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Ensayo Literario

La novia que tomó el rol del hombre.

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Hace un tiempo que mis amigos bromeaban acerca de mi noviazgo. Muchos lo tomarían como algo normal, los amigos que están moleste y moleste porque somos la única pareja en un grupo de hombres – sí, soy la única mujer en un grupo de varones -. No me habría inmutado para nada si un comentario no me hubiera llamado la atención: «Es que tú eres el hombre de la relación porque eres la activa, la dominante». Eso hizo sonar mi campana, alguien detenga el mundo. ¿Desde cuándo ser una mujer activa, dominante y que no tiene miedo de estar en un grupo de hombres te convierte automáticamente en el hombre de la relación? ¿Pudiera ser que  mi comportamiento es varonil?, ¿hay posibilidad que mi novio sea demasiado femenino? Pero incluso estas preguntas están cargadas de estereotipos propuestos e impuestos en y por nuestra sociedad machista. Y tú lector, te preguntarás, ¿por qué es así?, ¿de dónde sacan que es así?, ¿qué pruebas tienen de que el hombre es varonil, y que la mujer es femenina? Si analizáramos los términos varonil y femenino serían descritos de esta manera:

  • Varonil: Adjetivo relativo del varón: Propio del varón // Esforzado, valeroso y firme[1].
  • Femenino/a: Adjetivo propio de la mujer: Relativo a este ser // Frágil, endeble[2]

A pesar de que esto se encuentra en un diccionario enciclopédico yo digo que no, no es así. Ni la mujer debe ser frágil y endeble, ni el hombre debe ser esforzado, valeroso y firme. Que sí, hay mujeres frágiles y hay hombres valientes, pero considero que esto no debe tomarse como un deber ser, es decir, que no debe ser una obligación de acuerdo al género. Una mujer y un hombre pueden ser como ellos quieran y expresar como se sientan. Una mujer puede ser valiente y un hombre puede sentirse frágil y ser frágil sin que se les juzgue. Ahora, ¿qué tiene que ver con lo primero? Que de acuerdo al diccionario, y por tanto a una denominación escrita, soy una mujer con personalidad relativa o propia del varón. No, no me molesta que me equiparen al hombre, para mí somos equitativos, lo que me confunde es cómo soy encasillada, cómo me hace menos mujer; casi como si ser el hombre de la relación me elevara de rango porque domino, porque soy activa.

Mi novio, como la gran persona que es, no se inmuta, se ríe y dice: eso es sexista, sin ir a más. No se hubiera vuelto molesto, si no hubiera sido porque esto se repitió en numerosas ocasiones con otros amigos: tú eres el hombre de la relación, me decían. Entiendan, no es así. Yo no domino a mi pareja, simplemente mi personalidad es más ruidosa que la de él, más sociable, más extrovertida. Somos diferentes y eso está bien, no es necesario encasillarnos en un rol. Pero mi novio, tan tranquilo y despreocupado, intenta calmarme diciendo: Los estereotipos no nos definen como pareja y menos como persona. Lo sé y lo entiendo. Sin embargo, no soy una mujer que se quede callada y alzo la voz si algo no me gusta. Por eso en este ensayo, que a la vez considero una opinión y petición, quiero decir: Ya basta, dejen de encasillar a la gente y colocarla en un rol, menos si no se los pidieron. No existen hombres con actitudes femeninas, ni existen mujeres con actitudes masculinas o varoniles, sólo existen personas con actitudes propias de cada quien.

Por eso quiero tocar tres puntos que pienso la gente debe tener en cuenta antes de opinar sobre el rol que cumple la pareja en la relación de alguno de sus amigos. En primer lugar, no sabes si con este comentario vas a incomodar a la persona o la pareja a quien se lo estás diciendo; en segundo lugar, muchas veces la pareja no es consciente, como en mi caso, del rol que toman y esto es porque no les importa y no se les ha pasado por la cabeza que están cumpliendo un rol que, en muchos comentarios que he escuchado, no les corresponde pero, de nuevo, esto no es una verdad universal. Si yo no sigo un rol que tú consideras que me corresponde o no, no me interesa. Tú puedes seguir tu rol según tus pensamientos, criterios y creencias pero no puedes decirle a los demás qué es correcto y qué no. Simple; y en tercer lugar, no todos los noviazgos son iguales. En este mundo hay demasiadas personas como para vivir encasillándolas a todas. Por ejemplo, en casos individuales, un hombre que no quiere tener relaciones sexuales no lo hace un marica, y una mujer que disfruta de ellas no la hace una puta; en casos de pareja, una mujer que es líder en su relación no la hace masculina -muchas veces esto viene acompañado de lo siguiente, y cito el comentario de una amiga, que vas a tener que arrastrar a tu novio para hacer las cosas -,  y un hombre complaciente que prefiere seguirle la corriente a su pareja no lo hace un mandilón o que tiene una correa para que lo arrastren o lo obligue su pareja a obedecer, como un animal domado. Absténganse, gente.

