sujeto con identidad propia”.

Hace dos semanas fui a una rueda de prensa y en el presidium había una sola mujer. Cuando llegó su turno, ella habló con fuerza, haciendo énfasis en el “todas” y en el “niñas”, antes del “todos” y del “niños”. Para mis notas cargo una libretita que es la portada de La Liga Feminista de Rita Cetina. La panelista vio la libreta y me sonrió. Yo saqué mi lengua apenada entre una sonrisa de cómplice y entendí que ella está ahí como yo estoy acá, ambas en búsqueda de respeto.

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Reseñas

El stand up femenino en The Marvelous Mrs Maisel

Nuestra nueva obsesión es la reciente comedia de Amy Sherman-Palladino también creadora de la exitosa Gilmore Girls que lleva por título The Marvelous Mrs Maisel, consagrada con 8 estatuillas en la pasada edición de los Emmy y a menos de un mes del estreno de su segunda temporada en verdad necesitamos compartir las razones por las que tienes que verla lo más pronto posible.

 

The perfect wife / daughter / mother

Midge Maisel no podría ser más perfecta: es una esposa divertida y empática, una hija cariñosa y una madre ejemplar. Su familia es el núcleo de su vida; reside en un departamento de ensueño en el Upper West Side (sus papás son sus vecinos) en el que cumple felizmente con los trabajos domésticos que se le demandan y aún tiene tiempo para preparar un delicioso brisket y acompañar a Joel, el amor de su vida, a un bar en el que prueba suerte con una rutina de stand up. Ella toma el rol de manager con el objetivo de que Joel pueda anotarse en la lista de presentaciones en horario estelar. Por fortuna se ha convertido en una experta que negocia con la ayuda de sus platillos, su encanto y unas cuantas mentiras. Siempre lo logra: el “Gashlight” estalla en risas por la actuación del comediante amauter Joel Maisel.

 

Es una mujer dedicada que toma notas de los actos de su marido para que después de cada presentación puedan medir el éxito juntos. En resumen, Midge personifica todo lo que “deber ser” una mujer en la década de los cincuentas. Su vida es perfecta y a pesar de su genuino y descarado sentido del humor encaja perfectamente en el papel de mujer ideal.

 

Rompiendo el molde: el despertar de la mujer sumisa

A pesar de que la serie está ambientada en los cincuentas, no podrás evitar sentirte identificada con el problema que atormenta a Midge: el desamor. Ese momento clave cuando te das cuenta que el amor de tu vida no es el amor de tu vida y comienza la verdadera aventura: reencontrarte contigo. Es en este punto que el guión nos toma de la mano y en compañía de la increíble interpretación de Rachel Brosnahan soltaremos grandes carcajadas por la manera en la que enfrenta a sus tradicionales padres judíos (interpretados magistralmente por Tony Shalhoub y Marin Hinkle), la tensa pero graciosísima relación que emprende con Susie (su nueva amiga / manager) y el tan temido (pero necesario) proceso de superar al ser amado.

Finalmente, Midge se da cuenta que no necesita un hombre a su lado como la sociedad le ha hecho creer durante tanto tiempo, es espontáneamente divertida y cuenta con el talento e inteligencia para transformar su catarsis en una gran comedia, por lo que la conversión de esposa sumisa a comediante empoderada nos hará sentir muy orgullosas de Midge como si fuera nuestra mejor amiga.

Stand up femenino: irrumpiendo en el escenario de los hombres

El stand up ha sido un género de la comedia dominado en su mayoría por hombres. Si hacemos un breve repaso a las voces más reconocidas en los escenarios de la comedia estadounidense encontraremos nombres importantes como Bob Hope, Lenny Bruce, Don Rickles, Dean Martin, Bill Cosby, Robin Williams, Steve Martin, Jim Carrey, Billy Crystal y Jerry Seinfeld sólo por mencionar a algunos. Una de las primeras mujeres en incursionar en los actos de comedia en vivo fue Phyllis Diller, quién le abrió las puertas a otros talentos femeninos como Joan Rivers, Lily Tomlin y Roseanne Barr. No podemos olvidarnos de aquella escuela llamada Saturday Night Live que nos obsequió a importantes talentos.

