Por Gladys Méndez Alayola.

Cuando era una niña, viví durante una gran temporada de mi vida en casa de mi abuelo materno. En la sala de la casa había dos cosas que llamaban particularmente mi atención. La primera era un cuadro de grandes dimensiones de Jesús. La segunda, relevante a este texto, era una estatuilla, de aproximadamente cuarenta centímetros de altura, de una mujer encadenada a un palo, apenas cubierta por harapos, con las olas del mar lamiendo sus piernas. Ella tenía una expresión de sufrimiento en el rostro; lloraba.

Recuerdo preguntarle a mi madre por qué la mujer estaba encadenada. Me dijo que era una esclava. Que probablemente estuviera siendo castigada. En aquel entonces me pareció desagradable. En retrospectiva, me ha hecho preguntarme a mí misma, ¿Por qué alguien querría tener una estatuilla de una mujer semidesnuda sufriendo, siendo condenada, en la sala de su casa? ¿Qué hay de bello en eso?

En el presente trabajo, quiero primero plantear diversos ejemplos de cómo la sociedad mira o utiliza el dolor de la mujer, y posteriormente, cómo este dolor se ha reflejado en el arte.

El dolor, en algunas de sus formas, forma parte del imaginario de belleza de ciertas sociedades (esto quiere decir que, como toda construcción social, depende de su contexto). El sufrimiento femenino se ha normalizado como parte de la experiencia de ser mujer; es encontrada aceptable, normal y, en ciertos casos, deseable, la idea de pasar por cierta clase de experiencia incómoda que puede ser clasificada como algo cotidiano, un deber, o un elemento embellecedor para las mujeres.

De igual manera, muchas representaciones artísticas de mujeres emplean a la figura femenina en posiciones de dolor o tristeza, siendo violentada de alguna manera, o enferma.

1- El Rapto de Proserpina. Bernini, 1621.
2 Crying Girl. Lichtenstein, 1964.

 

 

Siguiendo lo dicho por Leslie Jamison en su Grand Unified Theory of Female Pain (2014), vemos una tendencia de embellecer o “glamorizar” la idea de la mujer triste, sufriendo, llorando, siendo víctima de sus circunstancias; un velo rosa cubre una situación bastante preocupante, que es la normalización de varios estados de ánimo negativos presentes de manera constante.

Este ideal de estética de la mujer como una criatura frágil, dependiente de otros, si bien está siendo subvertida y contrariada ampliamente hoy día, permanece vigente. Mary Wollstonecraft  ilustra esta idea en Vindicación de los derechos de la Mujer (1792):

“Mi propio sexo, espero, me disculpará, si las trato como criaturas racionales, en vez de halagar sus FASCINANTES gracias, y mirarlas como si estuviesen en un estado de niñez perpetua, incapaces de valer por sí mismas. Deseo fervientemente señalar en qué consiste la verdadera dignidad y felicidad humana- deseo persuadir a las mujeres a dedicarse a adquirir fuerza, tanto de mente como de cuerpo, y convencerlos de que las frases suaves, susceptibilidad de corazón, delicadeza de sentimiento y refinamiento del gusto, son casi sinónimos de epítetos de debilidad, y que esos seres que son sólo objeto de lástima y esa clase de amor, que ha sido denominado su hermano, se volverán pronto objetos de desdén”.

Volviendo a Jamison, ella menciona en su ensayo que hemos vuelto a la mujer herida una diosa. Y si bien la idea de la mujer post herida quisiera pretender que esto no le afecta, existe una tendencia querer encontrar belleza o nobleza a través del dolor. Bien podría deberse a una forma de sobrellevar el sufrimiento: si lo convertimos en algo que nos ennoblece, parece ser más tolerable.

La idea de que se sufre por ser mujer se ha internalizado tanto que se ha vuelto parte de la constitución de dicho género. El concepto de “damisela en apuros” se viene a la mente. Ha sido un recurso literario ampliamente utilizado, absorbido por la sociedad, y capitalizado. Laurie Penny hace mención de esto en su artículo The Sugar Daddy Recession (2012), en el que relata cómo se hace pasar por Amy, una estudiante de literatura que necesita rentar un apartamento en Nueva York y no tiene dinero. Sin embargo, existe una infinidad de hombres dispuestos a rentar barato o a cambio de “favores” a la chica correcta. Penny menciona a Gregory, uno de los hombres que Amy contacta:

“Su fantasía, así como la de muchos que le respondieron a Amy, parecía ser tratarse tanto de proteccionismo masculino caricaturizado como de dominación. Es una visión moderna del audaz caballero rescatando a la damisela en apuros, con una tarjeta Amex[1] negra en vez de un corcel blanco. ‘Caballero mayor blanco financieramente estable busca financiar una joven universitaria,’ escribió Gregory. ‘Estoy buscando a mi princesa para cuidarla’”.

Leslie Jamison se plantea la cuestión de cómo hablar del dolor de la mujer sin volverlo glamuroso o ensalzarlo. Algunas artistas han hecho algunos acercamientos a esta cuestión, como Emily Knecht, con su serie de fotografías titulada Feelings (2015)[2], para la cual se fotografió a sí misma cuando lloraba, durante un período de 3 años.

3- Fotografías de la serie Feelings. Emily Knecht, 2015.

Knecht ha expresado que, a pesar de no haber iniciado esta serie con otro propósito que uno terapéutico, terminó convirtiéndose en una forma de subvertir la idea de “selfie” como algo glamuroso.

Antes que Knecht, Nan Goldin había ya tomado Nan One Month After Being Battered (1984).

4- Nan One Month After Being Battered. Nan Goldin, 1984.