De igual manera, recomiendo omitan comentarios que puedan lastimar a sus amigos si no están de acuerdo en algo en su relación. Por supuesto, lo digo porque me pasó exactamente eso. Hace un tiempo un amigo muy cercano se enteró de que un día de tantos invité, es decir, pagué la entrada del cine a mi pareja y luego nos fuimos a cenar a una pequeña cafetería donde compartimos la cena, que también pagué yo. Me dijo que aquello era una aberración y que yo era una vergüenza, que no debería sentirme orgullosa ni tomarlo como algo normal porque el hombre es quien debe cubrir las salidas con su novia. Alto. Esto no es así. En ningún momento tomé el rol del hombre al invitarlo. En mi caso particular, si mi novio paga el cine, la cena y hasta las botanas es porque él quiere hacerlo, porque es un gesto que tiene conmigo para demostrarme su cariño, y eso quiere decir que yo puedo hacer lo mismo para con él. No existe ninguna fuente citable donde diga que el hombre debe cubrir absolutamente todos los gastos de una cita. Sí, se siente bonito que te inviten pero nadie es máquina de dinero, y si tu pareja no tiene suficiente, la tarjeta de crédito no pasa, cualquier cosa, tú también puedes invitarlo[3].

En esta ocasión, de nuevo, me vi encasillada de la manera más directa e hiriente. Un amigo tan cercano me dijera que soy una vergüenza, que debería sentirme mal por invitar a mi pareja, por demostrarle mi apoyo y mi cariño. Concluí que no debía sentirme así, que su forma de ver el mundo no es la misma que la mía y eso no significa que yo estuve mal; el que está mal es él por decirme cosas tan hirientes. No es correcto imponer sus ideas minimizando a los demás.

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Considero que esto es un problema que concierne tanto a mujeres como a hombres de todas las edades. Estamos en pleno 2016 y todavía se encasilla a una persona a un rol o deber ser por su género, individual o en pareja, todavía se ve mal que una mujer invite a su pareja, y que todavía se intenta imponer el modelo tradicional de pareja. Abuelos, padres, hermanos, amigos y a cualquier persona que le preguntes en la calle te dirán que este modelo es el ideal. La realidad es que no existe un modelo correcto porque no hay una persona igual a otra, por lo tanto nadie tiene derecho de decirte qué puedes hacer y qué no en una relación. Vivan, amen y sean ustedes mismos, no dejen que nadie les imponga algo que no va con ustedes.

Aclaraciones de la autora: Si bien este ensayo va dirigido a parejas heterosexuales, tiene muy en cuenta de que estos problemas no son exclusivos de ellas. Además, estos problemas tuvieron lugar en Mérida, Yucatán, México, es decir, un territorio tremendamente tradicionalista, o sea, machista en el círculo familiar y social.

 

Bibliografía:

S/N. 2009. Diccionario Enciclopédico Larousse 2009. Vox 1. Madrid, España.: Editorial S.L.

[1] Diccionario Enciclopédico Vox 1.  2009. Larousse Editorial, S.L

[2] Diccionario Enciclopédico Vox 1. 2009. Larousse Editorial, S.L.

[3] Ojo: digo pareja porque esto es para ambos pero critico la forma tradicionalista de verlo.

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Ensayo Literario

Eric Stanton: el goce del castigo.

Por Sergio Aguilar Alcalá

Maestrante en comunicación. Análisis de cine y políticas culturales

medium.com/@sergio_jaa

 

Antes de la cultura hippie a finales de los 60s y el feminismo de segunda ola que vendría después, había un caricaturista norteamericano dedicado a crear cómics eróticos con temática BDSM, hombres sumisos y mujeres dominantes: Eric Stanton, uno de los artistas de cómics eróticos más interesantes del siglo XX.