Por otro lado, en México los nacidos en los 90’ crecimos riéndonos con Miguel Galván, Polo Polo, Jo Jo Jorge Falcón, Adal Ramones y Liliana Arriaga mejor conocida como “La Chupitos”. En la actualidad un grupo de jóvenes mexicanos impulsados por Netflix y Casa Comedy están reviviendo el stand up: Chumel Torres, Sofía Niño de Rivera, Alex Fernández y Ricardo O’Farril son algunos de ellos.  

Si bien no hay una fórmula para el éxito, creemos que el gran acierto de Amy Sherman Palladino fue crear un personaje femenino que apuesta por su feroz ingenio para rebelarse, romper con el orden social con la firme intención de invadir el territorio masculino y reinventarse a sí misma. La protagonista no teme apostar por una profesión que claramente no estaba bien vista para las mujeres en una época tan conservadora y se aferra al sueño de conquistar al público con su nueva perspectiva del mundo. Palladino nos plantea una importante resolución en pleno apogeo del movimiento feminista: deconstruirnos a través de la comedia.  

 

 

 

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Reseñas

La hora de las brujas

Por Clau Nyappy

«Brujas. No son más que cuentos de hadas.

Están asesinando mujeres por toda Inglaterra.

Sólo porque saben cosas.»

Trabajar en una librería y tener permiso de leer lo que uno quiera tiene sus ventajas: este año he leído libros que tenía en mi lista desde hace mucho; he conocido otros que de otra forma era poco probable entraran en mi radar, el cual trataba de no ampliar por saber que no podría comprarlos. Me he hecho fan de autores a los que probablemente no les habría dado oportunidad, he conocido gente que por verme leyendo me recomiendan otras cosas del mismo estilo pero que no tenemos en la tienda y he disfrutado mucho con ello. 

Una de las cosas importantes que me ha permitido mi trabajo ha sido reducir un poco mi aversión por la literatura juvenil, —quiero aclarar que nunca la he despreciadopero tristemente es un tipo de literatura que se presta mucho a una narrativa simple, llena de clichés enfocados en convertirlas en éxitos de ventas y, que por lo mismo, suelen ser el refrito del refrito, es decir, no permiten al lector crecer y expandirse.

A pesar de todas estas situaciones existen en efecto buenos libros para jóvenes, que suelen ser los que dan pie a las copias o que no llegan a ser reconocidos por intentar cosas distintas, pero entre tantos títulos es difícil dar con estas joyas, así que en el tiempo que llevo en la tienda, me he acercado un poco más a esa sección y he escogido un par de títulos, llevándome la mayoría de las veces una grata experiencia, aunque sigo siendo exigente y escojo los títulos no con base en el qué tanto se venden sino en lo que se supone ofrecen. Fue así como di con La hora de las brujas de Nicholas Bowling.

En un principio el título no llamó del todo mi atención, en este caso la portada es la que logra el impacto y de ahí, la contraportada logra el resto. Lo primero que lees no es la sinopsis sino un pequeño pero poderoso fragmento: una palabra seguida de tres oraciones, que son tres afirmaciones contundentes, con la primera se desestima la palabra, con las otras dos se le da alcance a una horrible realidad, que no es otra sino la misma que vivimos día con día, la misma que hemos vivido a lo largo de la historia de la humanidad: las mujeres con poder dan miedo. 

Después de ese fragmento la sinopsis es un tanto innecesaria, pero de todas formas está ahí y es acertada, logra que quién sostiene el libro se convierta en su lector. Se nos explica que Alice está en Bedlam, que su madre fue asesinada tras ser declarada culpable de practicar brujería, que logra escapar y de que en efecto… es una bruja. La historia transcurre en Londres, en el siglo XVI, durante el reinado de Isabel I, (período de la cacería de brujas) cuando las mujeres eran objeto de escrutinio y el que supieran de hierbas, o estuvieran solas, o fueran fuertes, o no fueran especialmente devotas significaba que seguro eran adoradoras del demonio, lo que las lleva inevitablemente a la tumba, pues en los juicios no tenían forma de probar satisfactoriamente su inocencia, ya que hicieran lo que hicieran se les consideraría culpables… ¿Les suena? 