Esta fotografía aparece en The Ballad of Sexual Dependency (1986), una serie de fotografías  en forma de presentación y de libro. Goldin expresó querer retratar su realidad sin glamorizarla o glorificarla, sino tan sólo hacer conciencia de su dolor[3].

Tanto la serie de Knecht como las fotografías de Goldin han sido llamadas como narcisistas o intentos de llamar la atención. Esto parece surgir de la idea de que es inadecuado exponer explícitamente el dolor propio ante los ojos de la sociedad entera. Mientras el dolor no sea expresado en una manera aceptable dentro de los parámetros sociales, es desagradable. Este sufrimiento es, entonces, modificado y estetizado para su consumo.

Si bien es aceptado que la mujer debe ser delicada, dócil y dependiente del hombre, igualmente debe de callar aquello que la molesta o hiere, y de nuevo volvemos a la internalización del dolor como parte íntegra de la experiencia de ser una mujer.

Audrey Wollen, una artista de Los Angeles, hace uso de las redes sociales, especialmente Instagram, para subvertir la cosificación de la mujer a través de la historia del arte, y a su vez, ha ideado lo que llama Sad Girl Theory (teoría de la chica triste). En una entrevista con Dazed and Confused (2015), ella define esta teoría:

Sad Girl Theory propone que la tristeza de las chicas debería de ser reconocida como un acto de resistencia. La protesta política es usualmente definida en términos masculinos- cómo algo externo y usualmente violento, una demostración en la calle, una revuelta, una ocupación de espacio. Pero yo creo que este espectro limitado de activismo excluye a toda una historia de mujeres que han usado su tristeza y auto destrucción para irrumpir en sistemas de dominación. La tristeza de las mujeres no es pasiva, egoísta o superficial, es un gesto de liberación, es articulada e informada, es una forma de reclamar agencia sobre nuestros cuerpos, identidades, y vidas.

Si pensamos en términos como resting bitch face,  o sólo bitch face[4], y la constante idea de que las mujeres deben tener una buena disposición hacia los demás, entonces sí, es posible que la tristeza expresada sin tapujos pueda llegar a ser subversiva.

Wollen intenta abordar una nueva forma de feminismo que no pida a la mujer sentirse constantemente orgullosa o feliz de ser mujer, reconociendo que toda mujer tiene derecho a sentirse decaída y expresarlo.

En sus fotografías recrea imágenes de pinturas sobre mujeres en la historia del arte, resaltando como estas imágenes han puesto un estándar que inconscientemente asimilamos.

6- Rokeby Venus, repetición de la Venus del Espejo de Velázquez. Audrey Wollen (s. f.).

John Berger, en  el segundo capítulo de la serie Ways of Seeing, de la BBC, toca este tema. Partiendo del desnudo femenino en el arte, Berger expone como la mujer desnuda es un objeto dentro de la pintura y no un personaje, retratada por y para hombres:

“[…] Susanna se mira al espejo, imaginando como la ven los hombres. Ella se ve primera y únicamente como una vista, que significa una vista para los hombres. Así, el espejo se convirtió en un símbolo de la vanidad de la mujer; sin embargo, la hipocresía masculina en esto es evidente. Pones un espejo en su mano y llamas a la pintura vanidad, está condenando moralmente a la mujer cuya desnudez has representado para tu propio placer […]”

Elabora posteriormente en la tradición de la pintura renacentista europea, que muestra a las mujeres retratadas en posturas lánguidas. Están ahí para complacer un apetito, no para tener uno propio, dice Berger. La tradición de la pintura del desnudo femenino despoja a la mujer de agencia e intención.

7- Do Women Have to be Naked to Get Into the Met. Museum? Guerrilla Girls, 1989.

Estas imágenes están subordinadas a la mirada masculina. Por lo tanto, el concepto de lo deseable está mediado por la masculinidad,  sus deseos y conveniencia. Al ser cosificada, la mujer solo funciona como receptor de las acciones del hombre hacia ella. Esto por sí mismo es causa de sufrimiento de la mujer, y si bien no es mostrado abiertamente en estas pinturas, es un elemento presente de forma subrepticia. Esta situación igualmente ha sido señalada por las Guerrilla Girls en múltiples ocasiones.

La diferencia en los ejemplos presentados en este trabajo y esta tradición pictórica es abismal. Mientras que el dolor femenino reflejado en las obras creadas por hombres está mediado por estándares de belleza diseñados para complacer a lo masculino, los retratos de dolor realizados por mujeres intentan mostrarlo de manera abierta y honesta, y si bien las imágenes realizadas por hombres han sido consideradas íconos de belleza y admiradas, aquellas creadas por mujeres han tenido una aceptación más complicada.

Pareciera ser, sin embargo, que es posible encontrar una forma de expresar dolor sin usarlo para engalanarse, como pensaba Leslie Jamison. Es posible considerar el sufrimiento femenino desde otros ángulos, es posible ser una feminista y reconocer que siguen habiendo mujeres heridas y no por eso son menos que aquellas que predican la imagen de la mujer fuerte e independiente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REFERENCIAS

[1]  “Amex” quiere decir American Express. Se refiere a la tarjeta Centurion de dicha firma. https://www.americanexpress.com/us/content/cardmember-agreements/centurion.html

[2]  http://innocnts.com/blog/recap-emily-knecht-feelings

[3] Tomado de la descripción del Tate: http://www.tate.org.uk/art/artworks/goldin-nan-one-month-after-being-battered-p78045/text-summary

[4] Traducido a “cara de perra descansando” o simplemente “cara de perra”. Usualmente aplicado a las mujeres para designar una expresión de molestia o seriedad. https://en.oxforddictionaries.com/definition/bitch_face

Categories: Ensayo Literario

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