Quizá el primer antecedente directo de Stanton sea Bernard Montergueil, un enigmático artista gráfico del que poco se sabe, aparte de que sus trabajos datan alrededor de la década de los 20s y 30s. En sus obran eran mujeres aristócratas o en posiciones de poder -y en menos ocasiones, hombres- que usaban hombres como instrumentos y/o esclavos sexuales. La imaginería de Montergueil era prodigiosa: mesas de ataduras, látigos, vestimenta de cuero, grilletes y esposas especiales: cuando se buscan formas creativas de inmovilización corporal con fines eróticos, no parece haber límites.

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Stanton nació en Nueva York en septiembre de 1926 (así que estamos celebrando su 90 aniversario de nacimiento). Comenzó a trabajar en los cómics desde muy temprana edad, y hacia la década de los 50s comenzó a mostrar interés en las temáticas que captarían el resto de su trabajo: la dominación sexual por parte de las mujeres. Irving Klaw, el director de las famosas cintas proto-porno de Bettie Page, lo invitó a participar en su revista Movie Star News, donde dio rienda suelta a su peculiar y única imaginación sexual (Booker, 2010).

Los cómics de Stanton no son fáciles de leer. En sus primeros años, predominaba mucho texto: varios párrafos eran dedicados a contextualizar psicológicamente a sus personajes. Lo que también predominaba era una idea: la mujer como quien dominaba la relación. Parece complicado aún hoy, pero que una mujer domine la situación sexual no siempre es tan obvio como parece: en uno de los números, es un hombre el protagonista de la voz en off que lleva todas las viñetas y en las que conoce una mujer que lo invita a ir a su casa. Allí se desplegará un espectáculo de aparatos bondage con los que la mujer, su hija y su mucama someten su propio cuerpo. Ella le pide a él que la ate con mayor fuerza a la silla, que inmovilice sus brazos con la total seguridad de que no podrá levantarse de ahí. Él duda, al principio porque no sabe qué tan fuerte debe de atar para no lastimarla, si acaso no va a usar esto ella en su contra, pero en realidad parece que duda porque, si bien la mujer está siendo físicamente constreñida, es él el que está siendo manipulado: es una mujer la que le está diciendo qué debe de hacer, es una mujer la que está dirigiendo su propio placer usándolo a él como instrumento.

En esta primera etapa de Stanton, los cómics son en blanco y negro, con alto contraste. Es natural esta elección: tanto por el formato de impresión de las publicaciones en las que aparecía, como el universo plagado de botas de cuero, máscaras y látigos negros.

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Conforme ganara popularidad, dejaría el blanco y negro para entrar al color y a nuevas historias. Comenzó a desarrollar personajes particulares y líneas temáticas. Una de ellas era la de Dominant Wives (Esposas Dominantes), en la que mujeres casadas experimentaban nuevas formas de tener sexo con sus esposos, ya sea dándoles nalgadas, atándolos a la cama o simplemente golpéandolos o poniéndoles vestido y haciéndoles que barran la sala. Stanton no se aparta de cánones de belleza de la época: las mujeres son curvilíneas, con grandes pechos, caderas, traseros, cabello voluminoso.

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Otra línea fue con el personaje Blunder Broad, una especie de parodia de heroínas de cómics que siempre terminaba siendo sometida, atada y violada por sus propias enemigas -todas mujeres también-.  Es evidente el gradiente de sexualidad con el que ella incluso forcejeaba: siempre en claras alusiones a posiciones sexuales o dobles sentidos.

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Abundan también en su obra las escenas de face sitting, la práctica en el que los hombres se recuestan sobre el piso y una mujer se sienta sobre su rostro, en busca de que se le de sexo oral.

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Así, las mujeres que aparecen en los cómics de Stanton no sólo dominan sexualmente la relación, sino que buscan el total sometimiento del sexo contrario. Sus medias, altos tacones negros, pronunciados escotes, gruesos cinturones y fumando en la cama es una actitud que nos puede parecer cliché hoy, pero que era un verdadero statement político entonces.

Stanton fue criticado y apreciado por igual. Se le tachaba de jugar con una fantasía irrealista de que las mujeres siempre pretendían hacer daño o que eran depravadas sexuales que no podían encontrar satisfacción fuera de usar grilletes, cadenas y cuero.