Aunque en la novela se maneja la existencia de las brujas, y desde el principio es revelado que tanto Alice como su madre pertenecen a ese grupo, esto no las convierte en las villanas de la historia. Y es que, como buen libro para jóvenes, es una historia en la que nuestra heroína tiene una misión que cumplir (de la que no sabe nada) y que la lleva a tener que enfrentarse a fuerzas más allá de sus capacidades. En el viaje conoce a Solomon, quien en primera instancia la salva, pero que no por esto lo convierte en el clásico rol masculino superior a la protagonista, sino que es quien la acompaña, siendo desde ese punto sumamente refrescante, eso sí, para responder a la época intenta seguir el rol del protector, pero Alice rompe el molde, como históricamente lo han hecho muchas mujeres y Solomon comprende y se convierte en aliado.

Las brujas de Bowling son simplemente mujeres que saben cosas, que investigan, que creen, que comprenden, que crecen, que no se quedan sólo con lo que pueden ver y como el conocimiento es poder, son mujeres fuertes y capaces, lo cual, no sólo en la Inglaterra del XVI, sino en nuestro contexto global actual, las hace peligrosas a los ojos de aquellos que siguen sin llegar siquiera al siglo de las luces.

Los conflictos que nos presenta la novela son actuales y entre ellos se encuentra el enojo que provoca el escarnio por el conocimiento, el dolor que dejan las injusticias pero sobre en especial, el saber que a pesar de todo no se está sola en la batalla, Alice, como todas: lucha y su lucha, como la nuestra, llega a buen puerto.

 

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Especial San Valentín

“Perfecta” por 5 años, perfecta para mí

Por Karla Victoria Hau Couóh

La canción del grupo Miranda se volvió una constante durante un periodo de tiempo significativo: “nuestra canción”. Para darle contexto a esta canción comenzaré con un breve relato. Es la historia del amor escolar, el enamoramiento de tu mejor amigo y la realización de ese amor. Lo sé, cliché ¿no?

Fue mi mejor amigo en la preparatoria, me gustó al 2° año y en ese mismo perdí la ilusión de estar con él. Viví cada una de sus parejas, así como él vivió las mías por 5 años. Risas, decepciones, confianza y reciprocidad se mantenían como un vínculo durante ese tiempo. Al término de su relación, nos volvimos confidentes y yo comencé a figurar como “la incondicional”. No importa que fuera o que hiciese, yo estaría ahí. Eventualmente comenzamos una relación porque «las mejores parejas son mejores amigos». Las convivencias familiares, las amistades y las carreras particulares hacen que ciertas relaciones experimenten dificultades, en esta situación, ambos aprendimos a mediar respecto a eso.

Un día, la relación terminó. Todo se decidió por chat, aún cuando quise remediarlo o una explicación de frente, simplemente me evitó y cortó todo punto de contacto. Los consejos de sus amigos fueron los que decidieron el cortar todo vínculo para no volver. El consejo de mis amigos fue: «si él no quiere, no queda más que arreglar.» Sin embargo, no es sencillo cortar de tajo toda relación. Nos dijimos tanto y a la vez nada que, aunque no volviésemos a ver, nada sería igual. Ya no había solución para las palabras que salieron de nuestros corazones dolidos, donde ambas partes se tienen la culpa del decaimiento de algo tan hermoso como es el afecto entre dos seres que alguna vez desearon estar juntos toda la vida.

Mi profesión es similar a la de su hermana, laboro con ella en el mismo plantel. Somos compañeras de trabajo y nos desarrollamos en la misma área. Ella demostró su comprensión y, hasta el momento, tenemos una excelente relación. Dejó de ser entre cuñadas para volverse compañeras/amigas. Considero a su hija mi sobrina hasta el momento, mi cariño se mantiene hasta que ellas decidan lo contrario. Entonces ¿es fácil superar una relación cuando mantienes un contacto frecuente con gente cercana? No, no lo es, pero les prometo que no es imposible. Agradezco la madurez y el respeto hacia mi persona de no mencionarlo y siendo objetivos mirándome como una colega, en vez de «la ex».

