Por María Conchita

Un día, hace unos cuantos años, me di cuenta que era feminista. Yo venía del «ni machismo, ni feminismo, igualitarismo», así que cuando me di cuenta que era feminista sentí en primer lugar una vergüenza enorme; ¿Cómo me había atrevido a usar ese tipo de expresiones? ¿Cómo osaba hablar de un movimiento que no conocía y juzgarlo por lo que me habían enseñado los medios del mismo? ¿Cómo era capaz de ir por ahí pensando que el feminismo estaba bien antes pero que ahora eran todas radicales? Realmente tenía ganas de poder hablarle a la yo del pasado para decirle: no tienes idea de lo que hablas, infórmate antes de seguir regándola. A veces me gustaría poder negar esa etapa, y más porque incluso en ese entonces –y desde antes– había en mi algo del feminismo.

Esas bases me venían de libros que habían caído en mis manos, de series e incluso de un par de caricaturas: mi «Orgullo y prejuicio» releído hasta el cansancio; «Naná» que leí a una edad tal vez algo inadecuada; «Kim possible» que veía cuando era niña; «Xena la princesa guerrera» personaje al que aún admiro e incluso «Bones», serie de la tomé como modelo a seguir a la doctora Brennan cuando era adolescente. En fin, también fui seguidora de muchas otras en donde habían personajes femeninos fuertes, que contrario a lo que me querían enseñar en casa, no tenían como meta en la vida casarse –aunque un par de esos personajes lo hicieran–, no tenían que aprender a hacer los quehaceres de la casa para que su esposo no les fuera a maltratar, no tenían porqué estar siempre preocupadas por ser delgadas y bonitas y no tenían que seguir los estándares que se esperaban de una buena mujer. Ese tipo de contenido me hizo combativa en primer lugar y me llevaba a cuestionar cosas en casa.

Yo estaba más que lista para ser feminista, solo me faltaban lecturas un poco más afines para auto nombrarme como una, o tal vez conocer a alguna otra, era el paso natural. Pero hubo algo que se interpuso en esa transición: los medios de comunicación. Llegaron a mí presentándome una idea deforme del feminismo que me hizo verlo como algo que no iba con mis principios. Me recuerdo en la preparatoria, hace un aproximado de 10 años, viendo en la televisión una cápsula del feminismo en el que se supone era un programa serio. Hablaban del movimiento sufragista y cómo logró que la mujer pudiera votar así como los primeros logros del feminismo, que de acuerdo al programa eran los necesarios, seguían la historia hasta la radicalización de los añops 70 y entonces tergiversaron la historia, dándole un peso mayor del que tuvo a una mujer, (cuyo nombre no recuerdo) quien quería la desaparición de los hombres, no explicaban que era en realidad el movimiento radical de los 60/70, y tomaban ese ejemplo aislado como el camino que tomó el feminismo.

Después hice una búsqueda superficial en internet y lo que encontré tampoco favorecía al movimiento, se trataban de páginas desinformadas en donde se les tildaba de mujeres llenas de odio que eran extremistas. Con esa idea viví varios años y me negaba al feminismo por lo mismo. Lo que provoca la comodidad de la ignorancia.

Rememoro todo esto después de terminar de leer: «Mamá, quiero ser feminista» de Carmen G. De la Cueva, libro que es una especie de autobiografía del feminismo personal. Carmen nos invita a dar un recorrido por su vida y como en ella todo estuvo dispuesto por azares del destino para convertirla en feminista. Vamos leyendo que mujeres tanto ficticias como reales la fueron tomando de la mano en distintos momentos del camino para poder llegar al feminismo. Nos revela sus experiencias y como el ansia de saber que lleva dentro desde chica le impulsó a investigar y ahondar cada vez más.

El ritmo de la lectura es sumamente ameno y Carmen no tiene problema con realmente dejarnos conocer sucesos privados, pues como ella misma dice nos falta eso, poder contar las cosas para hacerle saber a las demás que no están solas, que todas pasamos por aquí y tenemos las mismas dudas y nos ahorramos en los mismos baches, pero lo más importante es que salimos de ellos.

Leer este libro es hermoso, mi vida ha sido radicalmente diferente a la de Carmen, pero sus experiencias no me son ajenas; como mujer he pasado por cosas similares y sus dudas han sido las mías, han sido las de miles. Me he agobiado por mi cuerpo; su forma, su peso, su sexo y en efecto no he podido en momentos hablar de ello, me he sentido sola por no encajar en un rol que en teoría de forma natural debería estar en mi, me he sentido mal por seguir preocupándome por cosas que en teoría como feminista «no debería», en fin el texto de Carmen ha resonado en mi.

Agradezco encontrar este libro ahora, pero no dejo de pensar en lo hermoso que hubiera sido encontrarlo antes, tal vez hace unos 10 años, un par de días antes de ver ese programa, así Carmen me habría ayudado a entender qué era una feminista y la gran soledad que cargué por muchos años se habría visto reducida.

Les recomiendo mucho este libro; sí son ya feministas les hará recordar sus propios procesos y les llevará, como a mí, a querer hacer esa autobiografía feminista personal. Y si están averiguando si lo son: acérquense a Carmen y cuando terminen les estaremos esperando con los brazos abiertos en el movimiento.

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