Por Michelle Sánchez Sánchez

¿El destierro de quién o de qué hace posible  
que yo esté aquí? ¿Qué desalojo o qué huida  
abrió el terreno que piso? ¿Qué injusticia o qué  
crueldad o qué invitación estelar? 
Cristina Rivera Garza, Autobiografía del algodón 

El desplazamiento forzado se define como el abandono del hogar o huida del sitio debido  a los conflictos, la violencia, las persecuciones y las violaciones a los derechos humanos.1 ¿Qué ocurre si existe una dominación violenta y constante del territorio? ¿A quiénes  afecta y a qué o quiénes se les responsabiliza? Fernanda Melchor retrata estas situaciones de violencia y despojo en su libro Aquí no es Miami, enmarcado  específicamente en el estado de Veracruz, donde el narcotráfico se ha ido apropiando de la región, generando escenarios de crimen y terror y; es a partir de estos relatos que me permito reflexionar sobre nosotras, las que, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido que abandonar nuestro lugar de origen para sobrevivir a estas guerras de poder y control sobre el territorio y sobre nuestros cuerpos. 

Ser mujer en Ciudad Juárez es más peligroso que en otros lugares del país. Allí la violencia deja su marca, desde hace años, sobre los cuerpos  femeninos. Cuerpos desechables, cuerpos prescindibles en el aparato  productivo, cuerpos borrados del imaginario social, cuerpos disponibles  para los “más hombres”. ¿Qué es finalmente una mujer? ¿Qué es una mujer si además es pobre? ¿Qué es sino un territorio para que el poder disponga de él a su antojo? (Lorenzano, 2008) 

Mi apego por la frontera es porque nací y crecí, al menos los primeros nueve años de mi vida, en Juárez. Ciudad que, en aquél entonces, era emblemática por su ambición económica representada por las innumerables maquiladoras que poco a poco iban apareciendo en el paisaje urbano. Sin embargo, al igual que la Veracruz de Fernanda Melchor; Juárez pasó a ser un territorio de violencias, crímenes e injusticias a partir del  proceso de la globalización. En relación a esto, la antropóloga Rita Segato expone lo siguiente: «Se trata, justamente, de la relación entre las muertes, los ilícitos resultantes del neoliberalismo feroz que se globalizó en las  márgenes de la “gran frontera” después del NAFTA y la acumulación  desregulada que se concentró en las manos de algunas familias de Ciudad Juárez» (Segato, 2008) 

Como expresa Segato, con la llegada del Tratado de Libre Comercio con América del  Norte en 1994, la violencia en Juárez se disparó. Las desapariciones, asesinatos,  violaciones y demás crímenes azotaron la ciudad y es que, hay dos cosas que pueden afirmarse, la primera es que la responsabilidad de la violencia ejercida en el territorio recae principalmente en el narcotráfico y la segunda es que la mayoría de los crímenes perpetrados denotan un “móvil sexual”.

Mi hermana me mandó una carta, diciéndome que allá están los tipos  que mataron a mis padres. Tú no sabes lo que yo he sufrido, pana. Mi padre  tenía deudas y lo mataron, los mataron a todos cuando mi hermana y yo íbamos por agua al río. Tú no sabes lo que es ver que están macheteando  a tu papá, que están violando a tu mamá. Dejó escapar un gemido, con los dientes apretados. La violaron y la mataron y yo sin poder hacer nada, escondido detrás de los matorrales. Fernanda Melchor, Aquí no es Miami

La violación es un acto de poder y control de la voluntad del ser y, como afirma Segato, la persona es expropiada de su espacio-cuerpo, por lo que, existe una usurpación del cuerpo y, al mismo tiempo, de un territorio, debido a que se encuentran intrínsecamente relacionados. Esto me hizo recordar un suceso que le escuché a mi madre por ahí del 2004 cuando la violencia en Juárez se había disparado y que, después de oír aquello, lo  sigo llevando conmigo hasta ahora.  