Fueron 5 años de relación que merman en mi historia, que hicieron ruido en su momento y que el silencio actual creó un caos en el desarrollo de mi vida: ¿alguien me volverá a amar? si ni con mi mejor amigo puedo estar ¿alguien será capaz de “soportarme”? ¿qué hice mal? ¿no merezco una explicación? ¿FUI tan poco para que no se atrevan a darme la cara? ¿por qué no vuelve? ¿había alguien más? ¿se cansó de mí? ¿será que realmente no me amó? Preguntas constantes que volvían día tras día, hora tras hora. Las lágrimas surtieron efecto un tiempo mientras no encontraba las respuestas.

En este lapso de tiempo, donde las preguntas podían más que las respuestas acudí a distintas personas: mis cinco amigas de la carrera, mi mejor amigo y mi madre. Las primeras se enfocaron en una recuperación hacia mi persona, no en denigrar al otro, en buscar diversos métodos para dar los pequeños pasos a la superación (créanme que no necesitan odiar a alguien para sanar). Mi mejor amigo buscó que fuera corriendo a sus brazos, entonces descubrí quiénes estaban a mi lado. Mi madre: incondicional; hasta el día de hoy no ha dicho ninguna palabra en contra de él, lo aprecia por lo que fue, pero se concentró en mi recuperación tras el ultimátum de la 3° semana en la que me desahogué: «¿qué necesitas? ¿psicólogos? Vamos a uno ¿una actividad? La buscamos ¿el gimnasio? Paga tu mensualidad y ve. No puedes continuar de esta manera.»

Aquí es donde comienza todo: vuelvo al gimnasio, me reciben con los brazos abiertos y comienza mi entrenamiento. Les juro que volví a dormir sin pensar en algo relacionado a él. Mi trabajo ayudó en el crecimiento profesional de mi persona y todos contribuyeron a que lo realizara. Comencé a arreglarme un poco más, por mí, para mirarme al espejo y ver que por el exterior estaba comenzando el cambio, que eventualmente así me sentiría en el interior. Me refugié en mis amigos con las salidas a comer, idas al cine, charlas por chat y pláticas telefónicas cuando sentía que la tristeza podía llegar. Mis perritos fueron el mejor consuelo, canalicé ese amor hacia ellos, con mimos y convivencia hasta que las sonrisas comenzaron a ser parte de mi día a día.

Todos te dirán que lo olvides, que dejes de llorar, que no tienes por qué estar triste, que debes sonreír… en fin, todos te dirán «que debes hacer». Actúa según lo que TÚ consideres apto: llora, desahógate, grita e insulta hasta que sientas una pequeña ligereza, toma eso que se fue y levántate. Está bien sentirse triste, pero no dejes que eso pueda más que tú. No te odies, si terminó una relación fue por ambos, no exclusivamente por ti. Si te miras al espejo verás a alguien diferente, no conoces a esa persona a pesar de ser tú ¿duele verdad? Pero es alguien que estás por conocer, que poco a poco mostrará otro lado de ti, con la que descubrirás que eres fuerte de una manera especial. Ambas son tú. Sólo tenemos que aceptarla y nombrarla como es: experiencia.

Tendrás mil repercusiones y anhelos al pasado, pero te prometo que un día dejarán de estar y se irán. Superas una relación no a una persona, tenemos experiencias diferentes, en toda tenemos obstáculos y en todas salimos tarde o temprano. No te precipites, todos tenemos nuestro propio ritmo para avanzar.

Fui perfecta por 5 años en lo que duró la relación, en lo que fui amiga y confidente. Él fue perfecto para mí por 5 años, de la misma manera. Duró lo que tuvo que durar. Quizás ahí radicó nuestro error: una idealización de perfección que, cuando dejó de serlo, se desbordó en distintas características que distaban de ser nosotros. Ahora puedo mirar atrás, debido al corto tiempo de separación, aún hay melancolía, pero ahora sé que no debo ser ideal ni perfecta para nadie, sino para mí.