Sin embargo, no se puede dudar que Stanton era una voz muy distinta en el panorama de cómics para adultos, que si bien no eran ajenos a temas BDSM o de dominación femenina, no había artista que lo trabajara exclusivamente como él. Se le aplaudía otorgar a las mujeres un nuevo papel en la significación de su identidad sexual, en proveer nuevos modos para leer la femineidad y que llevaran la batuta en la relación. A pesar de ser casi contemporáneos, podemos rastrear dejos de influencia en Robert Crumb, y en general, en la imaginería que ronda las prácticas BDSM.

Si bien en sus últimas etapas los hombres no parecen estar pasándosela muy bien, la idea era que las mujeres encontraran otras formas de goce. Y de cualquier modo, valdría recordar que quizá lo que tanto asustara a los hombres de los cómics de Stanton no fuesen las nalgadas, las humillaciones a trasvestirse o los dildos con los que se les penetraba sin aviso alguno: más bien, parece que esos hombres estaban viendo un futuro en el que no tenían el control hegemónico sobre el cuerpo del sexo contrario. Lo que les mataba de miedo era que estaban en presencia de una mujer que no sólo sabía muy bien lo que quería, sino que lo hacía. Y eso, hoy, parece seguir siendo tema de pavor.

 

Bibliografía

Néret, Gilles. (1994). Erotica Universalis. Köln: Taschen.

Kroll, Eric (ed.). (2001). Eric Stanton. Dominant Wives and Other Stories. Köln: Taschen.

Booker, M. Keith. (2010). Encyclopedia of Comic Books and Graphic Novels. California: Greenwood.

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Soy Violeta

Acoso en el transporte público.

Por Jessica Ayala Pérez

 

Me dirigía hacia la prepa para ir a la revisión de mi examen final de matemáticas y estaba muy nerviosa porque sabía que no me había ido muy bien en la prueba, por lo que durante el trayecto escuchaba música para relajarme tantito. No presté atención a nada más. Mi ropa era la de siempre: una blusa de tirantes, pantalones y unas sandalias cualquiera. Subí al camión, pagué, me senté y minutos después, a mi lado derecho estaba un hombre del que no me había percatado hasta que me tuve que bajar.

Cuando estás atrapada en ese lugarcito junto a la ventana es incómodo, por eso, aunque parezca algo muy tonto, siempre se me ha hecho buena onda la gente que se levanta para que puedas salir sin dificultad porque algunas personas solo se hacen a un ladito y bueno, brinca, salta, hazle como puedas. Al parecer el bus llevaba tanta prisa que pensé no me daría chance de bajarme en mi paradero, la prepa quedaba a dos esquinas de ahí. Aquel hombre se levantó para que yo pudiera salir a pesar de que el camión estaba llenísimo, era casi imposible pararse ¿qué amable, no? Pues no. Quedé atrapada entre la multitud de gente y él quedó detrás de mí, todo pasó rapidísimo desde el momento que me paré de mi asiento hasta que me bajé. Pude sentir su respiración en mi nuca y además de eso, su mano en mi trasero y su erección. Nunca vi su rostro, solo sé que lo sentí.

Caminé hasta la escuela y apenas llegué a la entrada corrí hacia el baño para encerrarme y llorar ¿cómo algo así podía haber sucedido en un instante? Y en contra de mi voluntad, sin haberlo pedido, sin haberlo deseado. Me agarró totalmente desprevenida, con ansiedad, prisa y la mente nublada por un examen. Minutos después me encontré con quien era mi novio en ese tiempo pero simplemente no pude decirle, me dio vergüenza y sabía que él enloquecería si le contaba. El punto es que me quedé callada, nunca le conté a nadie, porque en ese entonces no contaba con la seguridad que tengo ahora.

 

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Han pasado seis años y ahora que me leo, creo que la gente pensará “que historia más cliché: te aplicaron el típico camaronzazo en el bus” y siento una profunda tristeza porque no es que sea una historia cliché, sino que se ha convertido en un suceso normal, en una historia que viven diariamente miles de mujeres y eso es lo que me preocupa.

Durante la carrera desarrollé interés por los estudios de género y tengo que destacar la importancia de éstos, ya que diversas problemáticas en relación a la mujer pueden ser visibilizadas a través de esta línea de investigación con la finalidad de observar que tanto hemos avanzado cultural e ideológicamente en cuanto a la violencia de género y otros temas de vital importancia para nosotras. Asimismo, los estudios de género permiten crear discusiones y soluciones para formar parte del cambio cultural que tan urgentemente necesitamos las mujeres mexicanas en la actualidad porque en México sigue estando vigente el sistema patriarcal y el machismo.

