Por Alejandra Cano Muñoz

La aventura de viajar sola inició cuando decidí estudiar en otra ciudad, y esa decisión me permitió tener las mejores experiencias de mi vida. Ya sea en colectivo o sola, el viajar ha resultado muy valioso para mí. El estudio y trabajo me permite justificar mis viajes, conocer y re-aprender de lugares y personas.

Viajar sola me ha significado procesos de crecimiento personal. Me hace recordar mi capacidad y necesidad de mantenerme en movimiento para el disfrute del alma y del pensamiento ¡Me gusta tomarme una foto del día cuando inicia la aventura y del regreso para ser consciente de mi reencuentro!

Hace tres años la vida me cambió, decidí ser madre y desde ese momento ¡la maternidad me acompaña a todos lados! Esto, me permite encontrarme y reconocerme como mujer y como madre en este andar, el trabajo comunitario que realizo como parte de la coordinación del programa de alfabetización Sí Podemos, me permite llevar a mi cría a todas partes: durante los últimos dos años hemos trabajado en algunas localidades del municipio de Huimilpan, estos lugares están cerca de la ciudad de Querétaro, y viajar a estos territorios eran las primeras formas de continuar con lo que más me gusta hacer en compañía de mi hija; regresar a lo que era yo antes de la maternidad. Agradezco infinitamente este espacio que justifica mi necesidad por viajar y por el compartir con mi cría la experiencia de conocer otros lugares.

Recuerdo que en diciembre del año pasado ¡la vida me presentaba la oportunidad de ser parte de un momento histórico inolvidable! La convocatoria de las compañeras zapatistas para el PRIMER ENCUENTRO DE LAS MUJERES QUE LUCHAN en marzo del 2018, me permitió retomar mis decisiones con mayor fuerza y alegría. Compartir el ser mujer con otras de otros mundos y realidades: ¿cómo luchan las otras? Esa curiosidad por conocer y re-aprender me permitía creer en mi capacidad de viajar hasta ese pedacito de tierra rebelde. Sin dudarlo envié mi correo para confirmar mi asistencia, en ese momento me interesaba conocer, observar y comprender el encuentro de muchas mujeres del mundo.

Después de algunos días el miedo se apoderó de mí ¿realmente estaba lista para hacer ese tipo de viaje? La profundidad de la experiencia me maravillaba, pero ahora el ser madre podría ser una limitante. No sabía si era bueno exponer a mi cría a tantas horas de trayecto ¿Y si se enferma? ¿Y si no puedo yo sola? ¿Mi casa, mi pareja?

La necesidad por ser parte del encuentro me hacía pensar en las otras, y en la misma convocatoria que decía que todas las mujeres que luchan eran bienvenidas con o sin hijxs, y yo en ese momento me encontraba luchando con miedos míos y de todxs; “¿Te vas a ir tú sola con la niña?” El viajar “sola” siempre ha representado preocupación en la vida de algunxs conocidxs y familiares, y ahora se volvía más complejo porque parecía que ponía en peligro a mi hija con semejante decisión.

El apoyo de mi pareja es y ha sido profundo, puesto que compartimos el gusto por viajar y aprender. Me abrazó con su amor y me dijo: no te preocupes, yo te regalo el boleto de avión para que se vayan y regresen chido. Y no batalles con las mochilas, bolsas y la niña. Eso me permitió gestionar recursos para los otros gastos; mi papá, mi mamá y la comunidad se sumaron al esfuerzo de lograr mi deseo: Las Rizomáticas son un ejemplo de las comunidades que me han abrazado y cuidado en la Lucha por esta Vida. Ellas han generado espacios muy bonitos para el encuentro de nosotras las mujeres, y ahora me siento muy honrada de ser parte de MUJERES RIZOMÁTICAS y su organización comunitaria. La comunidad es algo que me atraviesa desde que nací, mi familia fue ese primer ejemplo de vida. En cada viaje hecho por mí, la comunidad de todos los lugares a los que voy me ha cuidado y me acompaña en el proceso de aprender. Estoy muy agradecida ya que por sus cuidados yo sigo con mi movimiento.

Salí el 6 de marzo del aeropuerto de la ciudad de Querétaro para hacer escala en la CDMX y después llegar a Tuxpan Gutiérrez, ¡todo un día de trasladarnos entre aeropuertos! Después llegamos a San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Durante el trayecto estaba nerviosa pero algo diferente estaba pasando, habían muchas mujeres que viajaban a San Cristóbal de las Casas y aunque no nos conociéramos nos sentíamos hermanadas en cada proceso de subir o bajar del avión, en las salas de espera y hasta en los colectivos para llegar al lugar del encuentro.

Cuando llegué a San Cris, nos esperaba una amiga muy querida, Lucy. A ella la conocí esa misma noche, me vinculé con Lucy desde las compañeras Rizomáticas; el cuidado se extendía a otros territorios para sentirme segura en este viaje. Esto me ha hecho sentir y pensar en los esfuerzos por tejer redes de apoyo y cuidado entre nosotras las mujeres, es esta comunidad en la que mejor me he sentido, aquí habito con nosotras para recordarnos el poder creador y transformador que tenemos.

La invitación de las compañeras zapatistas generaba un cambio en las relaciones de nosotras las convocadas, se sentía un ambiente de alegría y de esperanza: cuando llegamos al Caracol de Morelia, el sentimiento de esperanza crecía, las mujeres de todo el mundo llegaban y miles de nosotras convivimos en territorios zapatistas. Las y los niñxs que se encontraban en el espacio reflejaban el esfuerzo de nosotras por transformar los mundos en los que vivimos; sus formas de relacionarse eran respetuosas, amorosas y hermanadas. Ahí reconocí el poder de cuidar al mundo y a nuestras semillas. Porque resistimos para compartir la alegría de la vida: con respeto y amor la esperanza se multiplicaba en nuestra pequeña Utopía, nos nutrimos entre nosotras y para nosotras.

El proceso de aprendizaje que he experimentado en este viaje en los territorios zapatistas y convocada por mujeres zapatistas es un factor transformador importante. Porque las relaciones afectuosas y de cuidado se trasladaron desde el primer momento que decidimos viajar al Caracol TORBELLINO DE NUESTRAS PALABRAS para crear comunidades resistentes entre nosotras y para todxs. Los viajes como la lucha siguen, y el acuerdo es vivir para continuar viajando y luchando.

Ahora no me queda más que invitarlas a vivir, a viajar pues. Porque los riesgos se acortan y la aventura se disfruta cuando nos re-pensamos como parte de una o muchas comunidades. Aprender que las nuevas formas o procesos de aprendizaje tienen que ver con el re-conocer a lxs otrxs que comparten sus cuidados con el entorno/mundo: viajar nos permite dejar las comodidades para sentir y mirar con profundidad otras formas de relacionarnos con el universo.

Para mi viajar estimula el gusto por reinventarme y que mejor que compartirlo con mi cría, ella es lo más hermoso de la vida por eso se llama Quetzalli, porque me representa cada viaje de mi vida ¡es lo más maravilloso que puede existir y por ella yo existo!

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