Empezaron a alertar en periódicos locales que algunos sujetos habían encontrado una  nueva formar para entrar en las viviendas y despojar de sus pertenencias a las familias y  violar a las mujeres. Esto lo hacían a través de los sistemas de ventilación y calefacción con los que contaban las casas porque, aparentemente, introducían algún tipo de  sustancia química que se distribuía al interior de la vivienda y la familia nunca se  percataba de lo que sucedía hasta que despertaba por la mañana sin ninguno de sus bienes y las mujeres completamente desnudas sin saber lo que estaban por afrontar.  

Aunque, hasta ahora, nunca he vivido algo similar dentro de los espacios que habito, llevo conmigo esta preocupación constante de que algún día pueda pasarme. Es una de esas “historias de terror” que se quedan contigo para toda la vida.  

No le creíste, parecía el argumento de una película chatísima, pero luego tu mamá te contó que aquello realmente le había pasado a la hija de una señora que le había mandado un correo a una amiga suya. -Fernanda  Melchor, Veracruz se escribe con Zeta

Ciudad Juárez es “tierra de nadie”, eso lo aprendí de mi familia que siempre lo repetía cuando aparecía un feminicidio en las noticias. La gente sabe que es un territorio controlado por el narcotráfico, donde lo que importa es sobre qué y quién tienes poder y,  si te “equivocas” lo más probable es que termines desaparecida o muerta. Porque al  principio eso se decía, que era nuestra culpa o la de la familia por confiarse, por no  andarse con cuidado y no tomar todas las precauciones.  

Segato nos presenta una hipótesis del motivo de los múltiples feminicidios en Juárez a partir de cuatro elementos: el territorio fronterizo, como lugar de tráfico de drogas y de cuerpos, de expansión y de injustas apropiaciones territoriales para perpetuar actos criminales; los propósitos de la violencia de género y misoginia que recaen en el agresor  que controla y somete el cuerpo femenino para demostrar la impunidad; los significados que comunican estos actos violentos y; la desigualdad de poderes que permite el control territorial absoluto a nivel estatal por parte del crimen organizado que, finalmente, generan conflictos socio-políticos en la región.  

No sé si se haya dado cuenta usted cuando estuvo allá, pero como que hay mala vibra, ¿no?… Como que uno no está a gusto en ese lugar, no sé cómo explicarlo… Luego de noche se escuchan cosas feas, como gritos,  quejidos… -Fernanda Melchor, Reina, Esclava o Mujer 

Una vez, en segundo año de primaria, una niña nueva se integró a nuestro colegio en el Juárez y Reforma. Como era una escuela pequeña todas coincidíamos a la hora del  recreo y pronto se hizo parte de nuestro grupito de amigas que se reunían en casa de la otra para hacer pijamadas. Se llamaba Johana y por algún motivo, del que me enteré después gracias a mi madre, dejamos de frecuentarla. Más tarde, descubrí que mi mamá  había tenido un suceso preocupante con la madre de Johana donde, al parecer, ella estaba involucrada con alguna red del narcotráfico. Después nos enteramos de que era el esposo el que andaba metido con el crimen organizado y que la mamá de Johana había cruzado Al Paso con su hija en busca de una vida más tranquila. Ya no supimos nada más, pero deseo de todo corazón que sí lo hayan logrado.  

Los ojos te lagrimean. Te los limpias con coraje: ya no eres una chiquilla y no puedes darte el lujo de llorar por la gente que no conoces, por la gente de la que no eres responsable. – Fernanda Melchor, Veracruz se escribe con Zeta 

¿Cómo salir de este continuum de violencia? ¿Cómo reconocerla para erradicarla, cómo revivir experiencias que hemos enterrado adentro de  nosotras, para sobrevivir? ¿Qué significado tienen para reformular una  crítica de la violencia que tome en cuenta lo vergonzoso, lo escondido bajo  la camisa de fuerza de la intimidad y de lo despolitizado? (Marchese, 2019) 