Cuando miro el espejo ya no puedo ver a la que lloró hasta dormir, puedo ver una sonrisa diferente y anhelos cercanos. Que, con todas mis imperfecciones, miedos, impulsos, locuras, carcajadas y excentricidades, soy yo. No estoy sola. Lo mejor que puedo encontrar cuando me postro es que estoy ahí, me perdí un tiempo y me reencontré. Algún día habrá alguien que ame con la misma intensidad con la que me amo ¿Y si no? ¡Qué importa! Me tengo a mí, hay gente importante alrededor y otras facetas que debo reconocer en el transcurso.

El amor más perfecto es el que se tiene uno mismo.

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Especial San Valentín

Esa foto c*lera

Por Jess Ayala

Tenía ese horrible vicio de stalkearlo como unas 5 veces al día. Sin tenerlo en ninguna de mis redes. Tenía ese superpoder de armar historias en mi cabeza de acuerdo a lo que me iba enterando y lo que debía ser un complejo pero tranquilo proceso de duelo por su pérdida, poco a poco se convirtió en una agobiante tortura mental.

En facebook era imposible saber de su vida porque tenía privacidad pero en twitter no. Estaba muy pendiente de cada tuit y me volví dependiente del afamado pajarito azul para saber cómo él podía vivir sin mi. Ya saben de qué va esta historia, ¿no? Sobre cómo enloquecemos por estar espiando en dónde no debemos. Después de mucho tiempo me di cuenta de lo mal que estaba y si actualmente están viviendo una ruptura, por favor, no hagan lo que yo. Si ya están listas, comencemos.

Mediante facebook ya había “detectado” a una de sus “amigas”. Estaba segura de que sucedió algo entre ellos durante las tantas veces que nos dejamos pero trataba de no abrirle la puerta al mounstruo de los celos. Ese monstruo que te convierte en una idiota y que te hace perder la seguridad de ti misma. En uno de mis arranques de estupidez, decidí entrar al perfil de aquella mujer y descubrí que entre sus fotos principales había un foto de ellos dos, muy felices, en un lugar emblemático de una ciudad importante. Y aclaro que si no digo qué lugar y qué ciudad son es por vergüenza, me da terror que alguien sepa de quienes hablo, porque por supuesto, ella no sabe que existo. Y no quiero que lo sepa nunca.

Cómo se podrán imaginar, desde ese momento la o d i é. ¿Por qué? Porque habían hecho un viaje juntos o con su grupo de amigos, como él me explicó mucho después. En ese momento daba igual. El punto es que viajaron juntos, vieron a su banda favorita juntos y tenían una foto juntos. Solos y muy felices. Esa foto culera fue solo la punta del iceberg porque a partir de ella, mi más grave error fue compararme con “la otra” en todo momento: ¿es más bonita que yo? ¿será que la prefiere porque no es celosa como yo? ¿es más inteligente que yo? ¿es mejor persona que yo? ¿ella no se la hará de pedo como yo? Bueno, mi baja autoestima salió a relucir y acabó por sacar lo peor de mi.

Ahora en lugar de stalkearlo a él, la stalkeaba a ella porque al parecer no sabía lo que es tener privacidad en facebook. A partir de lo anterior, el odio incrementó cuando veía que él le comentaba o que le publicaba alguna canción. Así de tonta. Sentí muchas cosas feas que no quiero volver a sentir nunca y estoy segura que no me pondré nuevamente en una situación así porque simplemente es ridículo. Es ridículo odiar a una mujer que no sabe que existes y por ningún motivo tuvo la culpa de tu relación fallida, de tu falta de amor propio y de tus miles de inseguridades. No está bien depositar sentimientos negativos en otra persona, cuando eres tú la que debe lidiar con una serie de comportamientos irracionales que te han hecho olvidar quien eres.

Lo dije antes y lo vuelvo a decir: estoy muy avergonzada de cómo me comporté y del mal que les deseé. No sé que pasó entre ellos, pero sí que sucedió conmigo. Comencé el proceso de quererme un montón, trabajar en mi seguridad y debo admitir que aún sigo en búsqueda de la paz. Mientras tanto, sé con firmeza que ya nunca más quiero volver a encontrarme con esa piedra en mi camino llamada rencor.

