Desde que tengo memoria, Tony ha sido el showman de la familia.

Al ser el más grande de un numeroso grupo de primos, él era el encargado de dirigirnos en los juegos y en los shows que armamos cada viernes en casa de mamá paulita. A veces a mi me tocaba interpretar al ventrílocuo, y claro, yo sólo tenía que mover la boca y las manos porque él se encargaba del resto. Muchas otras veces hacía equipo con mi prima Vanesa para asustarnos con historias de terror.

Fue Tony quien me introdujo a la maravillosa cultura pop al inicio de los 2000. Me acuerdo que cada vez que entraba a su cuarto veía un póster gigantesco de Britney Spears y las tardes las dedicamos a aprendernos sus coreografías. Bailar en la sala de su casa con la música de Madonna, Britney y Nsync a todo volumen era nuestro hobbie.

También recuerdo aún el pánico que sentí cuando mi tía Claudia me contó que Tony estaba hablando uno por uno con los primos para contarles algo muy importante. Él quería platicar conmigo para contarme sobre su orientación sexual. Tenía catorce años y en ese entonces no supe cómo manejar la situación: le pedí a mi tía que por favor me ayudara a evitar esa conversación a toda costa. Y así fue porque esa plática nunca sucedió.

Para mi, Tony siguió siendo el mismo. Nada cambió y con el paso de los años nos unimos mucho más. Nos veíamos cada viernes sin falta y como cualquier par de cómplices nos divertimos a niveles inolvidables. Sus amigos se convirtieron en mis amigos, y por eso yo estaba presente en cada momento importante de su vida.

Uno de esos viernes conocí a Lalo.

Hicimos “click” de inmediato y no por el simple hecho de tener cosas en común, sino porque es una persona sumamente amable, cariñosa y divertida. Todos en la familia caímos rendidos ante la encantadora personalidad de Lalito. Era más que evidente cada vez que Tony llegaba sin él a una fiesta familiar y nos olvidábamos de saludarlo porque lo primero que queríamos saber era “¿por qué no vino Lalo?”

Y de ser un par de cómplices nos convertimos en los tres mosqueteros: viajes, fiestas, pijamadas, maratones y  hasta nuestros disfraces planeábamos juntos. Se convirtieron en mis incondicionales.

Tony me contagió su pasión por el diseño gráfico y la fotografía, área en la que se ha consolidado en los últimos años. Mientras que Lalo, me compartió su amor por la moda y la importancia de expresarnos a través de la ropa. Éramos tres creativos en busca de que el mundo nos diera una oportunidad para alzar la voz.

Durante esa incansable búsqueda, mi familia nunca cuestionó a Tony y únicamente se dedicó a conocer a Lalo. Lo recibimos con los brazos abiertos desde el primer día que llegó a nuestras vidas y siempre presumimos que es parte de nosotros porque el amor siempre gana.

El pasado 21 de febrero, Lalo sorprendió a Tony en el museo de Frida Kahlo con una importante pregunta que celebra sus diez años de relación: “¿te quieres casar conmigo?”. Todos fuimos cómplices porque sabíamos cada detalle del plan de Lalo, sólo nos quedaba esperar a que lo anunciaran oficialmente. Cuando sucedió, lloramos de la emoción y también lo celebramos.

Hace apenas unos días acepté encantada cuando me pidieron que dijera unas palabras en su boda. Esta es una unión que tanto nuestros amigos como nuestra familia esperamos con ansias y mucha ilusión porque que en estos tiempos en que las creencias religiosas y prejuicios morales están por sobre los derechos de los más vulnerables, necesitamos celebrar historias como la de Tony y Lalo.

Los tres mosqueteros lo tenemos bien claro y seguiremos luchando hasta el final. Porque el amor siempre gana, porque el amor debe ser legal.

Ilustración de Eduardo Novelo @lalito_draw

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