Creo conveniente agregar que es de suma importa acercarnos al feminismo y practicarlo, conocer nuestra historia, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir. Para finalizar, quisiera aconsejar a todas las mujeres que si algún día les sucede algo similar o cualquier otra situación de violencia, por favor, díganlo, griten, pidan ayudan, pataleen, pero no se queden calladas. Denuncien, denuncien, denuncien. ¡Ayudémonos entre todas!

 

 

 

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Editorial

¿Quienes somos?

Las mujeres aún somos ataque constante de diversas fuerzas que pareciera que conspiran para que nos quedemos calladas. Muchas veces nuestras opiniones son vistas como meros actos de vanidad, cargados de sentimentalismo, capricho e incluso inestabilidad emocional. En estos tiempos tenemos que ser muy valientes para poder expresarnos sin miedo a ser señaladas y en Somos Violetas estamos firmemente seguras que nuestras historias merecen ser contadas.

Tenemos unas enormes y sinceras ganas de platicar de todo: desde tu última cita con el ginecólogo, los problemas en el trabajo, la dieta que no funcionó y por supuesto que hasta de tus enredos amorosos. Somos Violetas está conformado por un grupo de mujeres interesadas en ayudarnos las unas a las otras, nuestra finalidad es compartir un espacio en el que a través de nuestras experiencias podamos hacer frente a la batalla diaria que consiste ser mujer en pleno siglo XXI.

¿Nos acompañas?

 

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Ensayo Literario

50 Sombras de Grey || ¿Qué están leyendo las mujeres en el siglo XXI?

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Por Jessica Ayala Pérez 

 

A propósito de la locura mediática que viviremos estos días gracias al lanzamiento del tráiler de Fifty Shades Darker, considero que vale la pena discutir el papel que desempeña Anastasia Steele y el impacto que ha conseguido con el público femenino. ¿Comenzamos?

A lo largo de la historia el placer femenino siempre ha sido un tabú y tristemente lo anterior ha desencadenado que el “honor” esté íntimamente vinculado con la sexualidad de la mujer, es decir, ejercer tu sexualidad libremente con quien te plazca, inmediatamente te convierte en un p*ta, zorra, fácil, etc.

Si retrocedemos a la literatura del siglo XIX encontramos a las grandes femme fatales como Carmen, Madame Bovary y Ana Karenina, personajes femeninos que transgredieron el orden social establecido de aquella sociedad rígida y además, burguesa.  Hay que recordar que a grandes rasgos, el discurso hegemónico durante el XIX que se impuso para establecer los roles de género fue el siguiente: al hombre le correspondía el ámbito público, era un ser social y se le atribuyen otras características como la fuerza, poder, jerarquía; por otro lado,  la mujer pertenecía al ámbito privado, debía permanecer al cuidado del hogar por lo que se le atribuyen la  debilidad, subordinación y sumisión.  Por esta razón, las protagonistas antes mencionadas se convirtieron en las llamadas mujeres fatales porque desmitificaron la imagen de la mujer angelical y virtuosa.

 

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Ahora bien, Anastasia Steele se ha convertido en la gran heroína de los últimos tiempos por su supuesto “empoderamiento femenino”. Considero esto un grave error y hasta cierto punto preocupante ya que E.L. James utiliza el masoquismo femenino —disfrazado pobremente de BDSM— como el descubrimiento erótico que marca el inicio de una vida sexual que luce bastante atractiva y prometedora para la virgen protagonista. A primera instancia, me parece que Ana es reducida a un objeto sexual, pero antes de continuar con este aspecto vamos a recordar como es el tal Christian y porque todas se vuelven locas por él. Pues bien, el señorito Grey ejerce el rol dominante en la relación: es el soltero multimillonario más codiciado de la ciudad de Seattle, dueño de su propia empresa, además de guapo y popular: Ningún hombre me había impactado como Christian Grey, y no entiendo por qué. ¿Porque es guapo? ¿Educado? ¿Rico? ¿Poderoso? No entiendo mi reacción irracional (James 2011, 19).