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Especial San Valentín

Seamos amigos: La ruptura que no termina

 

Por Flor Lizarraga

3 años, 7 meses y 17 horas: ¿te has cuestionado cuánto tiempo de tu vida compartiste a lado de otra persona que no eres tú, que no es de tu familia, alguien que en algún momento de tu vida fue un completo desconocido o desconocida? Experiencias, emociones, aventuras, conocimientos, momentos, en ocasiones tu mente viaja al pasado, se permite recordar y analizar segundo a segundo si la mayor parte de ese tiempo fueron productivos, si te ayudaron a crecer o te hicieron sentir bien.

Ante respuestas afirmativas se divaga un poco y surgen más preguntas: ¿Acaso estoy restando en lugar de sumar? ¿Los motivos del rompimiento son más fuertes que los grandiosos momentos juntos? ¿Fuimos lo suficientemente maduros para aclarar la situación, cerrar el ciclo y aceptar errores? Es tu cerebro contra el mundo, por aquí y por allá, constantemente eres bombardeada por frases típicas plagadas de desagrado hacia quien se denomina ex pareja, como si se diera por sentado que anteponer un prefijo del pasado fuese algo negativo.

Afortunadamente existes tú y esa otra persona a la que tanto amas, porque siempre hay que tener en cuenta que el amor se presenta de distintas formas y que el de hoy, no es precisamente el mismo de ayer, pero aún existe. Eres consciente de que cada quién tiene su proceso y que la relación no puede ser la misma, que a veces es necesario cortar la comunicación o reducirla, pero también sabes que cuando se está emocionalmente estable regresará la calma que permite conseguir la asimilación.

Es ahí cuando llega el momento crucial: decidir si volver a concederle un espacio en tu vida a alguien que ya estuvo con anterioridad y que por diversos motivos se había quedado en punto y aparte. Mucho gusto, nos volvemos a encontrar.

Sí, somos los mismos, pero el tú y yo ya no es igual, aún me alegro por todo lo bueno que te sucede, permanece mi respeto y admiración hacia ti, recuerdo cuál es tu comida favorita, reconozco tus diferentes miradas, sé cuál es tu posición preferida para dormir y muchas otras cosas que nadie ni siquiera se imagina de ti. Somos dos personas que se aprecian, pero que ahora tienen nuevos límites y saben hasta donde llega la línea que ya no se puede cruzar, eres mi ex pareja, pero mucho más que eso, eres la representación viviente de que el amor se puede transformar.

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Especial San Valentín

Historia de un «mal» amor

Por Karol Dayana

Hace como dos años conocí a un tipo en una de esas aplicaciones de cita, la verdad me gustó mucho y fui yo quien insistió en que salieramos. En la segunda cita tuvimos relaciones (pensé que podía controlar la situación y dejarlo hasta ahí) pero no fue así. El man me había dicho que había salido de una relación muy herido, me echó el cuento de que su ex era una malvada y yo de boba le creí.

Al tiempo de salir con él y por medio del stalkeo pude darme cuenta que había regresado con su ex. Me sentí como una MIERDA, fue un duro golpe a mi autoestima, confianza, ego. Por esta razón quise ausentarme sin decir nada, pero al tiempo volvió a buscarme y empezó un círculo vicioso: a veces estaba conmigo, a veces estaba con ella.

La empecé a odiar y empecé a odiarme también. Permití cosas que se suponía nunca iba a permitir. Hasta que un día me cansé y mandé todo a la mierda. Sin embargo, no me duró más de seis meses la valentía.

El semestre pasado él se fue del país mientras yo estaba en ese proceso de sanación interior pero volvió a buscarme y nuevamente cedí. A pesar de no estar cerca me hacÍa creer que sí lo estábamos. Lo único que le faltó prometerme fue las gemas del infinito por lo que le seguía creyendo a pesar que una corazonada siempre me decía «mija este man no ha cambiado, te la va a hacer de nuevo».

Y sí, así sucedió.

Ahora estoy más decidida que nunca a no volver a caer en ese círculo vicioso de mal amor, de mentiras, de control sobre el otro. Al mismo tiempo estoy en el proceso de perdonarme, de dejar de pensar que la otra es mi enemiga sólo porque la están engañando igual que a mí.