Hay imágenes que se quedan contigo para siempre y preguntas que vienen con esos  recuerdos. ¿Qué hubiera pasado si…? ¿Qué pude haber hecho diferente? Cuando  íbamos a casa de mi abuela, solíamos visitar a su vecina que nos vendía “ropa de paca”. La señora siempre nos platicaba de sus dos hijas que ya estaban por entrar a la  universidad y lo entusiasmadas que estaban, era la plática mientras nos cambiábamos nuestras “garritas” para comprobar que nos quedara bien la prenda que estábamos por adquirir. Después de un tiempo, cuando volví a visitar a mi abuela, la escuché contarle a mi mamá que la vecina andaba muy mal porque una de sus hijas, la mayor, había desaparecido. Lo último que supe fue que la señora había recibido amenazas del cuerpo policiaco o, lo más probable, de los que desaparecieron a su hija, por andarle “moviendo a las cosas” y que había decidido mudarse a Texas.  

Todos huyeron en estampida. Ni siquiera alcanzaron a pagar las cuentas. Tú ibas llorando. Tenías mucho miedo y no podía creer que la ciudad en la que habías nacido y crecido se estaba convirtiendo en uno de esos lugares feos que existen en la frontera, en donde no hay a dónde salir  a divertirse porque a cada rato hay balaceras. Fernanda Melchor, Veracruz  se escribe con Zeta 

Natalia De Marinis en su artículo sobre el despojo, la materialidad y afectos que se  pierden con el desplazamiento forzado entre mujeres de la comunidad triquis, afirma que, desde la antropología, el desplazamiento forzado es un proceso complejo y doloroso a causa de la violencia que empuja a la población a abandonar su lugar. Esto tiene como  consecuencia la fragmentación social y familiar que, finalmente, repercute en la identidad,  afectos y materialidad de la persona desplazada. Mi madre y padre decidieron huir de la  violencia en Juárez. Creo que fue poco después de que asaltaran a mi mamá en el lugar donde trabajaba, ese fue el “hasta aquí”, “no quiero esto para mi hija” y nos mudamos. Dejamos a mi familia paterna, mis amigas de la infancia, lugares a los que solíamos ir en  fin de semana y en los que atesoro buenos recuerdos; siento que una parte de mi se quedó en Juárez. A pesar de la violencia, fue la ciudad donde me formé los primeros años  de mi vida y por eso le guardo cierta nostalgia. Espero regresar algún día para visitar a  mi familia y poder sentir que recuperamos nuestro territorio robado por el narcotráfico y la violencia, hasta entonces, seguiré haciendo lo posible desde mi trinchera para  visibilizar y revertir este sistema de desigualdades sociales que violenta nuestros cuerpos y nos desplaza del territorio, por aquellas mujeres que no tuvieron la oportunidad, por las que fueron “silenciadas”.

Hace tiempo que no paseas por aquel barrio. Hay muchas más casas de las que recordabas, más lujosas que entonces, ahora pintadas de alegres colores  y decoradas con molduras de importación y portones blancos. No queda ni rastro  del terreno baldío en el que jugabas béisbol y cazabas lagartijas con tus amigos, pero la escuela Montessori a la que asististe durante seis años está en el mismo sitio; incluso sigue pintada de blanco, aunque ahora luce más pequeña de lo que recordabas. La puerta de entrada ya no es más una reja de fierro sino un portón  de aluminio albo. Detrás de ella escuchas gritos infantiles, risas: supones que es  la hora del recreo. -Fernanda Melchor, Veracruz se escribe con Zeta

Referencias  

Marchese, Giulia. (2019). Del cuerpo en el territorio al cuerpo-territorio: Elementos para  una genealogía feminista latinoamericana de la crítica a la violencia. México: Revista de  Ciencias Sociales y Humanidades. Recuperado de  

https://www.redalyc.org/jatsRepo/4559/455962140001/html/index.html

Marinis, Natalia de. (2017). Despojo, materialidad y afectos: la experiencia del  desplazamiento forzado entre mujeres triquis. Recuperado de  http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1607- 050X2017000100098&lng=es&tlng=es.  

Melchor, Fernanda. (2013). Aquí no es Miami. México. Editorial: Literatura Random House. 

Segato, Rita. L. (2008). La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Cd.  Juárez. México. Recuperado de http://www.debatefeminista.pueg.unam.mx/wp content/uploads/2016/03/articulos/037_05.pdf

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