Sin embargo, el príncipe azul contemporáneo encabeza un enigma. Nadie sabe sobre su vida privada y esto es porque mantiene relaciones sadomasoquistas con mujeres a las que contrata específicamente para esa función. Estas relaciones constan de contratos confidenciales firmados por ambas partes (Grey-Sumisa), por lo tanto, la imagen del perfecto Christian Grey se mantiene intacta ante los ojos de la sociedad. La figura del “hombre perfecto” presenta una serie de conflictos para Ana, ella misma es la que se somete a una relación dominante que desencadena diversas inseguridades que la exponen y la hacen sentirse inferior. La protagonista tiende a reducirse a través de comparaciones, ella misma se configura como una persona tímida e insegura, por esto siempre se restringe a ciertas actitudes y comentarios que la minimizan:

 

“Kate siempre se las arregla para cazar hombres. Es irresistible, guapa, sexy, divertida, atrevida… Todo lo contrario que yo.” (James 2011, 85)

 

“Toda mi vida he sido muy insegura. Soy demasiado pálida, demasiado delgada, demasiado desaliñada, torpe y tantos otros defectos más […]” (James 2011, 53)

 

“Me ruborizo de alegría. Christian Grey me considera guapa. Entrelazo los dedos y los miro fijamente intentando disimular mi estúpida sonrisa. Quizá es miope.” (James 2011, 109).

 

Cuando Christian se reúne con Anastasia para exponer la relación que él desea tener con ella hay una serie de situaciones en las que se evidencia el poder del rol masculino, situación en que la protagonista, a pesar de su vacilación, termina por aceptar:

CG: —Bueno, aparte del acuerdo de confidencialidad, habrá un contrato que especifique lo que haremos y lo que no haremos. Tengo que saber cuáles son tus límites, y tú tienes que saber cuáles son los míos. Se trata de un consenso, Anastasia.

 

AS: —¿Y si no quiero?

 

CG: —Perfecto —me contesta prudentemente.

 

AS: —Pero ¿no tendremos la más mínima relación? —le pregunto.

 

CG:―No.

 

AS:—¿Por qué?

 

CG:—Es el único tipo de relación que me interesa.

 

AS:—¿Por qué?

Se encoge de hombros. —Soy así. (James 2011, 103)

 

Las normas del contrato que debe firmar Anastasia constan de reglas estrictas que debe acatar al pie de la letra. Este reglamento incluye cuestiones como las horas que debe dormir, los días y el tiempo necesario que debe ejercitarse con un entrenador personal para tener una buena condición física, la ropa que debe vestir —la cual tiene que ser aprobada por Christian—,  y por supuesto, la aceptación de que el “amo” tiene el poder absoluto sobre su cuerpo. A continuación presento las más “relevantes”:

 

1) La Sumisa garantizará que duerme como mínimo siete horas diarias cuando no esté con el Amo.

 

2) El Amo proporcionará a la Sumisa un entrenador personal cuatro veces por semana, en sesiones de una hora, a horas convenidas por el entrenador personal y la Sumisa. El entrenador personal informará al Amo de los avances de la Sumisa.

 

3) Durante la vigencia del contrato, la Sumisa solo llevará ropa que el Amo haya aprobado.

 

4) La Sumisa obedecerá inmediatamente todas las instrucciones del Amo, sin dudar, sin reservas y de forma expeditiva. La Sumisa aceptará toda actividad sexual que el Amo considere oportuna y placentera […] Lo hará con entusiasmo y sin dudar. (James 2011, 106)

 

¿Estamos hablando de una relación “consensuada” de amo-sumiso o de que Ana es la esclava de Grey?

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A partir de estas normas, pareciera que hemos retrocedido dos siglos atrás, regresando a la ideología decimonónica en donde a la mujer se le reduce a un objeto sexual, como productora de placer, encerrada en una especie de esfera y aislada en un cautiverio femenino en el que no tiene derecho de alzar la voz, en resumen, la mujer está dedica a SU hombre. No debemos pasar por alto el constante acoso de Grey hacia Ana por medio de una abusiva, inexplicable y extrema preocupación: le llama al celular constantemente durante el día, le compra un auto nuevo, le envía cientos de mails, le impone a un tipo que la vigile 24/7 para protegerla porque tal parece que Ana es bastante torpe y no sabe cuidarse de nada ni nadie, incluso le dice que por favor deje de trabajar, si ya tienen todo lo que quieren y ella no necesita de su salario. Pero sin duda lo más ridículo de todo es cuando Ana comienza a trabajar de asistente en una editorial y es acosada por su jefe, al enterarse de esto Christian pierde la cabeza y c o m p r a la empresa para tener bajo vigilancia al jefe de su ahora novia formal.  Porque claro, la solución más evidente es que tu novio se convierta en el jefe de tu jefe para que éste deje de acosarte.