Incluso he llegado a pensar que seríamos buenas amigas y lo absurdo que fue llenarme de malos sentimientos con una hermana, quien también estaba siendo utilizada por el mismo idiota que no valora nada, salvo su ego.

Con esta historia espero que las mujeres puedan entender que el centro de una relación debe ser el respeto a una misma y al otro, y que no porque queramos a alguien debemos olvidar nuestros sueños ni nuestra forma de concebir el mundo.

Afuera hay un montón de posibilidades que nadie puede darnos, salvo nosotras. Y no está bien ponernos en contra la una con la otra por hombres que no piensan más allá de su falo.

 

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Especial San Valentín

Esa foto c*lera

Por Jess Ayala

 

Tenía ese horrible vicio de stalkearlo como unas 5 veces al día. Sin tenerlo en ninguna de mis redes. Tenía ese superpoder de armar historias en mi cabeza de acuerdo a lo que me iba enterando y lo que debía ser un complejo pero tranquilo proceso de duelo por su pérdida, poco a poco se convirtió en una agobiante tortura mental.

En facebook era imposible saber de su vida porque tenía privacidad pero en twitter no. Estaba muy pendiente de cada tuit y me volví dependiente del afamado pajarito azul para saber cómo él podía vivir sin mi. Ya saben de qué va esta historia, ¿no? Sobre cómo enloquecemos por estar espiando en dónde no debemos. Después de mucho tiempo me di cuenta de lo mal que estaba y si actualmente están viviendo una ruptura, por favor, no hagan lo que yo. Si ya están listas, comencemos.

Mediante facebook ya había “detectado” a una de sus “amigas”. Estaba segura de que sucedió algo entre ellos durante las tantas veces que nos dejamos pero trataba de no abrirle la puerta al mounstruo de los celos. Ese monstruo que te convierte en una idiota y que te hace perder la seguridad de ti misma. En uno de mis arranques de estupidez, decidí entrar al perfil de aquella mujer y descubrí que entre sus fotos principales había un foto de ellos dos, muy felices, en un lugar emblemático de una ciudad importante. Y aclaro que si no digo qué lugar y qué ciudad son es por vergüenza, me da terror que alguien sepa de quienes hablo, porque por supuesto, ella no sabe que existo. Y no quiero que lo sepa nunca.  

Cómo se podrán imaginar, desde ese momento la o d i é. ¿Por qué? Porque habían hecho un viaje juntos o con su grupo de amigos, como él me explicó mucho después. En ese momento daba igual. El punto es que viajaron juntos, vieron a su banda favorita juntos y tenían una foto juntos. Solos y muy felices. Esa foto culera fue solo la punta del iceberg porque a partir de ella, mi más grave error fue compararme con “la otra” en todo momento: ¿es más bonita que yo? ¿será que la prefiere porque no es celosa como yo? ¿es más inteligente que yo? ¿es mejor persona que yo? ¿ella no se la hará de pedo como yo? Bueno, mi baja autoestima salió a relucir y acabó por sacar lo peor de mi.

Ahora en lugar de stalkearlo a él, la stalkeaba a ella porque al parecer no sabía lo que es tener privacidad en facebook. A partir de lo anterior, el odio incrementó cuando veía que él le comentaba o que le publicaba alguna canción. Así de tonta. Sentí muchas cosas feas que no quiero volver a sentir nunca y estoy segura que no me pondré nuevamente en una situación así porque simplemente es ridículo. Es ridículo odiar a una mujer que no sabe que existes y por ningún motivo tuvo la culpa de tu relación fallida, de tu falta de amor propio y de tus miles de inseguridades. No está bien depositar sentimientos negativos en otra persona, cuando eres tú la que debe lidiar con una serie de comportamientos irracionales que te han hecho olvidar quien eres.

Lo dije antes y lo vuelvo a decir: estoy muy avergonzada de cómo me comporté y del mal que les deseé. No sé que pasó entre ellos, pero sí que sucedió conmigo. Comencé el proceso de quererme un montón, trabajar en mi seguridad y debo admitir que aún sigo en búsqueda de la paz. Mientras tanto, sé con firmeza que ya nunca más quiero volver a encontrarme con esa piedra en mi camino llamada rencor.