Este es el imaginario de “mujer ideal” que se construye a través de Anastasia Steele: una estudiante universitaria que conoce a un hombre poderoso y en cuestión de días, se vuelve su centro de atención, abandonando sus ideales y el derecho que tiene sobre su propio cuerpo, con el único objetivo de satisfacerlo a él para poder mantenerlo a su lado… ¿por amor?

Mi postura tal vez sea un tanto extremista pero es agobiante la visión que la sociedad contemporánea ha mantenido vigente sobre la mujer en entero condenada a la funcionalidad de un artefacto sexual, donde se reduce el rol femenino al de un objeto, el cual debiera mantenerse a la subordinación del hombre para satisfacerlo, disfrazado de una historia aparentemente de “amor”.  Me parece terrorífico que plasmen a una mujer que se siente constantemente insegura porque no cree ser lo suficientemente buena y capaz de satisfacer sexualmente a un hombre.

Pensemos, tan solo imaginemos, a todas esas mujeres que no han recibido una educación sexual adecuada y lean (ya sea por convicción y/o recomendación) este “manual” ―considerado así, por algunos críticos y público en general― sobre cómo debería ser una relación heterosexual “normal”. Anastasia Steele se ha convertido en una especie de “heroína”, porque a pesar de ser tímida, insegura, inteligente y linda pero no lo suficiente como su mejor amiga Kate para atraer hombres, tuvo la gran F O R T U N A de que el joven Grey se fijara en ella.

Ideología, sociedad y mercadotecnia han trabajado en conjunto para que el público siga consumiendo con voracidad estos productos que son reflejo y resultado de la cultura en la que estamos inmersos en pleno siglo XXI. Aquí radica el poder del lector, aunque claro, no todo el público tendrá mi misma lectura y pensarán que Anastasia es reducida a un rol sexual marginado, pero esta es la recepción que tuve de ella. Y a propósito de esto, como literata, como mujer joven, incluso como simple lectora, no estoy de acuerdo. No estoy de acuerdo por las razones expuestas anteriormente y vaya que es difícil tratarlas en conversaciones cotidianas con fans de la trilogía. ¿Qué puedo hacer yo, una simple mortal para lidiar con estas situaciones y no morir en el intento? Para hacerles entender a los lectores, que ellos tienen el poder, de que efectivamente pueden leer lo que más les guste, pero también que merecen un contenido mucho mejor del que se les ha ofrecido durante los últimos años y que por ejemplo, si están interesados en la literatura erótica por ahí tienen a grandes como JUAN GARCÍA PONCE, CAROLINA LUNA, CRISTINA PERI ROSSI, MAYRA SANTOS FEBRES y una lista interminable de escritores increíbles que nadie conoce.

Mis expectativas distan del discurso dirigido específicamente al público femenino que ofrece la trama de la obra y espero este post haya servido un poco para reflexionar sobre nuestra no querida Anastasia. Y por supuesto, ya estoy esperando con ansias el estreno de la película… en cuevana.

 

 

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Reseñas

Pussy Riot: A punk prayer || Documental.

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El autoritarismo del gobierno de Vladimir Putin ha desencadenado diversos movimientos sociales que tienen como principal objetivo señalar las injusticias de la dictadura que ha implementado el Presidente ruso en los últimos años. Uno de estos movimientos es Pussy Riot, un grupo de mujeres feministas que a través de su música y presentaciones en lugares emblemáticos de Rusia ―como la Catedral de Moscú, santuario de la iglesia Ortodoxa― se han dedicado a protestar y hacer consciencia sobre la situación sociopolítica del país.

El gobierno de Putin se ha caracterizado por ser conservador y represivo, un ejemplo de esto fue la implementación de la ley contra la propaganda homosexual, cuyo resultado propició que la comunidad LGTB rusa sea víctima de diversos ataques físicos y morales por parte de la sociedad, así como de sufrir aparatosos encuentros violentos con la policía como respuesta al intento de manifestar su inconformidad con dicha ley, la cual prácticamente los rechaza y discrimina por su preferencia sexual. Se convirtieron en enemigos del Estado.

El grupo de Punk, Pussy Riot, nació el mismo día de la reelección de Putin. El 21 de Febrero de 2012 irrumpieron en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú para cantar en contra del Presidente y la presentación fue recibida de una manera muy negativa por parte de los rusos ortodoxos, puesto que no lo vieron como una manifestación sino todo lo contrario, como un acto vandálico que atentó contra el Patriarca Cirilo I y la creencia de los fieles.

Una de las críticas que manifiesta Pussy Riot en sus canciones es precisamente la relación Iglesia-Estado que el Presidente Ruso ha entablado con los ortodoxos. El grupo considera que esto no es correcto ya que estas instituciones no deberían tener intereses en común, por lo tanto no deben estar ligadas de ninguna manera. Además, como feministas rechazan el sistema opresivo del patriarcado en el que la mujer queda en segundo término, rezagada por la figura masculina.

Los perfomances de Pussy Riot siempre son en lugares públicos, se pueden encontrar videos del grupo en tiendas departamentales, azoteas, plazas e iglesias, puntos importantes en donde la concurrencia de la gente es vital para poder manifestarse y causar el impacto que ellas desean. Con indumentaria de colores brillantes y fluorescentes, pasamontañas, micrófono, bocinas y guitarra en mano, interpretan las canciones que ellas mismas escriben: su mensaje es político-social, con el que buscan denunciar y crear consciencia.

El excesivo nacionalismo que promueve Putin, el autoritario régimen al que ha sido sometida la sociedad rusa y la privación de los derechos humanos ―tales como expresar su preferencia sexual― son algunas de las situaciones que Pussy Riot reclama a través de sus letras. Hacen uso del arte y la metáfora para expresarse, se trata de un método pacífico que durante las primeras presentaciones del grupo logró conectarse y ganarse la empatía del público. Hasta que finalmente, el 12 de Febrero del 2012 en su entrada a la Catedral de Moscú, causaron verdadera molestia entre los creyentes de la iglesia y éstos las atacaron e incluso demandaron por “daño a la moral”.

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De esta manera, tres integrantes del grupo fueron arrestadas, la razón por parte del Estado fue haber cometido “un acto motivado por odio irracional religioso” que agredía moralmente a la Iglesia. El juicio de Nadia, Mesha y Katia se convirtió en un espectáculo que trascendió gracias a la prensa extranjera, quienes consideraron una total injusticia el encierro de las tres mujeres, especialmente por el motivo que se les acusaba.

Es precisamente el cargo del que se les culpa, lo que causó conmoción a las propias integrantes, familia y prensa porque se disfrazó de un “odio a la iglesia” como se mencionó anteriormente, cuando el verdadero tema que ellas querían denunciar era el Gobierno de Putin. No fue tratado como un acto político, sino como un acto antirreligioso que transgredió el respeto hacia la iglesia y sus seguidores: invadieron un lugar santo, utilizando ropa inapropiada ―violando las reglas de la congregación que dictan no mostrar brazos y piernas― actuando de una forma provocativa y agresiva, perturbando el orden social incitado por “odio”. Fue tanto el fanatismo de la sociedad rusa que incluso llegaron a compararlas con los bolcheviques; también las juzgaron de revolucionarias y “demonios”, por el simple hecho de ser mujeres protestantes.

En 2013, HBO realizó un documental llamado Pussy Riot: A punk prayer en el que durante hora y media, se narra la historia de Masha, Katia y Nadia antes, durante y después del juicio, el impacto que tuvo con la sociedad rusa y con el mismo Putin, que al ser cuestionado sobre la presentación realizada en la catedral, responde que es deber del Estado proteger las creencias de los fieles: “The Goverment must protect the feelings of believers”. ¿Es éste el verdadero compromiso de Putin y su gobierno? Finalmente, el documental nos muestra que Katia logró ser absuelta de los cargos, pero Nadia y Masha no. Fueron sentenciadas a dos años de cárcel por protestar durante exactamente 40 segundos. La buena noticia es que el grupo Pussy Riot sigue con su movimiento, reclamando que la libertad en Rusia está desapareciendo, lo cual es un impedimento para el desarrollo del País, un retroceso y grave situación que está colocando a Rusia como una dictadura.

 

Pussy Riot: A punk prayer.

Dirección: Mike Lerner, Maxim Pozdorovkin.

Intervienen: Nadezhda Tolokonnikova, Maria Alyokhina, Yekaterina Samutsevich.

Género: documental. R U, Rusia, 2013.

Duración: 88 minutos.